Las llamas del olvido

Prefacio

El distrito 13 está vivo. Bajo tierra, pero vivo. Y yo también lo estoy, mientras él está allí, en el Capitolio.

Odio a Haymitch. En realidad, odio a casi todo lo que se interponga en mi camino, excepto a mi familia y mis seres queridos. Y quizás me odie hasta a mí. Porque este Sinsajo no puede volar, porque sus alas están atadas a su vientre: al niño que llevo en mis entrañas.

Cuando el doctor me lo dijo, no podía creerlo. No le daba crédito a sus palabras, e incluso se lo negué, diciendo que era prácticamente imposible. Me llevo largo rato darme cuenta.

Fue una noche antes de los Juegos. Tenía miedo y no veía esperanza en mi futuro. Era solo cuestión de horas para el Vasallaje. Volver a la arena me provocaba terror y no sabía que hacer.

Quizás fue por eso que, entre tanta confusión, me entregue por completo a sus brazos. Al principio me sentí rara, e incluso pensé que traicionaba a Gale… pero inmediatamente recordé que entre Gale y yo no había nada. No tenía nada de malo lo que hacía. No pensaba en el mañana. Y tampoco en que esto pasaría.

Me acaricio el vientre mientras pienso como decírselo a mi madre; a Prim. La presidenta Coin ya lo sabe e incluso me propuso un aborto. Todavía estoy pensando en si aceptar ó no su propuesta.

Esto que me está sucediendo gira mi vida en 360°. Se suponía que sería el Sinsajo, la cara visible de la rebelión. Ahora no se que seré. Mientras tanto, espero el regreso de Peeta. Él es el padre, juntos podremos tomar la mejor decisión.