Hola chicas esta historia es de Yurika Cullen que muy amablemente me permitió adaptarla a los personajes de Candy Candy, y asi compartir con ustedes su talento….espero le encante tanto como las otras historias que su inspiración nos ha permitido disfrutas…

Sé que aun está pendiente la historia se labios del pecado pero Miko la autora no la actualizado por lo que todas estamos en la misma situación que paso con la pareja, espero que ella pronto logre actualizar y poder seguir deleitándonos con sus producciones

CUIDANDO DE TI

By. Yurika Mustang

Capitulo Uno

Volvía a su apartamento tranquilamente, luego de un día de trabajo calmado, había sido un buen día, estaban a comienzos de año, y aunque las clases aun no comenzaban habían realizado una reunión de profesores, para designar las clases a cargo y los horarios que manejarían en este nuevo periodo. Ella adoraba su trabajo, estar con niños era algo que le encantaba, cada día aprendía más de ellos y tenía sorpresa completamente gratas de su parte que siempre lograban sacarle sonrisas.

Cuando llego al edificio donde vivía, pudo ver un camión de mudanza retirándose, lo más seguro es que ya habían ocupado el apartamento que estaba junto al de ella, el cual llevaba desocupado más de cuatro meses, ojala su nuevo o nueva vecina, no fuera como la anterior, nada más recordar a la anciana que había hecho de su vida un tormento le daba escalofríos.

Subió los últimos escalones, llegando por fin al tercer piso, hoy tenía ganas de caminar y no opto por el ascensor, continuó con su andar lento por el pasillo, el cual estaba sumido en un completo silencio. Un estruendo la sobresalto y cuando giro su cabeza hacia la derecha pudo ver que era la puerta del apartamento recién ocupado abriéndose estrepitosamente, segundos después no alcanzo a reaccionar y moverse, cuando algo se estampo contra sus piernas, más bien alguien, pues ese alguien emitió un quejido, y al parecer era la voz de un niño, rápidamente logro sujetar a esa personita para que no cayera, al bajar su mirada pudo ver una abundante cabellera de un hermoso color, rubio, luego de que lo estabilizo se agacho hasta su altura y quedo aun mas sorprendida, el niño era totalmente hermoso, tenía unos ojos azules preciosos y una cara casi perfecta.

— ¿Estás bien pequeño? — pregunto al niño, el abrió la boca para contestar pero alguien lo interrumpió

— ¡Tony! — Grito la voz de un hombre, Candy se giro y vio a una copia exacta del niño en versión adulta salir por la puerta y correr hacia donde estaban — ¿Cuántas veces te he dicho que no salgas así? ¿Estás bien? — pregunto asustado

— Lo siento, estoy bien — dijo el niño bajando la cabeza, él dio un suspiro, este niño lo mataría de un susto, luego se giro hacia la chica y se quedo petrificado, la mirada de la chica lo dejo cautivado, tenía un color de ojos especial, era como verde esmeralda. Ella por su parte pudo apreciarlo más, tenía los mismos ojos del niño, que aunque diferían en profundidad, la expresión era igual, el mismo tono de cabello, aunque sus facciones eran más rudas al ser adulto, tenía que ser el padre

— Perdona, ¿Estás bien? — le dijo él a la chica

— Si, tranquilo, no paso nada

—¿Segura estas bien? — le pregunto al niño, el asintió

— Disculpa si te incomodo, es un niño bastante efusivo —

— No hay problema — le sonrió ella restándole importancia, él quedo encantado de la sonrisa

— De todos modos, Tony, discúlpate con la señorita —

— Lo siento mucho, señorita — dijo el niño mirándola, ella se agacho nuevamente a su lado y le sonrió

— No tienes que disculparte — le dijo mientras le acariciaba el cabello — pero llámame por mi nombre, soy Candice, pero dime solo Candy, nada de señorita — Tony le sonrió, Candy le había caído muy bien

— Yo me llamo Anthony, Tony para mis amigos, tú puedes llamarme Tony y él es Albert — Albert se sorprendió ante lo hablador que estaba el niño, por lo general era muy cortante con las mujeres. Candy lo miro y sonrió, luego se levanto tendiéndole la mano

