Notas:
-La historia se llama Fantasmas y esta dividida en dos partes: La primera "fantasmas del pasado" y la segunda "fantasmas del futuro"
-Las TMNT no me pertenecen a mí y están inspiradas en la versión de 2012
-Más adelante habrá Drama y algo de Tragedia, posible maltrato de personajes, yo lo advierto xD
.Es el primer fanfiction que cuelgo en internet y lo escribiré para hacer prácticas de escritura, por lo que intentaré no tardar mucho en actualizar.
12 de Abril de 2015 Hora 10:17 A.M
P.O.V Mikey
No comenté nada a mis hermanos, sabía que se reirían de mí como en las anteriores ocasiones. Quizás tenían razón y el único problema es que era un estúpido con toques de locura, podía ser solo cosa de mi mente, pero cada día al dormir, las visiones aumentaban y se hacían más realistas.
En los últimos meses, una visión se repetía una y otra vez. Esta visión era especial, más realista de lo que hubiera querido. Lo raro, yo era una niña, no sabía cómo era mí físico, pues veía a través de sus ojos, pero por mi cuerpo más o menos calculaba la edad.
"Mimi"
Ese nombre se repetía una y otra vez, así era como me llamaba una chica a mi lado mucho más alta que yo mientras tiraba de mi brazo. Yo me sentía agotada, sin fuerzas para moverme, pero parecía que estábamos huyendo de algo, no veía nuestro perseguidor pues estábamos en un bosque de árboles que reducía mucho nuestro campo de visión, pero la situación no podía indicar otra cosa. Ella me gritaba, yo tenía mucho miedo.
Entonces alguien llego a nuestra posición, esa parte se encontraba borrosa, solo distinguía los gritos de una pelea. Cada vez se hacían más claros, y ese día, pude distinguir una palabra que cambiaría todo el significado de ese sueño.
-¡Hamato!-dijo en mi sueño la voz, estaba algo distorsionada pero me pareció la voz de un adolescente.
¿Mi apellido? ¿Qué pintaba ahí? Quizás no tenía que preocuparme, tampoco era raro escuchar parte de tú nombre en sueños, pero para mí todas las cosas que soñaba tenían un significado especial.
Entonces sentí un vértigo advirtiéndome que a pesar de la nueva información, el sueño acabaría como siempre. Cayendo de una cascada, escuché a la otra chica gritando otra vez Mimi, mi nombre, y entonces todo se apagó, volviéndose negro. Lo último que hice antes de recuperar la consciencia, como siempre, fue sentir unos contundentes golpes en mi cuerpo.
-¡Mikeyyyyy!
Abrí los ojos rápidamente irguiéndome en la cama, sentí punzadas en todo el cuerpo, justo donde los golpes se sintieron en el sueño, pero una vez más, no había morados ni ninguna herida en las zonas afectadas. Enfrente de mi cama estaba Raphael, con rostro de furia.
-Ven a preparar el desayuno, la cocina está hecha un desastre.
-Querrás decir que vosotros la habéis dejado hecha un desastre-le señalé con dedo acusador. Solo recibí una colleja en la cabeza de su parte. Mi cuerpo se estremeció otra vez a causa de eso.
-Auch, no hagas eso, aún me duele-le repliqué.
-¿Otra vez esos dolores venidos de la nada?-bufó con expresión molesta.
Me quedé callado sin saber que decir, mis hermanos ya estaban conscientes de mis dolores. Tuve que admitirlo después de caer en nuestras luchas contra el clan del pie muchas veces con poco daño. Más de una vez había puesto en peligro mi vida y la de mis hermanos por culpa de los golpes inexistentes, y tenía que dar las gracias a que habíamos acabado con la amenaza Krang y las peleas se habían reducido a la mitad.
Desde que conté lo que me ocurría, mis hermanos se preocupaban más por mí. Leonardo se separaba poco de mi lado cuando sabía que algo me dolía, como si tuviera que perseguirme como polilla a la luz para evitar que me desvaneciera sin nadie al lado. Donatello se pasaba los días haciéndome pruebas al cuerpo pero al no notar anomalías, se venía abajo y comenzaba a golpearse la cabeza con la mesa intentando buscar una respuesta lógica. Raphael se hacía el rudo conmigo, decía que solo les faltaba que me volviera más débil, como si no hicieran ya suficiente de niñera. Pero en el fondo parecía el más preocupado, cuando Leo me perseguía, el disimuladamente iba detrás suyo y cuando Donatello no encontraba la causa de mi dolor, le insistía con fuerza una y otra vez a que me volviese a analizar intentando evitar un tono desesperado.
-Es igual, ya nos las arreglaremos para hacer el desayuno.
