Recuerdos del Halcón…

N/A: ¡Hola! Mi nombre es Yuri18 y soy fan de Saint Seiya desde los 8 años… este es mi primer fic de esta serie. Así que estoy un poquito nerviosa… la verdad no estoy segura de cómo va a salir esto (con suerte esta historia seria la primera de una serie) :-P pero la historia esta bastante clara en mi cabeza, así que, si gustan seguir conmigo, les puedo prometer que tendrá un final incluso si me tardo un poco. Por otro lado solo les pido que no me manden flames, o sea criticas desagradables y crueles… chic s soy una persona sensible jajajajaja no quiero decir que no acepto criticas ¡todo lo contrario! Si son amables y tienen como fin mejorar mi escritura o hacerme notar algo en mi fic que no esta quedando del todo bien, se los voy a agradecer

Por ultimo en este fic no van a encontrar ni Yaoi o incesto, ni menciones de eso. Es un fic basado en lo que considero lo más importante de Saint Seiya: la amistad, la familia y las batallas por preservar la paz, incluso cuando tienen todas las de perder… o al menos lo voy a intentar, puede que al principio no se note del todo pero esa es mi meta… no se si va a salir pero al menos voy a tratar. ;-)

Creo que eso es todo. Espero que disfruten del capitulo y Por favor…

¡Déjenme Reviews para saber como voy!

Disclaimers: nada de Saint Seiya me pertenece, todos los derechos son del autor: Masami Kurumada

Pero el personaje de Meryl y la trama alrededor de ella si son míos ;-)

Texto normal. El relato de Meryl.

Negrita: cosas a destacar.

Cursiva: pensamientos.

"Cursiva": Citas textuales o Leyendas.

El Comienzo…

Golpeo con fuerza la pared de mi prisión ¡¿Cómo pudo hacerme esto?! Mis puños resbalan contra la fría superficie mientras caigo de rodillas… siento mis sollozos, casi como si no fueran míos. Tan grande es mi desesperación.

Levanto lentamente la cabeza, pero no veo lo que hay frente a mí. Mi mente esta desbordada de imágenes, de recuerdos que no dejan de fluir con extraordinaria claridad.

¿Será porque todo lo que amo esta en peligro, que no puedo dejar de pensar en lo que hizo de este lugar, y de las personas en el, lo mas importante de mi vida?

Me levanto y me pongo en posición de ataque, se que estoy lista… tal vez si recuerdo lo suficiente, si me dejo embargar por mis sentimientos, sea capaz de concentrar mi cosmo con la fuerza suficiente como para liberarme e ir junto a mis seres queridos. ¿Acaso no me habían enseñado que la fuerza del cosmo viene del alma, la voluntad y los sentimientos?

_ ¡Recuerda! – Me digo a mi misma, mientras golpeo una vez más la pared que me separa de mis seres amados.

_ ¡Recuerda, Meryl! – vuelvo a golpear, se que me costara mucho romper esta pared que él mismo creo. Pero no me rendiré.

_ ¡Recuerda! – resuena el eco de mi voz en la habitación helada y vacía.

_ ¡Recuerda!


Tenía siete años en ese entonces, cuando me preguntaba que seria de mí sin mis padres, cuando me dijeron que iría a un orfanato… fue un viaje largo en coche hasta llegar allí. El día estaba nublado y no podía ver el sol, baje del auto y me encamine, con mi pequeña maleta, a un edificio que se veía algo antiguo y tétrico… no quería ir. Me aterraba estar en ese lugar lleno de desconocidos, tanto niños como adultos. Yo era de carácter tímido para esa época y me costaba hablar con la gente, así que la perspectiva me horrorizaba.

No recuerdo exactamente el lugar, ni a la gente que trabajaba allí. No era exactamente malo. Nos alimentaban y vestían bien, pero nos dejaban mucho tiempo solos, aquello no era un hogar. Y yo estaba habituada a uno, mi madre había sido una mujer cariñosa y mi padre un hombre muy bueno y trabajador… pero todo eso se había acabado. Lloraba mucho en las noches.

Sabía leer y escribir bastante bien para mi edad. Así que le escribí una carta a mi hermano mayor, contándole todo, el era siete años mayor que yo y, aunque nos habíamos visto pocas veces, yo lo quería mucho, le pedí que por favor me dejara vivir con él. Envíe la carta y espere su respuesta, la cual no tardo en llegar:

"Querida Meryl:

Siento mucho la muerte de nuestros padres, pero me temo que soy muy joven para cuidar de ti… la ley no me lo permite.

Si esperas un tiempo veras que una buena familia te adoptara muy pronto. Eres bonita, inteligente y sabes comportarte. Alguien te querrá, seguro.

Además, no puedo traerte aquí donde yo vivo. Es demasiado peligroso…

Lo siento. Pero no puedes quedarte conmigo.

