Nada era fácil en una guerra.
Quienes decían lo contrario no se daban cuenta de lo que dolía la traición o perder a un ser amado hasta que lo padecían.
A Hikari no le molestaba admitir que durante un tiempo había pensado de esa manera; eso le hacía recordar que en el pasado había sido una mujer más feliz, más despreocupada. Años atrás no tenía más preocupaciones que los preparativos de su boda con Sasuke y en llegar a tenerlo todo a tiempo, sobre todo su vestido de novia. Ella quería que fuese rojo como lo indicaban las costumbres, pero él le había dicho que quería verla de blanco.
Pero luego la guerra había estallado, de manera tan repentina que apenas habían tenido tiempo para reaccionar. El enemigo provenía del país del sonido y había arrasado con las villas de las fronteras del país del fuego, quemando los cultivos y robando todo lo que pudieran. Su poder bélico era inigualable y su líder aún más implacable. Hikari no tuvo que escuchar demasiado para darse cuenta de que era algo serio y notaba el miedo en los ojos de su gente.
En un abrir y cerrar de ojos, Sasuke había partido hacia Konoha para cumplir con su deber como soldado y ella tuvo que quedarse en la villa de su familia, rodeada de recuerdos y preparativos de boda, de la tela de su vestido, blanca y opalina.
En ese tiempo, había comenzado a pensar que las resoluciones en un conflicto las tomaban personas sin sentimientos o con intereses propios. No había otra explicación a los eventos tan devastadores como ese, sin embargo, Hikari se encontró de pronto cuestionándose esos mismos conceptos.
Y eso sucedió cuando comenzó a tomar sus propias decisiones...y cuando los soldados del país del sonido llegaron a las puertas de su villa.
La guerra era tan desgarradora que le costaba comprender que el mundo ya hubiera padecido muchas de ellas y aún así siguiera su curso. Y lo que era más irónico aún, que pensaran en la paz.
No existía la paz en villas como las de ella, destruidas y convertidas en cenizas por las bombas aéreas que el cielo había escupido sobre ellos. No veía la paz en los ojos vacíos de sus hermanos y hermanas; silenciados bajos los escombros que ella no pudo levantar con sus manos desnudas.
Esa era la paz que los hombres más poderosos que ella impartían; hombres por los que Sasuke ponía en riesgo su vida.
Para cuando Itachi Uchiha, hermano mayor de su prometido, llegó con su unidad de rescate a donde alguna vez había estado su familia, Hikari era una de las pocas que quedaban. Y cuando él la tomó del rostro ensangrentado y sucio; sacudiéndola levemente para que reaccionara, supo que algo en ella también se había perdido.
Hikari ya no soñaba con un vestido blanco o rojo. Hikari sólo quería que todo eso fuera un sueño.
En ese momento Hikari dejó de refugiarse en el manto de ignorancia y comodidad que la protegían de cualquier dolor de la batalla. Y como si se entregara a un amante, ella se sumergió en esa guerra que se había llevado absolutamente todo de su vida y que por algún motivo, aún parecía no haber tenido suficiente de ella.
Y desde el momento en que Itachi la sostuvo, Hikari secó todas sus lágrimas y sus manos acostumbradas a los lujos y la suavidad pronto se llenaron de sangre, cortes y suciedad.
Aprendió a ser enfermera con rapidez; en la edad en la que debería probarse sus vestidos y soñar con los besos de su amado, Hikari había visto a los ojos y sostenido las manos de las personas que exhalaban sus últimos suspiros.
Esa clase de cosas cambian a las personas, es lo más masivo y efectivo que una guerra puede lograr. Y para qué mentir, lo mismo pasó con ella. En pocos meses gran parte del país del fuego estaba siendo conquistada y no parecían alcanzar los recursos para detenerla a corto plazo. La joven ni siquiera había vivido ese infierno por más de dos semanas pero ya le parecía una eternidad.
Aún así, en las noches en las que podía descansar un poco del ajetreo del improvisado hospital; pensaba en Sasuke. Quizás las cosas hubieran sido diferentes si se hubieran casado antes de su partida, al menos de esa manera podría sentir que pertenecía a alguien.
"Te escribiré las veces que pueda" le había dicho "Sabes qué Konoha siempre será segura si algo sucede. Ve allí en cuanto puedas."
Un beso y una promesa fue todo lo que él le dejó. Su silueta desapareciendo en las sombras del bosque aún permanecía grabada en su memoria. Cada día que pasaba parecía ser una irrealidad; cada día Konoha se veía más lejana. ¿Qué clase de seguridad podría darle una aldea en todo ese conflicto? ¿Acaso era inmune a la enfermedad y a las bombas que habían destrozado su villa?