— Mucho gusto, Candy White, tiene un hijo encantador — él le tomo la mano

— Albert Andry, pero Tony es mi sobrino— dijo divertido, Candy abrió los ojos

— Yo juraba que era su hijo, son idénticos — Albert rio

— Si, siempre pasa lo mismo —

— ¿Dónde vives Candy? — Le pregunto el niño — Nosotros acabamos de mudarnos aquí — señalo la puerta por donde habían salido antes

— Soy tu vecina, vivo aquí — ahora ella señalo la puerta de enfrente

— ¡Genial! ¡Ya tengo una amiga cerca! estaba muy aburrido porque nos habían dicho que en este edificio no había niños e iba a estar solo ¿Podemos jugar juntos luego? — le pregunto Tony con una gran sonrisa a Candy

— Anthony — lo reprendió Albert, verdaderamente estaba sorprendido de que su sobrino estuviera tan a gusto con una mujer, hacia mucho que no lo veía así, pero no podía abusar de Candy

— Tranquilo — le dijo Candy a Albert — Claro que si, puedes venir a jugar conmigo cuando quieras — a ella le encantaban los niños y este niño había despertado una gran simpatía en ella

— ¡Qué bien! ¿Puedo ir uno de estos días? —

— Cuando quieras —

— Tony, no seas tan confianzudo apenas y conoces a la señorita, y ya estas incomodando — dijo mientras cargaba al niño

— No es molestia, y por favor dime Candy —

— Está bien, tú también puedes decirme Albert — ella asintió

— Y no te preocupes, si no tienes inconveniente Tony puede visitarme cuando quiera, yo adoro los niños — el asintió

— Gracias — ella sonrió — Bueno Candy fue un gusto conocerte, nosotros íbamos de salida al supermercado a comprar las cosas para la cena, pero este niño siempre se emociona demasiado y sale corriendo a mi menor descuido —

— Esta bien, que pasen buena tarde, adiós Tony —

— Adiós Candy, nos vemos después — se despidió el niño con la mano, Albert asintió a modo de despedida y se metieron al ascensor.

Candy abrió la puerta de su apartamento e ingreso con una sonrisa enorme, ese niño le había encantado, no podía evitar el pensar que era especial, tenía un encanto fascinante. Aunque algo la dejo pensando, ¿Cuántas personas se habían mudado ahí? Los apartamentos de ese edificio no tenían más de dos habitaciones y ahora que lo pensaba, ellos no habían mencionado a la madre o padre del niño, ¿Viviría Albert solo con el niño? Con esos pensamientos se dirigió a la ducha, quería darse un baño y preparar su clase de mañana, sería la primera del año.

Albert por su parte, estaba algo impresionado Tony siempre había sido muy cortante con todas las mujeres, especialmente con las que él le presentaba, le sorprendió ver que con Candy no había sido igual, se porto amable con ella y hasta le propuso jugar, tenía que reconocer que era una mujer muy agradable y amable, pero Tony jamás había hecho excepciones. Miro a su sobrino y este estaba concentrado entre dos cajas de cereales, miraba indeciso cada caja pensando cual llevar.

— ¿Por qué no llevas las dos? — le pregunto Albert a su sobrino

— Tienes razón tío, me llevo la dos — y le dio una amplia sonrisa como si hubiera solucionado la paz mundial, él se la regreso

— Tony — le llamo, el solo lo miro — ¿Puedo preguntar a que se debe tanta amabilidad con Candy? Siempre te has mostrado muy cortante con todas las mujeres que has conocido —

— Nop, solo con las que tú me presentas — Albert levanto una ceja

— ¿Puedo saber el porqué? ¿Y qué tiene de especial o diferente Candy? —

— Es simple tío, Candy no te ve como si fueras un pastel de chocolate y estuviera muriéndose por comerte — le dijo serio, aunque a Albert le causo gracia las comparaciones infantiles de su sobrino, no sonrió

