¡Men Backers: ¿Makubex y Ban?

Plot: Ban y Ginji pelean por dinero, así que Ban decide terminar con los Get Backers y formar los Men Backers junto a Makubex! ¿Qué hará Ginji ahora…?

Disclaimer: ¡¿Por qué no son míos los Get Backers?

Hola! Sustituí el primer capítulo para arreglar lo de los espacios inexistentes! T-T

Bueno, aquí tienen la historia de GB destinada al fracaso por no ser Yaoi!

No me malentiendan: me gusta el yaoi, pero me gusta más Ban, ¡Y a mi querido Ban, nadie lo toca, ni siquiera Ginji! XDDD

La Fortaleza Ilimitada

Ban Midou recorrió todos los caminos que recordaba perfectamente de la vez que habían ido a la Fortaleza, con el afán de encontrar al maniático de las computadoras.

Muchos habitantes se le quedaron viendo como si quisieran pelearse con él, como si fuera una amenaza de los niveles superiores, y como si fuera su prueba final del largo entrenamiento de pelea clandestina en la ciudad baja; y seguían mirándolo, provocándolo, pero Ban los ignoró olímpicamente, más bien arrogante e intencionadamente, para hacerlos salirse de sus casillas. Quizás también estaba buscando pleito, no podría saberse...

Acercándose a la guarida de Makubex, un desfile de fenómenos se interpusieron en su camino, luciendo sus músculos como si quisieran advertirle que eran mucho más grandes y poderosos; así que Ban, resignándose, se hizo paso con su brazo derecho, y fue como si una persona normal se corriera las moscas. Los fenómenos quedaron con el cuello torcido, al punto de perder la cabeza (literalmente), y lo suficientemente asustados. Un par de ellos, encolerizados, atacaron con todo lo que tenían a Midou, pero él los levantó sobre sí mismo, y los lanzó contra los cubos de basura.

— Jeh... ¡Quiero ver si vuelven a atreverse a interponerse en el camino del invencible Midou Ban-sama!

—…Enloqueció de poder... ¬¬ — dijo uno de los espectadores, entre los demás curiosos chismosos. — ¡Oye, Midou-han...!

Ban se giró y se encontró con Emishi.

— Tú... — dijo sin más rodeos ni formalidades, también deberíamos decir que: sin educación — ¿Dónde está el maniático de las computadoras?

— No sé a quién te refieres... — Emishi miró para todos lados y se hizo el loco para que Ban le dijera por su nombre a Makubex, pero el chico apareció tras ellos más rápido de lo que pudo pensar su nombre. Los sujetos que acababan de ser derrotados por Ban se regocijaron ante la vista de su "rey", y sintieron como si su ángel salvador hubiese bajado del cielo, iluminando la sucia y sangrienta calle.

— ¿Qué pasa, Midou-san? ¿Algo malo le ocurrió a Ginji-san?

— Sí: perdió la cabeza, pero eso no importa, todos sabíamos que tarde o temprano sucedería… Vine aquí para hablarte de negocios.

— ¿De negocios…?

1 1 1

Mientras tanto, en el parque de Shinjuku…

Ginji ni si quiera quería entrar al Honky Tonk.

Se había quedado en el parque tanto tiempo, que se habían llevado el Subaru 360 frente a sus ojos, y él los dejó hacerlo; se le quedó viendo hasta que se perdió en el horizonte de la calle, como si fuera cualquier otro de los transeúntes. Entonces se sintió todavía MÁS fracasado, y se sentó en el borde de la fuente totalmente ausente, dándoles miedo a los niños y a los ancianitos.

No quería ponerse triste, pero la situación era apremiante, y lo que consiguió fue quedar así: ausente, sin expresión, era el resultado neutral de su optimismo y su pesimismo situacional.

Mientras tanto, Shido, Juubei, y Kazuki lo buscaban por todas partes, pensaron que era impredecible y que podría estar en cualquier sitio, pero cuando vieron el particular Subaru, supieron que estaría en el parque, y lo encontraron fácilmente porque a su alrededor no había nadie: el estado de ánimo de Ginji creaba una onda oscura y misteriosa de maldad.

Ninguno se atrevió a acercársele, excepto Fuuchouin.

— Hola, Gin-san. — le saludó alegremente, acompañado por la música celestial de los cascabeles pendientes de su cabello.

— No.