Meryl… tendrás que ser valiente y esperar. Escríbeme cuando quieras, siempre te responderé.

Sinceramente: Camus."

Llore aun mas cuando leí aquello, sintiendo como la esperanza se desvanecía y dejaba un hueco en mi pecho, pero me propuse ser "valiente" y hacer lo que Camus me decía.

Siempre había un día en el que nos obligaban a vestirnos mejor y nos arreglaban más que de costumbre. Uno de esos días en especial fue el que cambio todo.

Una de las cuidadoras más jóvenes me cepillaba el largo y sedoso cabello negro. Mientras yo contemplaba mi reflejo en la ventana frente a mí. Mi cabello estaba suelto y me llegaba hasta la espalda, mechones rebeldes y dispersos caían por toda mi frente, tenia cejas finas, y mis ojos eran (y aun lo son) grandes y de largas pestañas. Siendo de un azul intenso llamaban la atención de quienes me veían, mi carita era redondeada y mi piel algo pálida. Llevaba puesto un vestido celeste de mangas cortas, con lazos azules y largo hasta las rodillas, también llevaba medias blancas y zapatitos negros. Todo el conjunto me hacia ver como una muñequita de porcelana. La cuidadora parecía muy orgullosa de su obra.

_ ¡Seguro que te conseguimos un linda familia! – me dijo con una gran sonrisa. Yo asentí y le devolví la sonrisa.

Luego de esto me llevo abajo, a una sala bien iluminada, ya que la luz del sol entraba sin problemas, gracias a los enormes ventanales. Casi todos los niños se encontraban allí.

Varias parejas se paseaban entre los niños observándolos y asintiendo o moviendo la cabeza negativamente, como si contemplaran la idea de comprar o no un jarrón. Algunas parejas hablaban con los niños y luego se alejaban o iban a hablar con las cuidadoras, que lo observaban todo.

Yo leía en un rincón junto a una ventana, cuando escuche pasos cerca de mí. Una mujer rubia y bien vestida se puso a mi altura.

_Hola ¿Qué estas leyendo? – me pregunto amablemente, yo me puse roja enseguida, nos habían dicho que teníamos que ser educados con las personas que venían a vernos así que, tímidamente, le mostré la tapa del cuento que estaba leyendo

_"El Toro Ferdinando" – le dije en voz baja.

_Ah… ¿Y porque te gusta ese libro? – me pregunto, sonriéndome.

_Porque… porque cuenta que la apariencia no es todo – le dije seria – Ferdinando era grande y se veía malo, pero en realidad era muy bueno – dije muy segura de mi misma.

_ ¡Que niña tan lista! – Me dijo, lo cual me hizo poner aun mas roja – ¿Cómo te llamas?

_Meryl… – ella se paro y le hizo señas a alguien, un hombre moreno de traje vino hacia mi y se detuvo junto a la mujer – mira ¿No es una lindura? – ella le dijo.

El hombre se arrodillo junto a mí y me miro de arriba abajo varias veces, y cuando sonrió, yo sentí miedo. Me pasaba así, con algunas personas me volvía amable, a pesar de mi timidez, pero con otras… les tomaba desconfianza de inmediato y no me acercaba a ellas… por lo general lo hacia porque temía que me hicieran daño a mi o a quienes amaba, ya había pasado un par de veces. Pero nunca nadie me había dado tanto miedo como ese hombre que no dejaba de mirarme.

_Hola – me dijo, aun sonriendo – ¿Cómo te llamas?

_Me-Meryl – le respondí, incomoda, quería correr y alejarme de él lo más rápido posible. Me levante y me aleje unos pasos. El ser "educada" era lo único que me mantenía allí.

_Dijo que estaba leyendo. – dijo la mujer mirándome con dulzura, ella me agradaba, pero el hombre "era peligroso e iba a hacerme daño" eso lo sabía era como si algo dentro de mí me lo dijera a gritos.

_Que bien ¿Te gusta leer Meryl? – me pregunto aun arrodillado frente a mí.

_Si… mi mamá me leía mucho… y cuando aprendí a leer sola me compraba muchos cuentos. – respondí mirando solo a la mujer, así era más fácil para mí, esto pareció frustrar al hombre, quien miró a su esposa.

_Debe ser tímida – le dijo ella con una sonrisa.

Me hicieron otras preguntas a las que respondí con sinceridad y luego se fueron. Yo estaba tan aliviada cuando él se marchó que no pensé en nada más. Pero por algún motivo no pude dormir bien esa noche, ni las siguientes… al cabo de una semana supe el porque. La directora me mando a llamar, cuando entre al despacho los vi allí, la misma pareja de antes sentados frente a la directora y todos me sonreían, me quede helada de espanto mirándolos, aunque creo que pensaron que me habían sorprendido porque escuche que se reían.