— ¡Tony! Esas no son palabras para un caballerito educado como tú —

— Tío, tú preguntaste, yo te respondo — le dijo tranquilamente

— Dios mío, para tener siete años a veces te expresas como todo un hombre de treinta —

— Es que ya soy grande, pero tú no lo quieres ver, siempre me tratas como si fuera un niño —

— Para mí, siempre serás un niño, así seas un anciano de sesenta, yo te seguiré viendo como un niño — Tony bufo, simulando estar enojado, pero abrazo la pierna de su tío, no podía negar que adoraba que lo tratara así, siempre tan protector y cariñoso, justo como su papá. La melancolía lo invadió pero, prefirió borrarla y darle una sonrisa a Albert, no quería que se preocupara.

Luego de las compras, se dirigieron al apartamento, aun había muchas cosas que desempacar y mañana Tony tenía que ir a clases.

A la mañana siguiente, Candy se levanto temprano como de costumbre, aunque las clases empezaran a las ocho, ella siempre estaba media hora antes preparando la clase que daría, se ducho y arreglo, preparo algo ligero para el desayuno y partió hacia la escuela. Siempre iba a pie al trabajo, pues estaba a unas cuantas calles del edificio, además de que su adorada camioneta había decidido dejar de funcionar unos meses atrás, como ella no salía mucho y a los lugares que iba, siempre podía hacerlo a pie, no había pensado en comprar un auto nuevo.

Cuando llego, había unas cuantas profesoras que al igual que ella, siempre llegaban temprano, se dirigió al salón en el cual trabajaría este periodo, abrió las ventanas para dejar entrar los rayos del sol, esa mañana estaba haciendo un día precioso en Phoenix, a ella le encantaba el sol, aun se acordaba de lo mucho que había extrañado los días soleados de Florida cuando vivía en Forks, aunque no tenía más quejas, habían sido años muy gratos allí junto a su padre. Cuando tuvo todo listo, se fue a la puerta para esperar a sus nuevos alumnos y ayudar a las demás profesoras a organizarlos, pues todos vendrían sin saber con quién estarían.

Albert despertó temprano a Tony, era su primer día de clases en la nueva escuela y no quería que llegara tarde. Tony se levanto sin ningún problema, siempre había sido muy madrugador, él no tenía ni una queja de él, era un niño completamente bien portado, siempre hacia lo que él le decía y jamás armaba un berrinche, a veces hasta se extrañaba de lo maduro que podría ser su sobrino y de lo fácil que era cuidarlo, aunque tenía que admitir que para él, con apenas veinticuatro años el cuidar de una niño de siete a veces podía resultar bastante difícil, en ocasiones no sabía ni qué hacer cuando se presentaban inconvenientes y especialmente cuando se enfermaba, eso era lo peor que podía pasar, verlo enfermo era lo más terrible para él, especialmente porque se ponía tan nervioso que no sabía cómo actuar ni qué medidas tomar.

Se habían mudado a Phoenix hacia más o menos tres meses, por un traslado que acepto gustoso, se habían hospedado en un hotel durante ese tiempo, pues lo costeaba la empresa para la que trabajaba, mientras le entregaban la que sería su oficina definitiva, cuando le dijeron en qué lugar estaba su nueva oficina, se compro un apartamento lo más cerca posible de su trabajo, pues no quería estar muy lejos de casa y descuidar a Tony, lo inscribió en el colegio más cerca de ambos lugares para que no le quedara muy complicado pasarlo a recoger, por suerte con los horarios de trabajo no tenía problemas, pues trabajaría a su ritmo y como ayuda había contratado a una asistente para que estuviera al pendiente de la oficina en su ausencia.

Le preparo el desayuno a Tony, y luego de darle algunas indicaciones que aunque sabía estaban de más, jamás se cansaría de decírselas, después partieron al colegio.