— -_-

— ¡Al demonio! — Shido Fuyuki fue el siguiente en aproximarse al campo magnético del Emperador Relámpago, que era dañino para las personas con marcapasos, y lo lanzó al agua de la fuente para hacerlo reaccionar, como a los niños pequeños cuando se "privan"; se oyó el crujir de la electricidad, y entonces Ginji se levantó del agua, todavía sereno. — ¡¿Dónde demonios habías estado estos últimos tres días? Todo el mundo está preocupado por ti.

— No puedo volver a la civilización nunca más. — dijo Ginji, quien no había hablado con nadie desde lo que sucedió, y ya tenía ganas de oír su propia voz. — Pasó algo horrible… Ni si quiera lo puedo decir… Y ni si quiera sé qué pasó exactamente…

— ¡¿Qué? — exclamó Shido, que ya estaba de mal humor por tener qué hacerse cargo de situaciones tan humanas como los sentimientos.

— Es que… etto… ¡Ban-chan me abandonó! T-T

— ¡¿SÓLO POR ESO? — gritó Shido furioso, y las aves volaron de las copas de los árboles.

— Shido. — intercedió Kazuki, severamente, o todo lo severamente de lo que era capaz. — Eso es horrible… Imagínate que Madoka- san te abandonara.

— Eh… Pero si eso es totalmente diferente… — dijo Ginji, sintiéndose mal por las habilidades comparativas de Kazuki. — -_-

— ¡Además no estábamos hablando de mí! — añadió Shido.

- Pero, ¿por qué te abandonó? — Kazuki siempre era demasiado curioso. — ¿Qué le hiciste?

— Gracias por suponer que fui yo quien hizo algo malo. ¬¬ — Ginji se quedó callado unos momentos. — ¡Pero así fue! T-T

— Esto me está cansando ¬¬ — Shido decidió sentarse en la fuente y juguetear con una venenosa paloma.

— Fue hace tres días. — Ginji suspiró y miró hacia arriba para recordar todo a la perfección, pero ya había activado su mecanismo de defensa y estaba casi todo reprimido. — Hevn nos presentó a los clientes: era el trabajo más fácil del mundo. Teníamos qué recuperar una concha de mar con un valor sentimental de 5 millones de yenes — sus ojos brillaron tan sólo de recordarlo, hecho chibi.

— ¡Vuelve, Gin-san, tienes qué contarlo completo! — le llamó la atención Kazuki.

— Gomen ne… u.u — Ginji intentó seguir su historia. — ¡El caso es que la rompí!, ¡YA, ya lo dije, ¿Ya eSTáN CoNTeNToS ToDoS?

— ¡¿Rompiste la concha de los cinco millones? — Kazuki se quedó anonadado. — Ahora lo entiendo todo: Midou-san sólo se mueve por dinero.

— ¡Claro que no! T-T

— ¿Todavía defiendes al cabeza de serpiente? — de nuevo participó Shido, y la paloma dio un saltito hasta el suelo y se alejó. — Por eso me caes mal. —Todos lo miraron feo. — ¿Qué? Alguien tiene qué tomar el lugar de Midou e insultarlo por él.

Juubei había oído toda la historia, pues su sentido del oído era el doble de agudo para compensar el de la vista, y pensó que Ginji necesitaba apoyo moral, así que le puso la mano en el hombro y dijo:

— No te preocupes, todo se solucionará, ya lo verás…

— Kazuki… -.- — le advirtió Shido. — Juubei está toqueteando al señor del takoyaki.

— ¿Eh? … — Kazuki se volvió y fue a ayudar a Kakei. — ¡Juubei, ése no es Ginji-san!

1 1 1

1 1 1

En la Fortaleza…

Ban se sentó donde le dio la gana, o sea, el lugar de Makubex, y además apoyó sus pies en su sagrado computador principal. Makubex, por su parte, era muy paciente, tan paciente que lo dejó quedarse ahí, con la esperanza secreta de que Midou se diera cuenta por sí mismo de que estaba siendo grosero, pero era como esperar que Juubei mejorara sus bromas y se casara con Kazuki.

