Me siento raro publicando algo después de tanto tiempo (?)
Disclaimer: Lo de siempre, que resulta que Pokémon no es mío.
Advertencias: CraftShipping (Diamond/Yellow). Posible Ooc (siempre lo pongo, no perdamos las buenas costumbres (?))
Nota adicional: Participante del reto "2x1: Ofertas del foro" del foro DexHolders del Prof Oak, link en mi perfil, este fic está escrito por mí junto con A-RubyLuigi. Tendrá tres, como mucho cuatro capítulos.
(...)
— ¡Y entonces Sapphire se cayó y todos empezaron a reírse! Si hubieras visto lo roja que se puso... casi tanto como la nariz de Ruby cuando se burló de ella y le dio un puñetazo... Dia, ¿me estás escuchando?
— ¿Uhm?
Diamond se sobresaltó levemente y buscó con sus ojos antes perdidos en el cielo encapotado los ámbares de su amigo, que parecían los rayos de sol que aquella tarde permanecían escondidos tras las nubes. Aquellos ojos que le escrutaban y miraban algo molestos, pero brillando con la misma energía que siempre.
— Disculpa — Se llevó una mano a la cabeza riendo nervioso — Ya sabes como estoy cuando tengo hambre.
— Buena excusa Dia... si no fuera porque siempre tienes hambre — Pearl alzó una ceja para fingir un reproche.
Con el tiempo el peli-azul había aprendido a diferenciar a la perfección cada una de las expresiones de Pearl, y aunque le había costado más, también a ser indiferente a ciertas de ellas. Especialmente en momentos como aquel, en los que se sentía tan feliz.
Sentía cansancio, mucho cansancio, pero también la satisfacción de un trabajo bien hecho tras una horrible semana de tareas y exámenes. Apenas estaban todavía en la puerta del instituto, así que estaba experimentando por primera vez en varios días un mínimo de libertad. «Y un hambre increíble, no es justo tener gimnasia a última hora un viernes».
— ¿Crees que la señorita tardará mucho? — Preguntó ignorando definitivamente al rubio, ganándose un suspiro de desesperación por su parte. Había acompañado la pregunta llevándose la mano a la barriga, para Pearl significaba que en aquel momento la comida estaba por delante de todo lo que pudiera decir.
— No lo sé — Se cruzó de brazos — Dijo que había ido a buscar al profesor de biología para comentarle algo del examen — Dirigió la mirada al edificio de clases, del cual salían los estudiantes más rezagados, buscando la figura de Platina — Mira, ya sale.
Diamond se volvió admirando como la chica se acercaba lentamente hacia ellos, sintiendo una gran sensación de alivio, la sonrisa característica de su expresión se incrementó — Por fin.
Los pocos segundos de silencio que transcurrieron hasta que Platina los alcanzara sirvieron para que Diamond pudiera estudiara expresión de la chica, envuelta en su impoluta seriedad habitual. Pero lo que le parecía raro era el extraño brillo de sus ojos platinados, que parecían lanzar una mirada de complicidad... y no a él desde luego. Llevaba puesto el uniforme deportivo del centro — aquella era la única posibilidad de ver a Platina en chándal —, con su carísima mochila de marca colgada sobre sus delicados hombros. Llegó ante ellos haciendo un leve movimiento de mano a forma de saludo. Los tres comenzaron a caminar calle arriba, Pearl se dirigió a Platina curioso — ¿Qué tal?
— Todo solucionado — Asintió con una leve sonrisa de satisfacción en el rostro, la chica parecía de buen humor. Había mejorado súbitamente al saber que su horrible nota en biología no era más que fruto de un despiste del profesor, que había olvidado sumar la puntuación de nada menos que cuatro preguntas.
— Me alegro señorita — Sonrió Diamond, pero su estómago se quejó en un sonoro rugido.
— Parece que tu estómago no — Añadió Platina — ¿Cómo es que no has pasado por el supermercado hoy?
