Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Kazue Kato y Adachi Toka.

Narración.

—Diálogo.

—Aclaraciones—.

(Intervenciones en la narración).

"Pensamientos o frases que se dijeron".

Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OOC. Una historia random con sus debidos momentos serios. (?)

Summary: El panorama era tan irrisorio. Bishamon negó con la cabeza, repasando los sucesos que los trajeron hasta éste punto. "¿Qué nos pasó, Yatogami?" Yato contestó ominosamente: "Tuvimos gemelos". Y pensar que los llevaría a tener una guerra de Tweets con Satán, encontrar un enemigo en común y adoptar la dinámica de padres divorciados, no hacía las cosas más fáciles. Ebisu y Samael sólo daban dolores de cabeza extra. Pero al menos a Kofuku le parecía divertido.

Capítulo I

La regalía pacífica

Bishamonten hizo su patrulla como era habitual, poco antes del anochecer.

No parecía haber muchos Ayakashis en la ciudad, lo que era extraño. Ellos siempre pululaban alrededor como plaga a estas horas, ya que su poder aumentaba durante la noche.

Apenas se topó con seis en toda la jornada.

Kazuma le recordó que últimamente era común, ofreciendo las cifras de Ayakashis eliminados en sus patrullas, comenzando desde el mes pasado hasta la actualidad. El número de espectros estaba cayendo dramáticamente, pero la información estaba lejos de ser reconfortante.

Mañana haré una visita a Kofuku, decidió. La Diosa de la Pobreza podría percibir la congregación de los fantasmas y tal vez quitarle de encima algunas sospechas.

Había algo extraño y Bishamon tenía que apresurarse a desentrañar el enigma. Como Diosa de la Guerra, sabía que esto era el preludio para un desastre. Y ella no podía permitirse fallar.

No después de la catástrofe en el hospital a cargo de la familia Iki.

No después de la muerte de Tsuguha.

Apretó los dientes ante el último pensamiento. Tsuguha, su querida Shinki, cuyo nombre se agrietó convirtiéndola en un Ayakashi y obligando a su Shinki Guía… a terminar con su vida.

No guardaba rencor contra Kazuma, a pesar de que había desobedecido sus órdenes. Él solamente quería protegerla. Ese chico haría cualquier cosa, incluso lastimarse a sí mismo, si era por el bien de su diosa. El incidente con Kugaha lo dejó más que claro.

Por eso el odio de Bishamon estaba dirigido al Hechicero, al padre de Yatogami.

Él metió ideas extrañas en la cabeza de Kugaha, también le facilitó el medio para colar Ayakashis en el Takamagahara y exterminar a gran parte del Clan Ha. Usó a Ebisu. Tocó a Tsuguha.

El Hechicero tenía que ser eliminado, y los cielos sabían que ella era la que más ansiaba su cabeza.

Veena, regresemos ―escuchó la voz de Kazuma, sonaba preocupado.

―Sólo un poco más ―insistió―. La noche aún no está avanzada.

Su Regalía Bendita suspiró, pero la dejó ser. Presionarla solamente haría que la diosa volviera a evitarlo como cuando ocultaba el estado de su anterior armadura de batalla.

Sintió una mano en su hombro, era Kinuha.

Kazuma intentó no lucir como si el contacto quemara. Desde el incidente… bueno, todos guardaban cierta distancia con él y no podía culparlos. Incluso el castaño, en la soledad de su habitación, tenía que repetirse que hizo lo correcto como si fuera un mantra. De lo contrario punzaría a su ama.

Kazuma-san…

Está bien ―cedió, cortando lo que la otra Shinki tuviera para decir―. Una hora.

Veena necesitaba distraerse, pero tampoco podía fomentar su obsesión con el Hechicero. Eso podría tener consecuencias desastrosas.

