Volví a leer Pandora Hearts y mi corazón se volvió a romper. Y mi amor por todos estos personajes regresó a mí, espero y les guste.


This is enough

(I love you too)

Rufus Barma jamás dejó de amar a Sheryl Rainsworth. No cuando le dijo que se casaría con otro, no cuando tuvo una hija con dicha persona, y su amor se incrementó cuando ella lo había perdonado tras aquel fiasco provocado por la voluntad del abismo (aquel acontecimiento que lo llevó a herirla y lastimar lo que ella más ama, los dejó sin tantas personas, y llenó a la ciudad de una lluvia dorada).

La verdad no le importaba que ella rechazara sus propuestas de matrimonio, pues se había vuelto una rutina entre ambos. Y el duque sabe que si en un extraño mundo paralelo Sheryl lo aceptaba él no pararía de llorar, y no quiere verse así de patético frente a su amada (aunque Sheryl más de una vez le ha compartido en voz alta lo tonto que puede llegar a ser). Por eso esos tres años de pura tranquilidad fueron los mejores para él.

Porque los primeros meses de recuperación estuvo cerca de ella, de nuevo. Sheryl lo cuidaba y atendía con esa delicadeza que una vez caracterizó su amistad, más de un vez Rufus le dijo que no necesitaba que viera por él todo el tiempo, que ella debía descansar y tener sus paseos matutinos; pero Sheryl lo leía bien, y sabía que aunque dijera eso el sonrojo en su rostro y manos nerviosas decían lo contrario.

Quédate.

La amaba, como la amaba.

Y durante esos tres años se la pasó repitiéndoselo, y una vez que se había recuperado y tuvo que regresar a sus obligaciones, no tardó en volver a llenarla de regalos. Siempre llegando a sus tardes de té con ramos de rosas rojas, porque sabe que las odia. Y a Rufus le gusta ver el rostro enojado de Sheryl, la manera en que infla las mejillas le parece encantadora.

Pero aún así las acepta y le pide a uno de sus sirvientes que las pongan en agua, porque son un regalo de Ru-kun, diría con una sonrisa, y Rufus la amaría más todavía. Entonces las tardes de paseos se volvieron de ser conversaciones sobre el estado de la ciudad (la nación, las casas, cadenas y contratos) a conversaciones placenteras como los sueños que jamás pudieron realizar. Era como si el tiempo hubiese regresado. Parecía como si de nuevo fueran aquellos chiquillos que lo único en lo que pensaban era a que hora servirían el té (cuando en lugar de hablar solo discutían y ella le jalaba la oreja, pero él no lo cambiaría por nada).

"¿Te casarías conmigo Sheryl?"

Fuero las últimas palabras de Rufus Barma pereciendo en la cama de su habitación, con su amiga tomándolo fuertemente de la mano. Sheryl temblaba, y no de frío pues era verano, era más bien por el dolor que sentía y las lágrimas que no paraba de brotar de sus ojos.

Pero cuando Rufus dijo eso ella sonrío. Una sonrisa auténtica como las que siempre hacía cuando se trataba de él, de Ru-kun.

"Déjame pensarlo." Había sido su respuesta.

Y Rufus Barma se fue con una sonrisa en el rostro, porque no había sido un no.

Y eso era suficiente.


NA. Merecían casarse.

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