— Lo siento, Midou, no puedo sustituir a Ginji-san. — le dijo el chico, poniéndose frente a él, tras su magnífico y súper poderoso computador —- Lo que me propusiste es impensable… en cambio, puedo enumerar varias razones por las cuales no debo hacer lo que propones. — Emishi los miraba tras sus lentes como si fuera el guarura de la reina, listo para sacar a patadas al incómodo visitante. — Por ejemplo…— Makubex se sintió presionado por la mirada desconsiderada de Ban, una mirada que te hacía sentir la criatura más inferior del universo, y que todos tus más estresantes problemas sólo eran un juego infantil. — Tengo responsabilidades aquí, no les puedo fallar a todas estas personas… Necesitan seguir a alguien, que les muestre el camino… Además, me es imposible abandonar físicamente la Fortaleza… Ya lo sabes. — Makubex perdió la mirada en la lejanía con tristeza, pero Midou lo sacó de su tragedia:

— ¡Tonterías!

— ¡¿Tonterías? — Emishi jugueteó amedrentadoramente con su látigo — ¡Sabes perfectamente a lo que se refiere Makubex-han, pelos de puerco espín! Y no quiere que se lo anden restregando en la cara todo el tiempo, ¿entendiste?

— ¡¿Te atreves a amenazarme con tu cordoncito, domador? — Ban se levantó convertido en una masa oscura con un aura semejante al fuego. Emishi se encogió en su lugar, pero rectificó.

— ¡NO SUBESTIMES MI ROURANBOTOUBEN! — lanzó hacia atrás el látigo, fuera de sí.

— Je… — Ban se agachó. Emishi se fue de paso, y Ban se levantó, (quedando detrás de él), y le arrebató el látigo, enrollándoselo en el cuello a una velocidad monstruosa.

— ¡Ahhh… móndrigoooh…!

— ¡Y esto es lo que le pasará a todo tu reino si no aceptas, mocoso, todos dependen de ti! — dijo Ban, con una sonrisa enloquecida.

— ¡Cálla…te… eri…zo…!

— Midou-san, Emishi, basta. — dijo Makubex. Y se puso de pie. — De acuerdo, Midou… Acepto. Te ayudaré en el negocio de la Recuperación… Al menos, todo lo que pueda, desde aquí, dentro de la Fortaleza… ¡Ya suelta a Emishi! — se desesperó.

Ban lo hizo, y Emishi cayó al suelo, jadeando como si hubiera pasado un montón de tiempo abajo del agua. Se incorporó, señalando a Ban dificultosamente y dijo:

— ¡Tienes suerte de que hoy no había comido bien porque no me gustan las espinacas!

— Deja de llorar, bebé. — Ban hizo a un lado sus lloriqueos infantiles y le hizo un ademán a Makubex. — Tú. Ven.

— En ningún lado decía que tenías qué ser mi amo o algo así — Makubex nunca perdía su buena disposición.

Ban empezó a caminar hacia la salida, y Emishi se levantó como accionado por un resorte para proteger a Makubex de las malvadas y endemoniadas intenciones de Midou. Salieron a las calles de la Ciudad Baja durante varios minutos, pero muchos menos de los que hizo Ban al venir, pues iba acompañado por Makubex y todos los ciudadanos los respetaban a su paso.

Finalmente llegaron a uno de los límites de la ciudad, por la cual Ban había entrado. Podía verse Shinjuku, común y corriente, y Makubex vio a las personas caminar por las banquetas y a los carros circulando por la calle con una mirada llena de tristeza, pero una sonrisa pintada en el rostro. — El mundo fuera de la Fortaleza… — mencionó Makubex.

— No te pierdes de mucho, Makubex-han — exclamó Emishi, conmovido.- ¡Tanto aquí como allá afuera siempre hay pleitos que destruyen a los hombres…! ¡Buaaaaaah!

— Emishi-san — Makubex le sonrió y le puso una mano en el hombro. — Gracias.

— ¡¿Qué eS ToDa eSTa MieRDa SeNTiMeNTaLiSTa? — exclamó Ban, quien había pensado que era broma, pero luego se dio cuenta que no. Pero decidió no ahondar en el tema, y salió de los límites de la Ciudad Baja. Un pequeño e insignificante paso, y se les quedó mirando.

—… … … … … ¿Qué? — preguntaron los dos que se quedaron dentro.

— ¡Estoy esperando a que salga Makubex! — les explicó Ban, haciendo un ademán de exasperación con los brazos.