Lo sabía por experiencia. A causa de su empeño por encontrar al padre de Yato, el propio Kazuma estuvo a punto de cometer un error durante la semana. Si él no se hubiera arrepentido y recapacitado… quizá ahora mismo sería enemigo de Yatogami y Yukine-kun.

Pero Kazuma sabía, él no podía meter a Yato y el Hechicero en el mismo saco. Aunque estuvieran relacionados, el dios seguía siendo un amigo y benefactor. Yukine era su aprendiz. Él no quería perder su confianza y destrozar esos vínculos.

Él sólo quería la absolución.

Kazuma no se perdonaba a sí mismo, incluso si decía lo contrario y se esforzaba por parecer un sereno hijo de puta. No podía sacar de su cabeza la imagen de Tsuguha, no un Ayakashi, decapitada en el suelo.

«Hice lo correcto. Hice lo correcto. Hice lo correcto», se apresuró a aplacar cualquier sentimiento culposo.

Mató a su compañera. Tuvo que hacerlo. Pero si Veena no hubiera estado en peligro y existiera manera de regresar a Tsuguha a la normalidad, Kazuma habría apostado por esa alternativa.

«Lo siento», quería decir. Pero estaba seguro de que lloraría como un niño si lo hacía.

Finalmente, Kinuha retiró su mano con cautela. Kazuma realmente no se percató de cuánto tiempo estuvo apoyada sobre él. Estaba más preocupado por mantener su rostro con una expresión neutra.

Al igual que Bishamon, Chouki se encargó de ocuparse a sí mismo durante una hora más.

Vagaron durante aproximadamente cuarenta y cinco minutos, hasta que Kazuma lo sintió. Un nido de Ayakashis a seiscientos metros. Informó sobre ello inmediatamente.

Bishamon chasqueó la lengua mientras bajaba del lomo de Kuraha, viendo el lugar.

―Un priorato abandonado.

Un monasterio era lo mismo que un templo, por lo que entrar sin consentimiento del dios correspondiente podía considerarse una ofensa.

Aquí el agravante era el hecho de que pertenecía a un dios extranjero, y no a cualquiera, sino a uno con un culto extensamente molesto.

Cada cultura tenía un dios y ellos eran tan reales como la propia Bishamon. Existían y obraban porque los humanos les dieron un propósito. Pero las ideas, tradiciones y moral eran diferentes en cada región, y esto no era ningún secreto. Por eso las divinidades de diferentes lugares eran reacias a mezclarse entre sí, el choque entre ellas produciría conflictos innecesarios y ellos preferían ahorrárselos.

Un dios podía ir a otro continente si era por un asunto trivial, como vacaciones, pero no podía imponer su voluntad y meterse con el sistema regente. Cada dios tenía su autoridad, pero estaba limitada por la localidad. La única manera de hacer valer la opinión en territorio extranjero, ser temido y respetado, era tener un culto (por consiguiente, un templo y creyentes). Para los dioses era el equivalente a un consulado humano.

Pero Bishamon entró de todas formas. Dios tendría que entender sus razones, dondequiera que estuviese. Y en caso contrario, al menos podía presumir haberle visto la cara.

Solitario, frío, oscuro y demacrado. El lugar parecía abandonado hasta por su propia deidad, si es que las telarañas y el vandalismo juvenil podían significar otras cosas.

Frunció el ceño.

En el campanario ―señaló Kazuma.

―Gaiki ―llamó.

Karuha apareció como revolver en la diestra de la rubia.

En cuestión de minutos los Ayakashis fueron exorcizados, a pesar de que Bishamon trató de ralentizar el proceso. Sabía que su Guía sugeriría regresar a su mansión en el Takamagahara apenas terminaran. Ella no quería eso. Lo último que necesitaba era seguir leyendo cartas cargadas con indirectas de los dioses y encerrarse en su cuarto para atiborrarse de chocolate y Amarone mientras fingía que le prestaba atención al papeleo, cuando en realidad estaría tratando de resistir la tentación de ir a llorar en el cuarto de Tsuguha aferrada a sus viejas mudas de ropa.