El susurro de unos pasos la sacaron de sus pensamientos y ella lo agradeció mentalmente. Itachi apareció ante ella con su acostumbrada mirada inexpresiva y sus manos en los bolsillos. No llevaba su chaleco anti balas ni armas, sólo una remera oscura para respirar un poco en el calor que agobiaba la improvisada villa de carpas y ruinas.
Sin decir una palabra, se sentó frente a ella, su espalda apoyada sobre un gran poste de madera que antes había sostenido el techo de una casa; ahora estaba quemada y rota.
El bombardeo había sucedido hace un mes, quizás más; y en todo ese tiempo Itachi apenas le había dirigido la palabra a excepción de algunas órdenes en la asistencia de los heridos. Ambos lo evitaban. Quizás porque no querían hablar de Sasuke o eso equivaldría de dejar que todos los miedos salieran a la superficie. Algo que Hikari luchaba con todas sus fuerzas por evitar ahogándose con trabajo y manteniéndose ocupada.
Itachi hacía lo mismo, patrullando los alrededores de la villa o enviando exploradores más allá de los límites para rastrear al enemigo.
Para ser sinceros, Hikari apenas lo conocía a pesar de que fuera el hermano mayor de su prometido.
Habían sido presentados años atrás cuando conoció a la familia Uchiha. Siempre le había parecido demasiado serio e imponente, casi tanto como el padre Uchiha; como si fuera un anciano viviendo en la apariencia de un jovencito.
Sólo podía ver auténtica alegría en sus ojos cuando observaba a Sasuke y algunas veces, cuando su mirada se encontraba con la de ella.
Sabía que era uno de los mejores soldados de Konoha, capitán de la elite bélica del Hokage y eso explicaba sus grandes ausencias en las reuniones familiares. A Hikari siempre le sobrevenía una urgente sensación de soledad cuando pensaba en él y su tan sacrificado trabajo por la seguridad de la aldea.
Todo ese asunto de la guerra debía estar doliéndole más que a nadie.
-¿Cómo fue que supiste lo del ataque?- preguntó ella; en parte queriendo saberlo todo y además porque no soportaba más el silencio entre los dos.
Él no la miró, sus ojos estaban clavados en la tierra bajo sus botas.
-No lo sabía- respondió. Hikari no había recordado lo tranquila que era su voz- llegué aquí con intenciones de avanzar hacia el Oeste, de donde provenía el peligro. No había imaginado que atacarían esta villa tan pronto.
-¿Así que te trajo aquí una corazonada?
El fantasma de una sonrisa vagó por los labios de Itachi.
-Podrías decir que si.
Los dedos de Hikari juguetearon con el anillo de compromiso colgado de su cuello. Esperaba que Sasuke estuviera bien; que un ángel como su hermano también lo cuidara donde sea que estuviera.
-Me alegra que hayas seguido tu corazón, Itachi Kun- dijo ella con una sonrisa.
Los ojos grises del hombre la miraron por primera vez esa noche y según criterio de la joven, por primera vez en días.
Oh, si...allí estaba. Esa alegría que recordaba.
-A mi también- fue todo lo que dijo.
Y entonces, ningún herido quedó sin atender y ningún muerto sin enterrar.
Tanto Hikari como el equipo de Itachi trabajaron sin descanso para salvar a los que podían y evacuar a aquellos que aún podían mantenerse en pie.
La villa comenzaba a resurgir de sus cenizas lentamente pero podía olerse el hedor de la guerra en todos lados. Y junto con él, venía otra clase de amenaza.
Era casi tan corrosivo como el gas venenoso e igual de invasivo que las tropas enemigas. Era el miedo. Las noticias de la guerra no mostraban estar al favor del país del fuego y por mucho que ella intentara retrasarlo, Konoha se volvía cada vez el lugar más seguro para mantenerse a salvo.
E Itachi fue el primero de muchos en decírselo:
-Hiciste todo lo que pudiste por ellos- insistió - tienes que ir a Konoha. Mis tropas ya han puesto a salvo a los de esta villa y sólo quedas tu ¿Qué es lo que estás esperando?
Hikari suspiró. Sus manos dejaron de fingir que ordenaban las cajas de provisiones médicas y se posaron sobre la mesa. Sabía que tenía que abandonar la villa, sabía que un nuevo bombardeo era inminente y joder; sabía que Konoha era el único lugar que por el momento la protegería.