— Se le habrá olvidado.
Tanto Pearl como la heredera Berlitz tuvieron que volver la vista atrás para ver como Diamond se había quedado parado en seco llevándose una mano a la cabeza. Sintió los ojos de ambos sobre él mientras se regañaba mentalmente por no acordarse de lo que llevaba ansiando toda la semana. Casi tanto como que esta acabara.
— Si me disculpáis, gracias por recordármelo señorita — Salió corriendo en dirección contraria oyendo a su espalda la voz del rubio diciendo algo que no llegó a entender y la risa suave de Platina. Antes de que esta acabara la voz de Pearl se alzó nuevamente en un grito.
— ¡No lo olvides, en mi casa a las nueve!
Diamond volvió la mirada atrás sin cesar su apresurado ritmo de marcha — ¡No lo haré!
— ¡A la quinta va la vencida!
«Por el bien de mi estómago, eso espero».
(…)
El chico de pelo azul se encontraba de camino hacia el supermercado para comprarse su merecido premio que había esperado ansiosamente obtener toda la semana, ese premio que su estómago le había reclamado desde el lunes, ese premio por el cual se le hacía agua la boca.
– Al fin llegué... – Se decía para sí mismo Diamond al llegar a la puerta del supermercado luego de una larga caminata, y al querer entrar no podía, pero luego se dio cuenta que estaba tirando y debía empujar, siempre tenía problemas con el "tire/empuje". — Ahora si mal no recuerdo, estaba por allí... ¡Sí! ¡Allí está! — Pensó el peli-azul en voz alta una vez estuvo dentro del supermercado mientras se dirigía hacia los estantes de los dulces, los cuales se encontraban a unos metros de la entrada. — ¡Por fin! ¡Mi ansiada barrita de cereal! — Gritó el chico cuando dirigía su mano para coger la golosina, cuando de pronto una mano apareció y rápidamente se la arrebató antes de que él pudiera llegar hasta ella. – ¡Oye! ¡Es mío! ¡Dámelo! – Dijo Diamond mientras intentaba recuperar su tan ansiado premio.
— Lo-lo siento, pero lo necesito... — Contestó una chica de largos cabellos rubios, delgada y no muy alta, con un aura que hacia notar inocencia y valentía a la vez.
— ¡Pero estuve esperando toda la semana por él! ¡Vamos, dámelo por favor! — Se quejó el chico de cabellos oscuros mientras no despegaba la mirada de aquel dulce que le había sido arrebatado sin remedio.
— Es que lo necesito para Gold-senpai, lo siento mucho pero deberás volver mañana... — La chica contestó inocentemente sin elevar demasiado el tono de su voz y se notaba que estaba triste por lo ocurrido pero que lo debía hacer.
— Pero... Oh bueno... Adiós... — El chico se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la salida con la cabeza apuntando al suelo, sus manos en los bolsillos y una mirada de resignación en el rostro.
— ¡Oye espera! — Gritó la chica de rubios cabellos dirigiéndose hacia él.
— ¿Sí?
— ¿Tú no eres el chico que ganó la primera edición del concurso de cocina "Pequeños Grandes Chefs" hace ya unos años? — Preguntó Yellow con cierta emoción notable en su rostro.
— Pues sí, soy yo... — Respondió nervioso Diamond mientras se rascaba la nuca con su mano, un poco inquieto.
— ¡Oh genial! Es que mi senpai Gold es periodista, y esta buscando entrevistar a alguna persona conocida, ¿Aceptarías una entrevista? — La chica daba pequeños saltitos de emoción al pedirle ese favor.
— …
— ¿Es un no? — Preguntó Yellow con cierta desilusión en el rostro.
— Aceptaría, si me dieras la golosina... — Pidió Diamond comenzando a babear al mirar nuevamente el envoltorio de aquel majestuoso dulce, tan ansiado por él.
— Mmm... ¡Hecho!