¡Veena, cuidado! ―Kazuma rugió en sus oídos, seguido por el coro sus demás Regalías preocupadas.

En su distracción, no se percató del Ayakashi que salía de un recoveco con vertiginosa velocidad. Por suerte Kuraha se hizo cargo de la situación.

―Gracias, Kinki.

Kuraha simplemente se lamió gustosamente sus patas.

Ella estaba a punto de pedirle a Kazuma que revisara el perímetro una vez más, entonces lo vio. Pequeño. Brillante. Un ligero resplandor oculto detrás de una columna.

Un alma pura.

Los Ayakashis fueron atraídos por esa alma. Por eso el monasterio terminó convertido en un nido, se dio cuenta.

Entonces reparó en algo más importante.

«¿Cómo es que aún no está corrupta?» su entrecejo se frunció ante el pensamiento, luego lo desechó. No había mucha lógica con los asuntos relacionados con Dios. Dejó entrar delincuentes juveniles, Ayakashis, un alma errante y a otro dios. El monasterio tenía que estar verdaderamente abandonado o "él" había permitido todo de buenas a primeras por razones incomprensibles. «No importa. Voy a salvarlo».

Sin vacilar, garabateó el kanji que más adecuado le pareció para éste Shinki en particular. Kazu (和) por ser tan pacífico, logrando pasar inadvertido ante todos.

«Conviértete en mi sirviente, instrumento e hijo».

Los recuerdos del joven inundaron su mente: gemelos fraternos, un sacerdote al que llamaba padre, un amado hermano mayor que siempre velaba por su bienestar, ojos que veían más de lo que desearía, un duro entrenamiento para convertirse en un arma, el deseo de proteger a alguien, frustración, impotencia, odio, culpa, una muerte trágica e injusta, un lamento, una promesa incompleta.

«Acepto todos tus secretos, Okumura Yukio».

El dolor de éste chico era fuerte, sus sentimientos tan intensos como una marca de hierro caliente.

«Te doy una segunda oportunidad».

Bishamon sinceramente esperaba no estar llorando.

«Te protegeré».

Lo juraba.

Oscuridad.

Él ya estaba acostumbrado a la penumbra, había tenido tiempo para adaptarse. ¿Cuánto? Él no estaba tan seguro de eso. Su percepción del tiempo se había atrofiado, al igual que sus sentidos. Él sólo sabía que existía.

En algún lugar desconocido.

En la oscuridad.

Esperando.

¿Lo que estaba aguardando? Tampoco lo sabía, pero él esperaba pacientemente. Era mejor que seguir vagando. Se había cansado de sólo moverse a tientas en la oscuridad, a veces sintiendo como si el mal lo asechara. Por eso decidió quedarse quieto, esperando, en un lugar que no le envió escalofríos.

Tú, sin un lugar al que regresar ni adonde ir, te concedo un lugar al que pertenecer.

Entonces escuchó una voz. Hermosa. Cálida. Divina.

Mi nombre es Bishamon.

Instintivamente lo supo, esto era ―ella era, lo que él estaba esperando. A quien él estaba esperando.

Aparécete aquí con tu nombre póstumo. Usa tu sobrenombre para así servirme a mí.

Sus sentidos empezaron a regresar. La conciencia sobre él mismo, su cuerpo e identidad.

Serás tesoro e instrumento, y me asistirás como Shinki.

El mundo se hizo mucho más claro. Y por fin pudo verla.

¡Tu nombre es Kazu! ¡Como regalía, To!

Hilos dorados desparramándose sobre una figura grácil, pálida. Fieros ojos del color de las amatistas.

Femenina. Elegante. Fuerte. Con el aura de un depredador felino.

Ella era Bishamonten. Ella era su dueña.

¡Ven, Toki!

Nadie dijo nada en todo el camino de regreso al Takamagahara, pero Bishamon podía sentir la sorpresa y confusión de sus Shinkis.

