Aunque el título les podría hacer pensar que tendremos una historia Fae, este no es el caso, todos los personajes son humanos, con sentimientos, heridas, y momentos inolvidables que trataré de describir.

Esta es mi segunda historia, sé que les debo un final para Curiosidad o Destino, les prometo que la voy a terminar pronto, pero por ahora surgió esta idea, y vamos a ver qué resultado tendremos. Doccubus 100%.

Ninguno de los personajes me pertenece

Capítulo 1 – Modo cósmico

La vida había sido buena con Elizabeth Lewis, tenía una casa hermosa en Toronto, un esposo amoroso, su cerca blanca y perro fiel Patch. Su trabajo en el Hospital General de Toronto era uno de sus lugares favoritos, por extraño que sonara tener un hospital como uno de tus sitios favoritos, para Elizabeth ayudar a las personas a sanar era uno de sus mayores sueños, su humanidad y delicadeza con las personas la habían convertido en una de las doctoras más reconocidas en la ciudad, y además le habían otorgado algunos artículos en famosas revistas de medicina, distribuidas en gran parte del planeta.

Jack Lewis por otro lado era un hombre enamorado de la arquitectura moderna, adoraba los espacios grandes y sus diseños le habían dado reconocimiento, de manera tal que la casa que actualmente compartía con su esposa era realmente una belleza construida con detalles asombrosos y una iluminación natural que hacía entrar los rayos del sol brindando una belleza escénica sobrenatural.

Los dos amaban sus profesiones, tenían cerca de 8 años de casados, y se amaban como locos, solo bastaba ver como se iluminaba el rostro de Jack cada vez que Elizabeth sonreía, aunque no todo había sido felicidad al cien por ciento. Había momentos en los que Jack se incomodaba por los largos turnos que debía tomar su esposa en el hospital, sabía que Elizabeth adoraba su trabajo y la determinación y responsabilidad con que ella lo tomaba había sido también una de las cosas que lo había hecho caer en el amor por ella. Si bien lamentaba estar lejos de su esposa entendía que por su profesión debía estar dispuesto apoyarla en todo lo que él podía.

Un día mientras Jack estaba trabajando en uno de sus próximos proyectos para un museo, Elizabeth llegó temprano a casa, por lo que Jack estaba tan concentrado en su trabajo que ni siquiera notó las luces del BMW que aparcaba en el garaje de su casa. Elizabeth sabía que cuando su esposo de sumerge en su trabajo nada le hace perder su concentración, pero el día de hoy sería diferente, así que mientras Elizabeth llegaba a la puerta del estudio solo para encontrar Jack de espaldas trabajando en uno sus planos. Acercándose lentamente Elizabeth pone una de sus manos sombre la espalda de sus marido, haciendo que este de levante de su postura encorvada ante el toque de su mano.

- Cariño estas en casa, dice Jack volteándose hacía su esposa que todavía llevaba sus pantalones holgados de hospital.

- Si, decidí volver a casa temprano, responde Elizabeth sentándose en el regazo de su esposo, mientras le quita de su mano el lápiz de trabajo.

- Veo que estas avanzando con todo este asunto del museo, exclama Elizabeth mientras los dos se vuelven hacia el dibujo que realizaba Jack.

- Sí, quiero terminarlo antes de tiempo, y tener todo listo para cuando la constructora presente el proyecto. Dice Jack mostrándole con sus manos los trazos a su esposa.

- Te aseguro que les va encantar, tu trabajo es el mejor y no lo digo por que seas mi esposo, es porque tu talento no lo tiene nadie, exclama Elizabeth mientras da un beso suave a su esposo.

- Espero que sea así, y si mi adorada esposa me devuelve mi lápiz de trabajo, podré terminarlo, dice Jack riendo un poco.

- Oh!, si lo siento, dice Elizabeth con una sonrisa misteriosa.

Mientras Elizabeth se levanta de su regazo, se pone de pie frente a su esposo que ahora está sentado frente a ella y pone sus brazos alrededor de su cintura y le da un abrazo.

- Te amo!, dice Jack mientras abraza a su esposa a la altura de la cintura.

- Yo también te amo, responde Elizabeth, sacando algo de su bolsillo delantero y entregándoselo a su esposo.

Jack toma lo el lápiz que le entrega su esposa y mientras ésta se aleja, el vuelve a tomar su postura frente al dibujo en la mesa. Elizabeth sabía lo distraído que era su esposo para algunos detalles por lo que le llevaría algunos minutos descifrar lo que le acaba de entregar en sus manos.

Al salir del estudio de Jack, Elizabeth se dirige a la cocina para preparar la cena, pasaron un par de minutos hasta que Elizabeth vuelve su mirada a la puerta del estudio, solo para encontrar a Jack con una gigantesca sonrisa en su rostro y ojos vidriosos. Lauren sonríe y le dice

- Vas a ser un papá muy distraído.