— Si tío, me las sé de memoria, me voy a portar bien, y te voy a esperar para que me recojas, no me voy a ir hasta que no llegues por mi — dijo con expresión cansada, aunque le resultaba divertido. Albert rio

— Muy bien, llegamos — Albert bajo del auto, ayudo a Tony a bajar también y luego lo tomo de la mano para dirigirse hasta dentro del colegio. Muchas mujeres se le quedaban viendo, extrañadas de ver a un hombre y especialmente tan joven llevando a "su hijo" como todos imaginaban, al colegio.

Se acercaron a una de las profesoras que estaban con las listas de los grupos ayudando a orientar a los alumnos.

— Buenos días — saludo con su cordialidad de siempre. La profesora se giro y al verlo se le quedo viendo embobada, Tony rodo los ojos con fastidio, otra más que veía a su tío como comida.

— Bu-Buenos días ¿en qué te puedo ayudar? — le dijo mientras le dedicaba una mirada coqueta. Albert sonrió algo incomodo

— Quiero saber el grupo en el que estará este año a mi sobrino —

— ¡Oh claro! ¿Cuál es su nombre? — le pregunto a un más animada al escuchar la palabra "sobrino"

— Anthony Johnson Andry para Tercer grado — aunque generalmente a los siete años apenas cursaban primer o segundo grado, Anthony había demostrado ser tan inteligente que lo promovieron para tercero, algo que lo llenaba de orgullo. La profesora miro las listas de tercer grado y luego lo miro de nuevo a él

— Anthony estará en Tercero A con la profesora Candice, ella está por acá a la derecha, afuera del salón número cuatro — les señalo

— Muchas gracias — le dijo Albert antes de buscar el salón

— Para lo que quieras — le insinuó ella guiñándole un ojo. Tony inmediatamente la fulmino con la mirada, pero ella ni cuenta se dio

Cuando llegaron fuera del salón, vieron a la que debía ser la maestra dándoles la espalda, mientras se despedía de una madre y le indicaba al niño que pasara al salón.

— Buenos días ¿Es usted la profesora Candice? — ella se giro y ambos se sorprendieron al encontrarse

— ¡Candy! — grito Tony emocionado y corrió a abrazarla

— Buenos días — Saludo ella a Albert con una sonrisa — ¡Hola Tony! ¿Cómo estás? —

— ¡Feliz! ¡Vas a ser mi profesora de este año! — le conto emocionado

— ¿En serio? Qué bien, pero ¿Cuántos años tienes? — pregunto ella, Tony no podía tener más de siete años

— ¡Siete! — respondió aun sonriendo

— Lo promovieron un año — Candy pudo ver el tono de orgullo en la voz de Albert

— Vaya, entonces eres un niño muy inteligente — el solo le sonrió como respuesta — Bien, pasa al salón y ubícate donde quieras — Tony asintió, pero antes corrió a abrazar a Albert

— Adiós tío, que tengas suerte en el trabajo — él le respondió el abrazo y le dio un beso en la frente

— Suerte Tony, Pórtate bien —

— Sabes que siempre lo hago — el sonrió y se adentro al salón

— Todo me imagine menos que fueras profesora, te vez muy joven — comento Albert a Candy ya estando solos

— Si, te dije que adoro los niños —

— Se nota —

— Y no soy tan joven tengo veinticuatro años, pero hice mis practicas universitarias aquí, les gusto mi trabajo y me contrataron cuando termine mi carrera — dijo orgullosa

— Entonces eres buena en lo que haces — le dio una sonrisa

— Gracias, por cierto, necesito la información de la persona o las personas que van a venir a buscar a Tony — por algún motivo Candy no quiso decir "padres de familia" — pues no dejamos que se vayan los niños con desconocidos o personas no autorizadas, además de quienes van a estar pendientes de sus estudios, y las reuniones que se realicen en el colegio, información, como teléfono, dirección y demás — le entrego una hoja para llenar. El asintió y la tomo

— Yo hare todo eso de las reuniones y solamente yo vendré a buscarlo, nadie mas — Candy se moría por pregunta por su madre, pero no lo considero correcto, luego de llenar la hoja Albert le hablo nuevamente — Candy, me gustaría hablar algo contigo referente a Tony, pues no quiero mal entendidos o inconvenientes, ya tuvimos suficientes con los del colegio pasado — ella asintió