_Meryl, tengo grandes noticias. – me dijo la directora. – estos son los señores Jean y Monique Bollinger. Meryl ellos quieren que seas parte de su familia. – me dijo con una sonrisa de satisfacción.

La mujer, Monique, se me acerco y me sonrió abiertamente, él también se acerco a mí. Creo que Monique me estaba hablando, pero yo solo estaba pendiente de él, que se acercaba aun más. Cuando estiró la mano para acariciar mi cabeza corrí a la otra punta de la habitación sin pensármelo dos veces. Tenía un miedo atroz, podía sentir mi cuerpo temblando.

_ ¡No quiero! – grite, la directora y la mujer me miraron sin entender nada. Pero a mí eso no me importaba, yo solo quería alejarme de ese hombre, quien me miraba enfadado.

_ ¿Qué ocurre? – pregunto la mujer confundida, claro para ella (para todos en realidad) mi comportamiento no debía tener ningún sentido, después de todo, tanto para Monique como para la directora, Jean solo había intentado acariciarme la cabeza amistosamente. Pero yo pensaba distinto, y sin importar que, no iba a acercarme a ese hombre… tendrían que arrastrarme del cabello para acercarme a él.

_Meryl es muy tímida – dijo la directora, tratando de calmarlos – quizás el gesto la asusto. – Ahora se dirigía a mí – Meryl… estas personas no van a lastimarte… solo quieren ayudarte y darte un nuevo hogar…

_ ¡No quiero ir! – grite desde mi rincón, temblando ante la idea de estar en la misma casa que ese hombre.

Jean se me acerco sonriendo amablemente...

Muchas cosas pasaron en cuestión de segundos…

Note vagamente un calor extraño en mi cuerpo, empezaba en mi pecho y se expandía rápidamente. Al mismo tiempo deje de temblar y de tener miedo, esto debió hacerle creer a Jean que esta vez iba a permitirle acercarse a mí lo suficiente como para tocarme, así que su sonrisa se amplio…

La temperatura bajó, si bien era invierno una estufa mantenía la habitación calida, sin embargo, comenzaba a hacer mucho frío. Con cada paso que Jean daba hacia mí, la temperatura bajaba más y más, pero el calor dentro de mi se hacia más fuerte.

Entonces su mano rozo mi cabello.

_ ¡NO ME TOQUE! – grite con todas mis fuerzas, sintiendo como ese calor dentro de mi estallaba.

Escuche un estallido y un grito. Fue como si despertara de algún tipo de trance, parpadee confundida y cuando mire a mi alrededor note que todos estaban asustados, además note el frío que hacía, tanto era el frío que nuestra respiración formaba un vaho delante de nosotros.

Me acerque al escritorio, allí pude ver lo que había estallado, en el escritorio y en el piso quedaron esparcidos los restos de lo que parecía haber sido un vaso de vidrio, no sé cual era su contenido, pero estaba totalmente congelado y había estallado junto con el vaso… y ahora todo estaba esparcido como fragmentos de cristal, tanto el vaso como su contenido…

Ahora yo estaba asustada… ¿Había sido mí culpa? Recordaba ese calor… hice lo único que tenia sentido en ese momento, salí corriendo de la habitación y fui al cuarto que compartía con todas las niñas. Una vez allí escribí una carta contándole todo a mi hermano, procure no olvidar ni un detalle, cuando la leí me dí cuenta que sonaba como una mala invención, pero estaba segura que mi hermano me creería… tenía que hacerlo… por Dios que me creyera y viniera a buscarme por favor...

_Por favor Camus… ¡No me dejes aquí!

La envíe aquel mismo día. No volví a saber de la pareja, al menos los había espantado. Lo malo era que también había espantado a la directora y esta les había dicho a las cuidadoras que había algo "extraño" y "peligroso" conmigo. Pasaron un par de semanas y yo me sentía más triste que nunca, ya que incluso los niños me tenían miedo y se negaban siquiera a hablarme, era como si yo fuera un animal peligroso al que esta prohibido acercarse...

Un día una de las cuidadoras fue a buscarme. Me condujeron al despacho de la directora en silencio. Yo ya me había acostumbrado a esto así que no intente hablar en ningún momento ¿Para que hacerlo si no iban a responderme? Y mi hermano que no me respondía...

Me hicieron pasar a la oficina, había alguien de pie hablando con la directora, fuera quien fuera no era un adulto, eso se notaba por su voz... era una bella voz; suave y calmada, una voz que había escuchado antes. Mire con atención al joven, note su largo cabello de un tono entre verde y azul, usaba un abrigo largo y azul oscuro, también jeans negros y zapatillas blancas.

_Aquí esta. – dijo la cuidadora, la directora le indico que se retirase con un gesto de su mano. La mujer entendió y salió dejándonos a los tres solos.