Tras decir esas palabras, Raphael cerró la puerta sin mirarme. Otra vez se preocupaba por mí y otra vez se hacía el duro. Me preguntaba en ese momento si de verdad quería despertarme para que hiciera el desayuno o solo quería comprobar que estaba bien. Supongo que era la segunda opción, pues últimamente mis tres hermanos entraban en la habitación con excusas estúpidas y de alguna manera u otra terminaban sabiendo si algo me dolía, seguramente habían hecho un pacto a mis espaldas para vigilarme.
Quería decirles que los dolores me venían a partir de un sueño, pero desconfiaba de su reacción. Desde pequeño en mis sueños siempre se repetían personas y lugares. Soñaba a menudo con lobos, con un chico de cabello rubio y en la vida de un chico cuyo rostro no conseguía ver, pero que siempre hacía lo que yo haría en su situación. Mi primera sorpresa llegó cuando contemplé el exterior por primera vez, muchos lugares los había pisado en sueños, incluido el colegio de April y Casey. A Leonardo se lo comenté pero él dijo que todo eran casualidades formadas por mi imaginación.
Ahora que la situación estaba empeorando, quería contarle todo a Donatello cuando estuviésemos a solas. Sin suprimir nada. Después de todo era momento de confiar en el genio de la familia a pesar de ser el que menos creería en hechos tan fantásticos. También había la opción de hablarlo con Splinter, pero me preocupaba en cierta manera debido a una sospecha que producían mis sueños.
Me levanté con cuidado de la cama, el cuerpo seguía doliéndome, pero comparado con el dolor de la brusquedad que sentía antes cuando tenía que fingir estar bien, no era nada. Cogí un cuaderno que tenía escondido bajo la cama y me dirigí con paso firme al laboratorio de Donatello, haciendo poco ruido para no advertir a los demás. Sabía que cuando acabaran de desayunar, Donnie lo primero que haría sería dirigirse a su laboratorio a continuar con sus experimentos. Estuve largo rato esperando y eso me horrorizaba, a saber cuánto tiempo estuvieron cocinando y lo que habían hecho a la cocina, bueno, eso si aún seguíamos teniendo cocina. Ya había trasteado medio laboratorio y roto unas cinco cosas, mientras daba tumbos de aburrimiento a pesar del dolor. Seguramente Donnie me echaría bronca, pero en verdad era su culpa por tardar, sabía de sobras que no era bueno hacerme esperar con mi hiperactividad. Estaba ya moviéndome en el suelo mientras hacía pucheros, cuando vi arriba de la mesa un pote de retromutágeno. Últimamente había estado pensando mucho en ello, cogí el pote con las dos manos y comencé a girarlo aún en el suelo.
-¿Mikey?-escuché la voz de Donatello- ¡¿QUÉ SE SUPONE QUE ESTAS HACIENDO?!
Ágilmente, como era de esperar de un ninja se colocó a mi lado y me arrebató de mis manos el pote de mutágeno.
-¡¿Has perdido la cabeza?! ¿Qué pretendías? ¿Convertirte en una tortuga de pecera otra vez? Porqué te advierto que no pueden comer pizza.
-¿Qué? Pobrecillas, que vida más desgraciada-dije alterado imaginando a nuestros parientes con los ojos llorosos mirando la pizza sin poderla comer.
-¿Has venido aquí solo para alterarme los nervios?-preguntó Donatello furioso.
-No, en verdad quería hablarte del origen de mis dolores.
-¡¿Qué?! ¿Ya lo sabes?-los ojos de Donatello brillaron por un momento con la ilusión de encontrarme cura.
-Me vienen por golpes que recibo en los sueños.
Hubo un gran silencio, Donatello me miraba con un ojo temblando, parecía a punto de estallar, y me hubiera gritado si no fuera porque con lo que me pasaba se había vuelto más amable conmigo.
-Mikey…es ¡IMPOSIBLE! Desde el punto de vista científico es la mayor barbaridad que has dicho, no, espera, que eres tú, una de las mayores barbaridades que has dicho.
-Pero mis sueños nunca han sido normales, me has de creer. Leonardo no me creyó y con Raphael ya ni lo intento, necesito a alguien que esté de mi lado-le imploré.
-A ver, no creo que tengas ninguna posibilidad de que te crea, pero inténtalo. ¿Qué te hace pensar eso?
-Pues que mis dolores siempre vienen a partir del mismo sueño, cuando soy una chica y caigo por una cascada. El dolor que siento es muy realista y quizás esa es la razón por la que alguna noche me habéis escuchado chillar. Lo segundo…
Cogí el cuaderno que había traído de mi cuarto que en ese momento estaba en el suelo. Tenía muchos cuadernos de dibujo guardados, siempre tuve una gran faceta artística desde pequeño y era el mejor de mis hermanos dibujando, siempre les enseñaba todos los dibujos que hacía, incluyendo en los que me burlaba de ellos. Ese cuaderno en concreto no, siempre lo mantenía oculto de sus miradas y era la primera vez que se lo mostraba a alguien. En portada había un lobo de aspecto fiero dibujado por mí, debajo había un título escrito con letras infantiles, pues hace años que lo comencé, decían "Cuaderno de sueños".
