Echaba de menos a los monstruos. Puede que como semidiós no fuera prudente decir eso, pero era la verdad. Hacía diez años que la guerra había acabado, y ya había formado una familia con Annabeth. Lo que nunca había imaginado es que fuera tan difícil ser padre, sobre todo porque sus hijos habían heredado la inteligencia de su madre y su revoltosidad. Muy pocos días volvía del colegio sin haber hablado con el director sobre las bromas que los gemelos Fred y Luke gastaban a sus compañeros. Generalmente eran tonterías, pero ese día se habían pasado: ¡habían pegado a un compañero a la silla! 'Y lo peor -pensó Percy-, es que hacen esto con solo nueve años, no quiero imaginar lo que pasará cuando sean adolescentes'. Al llegar a casa, después de que los niños comieran, habló con Annabeth sobre el comportamiento de sus hijos y llegaron a la conclusión de que iba siendo hora de aplicar medidas más severas que un par de días sin televisión.
-Niños, vuestra madre y yo hemos decidido que este año no iréis al campamento.
-Por favor, papá, no nos hagas eso, prometemos portarnos bien- replicaron a coro los gemelos, que amaban el Campamento Mestizo y sus actividades. Sobre todo, porque allí estaban los hijos de Hermes, sus principales mentores en materia de bromas.
-Os habéis pasado y lo sabéis. Sin embargo, os daremos el resto del curso para demostrar que os sabéis comportar. Si vuestro padre no vuelve a tener noticias de mal comportamiento podréis ir.
Cuando Fred y Luke se dirigían a las escaleras para ir a su habitación, Annabeth volvió a hablar:
-Pero esto no queda así, tendréis que pagar los daños que habéis hecho con vuestra broma tanto en el material del colegio como a vuestro compañero. De vuestros ahorros. Subid a buscarlos e iremos al colegio.
Los niños, aunque apenados, pensaron que podrían haber salido peor parados y se apresuraron en asentir e ir a su habitación a por el dinero.
Cuando volvieron, Percy y Annabeth estaban listos y habían escrito una tarjeta de disculpas para el director y otra para los padres de la víctima de su broma.
-Muy bien, recordad ser educados y pedir perdón. Y nada de sarcasmo- habló Annabeth, que conocía suficientemente a sus hijos como para saber que usarían el sarcasmo siempre que pudieran.
Los niños, resentidos, asintieron, se pusieron los abrigos y se prepararon para lo que venía.
Bueno, es mi primer fic. Espero que os haya gustado.