— Claro, adelante —

— Veras — Albert no sabía cómo contarlo, sin causar compasiones para su sobrino, lo detestaba. En cierto modo se alegraba de que fuera Candy su profesora, al parecer había simpatizado con Tony, y eso era algo muy importante — yo soy el único familiar que tiene Tony, al igual él lo es para mí, mi hermana y su esposo murieron en un accidente hace poco menos de un año y desde entonces yo me hago cargo de el — Candy asintió algo sorprendida, pero en su cara no había rastro de lastima, como él estaba acostumbrado a ver, eso lo alegro y tranquilizo un poco — Tony, lo ha tomado muy bien, demasiado bien para mi gusto, pero por eso, no quiero que lo traten con compasión ni lastima, es un niño obediente y comprensivo, además de ser muy estudioso, aunque en su anterior colegio tuvimos un par de inconvenientes, pues a excepción de ti, cosa que me sorprende, Tony no se lleva muy bien con las mujeres que no sean de su edad, digamos que — el rio nervios — es un poquito celoso conmigo y recibí algunas quejas de sus profesoras por la forma en que él las mira, de sus labios no sale ni una palabra, pero las fulmina con la mirada y eso causo unos cuantos problemas, pues una de sus profesoras se paso en los comentarios para con él y lo llamo huérfano — Candy frunció el seño al escuchar eso — como imaginaras, no me quede de brazos cruzados y aunque dicha profesora recibió la sanción merecida no quiero que se repita el mismo incidente — Candy afirmo comprendiéndolo

— No hay problema, por lastima no tienes por qué preocuparte, nadie tampoco le va a faltar al respeto y yo me asegurare de eso, con respecto a los problemas que tuvo, me alegra mucho saber que al menos a mi no me tiene ese desprecio, es comprensible que al ser tu su único familiar él se porte posesivo, es algo natural en los niños — el asintió— Gracias por tu ayuda ¿A qué hora, lo paso a buscar? —

— Dos de la tarde —

— Bien, a esa hora estaré, de nuevo muchas gracias, hasta luego Candy —

— Nos vemos después Albert, que tengas buen día —

Luego de que Albert se marchara, Candy pensó en todas las palabras que le dijo, y con mayor razón se encariño con Tony aun sin conocerlo bien, además de parecerle sorprendente el hecho de que alguien tan joven como Albert se hubiera hecho cargo de un niño pequeño y no hubiera optado por abandonarlo o regalarlo, eso hablaba muy bien de él.

Entro al salón de clases y comenzó con las presentaciones de rutina, Tony se había ubicado en las sillas de adelante y se le veía relajado y tranquilo, conversando con algunos de sus compañeros cercanos a su sitio, durante el día pudo comprobar lo inteligente que era y lo bien que se desenvolvía para hablar con los demás, con razón lo promovieron, el no se expresaba como un niño de su edad, era demasiado maduro si se le comparaba con el resto, ahí podía ver el punto al que se refería Albert, con que se lo había tomado demasiado bien, pues era de esperar que al tener Tony esa forma de ser, su reacción ante la muerte de sus padres fuera diferente a la de los demás, aun así, ella quería saber un poco más de él y ver que tan cierto era esa apariencia madura y serena.

El día pasó rápido y faltando diez minutos para las dos de la tarde, sus alumnos ya estaban listos para partir, los padres de familia comenzaron a llegar a recogerlos. Tony estaba sentado en su silla esperando por su tío.