Jack toma grandes pasos hasta llegar a su esposa y darle un beso cargado de entusiasmo, alegría y mucho amor.

Elizabeth no le había entregado el lápiz de vuelta a Jack, en cambio le había puesto una prueba de embarazo con el resultado positivo, pero no fue hasta el momento de empezar a dibujar nuevamente que Jack se percató que lo que tenía en su mano no era un lápiz, sino la prueba de que pronto a su familia se sumaría un integrante más.

XXXX

A unas cuantas cuadras de la residencia Lewis, Aife McCorrigan vivía tranquilamente, si bien su casa no era tan lujosa tenía lo suficiente para vivir, ella trabajaba con su padre Trick en uno de los bares a otro lado de la ciudad, su vida había sido un poco descontrolada en sus años de juventud, hasta que un día Trick decidió ponerle un ultimátum, sabía que su hija era buena con los números, así que la hizo elegir entre la Academia Naval o estudiar administración de empresas en unas de las Universidades públicas de Toronto. Aife sabía que con su abuelo no se jugaba, así que a regañadientes decidió estudiar lo que su abuelo le propuso, la universidad no le costó aunque sus hábitos de estudio siempre eran mínimos, Aife era inteligente y le bastaba con las clases presenciales, y así fue como pudo mantener la vida que ahora llevaba, ayudaba a su abuelo con las finanzas en el bar ya cambio recibía un salario para poder vivir.

Los hombre habían sido una piedra en su camino, Aife era realmente hermosa, con su cabello largo y oscuro, ojos verdes y curvas pronunciadas en todo su cuerpo. Pero ningún hombre había llegado con buenas intenciones más allá de una noche de locura y nada más.

Un buen día mientras limpiaba las mesas del bar, un hombre llegó y se sentó en la barra, tenía cabello oscuro y con un corte recto, de forma militar, aunque llevaba topa casual jeans y una camisa tipo polo, el hombre parecía tener una postura formal, educada.

- Hola!, dime en que te puedo ayudar?, dice Aife sonriéndole

- Hola!, responde el chico

Y un simple hola bastó para Aife darse cuenta de que su hombre ideal, tal vez si existía. Después de unas cuantas cervezas y miradas robadas por ambas, el chico parecía más relajado, Aife no se había equivocado al pensar en que el hombre parecía algo militar, al percatarse de la pequeña placa que guindaba de su cuello.

Al terminar la última cerveza antes de retirarse, Aife se acercó y le sonrió por milésima vez en toda la noche.

- Gracias por toda la atención, dijo el hombre de cabello oscuro

- No me des las gracias, estamos para servirte, responde Aife

- Mi nombre es William Dennis, perdón por ser descortés

- Encantada de conocerte William, mi nombre es Aife, espero verte más seguido por aquí, respondió Aife coqueteando un poco.

- Estoy seguro que me verás de nuevo por aquí, responde caballerosamente William.

Era obvio que esa no sería la única vez que Aife vería a William, y así fue, después de esa noche William visitaría ese bar casi a diario, una cosa llevó a otra y sin darse cuenta los dos se enamoraron perdidamente uno del otro, parecía un romance fugaz, pero un mes más tarde cuando las cosas empezaron a ponerse más serías William fue llamado nuevamente a las fuerzas armadas, Aife sabía que eso podía pasar en cualquier momento pero no tan pronto, un día antes de decir despedir a William en el aeropuerto, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos, mientras William la mantenía adherida a su cuerpo con un fuerte abrazo, Aife le dijo al oído

- Por favor vuelve a casa salvo, te estaremos esperando, dice Aife mientras mantiene el abrazo.

William retrocede solo un poco para ver a Aife a su cara.

- Si, este bebe y yo esteremos esperando por ti. Responde Aife mientras pone su mano sobre su estómago

William sin pensarlo dos veces alza a Aife en un fuerte abrazo y da vueltas con ella, mientras las personas en el aeropuerto solo se les quedan mirando, el tiempo se detiene para ellos dos, ahora William tenía una razón más para volver a Toronto, él iba a ser padre por primera vez.

Dos bebes estaban en camino, por un lado Elizabeth y Jack Lewis quienes se convertirían en padres por primera vez, y por otro lado Aife y William de igual forma padres por primera vez pero con un futuro un poco incierto.

De un modo cósmico y trascendental dos bebes nacerían, que será de sus vidas?, de eso se trata esta historia, como de una manera mágica nuestros corazones encuentran su otra mitad aun sin siquiera saberlo, y como nuestra alma gemela podría estar a kilómetros de distancia o a unas cuantas cuadras de nuestras casas

Espero que les haya gustado, por favor dejen sus comentarios, sé que este capítulo es algo extraño porque ni Lauren ni Bo han nacido, pero quería dejar un poco de historia desde el momento en que fueron concebidas.