Esa fue la gota que colmó el vaso de Emishi: decir que esperaba que Makubex saliera de la Fortaleza, para él equivalía a que Ban le hubiera dicho a un discapacitado que se levantara de su silla de ruedas, y exclamó con toda la furia de su corazón y de su alma:

— ¡Midou, te estás pasando! ¡No, más bien YA te pasaste hace MUCHO TIEMPO! ¡Ya estás afuera, lo mejor será que te largues a vaguear en tu catarinita, o si no, te enfrentarás a la furia de Haruki Emishi!

— No subestimes a mi Subaru 360… — dijo Ban como en automático, defendiendo a la catarinita, pero con seriedad miraba a Makubex, sobre los lentes azules.

— El jagan — se dijo Emishi, y miró con temor a Makubex, como si en cualquier momento fuera a desvanecerse en una explosión atómica o en una nube de polvo…

"El mundo fuera de la Fortaleza…", volvió a pensar Makubex, "Todo lo que yo quería era que mis compañeros, que mis amigos, pudieran disfrutar de la libertad del mundo de afuera. Un lugar donde ni las acciones ni los pensamientos de nadie, fueran un plan perfectamente calculado y meditado para satisfacer los planes de un hombre dándoselas de dios…". Makubex volvió a mirar a las personas comunes y corrientes por las banquetas de Shinjuku, y los autos hicieron sonar sus bocinas para crear el sonido rutinario de cada día; y para los oídos de aquel muchacho atrapado en la Fortaleza Ilimitada, todo ese barullo era como la música de la que jamás podría tomar parte. Sus ojos se llenaron de lágrimas. "Es imposible", Makubex reprobó su misma acción cuando empezó a mover su pie derecho. "¿Qué es lo que intento hacer? Yo no soy una persona como todos ellos. Yo no puedo abandonar la Fortaleza. Yo… Ni siquiera existiría fuera de ella."

— ¡Makubex!

Emishi se quedó atónito, lo que acababa de ver era imposible…

Makubex estaba fuera de los límites de la Fortaleza. Simplemente había CAMINADO fuera de ella. ¡¿Y YA?

¿Sería que Midou les había hecho el jagan a ambos?

— ¡Ah, maldito ilusionista del demonio! — Emishi sacudió la cabeza hasta que se le resbalaron los lentes por la nariz. — Ah, claro… Los lentes… Entonces, ¡Midou no utilizó el jagan contra mí también!

— ¿De qué hablas, payaso? ¬¬ — Ban interrumpió los valiosos descubrimientos de Emishi.

Makubex recuperó la lucidez y empezó a enfocar la mirada, para ver exactamente la calle en la que estaba. Se dio cuenta que había salido de la Fortaleza Ilimitada, su prisión necesaria.

Y ahora, estaba parado fuera de ella.

Eso era imposible.

"Estoy fuera…", pensó Makubex, y cuando pasó el estado de choque, gritó:

— ¡¿Qué DeMoNioS HiCiSTe?

— ¡Maldito mocoso, ¿eso es lo que le dices a tu descarcelero? — exclamó Ban.

— ¿Existe esa palabra? ¬¬ — Emishi ya no tenía control sobre sus pensamientos y decidió seguirle la corriente a la situación.

— ¡USASTE EL JAGAN CONTRA MÍ Y AÚN ESTOY DENTRO DE UNA ILUSIÓN! ¡QUÉ PÉSIMO GUSTO, MIDOU-SAN!

— Si eso es lo que crees, ¿por qué no vas y caminas frente a un coche para ver qué pasa? ¬¬

— ¡No puede ser…! — Makubex pensó a toda velocidad, como era usual en él. — "Midou ya ha utilizado el jagan antes conmigo, y sé que ya terminó. SÉ que terminó, pero… Mi mente no quiere creerlo… Estoy aquí afuera, y no he desaparecido." — Makubex respiró hondo, y trató de escuchar una versión de las cosas del mismo ejecutante del lío en el que estaba envuelto. — Midou… — le dijo — Te lo pido, no hagas ningún chiste. ¿Qué fue lo que hiciste?

— Primero que nada, yo no hago chistes, si la gente se ríe es porque está mal de la cabeza. — exclamó testarudamente. — Bueno, verdaderamente, sacarte de la Fortaleza me fue muy sencillo. — dijo con arrogancia.

— Ese erizo… — masculló Emishi con resentimiento.