— Candy — le llamo Tony cuando ella estaba terminando de recoger sus cosas

— Dime Tony —

— ¿Aun puedo ir a jugar a tu casa? —

— Claro que si, ¿Por qué no podrías? —

— Como ya eres mi profesora, pensé que estaría mal — ella negó

— Para nada, puedes venir cuando quieras —

— ¡Qué bien! — Albert apareció en ese momento por la puerta del salón y Candy se pregunto si tanta belleza no sería pecado, cada vez que lo veía se convencía de lo perfecto que era

— ¡Hola! —saludo a ambos, Tony corrió y salto mientras él lo atrapaba y lo abrazaba dándole un beso en la frente — ¿Cómo te fue? —

— Como siempre, bien — respondió el orgulloso

— ¿Es cierto? — le pregunto a Candy en broma, ella asintió — Bien, entonces eso merece un helado, pase antes por el súper y traje tu favorito — Tony sonrió feliz y lo abrazo mas — ¿También vas a casa Candy? —

— Si, yo también voy saliendo —

— ¿Tienes auto? —

— No, lastimosamente murió hace un par de meses y no me he decidido a comprar otro —

— Entonces te llevamos — le afirmo

— No es necesario, no estamos lejos, me iré caminando —

— Por supuesto que no, vivimos en el mismo lugar, no me cuesta nada llevarte —

— ¡Vamos Candy ven con nosotros! ¿Sí? — le rogo Tony, su rostro le recordó al de su mejor amiga, lo peor de todo, es que siempre que ponía esa expresión, jamás le podía negar nada

— ¡Bien! Solo por hoy — dijo resignada, Albert no afirmo ni negó nada

Salieron del colegio, Albert con Tony en brazos y con Candy al lado, varias profesoras y madres de familia se les quedaban mirando, la mayoría con envidia al ver lo bien acompañada que estaba Candy, Tony al darse cuenta empezó a fulminarlas con la mirada, como ya era su costumbre, no le gustaban ese tipo de mujeres y mucho menos, cerca de su tío.

Llegaron al auto de Albert, un Volvo plateado bastante lujoso, según la opinión de Candy, Albert subió a su sobrino atrás y luego le abrió la puerta a Candy adelante, ella se sorprendió un poco al ver lo caballeroso que era, hoy en día, era difícil encontrar un hombre con esos modales. No tardaron ni cinco minutos en llegar al edificio, cuando estuvieron en el tercer piso frente a sus respectivos apartamentos, Candy le agradeció a Albert el haberla traído, se despidió y entro a su apartamento al igual que ellos.

Albert dejo a Tony en el piso y luego guardo el helado en la nevera, pues no lo probarían hasta después del almuerzo, le pregunto a sus sobrino por sus deberes y él le contesto que no les habían dejado ninguno, Tony puso algo de música clásica como era su costumbre, otra de las cosas sorprendentes para un niño de su edad, tomo uno de sus libros favoritos luego de cambiarse el uniforme y se sentó en el gran sofá de la sala a leer un rato. Albert preparo el almuerzo y luego de que ambos terminaran de comer, se fue a su pequeño despacho, para revisar unos planos para un nuevo proyecto que había aceptado el día de hoy.

Pasadas las cinco de la tarde, el timbre del apartamento comenzó a sonar, Tony al estar más cerca a la puerta, se acerco a abrir, no sin antes subirse a una silla y asomarse por la mirilla de la puerta como le había dicho su tío que hiciera antes de abrir sin saber quién era, la silueta que vio al otro lado de la puerta lo hizo soltar un bufido de fastidio, se quedo unos segundos debatiendo, entre abrir y no hacerlo, mientras el timbre sonaba incesantemente.

— ¿Quién es? — le pregunto Albert al ver que no abría

— Tu novia — le dijo con una sonrisa completamente fingida y con la expresión de inconformidad en el rostro, detalle que obviamente no paso por alto Albert y debido al comentario adivino de quien se trataba

— Ya te he dicho que no es mi novia —

— Claro, ¿entonces porque viene? ¿Le digo que no estás? — pregunto sarcástico al saber la respuesta

— Trabajamos en la misma empresa Tony, tal vez necesite algo —

— ¿Y no podía esperar hasta mañana? ¿No podía haber ido a tu oficina? ¿Tiene siempre que venir a nuestra casa? — el rio, lo abrazo y le dio un beso en la cabeza

— Vamos Tony, no es educado dejarla esperando tanto — le dijo cargándolo para poder abrir la puerta

— ¡Albert! ¡Pensé que no estaban! — dijo alegre la chica mientras miraba coquetamente a Albert cuando le abrió la puerta, Tony rodo los ojos

