Hola! Estoy aquí de nuevo con otra historia sobre Glee y como procede:
Antes de nada decir que los personajes de Glee no me pertenecen. Aleena es invención mia pero todos los demás son obra de los genios que conocemos como Ryan Murphy, Brad Falchuck y Ian Brennan. No gano nada con esta publicación a excepción de dejar suelta un poco de mi loca imaginación.
Dicho esto decir que esta es una historia Jeff/Nick dentro del Universo de "Separated Ways" mi otra historia. Es un One Shot en conmemoración de que hoy es el cumpleaños de Riker Lynch. Si no lo sabíais, ahora si. En fin, no ha sido el motivo de escribirlo, realmente lo tenía ya de cuando comence con Separated Ways, pero no sabía si subirlo y me ha dado por hacerlo al leer por Twitter que hoy era su cumple.
He de decir que tiene un contexto especial y va dedicado a la primera persona que me ha dejado un Review en la otra historia. LunaHummel. Va por usted! HAs asido mi primer review y me he sentido necesitada de agradecer de alguna manera ese pequeño empujoncito para continuar adelante.
Sobre esta historia... es un One Shot pero pienso que en esta historia hay mucho que exprimir. ¿Que paso hace ocho años? ¿Porque se lo tomo así? ¿Como cambió Jeff? ¿Que le hizo así? Se explica mas o menos y pienso que ese mas o menos no es suficiente así que no descarto (en un futuro próximo) mientras escribo Separated Ways escribir la historia de estos dos.
Bueno, no tengo mucho mas que decir, espero que os guste y si es así no lo dudéis y dejarme un Review, que no comen ni hacen gasto, además son muy monos, ahí sentaditos con cara inocente...
En fin, os dejo con la historia y recordar! Esta noche vuelve Glee en Fox!
Jeff Starling es un chico curioso. Hijo pequeño de una numerosa familia. Es un muchacho risueño y con mucha imaginación. El alma de la fiesta y a la vez un tímido invitado. Aficionado a la ciencia ficción desde los tres años, amante de los comics y de la buena música, la que solo se encuentra en las pequeñas tiendas que traen vinilos importados del extranjero. Es un chico al que le encanta perderse en ese tipo de tiendas, explorar y buscar algo interesante, algo nuevo, fresco. Buscar el talento escondido entre el polvo y las pegatinas de los Rolling Stones. Es el chico que escogió hacer Audiovisuales en vez de derecho. El que tuvo a sus padres cabreados hasta que en cuarto año de carrera recibió una beca para una importante firma discográfica. El único hijo de los Starling que en dos años se convirtió en el promotor musical mas joven de la firma.
Tienes el don muchacho. Suelen decirle sus jefes. Un ojo espectacular para juzgar el talento. El simplemente baja la cabeza avergonzado y acepta como puede los cumplidos. Nunca ha destacado en nada y que le digan ese tipo de cosas, a pesar de tener veintiocho años, sigue impresionándolo. Ademas sabe que no tiene ese ojo, el no sabe ver la realidad de las personas, sino habría hecho ciertas cosas bien desde el principio. Habría visto las señales, descubierto las miradas escondidas en los libros de Francés.
Jeff es contradictorio. Tiene suficientemente claro que hay que luchar en la vida por conseguir los sueños y a la vez el que dejó escapar el mas grande de todos ellos. Jeff es complicado y que se lo diga repetidamente Blaine no hace que sea mas fácil de digerir. Jeff también es el mejor amigo que tiene el benjamín de los Anderson. El único que le apoyó cuando nadie quería hacerlo, el que le llamó en medio de la noche y le preguntó si necesitaba ayuda, si necesitaba una mano. Es mismo que cuidó de Aleena durante los duros días del juicio, sin embargo eso es otro asunto.
Jeff es inmejorable en cuestión de amistad, en las relaciones amorosas la cosa cambia mucho. Demasiado. En concreto: Un puto desastre andante con síndrome de Peter Pan, en palabras de Sebastian Smythe. Titulado en la mala vida y en relaciones esporádicas. ¿Y que ocurre cuando se fía de su buen amigo Blaine y del reciente marido de este? Una locura... El, frente a la puerta de Nick Duval, el reciente graduado en Psicología Clínica. En calzoncillos, empapado y con una cara de circunstancias increíble.