Kazuma era el más impactado. Desde la perspectiva del Guía, era demasiado pronto para que su ama tomara otra Regalía bajo su cuidado. ¿Era una señal de que su señora decidió seguir hacia adelante? ¿O acaso era el principio de algo peor?

No sabía cómo tomar la adición del nuevo Tesoro Sagrado. Especialmente porque Veena había llorado después de nombrar a su nuevo Shinki.

Al llegar a la mansión, el protocolo habitual se repitió. Bishamonten convirtió a sus Regalías en su forma humana y les pidió que reunieran a los demás en el salón para darle la bienvenida al chico nuevo. Mineha, Fumiha y Ryuuha no tardaron en aparecer, agrupándose con sus Shinki de batalla detrás de ella.

―Kazu, regresa.

Un haz de luz fue despedido hacia el centro del salón, tomando la forma de un adolescente con cabello castaño oscuro, un poco desordenado. Tenía la piel pálida y algunos lunares se distribuían por su rostro. Sus ojos aguamarina brillaban ligeramente confundidos.

―Oh, vaya ―Kinuha fue la primera en comentar.

―Se parece mucho a Kazuma-nii-san ―dijo Fumiha inocentemente.

Por un segundo, nadie dijo nada. Kazuma se removió incómodo en su lugar.

Entonces Kuraha rió.

―Tienes razón, sólo le hacen falta un par de lentes.

Si él supiera.

―Kazuma-san no tiene lunares… ¿Creo…? ―opinó Mineha, un poco nerviosa.

―Kazuma-san luce más joven ―fue la sentencia de Akiha, aunque era más una observación como el médico de la familia―. Su complexión es más delgada, los rasgos de su rostro son más finos y su cabello está más crecido.

―Kazuma-san es un bishonen ―zanjó Aiha.

El único comentario inteligente provino de quien menos esperaban:

―¿Así que ahora serán dos Kazuha? ―Karuha enarcó una ceja, viendo al chico aterradoramente parecido a Kazuma con curiosidad.

―No.

Todos voltearon hacia Bishamon.

―Su nombre es Kazu, pero su apellido no será "Ha" ―declaró impasible la rubia―. Me gustaría que lo llamen por su nombre informal hasta que encuentre un apellido para él.

Las Regalías claramente tenían preguntas sobre su decisión, no obstante, Kazu ya no pudo seguir en silencio.

―¿Disculpen…? ―la forma en que se aferraba a la chaqueta que descansaba sobre su yukata blanca daba a entender que era un poco tímido, lo que trajo recuerdos a más de uno. Todos habían estado en el lugar de ese chico.

―No temas. Sé que estás confundido y tienes muchas preguntas, pero ninguno te hará daño ―la diosa tomó las riendas de la situación―. Mi nombre es Bishamon, estás en mi hogar en el Takamagahara. A partir de ahora, esta será tu casa.

Sus demás Shinkis aplaudieron.

―Bienvenido a la familia, Kazu.

La rubia se abrió paso hacia su aturdida Regalía nueva. Luego, lo impensable sucedió. En cuestión de un parpadeo, Kazu fue rodeado por los brazos de su nueva dueña.

―Jamás estarás solo de nuevo.

Sintiéndose abrumado por una sensación confortable y cálida, Kazu sintió que sus ojos picaban. Medio segundo después se dio cuenta de que él estaba llorando.

Quizá otros dioses lo hubieran abandonado de inmediato al averiguar su procedencia, pero ella no podía encontrar ninguna razón real para temer de éste chico. Porque Kazu ―Yukio sólo era un niño. Un niño que tuvo que aislarse de los demás a sabiendas de que nunca entenderían que su hermano no era un monstruo. Un niño que prefería darle la espalda al mundo, hacer el papel de villano, llegar hasta el límite de él mismo, guardar secretos, sufrir en silencio, todo para cumplir una promesa. Un niño que tuvo que crecer de prisa para proteger lo que él más quería.