— Lo siento Eliza, estaba un poco ocupado — Eliza Legan formaba parte de la empresa para la que él trabajaba, la conoció unos días después de haber llegado a Phoenix, aunque le llevaba unos cuantos años, la edad no le quitaba lo guapa, él estaba consciente de que ella buscaba algo más que una simple amistad, pero la verdad no estaba interesado en formar una relación ahora

— Si, ya veo — dijo ella mirando a Tony con una fingida sonrisa de entusiasmo — ¿Cómo estas chiquito mío? —

— Bien — le dijo de manera cortante Tony, Eliza rio con fastidio mal disimulado

— Siempre tan entusiasta — y le sobo los cabellos, Tony corrió la cabeza evitando el toque

— Pasa Eliza ¿Qué se te ofrece? — dijo Albert para tratar de calmar el ambiente

— Solo venia a preguntarte como te fue en tu nueva oficina, pase por allá, pero tu asistente me dijo que ya habías salido —

— Si, ¿no recuerdas que te dije que luego de las dos de la tarde no iba a estar en la oficina? —

— Supongo que lo olvide — dijo como escusa

— No importa ¿Quieres algo de tomar? — Tony rodo nuevamente los ojos, ¿para qué le ofrecía que tomar? Ahora no se iría nunca, pensó

— Una copa de vino si no es molestia —

— Claro que no — Albert bajo a Tony al piso y se dirigió a servirle a Eliza su vino. Tony fastidiado ante la presencia de ella, tomo su libro y se fue a su habitación

— ¿Por qué decidiste quedarte en un apartamento tan sencillo? — Pregunto Eliza mirando todo el lugar — Yo pensé que te gustaría algo un poco más lujoso, con el dinero que tienes me extraña que vivas en un lugar así —

— No me interesan esas cosas, el lugar es ideal porque está cerca de mi oficina y la escuela de Tony, puedo estar al pendiente de él sin ningún inconveniente y es un lugar muy cómodo — respondió tranquilo

— Claro, tienes razón, pero ¿Nunca has pensando en enviarlo a un internado? — Albert frunció el seño

— Claro que no, no veo el motivo —

— No te enojes, es solo que, ahí estarían más capacitados para formar a un niño de bien, no es lo mismo a que lo hagas tú solo, además eres muy joven, ¿no te parece mucha carga? —

— Para nada, Tony es como si fuera mi propio hijo, jamás ha sido una carga para mí — dijo algo molesto por el comentario, Eliza noto su error y se acerco acariciándole un brazo

— Te entiendo, y me gustaría decirte que, puedes contar conmigo para lo que quieras — enfatizo con voz sensual — para eso estamos las amigas, siempre que necesites mi ayuda, puedes llamarme —

Albert se removió un poco incomodo, Eliza era una mujer muy hermosa, y aunque no era su tipo, el seguía siendo hombre y ese tipo de insinuaciones en una mujer tan bella, causaban efectos, especialmente si había pasado tanto tiempo sin estar con una mujer; desde que estaba a cargo de Tony no había tenido tiempo para estar con nadie y no es que lo culpara a el de nada, por supuesto que no, el adoraba a su sobrino, pero también tenía que reconocer que, era muy tentadora la oferta que le hacia Eliza.

Ella seguía acariciando su mano sobre la tela de la camisa, estaba acercándose lentamente al rostro de Albert, cuando Tony la interrumpió.

— Tío, ¿sabes dónde está el libro que me préstate anoche? — Tony había estado al pendiente de Eliza todo el tiempo, había escuchado claramente la conversación sobre el internado y eso hizo que la odiara mucho más, pero también aumento el amor que le tenía a su tío, cuando escucho la respuesta, así que con mayor razón decidió interrumpir al ver las claras insinuaciones de la tipa esa.

Albert por su parte rio divertido al ver la cara de disgusto de Eliza, podía jurar que su sobrino lo había hecho adrede y aunque si fuera otro, estaría disgustadísimo con él, él, solo podía divertirse con el asunto, pero todo era porque Eliza no le interesaba en realidad, si algún día llegaba a tener algo con ella, no sería nada más que meramente sexo.