Pero tenía miedo. Estaba aterrada del camino que tenía por delante hasta la aldea. Temía recibir la noticia de que Sasuke jamás regresaría o que el Hokage no podría hacer nada más por ellos. Era como encerrarse en una jaula de madera, tan susceptible a incendiarse y dejar todo convertido en cenizas.
-La villa de mi familia está allí, Hikari. Ellos te mantendrán segura.
De pronto, una mano grande y de largos dedos se posó sobre una de las suyas. Pudo sentir la calidez de su palma a través de sus guantes de soldado y las yemas de sus dedos descubiertos acariciando la piel suave de su mano.
En todo el tiempo que llevaban juntos él nunca se había acercado de esa manera.
-No eres la única que está esperando por él- dijo Itachi- no tienes por que pasar por esto tu sola.
Hikari levantó la mirada y sus ojos se llenaron de lágrimas. El gris chocó con el dorado y permanecieron así por varios minutos. Ese día, ella no podía ver la alegría que él ocultaba bajo su serio semblante. Probablemente extrañara a Sasuke tanto como ella y estaría igual de asustado por su vida.
-Pero no estoy sola, Itachi Kun- susurró ella.
La mirada del uchiha se suavizó un poco ante sus palabras y no abandonó su mirada incluso cuando ella posó su otra mano sobre la de él y apretó con suavidad.
-Y tu tampoco lo estás.
Itachi sonrió y Hikari pudo sentir como algo dentro de ella se rompía en mil pedazos. La sensación fue lo suficientemente poderosa para que derramara las lágrimas que había luchado por contener y algunas cayeron sobre sus manos entrelazadas.
Su mente le gritó que algo estaba mal en todo eso pero ella no supo discernir qué era exactamente. Se sentía tan bien estar cerca de alguien luego de tantos meses de sufrimiento y soledad que no estaba dispuesta a dejar escapar la oportunidad.
-Eres demasiado buena para tu propio bien, Hikari - dijo él -por favor. Ve a Konoha. No podré hacer mi trabajo si se que estarás en peligro.
La joven parpadeó varias veces ante sus palabras. Sabía que no tenía otra opción y por algún motivo, el hecho de que su estadía en la villa preocupara al mayor de los Uchiha le hacía sentir algo muy parecido al remordimiento.
Ella asintió con la cabeza y la tensión en el cuerpo de Itachi pareció aligerarse un poco.
-Esta bien.
Esperaría por Sasuke en la villa de la familia Uchiha. Al hombre que algún día se casaría con ella y le haría llevar un vestido blanco de novia. Y también esperaría a Itachi, al soldado más fuerte de Konoha y aquel que logró salvarla de la oscuridad de la muerte y de su propia miseria.
Esperaría por los dos. El tiempo que fuera necesario.
La partida de la tropa comenzó al día siguiente. Había llovido con intensidad durante la noche y el barro no facilitaba el paso de los camiones y los tanques. Itachi esperaba por la llegada de la joven, casco en mano y parado al lado de un camión que iba en dirección opuesta a su pelotón.
Hikari llegó apenas unos minutos atrasada, con una capa sobre sus hombros y una capucha sobre su cabeza para protegerse de la leve llovizna. Aún así, él podía ver sus rebeldes mechones blancos en una trenza improvisada entre los pliegues de la capucha.
Como siempre le sucedía, su corazón comenzó a latir con fuerza y esta vez sabía muy bien porqué. Era probable que fuera la última vez que la vea; pero prefería que fuera de esa manera y no encontrarla nuevamente entre los escombros de una casa, manchada con sangre y suciedad.
Su mente se consolaba con el pensamiento de que ahora estaría a salvo aunque en su interior sabía que eso no era totalmente cierto. La guerra empeoraba cada día y ya no se podían contar los muertos en lo que iba de la contienda. Sin embargo, lucharía hasta su último aliento para evitar que su hermano o ella fueran parte de esos números.
Hikari se detuvo frente a él y esbozó una sonrisa tímida. El día nublado hacía que pareciera más pálida de lo acostumbrado; y resaltaba el dorado de sus ojos y el rosado de sus labios.
-Tendrás cuidado allí afuera ¿verdad?- le preguntó.
Itachi asintió.
-Lo tendré. Ya le envié un mensaje a mis padres. Están esperándote en Konoha.
Las manos de la joven tomaron la que él tenía libre y apretaron con fuerza. Sus bonitos ojos se llenaron de lágrimas y él contuvo el estúpido impulso de secarlas con delicadeza.