A Veena no podía importarle menos que su nuevo Shinki fuera hijo de Satán.

Ella sólo lo abrazó aún más fuerte.

Continuará

Nota de la Autora:

Ya me conocen, así que no me regañen.

De cualquier forma, hacer este fic era cuestión de tiempo. Llevaba ganas de hacer el X-over desde la primera temporada, Kazuma es tan malditamente parecido a Yukio (comparten hasta el actor de voz) que es difícil no pensar en "¿Qué pasaría sí…?" además de que la trama de Ao no Exorcist también se presta para esto.

Pero, con sinceridad, el fic nació de un randomneo con un amigo en Facebook. Uno tan bueno que yo me odiaría si no lo publico.

A diferencia de mi habitual método para hacer X-over (que se enfoca siempre en el universo con el que me siento más cómoda trabajando o en el que siento que el fic irá mejor) este fic es un X-over en toda la regla. Veremos a los Exwire, Mephisto, La Orden, etc. Pero de momento será el cast de Noragami.

Solamente tengo a consideración la línea de sucesos del manga de Noragami, because of reasons. Para los que ven el anime, nos ubicamos después de la segunda temporada (Noragami Aragoto) así que contiene spoilers.

El fic empieza en un punto vacío entre la muerte de Tsuguha y el Kamuhakari, pero con divergencias en el Canon. Aquí, Kazuma no ha traicionado la confianza de Yukine. Él sólo ha tenido que lidiar con la impotencia y la incomodidad que generaron sus acciones en los demás Shinki de Bishamon.

También, por conveniencia, la muerte de Tsuguha y el lío en el hospital suceden varias semanas antes del Kamuhakari.

Pasando ya al capítulo. A lo mejor alguien se pregunta sobre el nuevo nombre de Yukio, pues bien.

Noragami tiene todo un rollo con los nombres de las Regalías (también conocidos como Shinkis o Tesoros Sagrados). Los que han visto la serie lo saben. Sin embargo, nunca está de más refrescar la memoria.

El Shinki tiene dos nombres. Uno como persona y otro como objeto/arma, además del nombre formal como persona que el dios le agrega al Shinki, otorgándole un apellido o nombre de clan.

En el caso de Bishamon, ella utiliza "Ha" (巴) como el apellido/nombre de su clan. La única excepción a esto es Kazuma, ya que es el sobreviviente del clan anterior, el clan "Má" (麻).

Dato curioso: "Má" significa "mala hierba" (el traductor te lo tira como cáñamo, cannabis o marihuana, depende de los niveles de suerte).

El nuevo nombre de Yukio, es Kazu (和) y significa "Paz" o "Pacífico". En la lectura alternativa en chino, la pronunciación de "Kazu" es "Hé". Dicho en japonés es "To".

Como objeto, el Shinki tiene por nombre la pronunciación alternativa más el carácter "Ki" (器) que significa "Recipiente". Así que el nombre como objeto de Yukio sería "Toki".

El nombre formal como humano DEBERÍA ser Kazuha, pero NO lo es. Esto es porque como ya se dijo, Bishamon ya tiene un Shinki llamado Kazuha (uno de sus gemelos armas de fuego, el niño para ser precisos). Sin embargo, el kanji para "Kazu" de dicho Shinki es diferente al que usé para el nuevo nombre de Yukio.

Bishamon no le daría el mismo nombre a dos Shinki, pero como es un kanji y significado diferente, entonces creo que no hay problema. Y sin el "Ha" no habrá confusión hasta que se le dé un apellido.

Otra cosa, los kanjis para "Kazu" de Kazuma y Kazu (Yukio) también son completamente diferentes. Se pronuncian igual, pero el significado varía. El kanji "Kazu" para Kazuma está relacionado con el dinero, la abundancia y la prosperidad. Significa "Trillones" si no recuerdo mal.