— Lo dejaste en mi mesita de noche —

— ¿Puedes continuar leyéndomelo? — le pidió con cara de cordero

— Claro que si — luego miro a Eliza aguantando la risa — Bueno Eliza, muchísimas gracias por tu apoyo, pero creo que mi sobrino me necesita — ella aguanto un bufido de disgusto, siempre terminaban las cosas así, todo por culpa de ese mocoso, ese niño estaba comenzando a ser un verdadero estorbo para ella, se aseguraría de que el día que lograra conseguir por fin a Albert, lo convencería para enviarlo a un internado.

— Bueno, entonces yo me voy, adiós Albert — le dijo despidiéndose con un beso cerca de la comisura de sus labios, le dedico una sonrisa y una mirada altiva a Tony y se acerco a ella — Adiós chiquito mío, cuídate mucho — Tony solo le sonrió con fastidio pero no respondió. Luego de que Eliza se fuera Albert esbozo una gran sonrisa y abrazo a su sobrino

— ¡Eres terrible! No me gustaría ser tu enemigo — él le respondió el abrazo

— Nunca lo serás, aunque no tientes tu suerte, saliendo con cualquier regalada como ella — definitivamente Tony era mucho más madura y perceptiva que cualquiera, pensó Albert

— Okey ¿entonces quieres que te lea o hacemos algo más? —

— Me gustaría visitar a Candy, en el receso de hoy le hable de un par de libros que quiero leer y ella me dijo que los tiene y que me los prestaría cuando quisiera — Albert aun se sorprendía de lo bien que hablaba de Candy y de la alegría que se notaba cuando la mencionaba

— Esta bien, yo aprovecho a seguir un poco con los nuevos planos, pero no abuses de la confianza de Candy y no tardes mucho ¿de acuerdo? Estarás aquí antes de la cena — ella asintió feliz — ¿Te acompaño? —

— Albert Andry — él sonrió, le causaba mucha gracia cuando él le decía así, se parecía mucho a su madre cuando se ponía seria — solo voy a cruzar el pacillo, no voy a otra ciudad —

— No puedes culparme por preocuparme —

— No lo hago, pero no exageres — el volvió a reír y levanto las manos

— Bien, me rindo, pero no me puedes negar el acompañarte hasta la puerta — ahora quien rio fue el

— Está bien —

Y como dijo, lo acompaño hasta la puerta y se quedo esperando a que su sobrino tocara la puerta de su profesora, después de dos toques y un "voy", Candy salió dejando a Albert completamente petrificado, tenía unos short no demasiado largos pero lo justo para dejar ver unas excelentes piernas, una camiseta algo grande que llegaba un poco más arriba de los shorts y descalza, a leguas se notaba que ahí adentro se escondió un cuerpo espectacular ¿Y esperaban que él luego de ver todo eso, continuara más tiempo sin compañía femenina? Candy Sonrió ampliamente cuando vio a Tony, una sonrisa verdadera y no falsa como la que le había regalado Eliza hace poco a su sobrino, Tony se lanzo a abrazarla, de la misma forma que hacía solo con él, otro punto más que lo sorprendió, ella lo atrapo en el aire, lo abrazo y beso en la mejilla, luego le dio una cálida sonrisa.

— Al parecer, hoy deicidio que sería un bien día para incomodarte — le dijo él en broma cuando pudo recuperar la respiración

— No digas eso, sabes que no me molesta para nada, antes me alegra tener algo de compañía — cierto, ahora que lo pensaba él no sabía si ella vivía sola, o acompañada o más importante, si tenía novio — Como veras vivo sola y una visita de un amigo me vendría bien — le respondió inocentemente a la pregunta de Albert. El rio complacido sin saber porque, al menos no vivía con ningún hombre ¿Pero y eso que le importaba?

— Bueno, luego no te arrepientas — ella solo una corta carcajada, ambas se despidieron de él y entraron al apartamento