Fue entonces que el joven se dio vuelta. Mi corazón dio un vuelco de pura felicidad.

Aquella persona que me sonreía amablemente era mi querido hermano mayor… Camus…

Fue como si un gran peso se hubiera levantado de mis hombros, le mire como si no fuera real, tenia miedo de que, de repente, desapareciera en una gran nube de humo y yo me despertara sola de nuevo.

_Meryl... – me llamó suavemente, solo eso basto para que me diera cuenta de que era real.

_Ca-Camus... – pronuncie su nombre tan débilmente que no era más que un susurro, lagrimas de alivio, felicidad y tristeza corrían por mis mejillas ¡Había querido tanto verle!, no importaba cuanto me las enjuagara, no dejaban de caer. Corrí hacia él, buscando el cariño y el consuelo que no había tenido desde la muerte de nuestros padres.

Camus se arrodillo y me atrapo entre sus brazos, enterré mi cabeza en su pecho y llore aun con más fuerza. Aquella no sería la primera vez que mi hermano me consolaría entre sus brazos.

_Siento no haber venido antes Meryl, en verdad lo siento. – había verdadero arrepentimiento en su voz – te sentiste muy sola ¿Verdad?

Yo solo asentí. Y al apartarme para ver su rostro, noté que sus ojos estaban anegados en lágrimas. Aquello me desconcertó y me dio miedo… ¿Por qué mi hermano lloraba?

_Camus… ¿Acaso no estas feliz de verme? – le pregunte temerosa de que sus lagrimas fueran por eso, o que quizás estuviera molesto por lo que yo le había hecho a esa pareja. Pero él me miro como sin entender. – Estas llorando – le dije estirando mi mano para secar unas de sus lagrimas – ¿Hice algo malo? – Camus se refregó los ojos con el dorso de su mano y trato de sonreírme.

_No, no has hecho nada malo. – me dijo antes de ponerse de pie y mirar decididamente a la directora. – Ya leyó la carta. Meryl viene conmigo – Mire a Camus sorprendida ¡¿En verdad iba a llevarme con el?! Mire a la directora, buscando la confirmación de lo que acaba de oír.

_Sí, ya la leí… pero aun así – por algún motivo la directora parecía dudar de Camus. No podía creerlo ¡Había estado dispuesta a enviarme con un hombre que me aterrorizaba, pero no con mi hermano mayor!

_Quiero ir con mi hermano – le dije – si no, no me iré con nadie. Además ustedes no me quieren aquí – termine, diciendo lo obvio ¿Acaso no me lo habían demostrado lo suficiente en las ultimas semanas?

Camus me miro y luego a la directora, ahora sus ojos reflejaban enfado.

_Si me disculpa, debo llevarme a mi hermana. – ahora había un ligero tinte autoritario en su voz que antes no estaba allí. – Meryl, ve por tus cosas. Te alcanzaré afuera.

Creo que nunca hubo una sonrisa más grande en toda Francia que la mía en aquel momento. Asentí y Salí corriendo a toda velocidad. ¡Al fin me iba a ir de ese lugar! ¡Iba a vivir con mi hermano mayor! No me importaba que él viviera en Grecia, por mí podría haber vivido en la luna y hubiera estado igual de feliz.

Juntar mis pocas pertenencias no me llevo mucho tiempo, metí todo apresuradamente en la maleta de antes y corrí hasta la puerta principal. Sorpresivamente, Camus ya estaba allí esperándome.

_Vamos. – me dijo tendiéndome la mano, comenzó a nevar mientras me acercaba a él. Tome su mano con una sonrisa y mire adelante, por algún motivo, me pareció que él camino era más largo que antes. Respire profundo… era el inicio de mi viaje… y ya sabía dentro de mí que no sería fácil, que sería largo y cansado… pero que valía la pena. Mire a mi hermano y a nuestras manos unidas, él estaría allí para ayudarme si algo andaba mal, él me guiaría si lo necesitaba…

Él estaría conmigo…

Comenzamos a caminar bajo la nieve… juntos…

A/N: ¿Y bien que les pareció? Ojala les haya gustado… este capitulo fue más bien como una introducción a lo que es el personaje de Meryl. En el capitulo que viene voy a presentar a algunos caballeros dorados y a explicar como es que Meryl conoce a Camus si es que, cuando ella nació, él ya estaba entrenando. También voy a explicar el porque le permitieron ir al santuario ¡No fue por pura bondad! ;-)

Lo que pasa es que si ponía todo en este capitulo se hacia MUY largo :-P

¡Pero les prometo que el siguiente va a ser más largo! ¡Se los prometo!

En fin… me voy despidiendo. Espero que a alguien le guste este fic y me den una oportunidad puesto que, yo creo, que la historia lo vale

Ya saben ¡Dejen REVIEWS por favor!

Ja ne!