Le enseñé poco a poco las páginas a Donatello, había lugares dibujados por mí que no conocíamos como una habitación que parecía de un niño, unas gradas llenas de personas asistiendo a un espectáculo, una especie de habitación de hospital o un viejo almacén sucio. Pero sorpresivamente, otros eran totalmente reales y con todos los detalles, el instituto de April y Casey, la pizzería, la gran avenida,…Cada dibujo tenía una fecha, y todas las fechas eran antes de visitar al exterior.
-Esto no tiene nada que ver con el sueño de la cascada, pero también son sueños comunes en mí. Siempre estoy en el cuerpo de un chico humano en ellos, un cuerpo que va paseando por estos lugares. Esto es de antes de conocerlos, de antes de que subiéramos los cuatro a la superficie. Contesta como la ciencia puedes explicar mi conocimiento de estos sitios.
Era una de las pocas veces que me había visto serio Donatello, estaba ya harto del tema y tan solo por unos segundos intenté dejar mi carácter infantil de lado. Donatello intercalaba su mirada sobre mí y el cuaderno, tras repetir esta acción múltiples veces, se llevó una mano en la barbilla apartando la vista con mirada perdida. Después de unos segundos volvió a dirigir su vista sobre mí, abrió la boca para decir algo pero la cerró queriendo cambiar las palabras que iban a salir de ellas. Yo aproveché para hablar antes.
-Donnie, mira otra vez la página donde vistes la habitación de niño y fíjate en la pared.
Donatello no dudo en obedecerme, en cierta forma él también se sentía interesado. No necesitó buscar mucho para encontrar lo sorprendente. En la pared había una cartulina negra con unas letras plateadas encima, parecía un trabajo para el colegio de un niño, lo sorprendente era el nombre que decían esas letras.
"Michelangelo Reyna"
- Ese nombre también lo suele llevar el chico de mis sueños en la mochila escolar o en hojas del colegio ¿Sabes lo que opino Donnie? Que solo hay dos posibilidades. La primera es que ese chico es un niño que casualmente se llama como yo y estamos conectados de alguna manera. La segunda posibilidad, ese chico soy yo y estos son recuerdos de mi vida como humano.
La cara de Donnie en este punto era ya un poema, creo que el más tonto de la familia irónicamente se había convertido en el primero en dejar sin palabras al más listo.
-Pero no puedes recordar algo tan exacto como una habitación.
-Te aseguro que sí-le conteste-, nunca olvido un detalle de los lugares. Los sitios que ya hemos visitado posteriormente a estos dibujos lo demuestran, los escasos cambios son debidos al paso del tiempo. Eso es otra cosa que me preocupa, lo fácil que es para mí recordar cada detalle.
-Pero el maestro Splinter, nos contó que venimos de tortugas de pecera…
Donatello dijo esas palabras no muy convencido. Tras eso se dirigió a su computadora, supongo que para comprobar algo. No sabía que estaba mirando, pero esperaba una respuesta. El retromutágeno ya estaba situado encima de la mesa y mientras jugaba con una lámpara de lava de Donnie, me preguntaba qué ocurriría si me rociaba con él, si en verdad llegaría a convertirme en una tortuga de tienda de animales.
-¿Qué?...-la expresión de Donnie cambió de un momento a otro. No sabía decir que significaba, pues a pesar de los años que hacía desde que lo conocía, jamás le había visto semejante expresión. Entre sorpresa, pena e incredulidad.
-Mikey…por favor puedes irte un momento. Necesito estar solo, después hablamos.
-Pero…
-Solo vete…-susurró con los ojos cristalinos, sin apartar la vista del ordenador. Lo dijo de tal manera que no pude negarme.
Cuando salí de la habitación, Leonardo estaba viendo Salvadores espaciales, la continuación de Héroes espaciales que anunciaron ese año. Raphael estaba en el sofá cerca criticándolo. Cuando Raph me vio venir, preguntó que hacía tanto rato con Donatello, seguramente había escuchado los gritos. Mentí diciéndole que solo le pedí más pruebas. Leonardo con la pantalla pegada al monitor en su mundo no dijo nada hasta que termino la serie.
No volví a tener noticias de Donatello hasta la hora de cenar, la comida se la había saltado por extrañez de todos, parece que a la cena solo asistió por la insistencia de Splinter que empezó a golpearle la puerta del laboratorio preocupado. Donnie tartamudeaba al contestar nuestras preguntas y su mirada seguía mostrando incomodidad.
-Chicos…-nos dijo al final mirando a los tres-, esta noche tenemos que hablar lejos de aquí.