Jeff odiaba a sus amigos. Los odiaba y haber sido el padrino de boda daba igual, aquello era demasiado. Habían cruzado el límite. Caminó los pocos pasos que le separaban de la pequeña casa de dos plantas del que había sido su mejor amigo y se armó de valor antes de llamar a la puerta. Detuvo su dedo a dos centímetros del pequeño botoncito y miró tras el.
El coche de Sebastian era perfectamente visible en la noche, un Mustang Rojo que probablemente valía mas dinero de lo que el ganaba en un año en la discográfica. Las luces del coche se encendieron por un segundo para después apagarse, una señal de que continuaban allí, que estaban observando. Se estremeció ante el pensamiento de que aquellos dos hubieran valido para la CIA, eran manipuladores y cuando se ponían daban verdadero miedo.
Se giró de nuevo observó el pequeño número oxidado en el lateral de la puerta. Estaba viejo, pero la puerta de entrada hablaba de otra cosa. Según le había contado Blaine, Nick había restaurado personalmente esa casa, dejando como único recordatorio de su antigüedad el pequeño número en la esquina, antiguo y oxidado, orgulloso de los años que había vivido. Orgulloso consigo mismo como había sido siempre Nick, siempre perfecto a pesar de tener el alma partida en miles de trozos. Estaba perdido en los recuerdos cuando una ráfaga de aire le recordó que estaba medio desnudo en pleno Noviembre en la calle. Donde cualquier persona podía denunciarle a la policia por escándalo público o coger un buen resfriado. Ninguna de las opciones tentadoras si había de ser sincero. Se decidió finalmente y pulsó el timbre con mas valor de que había pensado que alguna vez tendría.
A los dos minutos una voz que no conocía le anunció que enseguida bajaban. Jeff horrorizado ante la posibilidad de que Nick no estuviera solo, que hubiera escondido su dolor en los brazos de otro hombre. Se horrorizo de los sentimental de su pensamiento y por un segundo pensó que aquello era demasiado, el viejo Jeff saliendo de nuevo a flote, lleno de inseguridades y miedos sin sentido. Dio un paso hacía detrás, con la penosa suerte de encontrar por el camino un escalón (o mejor dicho, la falta de el). La puerta se abrió en ese momento con un suave chasquido y la confundida cara de Nick Duval se encontró con la estampa de Jeff Starling, prácticamente desnudo y sentado en el suelo de su patio.
- ¿Jeff? -le preguntó mientras andaba hacía el.
- Ems... si. -Se pudo en pie y se alejó un paso de Nick por instinto.
Cuando se dio cuenta de lo que había hecho se reprendió mentalmente, había tenido la misma estúpida reacción al verle que hace tantos años, cuando Nick le había abierto su corazón y el había destrozado su amistad con un único y estúpido acto. Los ojos brillantes del moreno se quedaron clavados en el, confusos por la extraña aparición, recordando al hombre que llamaba a su puerta y sobretodo asustado por las formas en las que se estaba presentado frente a el.
- ¿Que haces aquí? ¿Que haces así? -le preguntó señalando lo obvio.
- Perdí una apuesta.
- ¿Esa es tu estúpida escusa? ¿La única razón por la que estas frente a mi puerta después de ocho años.
Jeff no contestó, simplemente bajó la mirada ante los dolidos ojos de la persona mas importante para el. La persona que había abandonado cuando los sentimientos habían sido demasiado fuertes, cuando la confusión lo había obligado a cometer la mayor estupidez de su vida. Comenzó a temblar por el frío y por la vergüenza, definitivamente ir allí, hacerle caso a Sebastian y a Blaine había sido la mayor estupidez del mundo. Nada iba a cambiar y debía de haberlo pensado antes, cuando tenía una opción de dejar las cosas como estaban, de no empeorar una situación que sin duda no tenía arreglo. Nick se quitó el suéter con un movimiento fluido y se lo lanzó al pecho. Jeff se estremeció al notar el algodón y susurrando un diminuto gracias se puso la cálida prenda. En cuanto la acomodó en sus hombros recordó el conocido olor, la sensación de estar en casa que solo había sentido en Dalton, cuando pasaba las horas muertas sentado en la biblioteca, estudiando junto al chico que tenía frente a el. El joven que se había convertido en todo un hombre.