— ¡¿Por qué dices que fue muy sencillo? — exclamó Makubex, apelando a todos sus cálculos y sus investigaciones. — Sabes que nadie puede escapar de la voluntad de los dioses de la Fortaleza. Yo mismo lo intenté, y es inútil. ¡Todos nosotros simplemente somos las piezas de su tablero de ajedrez!

— Mira, bájale, Kuroshitsuji… ¬¬

— ¡No sé quién demonios es Kuroshitsuji, pero mejor pon atención, Midou, esto es una de las cosas más importantes que me han pasado en la seudo – existencia! — Puede decirse que el joven Makubex estaba histérico, pero tenía razones para estarlo, así que dejémoslo. — ¿Cómo… cómo puede ser posible que hayas sacado a un grupo de archivos de la Fortaleza? Algo que no tiene alma, que no existe realmente… ¡¿cómo es que estoy aquí afuera, Midou?, contéstame!

— Alguien déle un bolillo a este niño para que se calme o algo… ¬¬

— ¡Midou-han, yo también quiero saber, contéstale! — lo apremió Emishi.

— ¡Está bien! — dijo finalmente Ban, levantando las palmas frente a ellos. — Bueno, Makubex… Tú sabes que los malditos "dioses" de la Fortaleza tienen un sistema que les permite a sus creaciones desarrollar pensamientos y emociones propias. Es lo que pasa contigo y con Ren, la hija del farmacéutico. Es una especie de energía que se comporta como un alma, pero todo eso es… Pura lógica.

— Eso lo sé. — contestó Makubex. — Son meros cálculos, todos ellos se rigen por la lógica matemática. Si esos cálculos dicen que yo puedo existir, entonces, existo. Pero lo hago dentro de la Fortaleza, donde se cumplen los logaritmos, donde se dan las condiciones: toda la Fortaleza es igual que yo, por eso es que existo dentro de ella. Entonces… ¿Cómo es que estoy aquí afuera?

— Simple. — Parecía que Ban se resistía a contestar una pregunta o, como mal pensaba él, una orden directa — Ya que esta energía actúa bajo las ordenes de la lógica, utilicé mi jagan para hacerte creer que era válido que salieras de la Fortaleza. Si para ti era lógico seguir existiendo fuera de la Fortaleza, existirías. Y aquí estás. Fin. — Ban se recargó en la pared más próxima.

— Midou… — Makubex se quedó pensando. Tenía qué admitirlo: muchas veces había pensado que su existencia era casi perfecta: que algo tan complejo como el ser humano era imposible de replicar, y que él realmente era una persona normal. Parecía imposible que un humano hubiese creado otro por medio de una computadora, y Makubex no quería ser un contenedor vacío, sin alma. Fue por eso que fuertes pensamientos contradictorios a su intelecto se quedaron rezagados en lo más profundo de su cerebro; pero jamás se fueron, y Ban Midou acababa de sacarlos a flote con el jagan; alentó sus deseos de ser un humano completo, y los convirtió en algo irrefutable y lógico. Fue así como logró salir de la Fortaleza. Era algo comparable con el poder de la fe… No le cabía duda: la mente es muy poderosa.

Makubex miró a Ban y le sonrió. — Gracias…

— See… seee… — dijo el poseedor del Jagan, fumándose un cigarro.

— °x°… No entiendo nada… — confesó Emishi, pero se puso a la defensiva. — ¡¿Y ahora qué piensas hacer, Midou-han? ¡Makubex tiene qué hacer un montón de cosas aquí, todos lo necesitan…! ¡Además, tiene qué planchar, lavar…! ToT

— -_-

— Emishi, sé que podrás hacerte cargo. — dijo Makubex, actuando irresponsablemente por primera vez en su vida, quizás. Ahora sentía que podía hacer cualquier cosa, era una oportunidad única y no sabía cuánto tiempo duraría.

— ¡Nooo, no, señor! ¡No puedes ser un Recuperador, no puedes sustituir a Ginji! ¡Ese no eres tú! — Emishi los miró yéndose como si nada, y se sintió frustrado porque había dado buenas razones, pero nadie lo tomó en cuenta sólo porque siempre solía decir tontería y media. — Haré lo más inteligente que se puede hacer en una situación como esta: ¡ir de chismoso! — Emishi corrió en otra dirección buscando a Ginji.

¡Y este es el final oficial del primer capítulo!

Si alguien por ahí, perdido, lo leyó, dejen un review, por favor: ñ.ñ

Se los agradeceré con buenos deseos de paz mundial.