(…)
El edificio en el que vivía Gold era tan alto, tan rojo y tan humilde como el resto de pisos que se ordenaban en hilera a lo largo de la avenida. Desde luego que le habría resultado más que imposible haberlo encontrado por él mismo. Por eso agradecía que Yellow hubiera accedido a quedar previamente con él en otro lugar para conducirle hasta allí, por más que fuera ella culpable de todo aquello.
Se habían encontrado a un par de manzanas de distancia, justo en frente de la única parada de metro de todo el barrio, cita acordada en una llamada telefónica varios días atrás. El intercambiarse los números había sido idea de la universitaria, lo cual en su momento le había parecido bien y también actualmente, por mucho que Pearl dijera lo contrario. Cuando le había contado todo al rubio el mismo día en el que había encontrado a Yellow en el supermercado este se había mostrado inflexible, y con su particular y "amable" forma de dar consejos le había expuesto lo que él pensaba que debía hacer.
— Eres incorregible — Había sido lo primero que escuchó Dia de Pearl una vez terminó de narrarle lo ocurrido — ¡Si nunca te han gustado las entrevistas! ¿No tienes ya la golosina? ¡Pues deja a esos dos y ya está!
Y era verdad lo que decía, odiaba las entrevistas. Había ganado "Pequeños Grandes Chefs" hacía ya varios años atrás, cuando apenas tenía nueve años, edad con la que era incluso más tímido de lo que era en el presente, y por ello cada vez que tenía que hacer alguna aparición en televisión de nuevo rehusaba a hacerlo y si finalmente no tenía más remedio pasaba un mal rato. Todavía no sabía cómo demonios había accedido a participar en el concurso, y si había ganado era porque al cocinar todo nerviosismo desaparecía de él y lo envolvía un placentero estado de calma, pero al terminar los nervios volvían a comerle por dentro. De todas formas, una entrevista por escrito era algo muy diferente, y ya había dado su palabra. La señorita Platina también le había apoyado en eso.
— Lo prometió Pearl, tiene que hacerlo — Concluyó Platina la sarta de quejas del rubio, Diamond la había mirado en una gran expresión de agradecimiento.
Así que allí estaba, frente a la puerta de un apartamento desconocido, en un edificio desconocido de un barrio desconocido, con una chica prácticamente desconocida junto a él y a la espera de que otro desconocido apareciera en cualquier momento.
— Gold puede parecerte muy creído al principio... y aunque realmente lo es, es un buen chico — Habló Yellow una vez se empezaron a escuchar pasos desde el interior del piso, con una sonrisa nerviosa adornándole el rostro.
Diamond asintió levemente como única respuesta. No sería capaz de explicarlo, pero la presencia de Yellow le incomodaba un poco, y de una extraña forma también le recofortaba. Lo cierto era que durante el camino la "conversación" había sido un pequeño monólogo — porque tampoco es que la mayor hablara mucho — de Yellow, el chico apenas había contestado con monosílabos y movimientos de cabeza. Cosa que no podría hacer en la entrevista.
El ruido de la puerta al abrirse le sacó de sus pensamientos.
Tras ella apareció un chico alto, varios años mayor que él y probablemente que Yellow, de desordenado cabello azabache que contra su voluntad había intentado ser peinado quedando aun más desaliñado y profundos ojos de un color dorado intenso que irradiaban energía... y algo que Diamond no supo descifrar cuando notó que empezaban a recorrerle de arriba abajo.
— ¿Este es? — Preguntó mirando a Yellow, Diamond lo miró sin encontrar las palabras para quejarse y la chica soltó un pequeño suspiro.
— Sí, él es Diamond — Respondió finalmente, si se había puesto nerviosa por la insolencia a su invitado no lo aparentaba.
— Encantado — Alcanzó a decir Diamond cuando los orbes dorados del mayor volvieron a posarse en él.
