Disclaimer: En memoria de Alan Rickman. Todavía no me creo que no volvamos a verle, ni a disfrutar de este gran hombre en ninguna aparición cinetomográfica. Me entristece aún pensar en eso y no sé si algún día dejará de entristecerme haber perdido a alguien como él. Esta historia refleja al personaje por el cual muchas nuevas generaciones le han conocido y del cual JKRowling tiene los derechos. Nosotros/yo tenemos el derecho de hacer que viva eternamente. Te queremos Alan.

Tipo: Snape/Hermione

Location: HBP & DH

Rat: T

Eternamente

Severus Snape era un hombre solitario. Era un hombre fuerte, un hombre que con su mirada era capaz de hacer caer o levantar a alguien. Un hombre que ocultaba sus temores y anteponía la vida de los demás a la suya propia. Lo qué ganaba a cambio no era lo que merecía.

Desprecio, desconfianza, ingratitud, burlas y lo más injusto: ningún reconocimiento de amor o de la amabilidad.

Nadie se preocupaba en saber cómo podría ser debajo de esa condena que llevaba a cabo. Pero eso, y lo agradecería eternamente, iba a cambiar.

Snape estaba en su laboratorio. Preocupado, ya que una vez más, debía de hacer algo que no quería seguir haciendo. Dumbledore le dijo que debía de terminar con él. Intentaba buscar una vía de escape a una batalla que dentro de poco empezaría. No sabía ni qué hora era cuando de repente alguien aporreó la puerta. Su mirada se centró en la puerta, pues sabía que quien fuera el que aporreaba la puerta, había sido capaz de pasar por sus barreras protectoras. Se dirigió a la puerta con la varita preparada y se sorprendió al verla ahí. Con los ojos demasiado abiertos y empapada en sudor.

- Granger! Qué hace aquí? – pero ella no pudo contestar solo se tocó el cuello y cerró los ojos con fuerza-.

Snape la cogió del hombro y tiró de ella sin miramientos haciendo que entrara en el despacho y cerrando la puerta detrás de ella. No tenía nada claro qué le pasaba pero no parecía nada bueno.

Hermione cogió su varita pero Snape le cogió de la muñeca, muy poco seguro de lo que pasaba o de lo que iba a hacer. Ella le miró y tragó a duras penas, todavía agitada entre temblores y sudoración. Snape poco a poco, dejó de agarrarla y vió qué hacia después. Ella, con su varita escribió letras en el aire.

"Poción Amórcina".

Snape abrió los ojos y su gestó se enfadó desmesuradamente. Rápido, fue hacia su despensa y rebuscó hasta encontrar el frasco que buscaba. Mientras, Hermione se sentó en una silla mientras se retorcía de dolor. Al llegar a su lado, el profesor se colocó detrás y le cogió la cabeza por la frente haciendo que mirara hacia arriba.

- Sshhh….beba.

Intentando que sus temblores no tiraran el frasco que le daba de beber la cogió de un hombro para frenar sus movimientos. Hermione tragó despacio lo que le daba y poco a poco se fue calmando, aunque el sudor continuaba en su frente, mojando la mano del profesor que seguía sujetándola. Despacio, movió su mano por la frente y le dio un masaje antes de soltarla. Se colocó delante de ella y se inclinó para inspeccionar sus ojos.

- Se encuentra bien? –dijo con una voz poco amigable-.

La chica le miró cansada y afirmó con la cabeza, avergonzada de estar en esa situación.

- Se puede saber qué demonios ha pasado para haber probado esa poción? Quien más la ha probado? Quién la ha hecho? Hable Granger.

- …ha sido…Draco.

Snape dejó de mirarla y se irguió de nuevo al oír la acusación.

- Usted y sus amigos no dejan de implicar al señor Malfoy de todas las cosas que pasan este año. Supongo que tendrá alguna prueba, verdad? O…simplemente "lo sabe"? –citó la frase que Harry dijo hacía dos días al culpar a Draco de entregar un collar hechizado a una alumna-.

- Profesor Snape, es la verdad.

Claro, era verdad. Snape sabía que Draco intentaba acabar con Albus y todos los intentos eran estúpidos. Ponía en riesgo otras vidas para llegar a Albus. Y esta vez, había sido la vida de Hermione Granger.

- Y…si se me permite preguntar…cómo ha podido el señor Malfoy hacer una poción como la poción Amórcina? Por si no lo sabe, esa poción sólo….

- Sólo la pueden hacer cuatro o cinco magos de la región. Lo sé.

- Insufrible incluso cuando está febril… -dijo a regañadientes mientras se giraba en buscar de una manta-.

Hermione agachó la cabeza, y se abrazó a sí misma para controlar sus temlores que poco a poco, iban menguando. Al momento, notó como Snape le cubría los hombros con una manta e instintivamente la cogió para cubrirse con ella.

Y, en la cabeza del mago, rondaba la pregunta de "porqué ella había venido hasta aquí en lugar de avisar a McGonagall, a Pomfrey o incluso a Dumbledore.

- Muchas gracias, profesor. –dijo en un hilo de voz-.

Hermione sabía que debía ir en busca de él si quería una ayuda rápida. Por mucho que todos desconfiaran de él, ella en el fondo; sentía cierta tranquilidad a su lado. Sí, Hermione Granger confiaba en Severus Snape.

