Well, yo avisé "creo" de unos drabbles que pensaba escribir y publicar, cositas fugaces que me pasen por la cabeza y que no me comprometo especialmente a subir continuamente. Simplemente para que queden y no ocupen espacio en esta memoria prestada.
Si alguno quiere que escriba sobre un personaje o pareja en especial, puede pedirlo y trataré de hacerlo siempre que esté dentro de mis cánones. No prometo nada, pero quien sabe cuando un buen reto consigue motivarme ;D
Título del Drabble: Del rojo al azul.
Contenido: leve shounen ai (chicoxchico), algo de angst.
Personajes: Albafica, Shion.
Y de nuevo, Saint Seiya Lost Canvas no es mío, de serlo el primero en morir habría sido –Natsu sabe quién-. Es de Masami Kurumada y Shigori Teshigori.
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El mundo no se cansaba de afirmar de que todo era posible, pues él, ente otras cosas, era la excepción.
No lo lamentaba, ¿para qué?, odiaba autocompadecerse de algo que era consecuencia de su resolución. Permitir que un pensamiento, una idea, una palabra, un recuerdo, una voz, un lo que sea arrollara con todo eso de lo cual se sentía orgulloso –y desdichado aunque bien jamás lo admitiera delante de alguien- estaba fuera de regla. De la regla por la cual se erigía su existencia y que se mantendría hasta que se marchitara junto con esas rosas.
La regla es: no dejes crecer nada en la tierra donde ya has plantado la semilla, sí, esa que contiene una planta tan bella como mortal, y que no permite que ningún ser coexista con ella. Un ejemplo viviente era él.
La regla va con las rosas, y va con Albafica.
—¿No vas a intentarlo?
—No. Te he dicho que nada más que las rosas demoniacas crecen allí.
Las reglas siempre vienen acompañadas de aquellos que quieren romperlas, eso lo tenía muy presente.
—Apuesto que ni siquiera lo has intentado. —Insistió.
—Porque conozco el resultado. —Remarcó.
—Mientes, tú no lo sabes, y no lo sabrás hasta que lo intentes.
Terco, necio, imposible como él solo. Shion a veces podía ser la horna de su zapato si quería.
Por supuesto que deseaba, con todas sus fuerzas, tomar aquel presente y atesorarlo como el tesoro que merecía ser, como el que era; pero él sabe que no puede, que es imposible, que va a marchitarse apenas respire el venenoso perfume de las rosas.
Era una hermosa flor, a Albafica la mirada le había brillado unos instantes al verla, al notar cuan intenso y reluciente era su color. Un azul índigo precioso, algo purpúreo, pero de los azules más bellos que había visto en su vida. Su corazón la codiciaba de la misma forma que se apretaba ante sus deseos, ante el terror de asesinar tal maravilla de la naturaleza.
Y todo por culpa de esa maldita promesa que había durado años esperando a ese día donde se consumaría.
—Cerato es una flor de donde vengo, crece cerca de las montañas —había dicho y él le escuchaba atento y curioso—tiene un bonito color azul, mi maestro dice que es buena para las personas inseguras o cuando el corazón tiene dudas. Dicen que trae la calma.
¿Las flores tenían significados tan profundos?, siendo el chiquillo que era en aquel entonces no lo comprendía, pero las solas palabras bastaban para que la curiosidad aflorara en Albafica, que solo conocía las rosas. Las otras flores eran nombres y recuerdos lejanos, por no decir contados.
Porque dicho antes, la regla solo incluía a las rosas, y solo las rosas.
—Algún día, si regreso a mi tierra traeré una —sonrío, cuando Shion sonreía su rostro se cubría de un brillo especial, un instante donde sólo él parecía darse cuenta de ello, como si le perteneciera—y será tuya.
Y años después ahí estaban, en el mismo rellano de la escalera que conducía al templo de Aries, a la misma hora del crepúsculo y con la misma brisa griega meciendo sus cabelleras.
—Si llegas a tener razón, entonces no insistiré y dejaré de meterme en tu camino —condicionó el rubio para sorpresa del otro—pero debes intentarlo.
Harto de tanta insistencia, o sólo simulaba que era eso, tomó la bolsita con la tierra donde se erguía el tallito de la planta y se encaminó a su templo sin decir una palabra más. De haber volteado habría visto la misma sonrisa de antaño.
Era imposible, repitió, que esa delicada flor extranjera creciera junto a las rosas. Iba a morir apenas pusiera un pie en Piscis. Sabiendo eso protegió la planta contra la tela de su ropa de entrenamiento, metiéndola dentro de la camisa hasta que estuviera en la casita que pertenecía a su maestro y donde ahora solo vivían las rosas y él.
Tenía que estar demente para hacer aceptado eso, pero dentro de sí sentía el deseo de que aquel cerato sobreviviera, que se convirtiera en una planta frondosa con bonitas flores azules. Sería su pedazo de azul en medio del mar rojo.
En el jardín de las rosas rojas solo eso hay, y solo eso hubo hasta el final.
Pero cuando Shion fue a preparar el cuerpo de su amigo para enterrarlo, más allá del jardín de Piscis descubrió una delicada planta donde florecían tiernos ceratos. Nadie las habría notado en ese rincón apartado, y sin embargo fue lo primero que vio al cruzar el atajo, tal como si las flores le hubiesen llamado.
Shion apretó los labios, ahora iba a ser más difícil el contener el llanto que venía atorando en la garganta.
Cerato es una flor nativa del Tibet, "Su intenso color azul incita a la calma, a la reflexión, a la conexión con las profundidades del ser, con el alma, de donde obtenemos la verdad" (cita textual de la página Deon . com). De todas elegí a estas por el contraste entre el rojo y el azul, y como representación implícita de aquello que ayudaría a mantener a Albafica por la línea consecuente de su manera de vivir. Ahora que lo veo es un poco irónico.
Como pequeña aclaración, el tiempo donde le entregan el cerato a Albafica es cuando Shion recientemente vuelve portando la armadura de Aries.
Hasta otra~
D. Wright