-Por favor, regresa a salvo, Itachi Kun.
"Itachi Kun" lo había llamado de esa manera desde la primera vez que se conocieron. Sasuke le había hablado mucho de ella; le decía lo bonita que era, lo dócil y gentil de su personalidad. Itachi lo había visto todo ese día y mucho más. Había notado la fiereza de sus ojos, la fuerza de sus ideales cuando la dejaban debatir en las cenas familiares. Eran cosas que Sasuke no veía en ella y las causantes de que cada día él evitara asistir a las reuniones.
Le hacía sentir vulnerable las veces en las que ella lo miraba, la manera en la que le hablaba.
No lo merecía. No merecía esa preocupación de ella. Había hecho cosas horribles en nombre de la aldea, cosas que mancharían tanto la reputación de su familia como la de ella.
Y sin embargo, pasaba las noches pensando en la calidez en su pecho cada vez que Hikari se mostraba preocupada por él.
-Lo haré- fue todo lo que se atrevió a decir.
La ayudó a subirse al camión, sus manos la sostuvieron por su diminuta cintura y la levantaron para subirla. La calidez a través de la tela se le antojó deliciosa y suave y trató de memorizar la sensación.
Le dió una última sonrisa sincera; una que no estaba acostumbrado a dar muy seguido y se dió vuelta para seguir a sus soldados.
-Itachi Kun!
Una mano pequeña lo tomó por el pliegue de su chaleco y él se volteó para verla.
Los labios de ella lo tomaron tan por sorpresa que por un momento se quedó paralizado, sus ojos abiertos como platos y el casco resbaló de sus dedos.
Eran suaves, Oh Dios, tan suaves. Estaban humedecidos por la lluvia y las lágrimas pero cuando devolvió con inseguridad el beso, se dió cuenta de que no podrían crear un sabor más adictivo. Gruñó suavemente entre sus labios, estaba seguro de eso aunque no mucho de si era por alivio o dolor. Ambas manos masculinas la tomaron por el cuello y la acercaron más a él, quien levantó su rostro para besarla con mayor intensidad y comodidad al estar a más altura. Si iba a morir, que fuera con ese recuerdo en sus labios. Hikari abrió su boca con timidez para que él pudiera saborearla con más detenimiento y sus manos apretaron la tela de su uniforme en una respuesta inconsciente.
Estaba mal, estaba tan mal pero lo necesitaban. Habían pasado por tanto juntos y ahora un camino incierto los esperaba entre tanta destrucción. Ese beso era todo lo que los mantenía en el borde del abismo y se aferraron uno al otro como si sus vidas dependieran de eso.
Itachi reprimió un gemido y a pesar de los gritos en su pecho que lo empujaban a sacarla de ese camión y tenerla en sus brazos para siempre, la separó de él con suavidad y apoyó su frente en la de ella.
Podía huir de la guerra pero no de lo que sentía por ella. Era tan devastadora que lo dejaba destrozado pieza por pieza. Saber que era la mujer que su pequeño hermano había elegido como esposa lo mantenía al margen de todo; incluso cuando ni el mismo Sasuke se daba cuenta de lo preciosa que era la joven a su lado.
-Esperaré por ti- le susurró Hikari en un llanto casi inaudible, conocedora del pecado que se atrevía a cometer sobre su compromiso con Sasuke.
"No, debes esperar por mi hermano" quiso decirle, pero las palabras de ella eran un bálsamo para su corazón aterrado por la guerra.
Cuando apenas podía ver el camión alejarse, Itachi suspiró y se agachó para tomar su casco. El ardor que ella había dejado en sus labios lo acompañarían todo el camino de caos que lo esperaba.
Ni siquiera la guerra podría borrarlo, ni siquiera la muerte. Por un momento Hikari fue suya y él de ella. Una vulnerabilidad que sus años de soldado jamás le permitieron sentir, pero que lo hizo sentir que nacía otra vez.
Eso era pertenencia.
Eso era una razón por la que pelear.
Hola! Un pequeño One Shot de una pareja que viene rondando por mi cabeza desde que Hikari fue creada en mi mente (Ella es protagonista de la Luz detrás de tus Ojos).
Pensaba en hacer una continuación de esto pero la verdad es que no lo se xD. O al menos un pequeño Short Fic.
Espero que lo disfruten, Itachi se me hace un personaje tan lindo y uno no puede evitar darle amor afhafd.
Bonita semana! Nos leemos pronto.