- ¿No vas a contestar? -Nick se cruzó de brazos, evitando su mirada.
- No se que decir.
- Podías comenzar explicando un poco esta situación. -los señaló a ambos.
- ¿Qué quieres que explique? -el también se cruzo de brazos, tratando de protegerse un poco a pesar de que se sentía en carne viva.
- ¿Qué haces en mi casa a las tres de la mañana? ¿Porque estás medio desnudo? ¿Porque me pegaste un puñetazo hace diez años?
Y fue en ese momento cuando Jeff Starling vio que estaba al borde del abismo, que era el momento de dar todo lo que tenía, todo lo que guardaba dentro, lo que no le había dicho a nadie (los dos estúpidos del coche, por supuesto, no contaban). De finalmente hablar con sus propias palabras y no las que hubieran quedado bien en su boca. Porque el ya no era el Jeff Starling que Nick había conocido. Diez años tenían la capacidad de cambiar el mundo, de volverlo un lugar diferente, ni mejor ni peor, simplemente diferente.
Y el había cambiado mucho. Había descubierto que nadie iba a darle nada gratis, que en la vida se debía pagar con sangre y lágrimas cada momento. Estaba dispuesto a perder, a dejar de luchar en muchos aspectos de su vida. Había escogido a quien le daba sus lealtades y tenía, claro como que después de la noche llega el día, que no estaba dispuesto a perder a Nick.
- Porque debía hacerlo, porque soy estúpido y porque te quiero.
Lo soltó, lo dijo y sintió que un peso abandonaba sus costillas. Una sonrisa triste se formó en sus labios y no le dejo tiempo a Nick a contraatacar, debía hablar y hacerlo de golpe. Si no acababa lo que había empezado era muy probable que se arrepintiera y llegados a ese punto no quería a hacerlo. ¿No había un dicho que decía "de perdidos al río"?
- Estoy aquí porque he perdido una apuesta con Blaine y Sebastian, ellos me han obligado, pero entre tu y yo, me he dejado. -le confesó.- Porque estoy cansado Nick, de dudar, de ser inconstante, de tener miedo y de esperar. Sobretodo de esperar. -suspiró y esperó que las lágrimas que tenía atoradas en la garganta no salieran de allí y se conformaran con atragantar un poco sus palabras.- Esperar que un día me llames y me digas que me perdonas, esperar a no tener miedo de decirte que si aquel día te golpee, era porque tenía pánico, porque te quería y que tu me dijeras lo mismo era simplemente demasiado. Esperar que un día tuviera el valor necesario de plantarme en tu puerta y pedirte yo mismo que me... bueno, esta parte es mejor que te la demuestre.
Y se acercó a el, le sujetó el rostro entre sus manos y le beso. Sin anestesia, sin preparación. El primer contacto entre sus labios fue fuego puro, llamas enlazándose en una maravillosa danza macabra que hablaba de sentimientos y palabras no dichas. Chocaron y se encontraron diez años después de lo que debería haber sido. Jeff solía llegar tarde a todos los sitios y esa no había sido la excepción. La rabia, los años de tristeza, la desesperación de que esa fuera la única oportunidad de tocar sus labios danzando en cada terminación nerviosa.
Nick trató de protestar, de alejarse, pero Jeff ya no era el chico debilucho al que se había enfrentado en la Academia. Había aprendido un par de cosas con los años, entre ellas como derretir a un viejo amigo. Le mordió el labio con fuerza y aprovechó el jadeo de Nick para profundizar el beso y llevar sus manos, sin que lo notara a su cintura. Lo atrajo a el, lo acerco hasta que pudo sentir como ardía, porque llevaba ocho años sintiendo frío y Nick era el único capaz de calentarle. Se besaron unos minutos mas hasta que las cosas estuvieron apunto de salirse de control, las manos de Nick aparecieron por arte de magia sobre la espalda de Jeff, quien complacido le miraba con una sonrisa. Cuando el moreno se dio cuenta de la situación se apartó rápidamente. Perplejo, asustado y ¿complacido?, Jeff no lo tenía seguro, pero rezaba porque así fuera.