— Es que lo esperaba más pequeño — «Los años pasan para todos» — Gold Denki, te comunico que vas a tener el honor de ser entrevistado por el futuro mejor periodista de la ciudad — Anunció haciéndole un ademán para que pasara y antes de entrar él mismo.
«Yellow tenía razón, es todo un creído», interrogó con la mirada a Yellow, que algo sonrojada y con un "Te lo dije" dibujado en los labios asintió suavemente. Y haciéndole caso Diamond entró no muy seguro al apartamento seguido de cerca por la chica.
El piso en el que vivía Gold no era muy grande, pero no tenía nada que ver con lo que había esperado Diamond tras ver el resto del edificio. Las paredes pintadas con extraños diseños, no muy del gusto del peli-azul, pero de apariencia modernista se alzaban cubiertos discos y cuadros de diversas temáticas a lo largo de todo el pasillo, que tenía un par de puertas a sus lados, ambas recubiertas con una pintura de color negro que les daba un aspecto metálico.
El salón estaba limitado por las pequeñas ventanas que todos los apartamentos del bloque poseían, y por el poco espacio, pero el dueño había conseguido de alguna forma que pareciera más espacioso de lo que realmente era, quizás por el contraste de la pintura lisa blanca con los tonos oscuros de las paredes del recibidor.
Encontraron a Gold sentado en un sofá no muy grande de cuero negro, frente a él había uno exactamente igual y entre ambos una pequeña mesa de cristal vacía en contraste con las estanterías repletas que ocupaban por completo una de las caras de la sala. Diamond se sentó dudoso en el sofá que estaba libre, mirando incómodo y algo curioso al mayor, que tecleaba con celeridad en el ordenador portátil que tenía apoyado sobre las rodillas.
— ¿Empezamos? — Preguntó Gold animado. Diamond notó como desviaba un poco la mirada hacia un punto que supuso sería en el que se encontraba Yellow y tras ello hizo una mueca de resignación — Y gracias por aceptar concederme la entrevista... ¿contenta?
— ¡Gold! — Le regañó Yellow, Dia vio de reojo como un leve color rosado se asentaba en las mejillas de la rubia.
— Yellow, déjalo — Cortó el menor en voz baja ante la mirada de aprobación de Gold, que miraba triunfante a la chica — D-de nada. «Supongo».
Oyó como momentos después Gold formulaba la primera pregunta, pero por alguna razón todos sus sentidos estaban dirigidos a otra parte. Por encima de las palabras del chico oía los pasos acompasados alejarse, a Yellow abandonar la estancia. Y extrañado notó como de repente se sentía... solo. Abandonado. No quería que se fuera.
— ¿Me estás escuchando? — Preguntó Gold sin ocultar un tono de leve molestia — No te preocupes — Suspiró — Volverá para acompañarte de vuelta al metro.
— Disculpa — Fue la única palabra que Diamond alcanzó a pronunciar, notando un excesivo calor en las mejillas.
Y avergonzado como estaba, intentó responder lo mejor que pudo a cada una de las preguntas que Gold iba haciéndole, algunas más de su agrado y otras más personales en las que tuvo que medir sus palabras lo mejor que pudo. Al contrario de lo que habría pensado en un principio, el azabache se mostró amable y bromista, incomodándole a veces pero en la mayoría de las ocasiones haciendo más fácil la respuesta. Pero de todas formas, de vez en cuando, cuando se presentaba una cuestión difícil se preguntaba él mismo qué demonios estaba haciendo allí.
Cumplir su palabra, fue lo primero que pensó al acordarse de las decididas y elegantes palabras de Platina.
Pagar el precio por su golosina, lo que vino a su mente cuando recordó el gesto de Pearl mientras le regañaba.
Y pensó finalmente, y extrañándose mucho por ello, que, de algún modo, esperar a Yellow.
(...)
Fin del primer capítulo (?) Puede que el siguiente capítulo esté en la cuenta de A-RubyLuigi... o no, no está decidido xD, pero aviso por si acaso.
Rex... the Machine.