- Ya…-pensó en qué decir, pero oír un "gracias" le sorprendió bastante- Dígame, sabe las consecuencias de la posción que ha ingerido? Sabe el riesgo que…

- Lo sé. Leí sobre la poción hace unos meses…en la biblioteca. –Snape alzó una ceja y se colocó delane de ella-.

- He venido a usted porque sabía que podría ayudarme.

Snape tragó saliva pero su mirada continuó indescifrable. Por un lado, sintió rabia al descubrir de lo que Draco podría ser capaz y lo inútil que resultaban sus intentos. Por otro lado, sintió algo que pocas veces sentía: pena. Ningún alumno merecía recibir el impacto de algo que iba dirigido a otra persona. Él era el encargado de frenar los intentos de Draco y si no llega a estar en ese momento en su despacho, Hermione hubiese corrido el mismo daño que la señorita Bell. Desvió la mirada y empezó a hablar.

- La poción Amórcina le hubiese conducido al suicidio en pocos minutos. Cualquier sentimiento dentro de su cabeza que no fuera el odio, hubiese desaparecido y le habrían impulsado a matarse. Es un Cruccio envuelto como regalo capaz de viajar, sin tener a la víctima delante del agresor.

Hermione, más calmada, aceptó con la cabeza.

- Por lo que…ha tenido suerte de llegar aquí a tiempo. –la miró de nuevo- Dónde ha tomado la poción?

- Supongo que en la cocina. He ido a cenar tarde y los elfos tenían preparada la cena para el profesor Dumbledore…Draco había salido de la cocina cuando yo entré. Él no me vio.

- Entonces nadie más ha visto al…culpable? –Odiaba tener que negar la culpabilidad de Draco, pero ese era el plan que cargaba en sus espaldas gracias a Dumbledore-.

- No lo sé…

- Y porqué ha comido lo que los elfos habían preparado para Dumbledore?

- No sabía que era para él. Cuando he bebido el jugo de naranja, un elfo me ha dicho que eso era para Dumbledore. Que Draco había ayudado a preparar su cena…entonces he notado que algo no iba bien y he venido corriendo hasta…aquí.

- Y cómo ha sabido qué había ingerido?

Hermione miró hacia un lado y respondió entre susurros.

- Leí que esa poción agarrotaba los músculos y oprimía las cuerdas vocales. Mientras llegaba aquí noté que todo lo que pensaba y sentía era horrible. No pensaba en nada que me reconfortara…así que lo relacioné con los efectos de los poción que ha descrito.

Snape la miraba y se sorprendía cada día de lo inteligente que era esa bruja. Lo mucho que a lo largo de los años, le recordaba a Lily. Y en cierto modo, le recordaba a él mismo.

- Avisaré al profesor Dumbledore… Se encuentra mejor?

- Sí. –se levantó despacio pero sus piernas no respondieron y se sentó de nuevo-.

Snape resopló y miró a su alrededor.

- Será mejor que la lleve con Madam Pomfrey. –se agachó y cogió un brazo de la joven pasándolo por encima de sus hombros. Ella abrió los ojos algo asombrada, pero se agarró de él para ayudarse a levantar. Lo siguiente que hizo Snape fue pasar otro brazo por debajo de sus rodillas y la alzó cargando su cuerpo en sus brazos-.

De camino a la enfermería, nadie habló. Hermione no sabía qué sentir. Pero de golpe se vio a ella misma oliendo el cuello del mago. Nunca había prestado atención hasta ese momento, de lo bien que olía Snape. Una de sus manos tocaba el pecho del mago, mientras la otra seguía en su cuello, aguantando su cuerpo mientras era llevada hasta Pomfrey. Quiso dejar su cabeza reposar entre el cuello y la mandíbula de su profesor, y eso la hizo asustarse. Por un segundo Snape la miró y Hermione, notó cómo el sudor de antes volvía a ella, pero esta vez la acompañó una cara rojiza de vergüenza. Snape al verlo, no le dio importancia, solo quería poder dejarla en la enfermería para poder hablar con Dumbledore.

Al llegar, la dejó en una cama ya que Pomfrey no estaba a la vista. Al hacerlo, lo hizo con una gentileza que sorprendió a ambos por un instante. Y sus miradas conectaron. Ver a Hermione desvalida, había causado un impacto en Snape que no creía posible. En esos 5 segundos en los que el cuerpo de Hermione dejaba los brazos de Snape y se tendía en la cama, los dos notaron el contacto de sus manos en sus cuerpos. Las yemas de los dedos de la joven, habían acariciado el cuello del profesor y la mano de Snape había hecho lo mismo con su cintura. Y sin saber si fue queriendo o no, la nariz del mago acarició la mejilla rojiza de su alumna al dejar reposar su cabeza en la almohada.

Ambos se miraron un segundo de más después de aquello, y Hermione contuvo el aliento. Entonces Pomfrey apareció.

Snape le explicó lo sucedido y la dejó a su cargo. Quiso mirar una vez más hacia la cama, pero no lo hizo. Querer hacer eso, fue algo que no entendió, y se fue a ver a Dumbeldore más enfadado de lo que estaba. Hermione le vio desaparecer sin mirar atrás, haciendo ondear su capa, desvaneciendo su imponente figura en la penumbra…

Continuará.

Review?