- ¿Que mierda ha sido esto...? -le preguntó con la voz ronca.
- Si no ha quedado suficientemente claro, esto dispuesto a repetirlo. -Nick se alejó un paso chocando contra la puerta de su propia casa ante el abance de Jeff. No queriendo caer en sus redes de nuevo. ¿Cuando se había convertido Nick Duval en la presa? Debía estar preguntándose.
- Jeff, que mierda te ha pasado.
- Que he cambiado. Ya no me da miedo ser yo mismo.
Nick se enfadó y golpeo la puerta de su casa con el puño. Mirándole con los ojos encendidos y la rabia saliendo a borbotones de sus labios.
- Pues llegar diez jodidos años tarde... -Se llevó las manos a la cabeza.- ¿Porque has tenido que venir ahora? ¿Porque?
- Porque no quiero volver a perderte.
La puerta de casa de Nick se volvió a abrir y un hombre apareció por ella. Llevaba puesto un pijama algo mas juvenil que el de Nick y tenía el pelo revuelto, como si acabara de levantarse.
- Cielo, ¿que esta pasando aquí? -le preguntó colocando una mano en la espalda del moreno.- ¿Quien es?
- Un viejo amigo. -le dijo simplemente. Jeff ardió, el no era un simple viejo amigo y iba a demostrarle a Nick lo tozudo que podía llegar a ser.
- Jeff Starling, fui compañero en Dalton de Nick.
- Nicholas, no me habías hablado de Jeff. -escupió el nombre y el rubio tuvo verdaderas ganas de golpearlo.
- Estuvimos un tiempo alejados, se fue a estudiar al extranjero. -No era cierto y Nick lo sabía, aquello era una mentira y esa acción le daba signos inequívocos de que algo quedaba ahí, sino ¿Porque mentirle al hombre con el que (sin duda) se acababa de acostar?.
- Pero he vuelto. -le sonrió.- Y lo que te he dicho iba enserio. -Acabó concentrado en el moreno.
- Yo soy Adam Wornington. -se presentó a pesar de que nadie le había preguntado- El marido de Nicholas.
El mundo de Jeff se derrumbó por completo, todas las esperanzas dejando un reguero de cadáveres a sus pies. Aquello no era posible, no estaba ocurriendo. Nick no podía haberse casado, no sin al menos haberle buscado, sin haber tratado de arreglar lo que había entre ellos. Lo que había nacido diez años atrás. Jeff desesperado por la situación se dio la vuelta y se alejó a zancadas por la calle sin siquiera despedirse, sin decir adios ni soltar algún improperio que le demostrara a Nick lo cabreado que se encontraba en ese momento. Se paró frente al Mustang y ocupó el asiento del copiloto. El mismo en el que se había sentado antes de salir allí fuera. El mismo donde había peleado con sus dos amigos.
Cuando el coche arrancó Jeff solo podía escuchar una palabra en su cabeza. Cobarde. Sabía que su subconsciente tenía razón, pero su corazón roto estaba antes de cualquier muestra de cordura. Nick le había dejado finalmente, olvidándose de el, sustituyendo el amor que le juró sería para siempre.
- ¿Que ha pasado? -Fue Sebastian quien le preguntó, sin siquiera mirarle, con las manos apretadas en el volante.
- Que está casado. -Escupió con rabia, las palabras quemándole la garganta al salir. Sebastian torció la sonrisa y le miró.
- ¿Y eso te va a detener?
Jeff sonrió en ese momento. La respuesta estaba clara en su cabeza, concisa y cincelada en sus pensamientos.
- No. Solo lo hará mas divertido.
Como ya había dicho antes. Jeff Starling había cambiado.
