N/A: Hola a todos y bienvenidos a mi primera historia en este sitio. Este es mi primer crossover (he escrito fanfics de Harry Potter y de Crepúsculo, pero nunca algo así). Espero que les guste y se agradece cualquier comentario o crítica que tengan.

No voy a mentirles… trabajo demasiado y no tengo mucho tiempo para escribir, así que no sé con cuánta frecuencia podré actualizar. Igualmente, este es solo el prólogo; los próximos capítulos serán más largos.

***unlugarparacreceryamar***

—Voy a sacarte todo lo anormal que tienes dentro.

Fue lo último que dijo Vernon antes de comenzar a golpear a su sobrino. Si bien no era la primera vez que su tío intentaba darle una lección, nunca antes había estado tan enfurecido. Cada vez que algo extraño sucedía a su alrededor, su tío le daba una lección… mucho peor que las que recibía cuando no cumplía los estándares de su familia.

El problema había comenzado esa misma mañana en la escuela, a la cual Harry asistía con la bola de grasa de su primo, Dudley Dursley. El pelinegro se encontraba solo en el recreo, leyendo el libro de historia, cuando Dudley se acercó con toda su pandilla para jugar su juego preferido: "Cazar a Harry". Cuando el chico los vio ir en su dirección, supo que estaría en problemas y, rápidamente, guardó sus cosas y comenzó a correr lo más rápido que podía. Afortunadamente, se encontraba en mejor estado físico que los matones y, casi siempre, lograba escaparse a tiempo y esconderse hasta que sonaba el timbre que indicaba el inicio de clases. Por eso, Harry tenía fe en que esta fuera una de esas ocasiones. Lamentablemente, en ningún momento se dio cuenta de que se dirigía hacia un callejón sin salida y, cuando se encontró frente a él, ya era muy tarde como para regresar.

Desesperado y sin querer recibir una paliza que lo dejaría dolorido por días, cerró los ojos, deseó con todas sus fuerzas encontrarse en un lugar seguro y, mágicamente, cuando volvió a abrirlos, descubrió que estaba en el techo de la cafetería. Claramente, el misterioso escape lo metió en más problemas de los que habría imaginado y el director de la escuela citó a sus tíos. Decir que no se encontraban contentos sería una sutileza.

Eso es lo que llevó a su tío a querer quitarle, como él decía, cada fibra de anormal que había en su cuerpo. Y, aunque Harry no estaba seguro sobre a qué se refería, sabía que no sería nada bueno para él. Nunca lo era.

Por varios minutos, o podrían haber sido horas, Vernon se dedicó a golpear a su sobrino; en un principio, se conformó con usar sus manos y sus pies hasta quebrar varias costillas y algunos otros huesos pero, cuando comenzó a cansarse, se quitó el cinturón y empezó a golpear con él toda la espalda del pelinegro hasta que, incapaz de soportar más dolor, el niño se desmayó.

Viendo que su víctima ya no era consciente del castigo, Vernon decidió darlo por concluido... aunque eso no significaba que planeara cerrar el asunto. No. Mañana sería un nuevo día y una nueva oportunidad para demostrarle a Potter cuál era su lugar en el mundo. Sin ninguna clase de delicadeza, agarró por el cuello a su sobrino y lo arrojó con fuerza dentro de la alacena para, a continuación, cerrarla con un candado e irse a dormir, contento tras descargar todas sus frustraciones.

***unlugarparacreceryamar***

Harry se despertó en la mitad de la noche, completamente desorientado y dolorido. No tardó mucho tiempo en reconocer su entorno: estaba en la alacena debajo de las escaleras, su habitación. Cada centímetro de su cuerpo le dolía como nunca antes y lo único que podía hacer era llorar, sin hacer ningún ruido porque, si despertaba a su tío, volvería a golpearlo hasta el cansancio.

Con las lágrimas cayendo por su rostro, no podía dejar de pensar en por qué su familia lo odiaba tanto, qué había hecho para merecer el trato que le daban. Siempre había sido así. Sus primeros recuerdos eran de cuando tenía tres años y su tía lo obligaba a cocinar y limpiar la casa mientras su primo podía mirar televisión y jugar, disfrutando de una infancia que él nunca tuvo. Pero eso no era lo peor, su tío disfrutaba castigándolo cada vez que no podía completar las tareas que su tía le asignaba cada día. Así es como pasaba días sin comer o recibiendo palizas constantes, con gritos constantes que le recordaban que nadie lo quería, que era una pérdida de espacio, que debería estar muerto. Aunque, siendo sinceros, tampoco es que comiera mucho regularmente o que creyera que merecía ser amado… simplemente, esa era la vida que conocía, llena de maltratos, abuso y negligencia.

Sus primeros recuerdos se remontaban a cuando tenía tres años: recordaba que solo lo alimentaban con las sobras, las cuales no eran muchas, teniendo en cuenta que su tío y su primo comían como dos ballenas y su tamaño podía llevar a las personas a confundirlos con una.

Dos años más tarde, cuando tenía cinco, Harry se atrevió a preguntarle a sus tíos qué había sucedido con sus padres. Obviamente, su tío se había enfurecido enormemente y, mientras lo golpeaba con el cinturón, le había contado, entre gritos, que sus padres eran dos borrachos y que se habían matado en un accidente de auto, dejándolo a él con la curiosa cicatriz en forma de rayo que tenía en su frente. Desde ese día, el pelinegro había perdido toda esperanza de ser rescatado de que él consideraba su propio infierno personal. Ahora sabía con seguridad que nadie en el mundo lo quería; al fin y al cabo, si su única familia lo odiaba, por qué otras personas lo querrían.

Desde ese momento, todo había ido a peor. Cada vez que Harry se enojaba demasiado o cuando tenía mucho miedo, cosas inexplicables sucedían a su alrededor. Por ejemplo, el día anterior al primer día de escuela, cuando apenas tenía seis años, su tía había decidido cortarle el cabello para que estuviera más presentable y no asociaran a su familia con un criminal. Aunque Harry creía que, en realidad, su objetivo era humillarlo, pues le había rapado toda la cabeza, dejando solo el suficiente cabello para cubrir la cicatriz de su frente.

Sin embargo, la mañana siguiente, Harry se despertó y su cabello había crecido mágicamente. Desde ese entonces, sus tíos habían prohibido siquiera pronunciar la palabra magia y, para su suerte, su tía había desistido de volver a cortarle el cabello.

Ese mismo año, cuando su maestra de inglés se estaba burlando de él por la ropa que usaba (todo correspondía a su primo, lo cual significaba que era tres talles más grande), el cabello de la mujer se tiñó de azul. Claramente, nadie pudo relacionarlo con ese incidente, pero a su tío pareció no importarle y recibió una gran paliza por ello, que lo dejó con un brazo quebrado y varios moretones y cortes en el cuerpo.

Tres años después, parecía que estos sucesos inexplicables volvían a suceder y lo teletransportaron al techo de la cocina. Harry estaba seguro de que su tío no aguantaría mucho más y que, si no tenía cuidado, terminaría matándolo de un golpe en uno de sus ataques de furia.

Sin pensarlo más, recordó lo que había ocurrido esa mañana en la escuela y deseó con todas sus fuerzas estar en un lugar en el que lo trataran mejor y lo quisieran… y, con un plop, desapareció para siempre de Privet Drive.