Buenas tardes a todos!

Pues quería decirles que este es mi primer fic de este tipo, así que espero que les guste o que al menos no aburra.

Aquí les dejo con el primer capitulo de mi historia, espero que lo disfruten.


Se levantó empapado por el sudor, con la respiración acelerada y con el corazón a mil por hora. Había tenido una pesadilla, pero no recordaba exactamente sobre que. Todo aquello se debía a todo el estrés que había tenido estos días. Habían sido unos días horribles, pero Ace la había dicho que pronto se encontrarían con unos amigos, y que todo mejoraría. Se lo había prometido. Y Ace nunca faltaba a sus promesas. Aun que ella no sabía que tramaban Barbablanca y el, pero tampoco le importaba. Ace la había salvado, así que le debía la vida. Se lo debía todo a el.

Se removió debajo de las sabanas, que tapaban su cuerpo semi desnudo, dispuesta a volver a dormir otra vez. Con la esperanza de que las pesadillas no volvieran.

Los primeros rayos de sol estaban saliendo, lo que significaba que el turno de guardia del espadachín había acabado. Suspiró y salió a cubierta para estirarse. Otra noche de guardia aburrida. Parecía que iba a ser un día soleado.

El espadachín miró al mar, esperando no encontrar nada. Pero no fue así. Un pequeño barco se les acercaba, y tenía una bandera pirata. Aun que el barco era mucho más pequeño que el suyo, decidió llamar a todos sus compañeros.

-Maldito cabeza de alga, despertarnos tan temprano por un barco así.¿Acaso no podías tu solo?-se quejó Sanji, bostezando.

-Ese no es...-exclamó Luffy al ver el barco, con una descomunal sonrisa en su cara.-¡ACE!

-¡Luffy!-se escuchaba de gritar a un chico pelirrojo que agitaba las manos desde la cubierta de su minúsculo barco. El también sonreía.

-¿Qué haces aquí, hermano?-preguntó Luffy mientras Ace subía al barco. Todos los mugiwaras le saludaron, sorprendidos por su llegada.

-Venía a pedirte un favor. A todos en realidad.-dijo Ace con cierto rubor en sus mejillas. Miro al barco distraídamente.-Necesito que cuidéis de alguien. Al menos hasta que todo se calme y yo pueda volver.

Del barco salió una chica con el pelo castaño, largo y rizado que le llegaba por debajo del pecho. Llevaba un pequeño bikini, y saludaba a Ace con la mano. Sus ojos, del color de la miel, miraban atentamente al barco y a los mugiwaras, prestando especial atención al chico peliverde.

-Awww, quien es aquella bella dama?-preguntó Sanji, con sus típicos ojos en forma de corazón.

-Mi nombre es Zoe -dijo la chica, subiendo al barco con una agilidad increíble.-¿Estos son los chicos de los que me hablabas, Ace?

-Si-contestó el, cogiendo a la chica de la cintura. Ella sonrió ampliamente.-¿Nos dejaríais quedarnos en vuestro barco algunos días?

-Por supuesto, Ace -contestó rápidamente Luffy.- Os podéis quedar todo lo que haga falta!

-Debe de estar cansada por el viaje, señorita. Déjeme llevarla a tomar algo frío-dijo Sanji cogiendo a la morena de la mano. Esta sonrió y aceptó la propuesta. Todos fueron a la cocina esperando la merienda también. Allí Ace les contó de sus aventuras con Barbablanca, mientras todos escuchaban atentos, dio la noche. Todos reían y charlaban. Y a medida que pasaban las horas los mugiwaras se fueron uno por uno a dormir. Llegó un momento donde solo quedaban Luffy, Sanji, Zoro, Ace y Zoe.

-Bueno chicos, hoy me toca guardia así que me iré a hacer mi trabajo.-dijo Zoro levantándose. Zoe lo siguió.

-¿Podrías enseñarme donde voy a dormir esta noche? Yo también me encuentro algo cansada.-dijo la morena, bostezando.

-Claro. -aceptó el peliverde, algo molesto. ¿Por qué tenía que hacer el de canguro de una cría?

La condujo a la sala donde el solía hacer la vigilancia. "Ahora tendré que hacer yo la vigilancia fuera. Maldita mujer. -pensó enfadado." Después de que ella se despidiera de el con una sonrisa Zoro salió fuera. Se apoyó en una pared, sentado, y cruzó las piernas. Dejó sus katanas a su lado izquierdo. Bien cerca de el, por si hacían falta. Después de unas horas sumido en la oscuridad de la noche, empezó a ponerse nervioso. Le daba la impresión de que lo miraban. Se dio la vuelta y se encontró con la morena, que traía consigo una manta. Con un sencillo camisón que dejaba ver que no llevaba sujetador, provocó que las mejillas del espadachín se sonrojaran. Ella sonrió al ver esto.

-¿Qué haces aquí, mujer? Es tarde.-preguntó el espadachín, cuidando de que no se notara el nerviosismo que le producía tener a aquella chica con tan poca ropa delante suya en su voz.-No te he escuchado de llegar...

-No podía dormir.-contestó ella, encogiendo los hombros.-Pensé que te vendría bien una manta. Las noches son frías por aquí.

-Yo soy fuerte.-dijo Zoro, airado.-No necesito ninguna manta.

-¿Puedo acompañarte?-preguntó Zoe sentándose a su lado

-Bueno, ya te has sentado...-contestó el, alejándose un poco.

-¿Tanto te incomoda mi presencia? Puedo irme, si lo prefieres.

-No...No es eso...-gruñó el peliverde, mirando a otro lado para que no se notase su sonrojo.¿Por qué aquella cría le ponía tan nervioso?-Deberías ponerte algo, la noche si está fresca para ir... Así.

-¿Es qué no te gusta mi cuerpo?-preguntó con voz sensual. Se acercó a Zoro, mirando fijamente a sus ojos.

-Yo...Eh...-tartamudeó este, sin saber que decir.

-Eres tan gracioso, espadachín.-dijo Zoe, soltando una sonora carcajada. Lo que provocó el enfado del espadachín.-Vamos vamos, no seas gruñón.

-Yo no soy gruñón, mujer.-dijo el peliverde aún con cierto rubor en sus mejillas.

-Pero si quieres, puedo ponerme la manta.-dijo la chica, atando la manta por debajo de su pecho, haciendo que estos realzaran mucho más. Miró al espadachín sensualmente, y este tragó saliva sonoramente, tratando de no mirarla.

-No juegues conmigo, mujer...-susurró Zoro. Ella pasó la lengua por su labio inferior. Alargo la manó para tocar su pecho, pero Zoro la detuvo con la mirada. Dibujó media sonrisa en su cara.-No hagas eso, o no podré controlarme...

-Ah, no?-dijo ella en un susurro, desafiante. Volvió a alargar la mano, pero esta vez si tocó el pecho del espadachín, recorriendo sus cicatrices despacio. Sintió la descarga de electricidad que le provocaba estar cerca de él. En un ágil movimiento, el espadachín la tumbo sobre el suelo, sujetando sus muñecas. La respiración de ella empezaba a descontrolarse. El, que también se relamía ahora, la miraba con ojos oscuros. Agarro sus muñecas con más fuerza, y se aproximó a su cuello.

-Deja...De...Provocarme...-jadeó el, cuando vio que el cuerpo de la chica estaba totalmente a su merced.


Pues aquí el fin del primer capitulo, espero impaciente sus Reviews con cualquier comentario sobre la historia.

Un beso enorme!