Disclaimer: CCS no es de mi propiedad sino de las grandiosas Clamp, a las cuales les estoy muy agradecida por haber creado a estos personajes y su maravillosa historia.
Cap. nº1
La Dama de hielo
Nuevamente parpadeaba el botón de su intercomunicador, la verdad es que ese día le estaba resultando agotador… claro que le gustaba su trabajo, como no hacerlo si era lo único verdaderamente importante para ella, pero como por la noche tendría una cena no quería retrasarse en la oficina más
de lo debido.
-"dime Asuka…"
-"señorita Kinomoto, acaba de recibir un envío del señor Yanakawa"
-"si son flores ya sabes lo que tienes que hacer con ellas"
-"pero señorita… son tan bonitas!, ¿no quiere verlas?, es un hermoso arreglo de rosas…"
-"rosas, que originales son algunos hombres" -pensó en vos alta.
-"pero señorita..."-Intentó rogar la secretaría
-"Asuka…"
-"esta bien señorita le diré al mensajero que las devuelva"
Eso estaba mejor, su pobre secretaria siempre trataba por todos los medios que ella recibiera todos los regalos que diariamente recibía de algunos "admiradores" como Asuka los llamaba, pero para ella no eran más que lambiscones que sólo querían obtener de ella algo más que negocios.
En fin, lo mejor como siempre era volver a trabajar y en eso estaba cuando nuevamente su intercomunicador le marcó que su secretaria la necesitaba.
-"dime Asuka"
-"señorita Kinomoto, el señor Yanakawa al teléfono, ¿desea le comunique la llamada?"
-"si Asuka muchas gracias"
-"señor Yanakawa, no corte por favor en unos minutos la señorita Kinomoto lo atenderá"
Misato Yanakawa, era un empresario importante de Osaka que había realizado esa mañana un importantísimo acuerdo comercial con la empresa Nadeshiko Inc., de la cual la joven Sakura Kinomoto era dueña y una de las presidentas.
-"señor Yanakawa, usted dirá en que puedo ayudarlo"-habló la ojiverde con tono completamente profesional-
-"señorita Kinomoto muy buenas tardes, llamaba para saber si usted recibió mi obsequio"
-"¿Obsequio?" -Preguntó Sakura un tanto absorta en los papeles que tenía delante –"¡ah! Si, supongo que en unos momentos le avisaran que lo retire"
-"¿que lo retire? Discúlpeme señorita pero no le entiendo"
-"lo que sucede señor Yanakawa es que yo no acepto obsequios de nadie y todos los que intentan hacerlo reciben de nuevo todo lo que me han enviado , porque mejor no le regala ese arreglo floral a su esposa."
-"¿cómo que a mi esposa?, señorita las flores son para usted, es una manera de halagar su belleza"
-"aja… bueno déjeme decirle señor que mi belleza no necesita ser halagada y mucho menos por alguien que esta casado desde hace 10 años y que tiene dos hijos, en todo caso, de necesitar que alguien lo hiciera preferiría a alguien soltero…¿No lo cree usted?"
-"óigame" -exclamó ofuscado el empresario- "con quién se cree usted que esta hablado muchachita maleducada, para que sepa yo soy…"
-"Misato Yanakawa, de 46 años de edad, residente de Osaka dueño de textiles Yanakawa, casado con Minako Yanakawa, padre de dos hijos… ¿quiere que le diga más?, disculpe señor pero yo sé muy bien con quién hago tratos, así que si no tiene ninguna duda respecto de la reunión de esta mañana le agradecería que deje de hacerme perder el tiempo, porque no sé si usted lo sabrá pero hay personas que trabajamos, buenas noches" -y sin más preámbulos colgó.
Un golpe seco le marcó que la llamada había finalizado, todavía no podía creerlo una insolente muchachita de 24 años lo había dejado con la palabra en la boca, sin duda esa presuntuosa se creía mucho pero ya se encargaría él de hacerle ver que con él nadie jugaba, mucho menos una preciosidad de ojos verdes como aquella, la tendría para sí y no descansaría hasta conseguirla.
...
Dos horas después de aquella molesta llamada Sakura Kinomoto seguía leyendo contratos y propuestas cuando dos suaves golpes se escucharon en su puerta.
-"adelante"- dijo con vos firme y clara
-"señorita Sakura, antes de retirarme quería preguntarle si necesitaba algo y además debo recordarle que hoy tiene una cena en casa de su tía a las nueve."
-"si muchas gracias Asuka, antes de que te retires necesito pedirte un favor"- se levantó de su escritorio y descalza como estaba se acercó al armario que se encontraba empotrado en la pared de su espaciosa oficina y sacó de allí un paquete-" Necesito que le des éste regalo al pequeño Shinji, sé que mañana es su cumpleaños y quería darle esto, me gustaría hacerlo personalmente pero mañana tengo un día muy ocupado con el asunto de la nueva colección así que me es imposible verlo. ¿Harías eso por mi?"-preguntó la ojiverde a una sorprendidísima secretaria
-"muchas gracias señorita, pero no debió hacer eso, es decir… usted tan solo conoce a Shinji por fotografía y aun así siempre le compra obsequios a mi pequeño…sinceramente no sé como agradecerle todo lo que hace por nosotros" - y sin más se acercó a su jefa y la abrazó.
La verdad era que Sakura no se esperaba esa reacción de su secretaria, después de todo era solo un regalo, pero era visto que para la joven madre era mucho más que eso.
-"no es nada Asuka, es sólo una atención, después de todo él tendría mas o menos su edad"-pensó en vos alta
-"disculpe,¿ a quién se refiere señorita? "-preguntó la secretaria confusa
-"a nadie"-respondió presurosa la empresaria - "déjalo así, así que toma este obsequio y mañana tómate el día libre para disfrutarlo con tu niño."
-"pero señorita…" -iba a reclamar la joven, pero una mano de Sakura en señal de alto la detuvo
-"pero nada, mañana voy a estar atareada y casi no pasaré por la oficina así que no quiero verte aquí,¿ entendido?"
-"si, señorita ¡muchas gracias!" - y sin más se marchó
Una tenue sonrisa se dibujo en el rostro de la ojiverde, después de todo hacer cosas por los demás no era tan malo… pero la verdad es que ella sabía con quien podía hacer esas concesiones, sabía con quien corría peligro y con quien no… ¡claro que lo sabía! Después de todo, la vida se había encargado de enseñárselo pese a su corta edad.
Se volvió a su escritorio, todavía podía seguir trabajando un poco más. Cuando se sentó en su cómodo sillón dirigió la mirada a la única fotografía que había sobre aquel exquisito mueble de caoba y roble labrado, regalo de su abuelo, cuando ella junto con su prima decidió abrir su propio negocio algunos años atrás.
Y allí estaban en aquel portarretrato de fina plata trabajada, sonriendo, tres de las cuatro personas que habían sido las más importantes de su vida…
Una joven de cabellos largos y de color plomizo con soñadores ojos verdes sonreía amorosamente a un joven apuesto, de complexión atlética cuyas gafas lo hacían lucir amable e intelectual y en medio de ellos se encontraba un jovencito de ojos y cabellos color café de mirada penetrante que parecía "amenazar" a todo aquel que mirara la fotografía. Esa había sido su familia.
Sí, había sido, por que de ellos sólo quedaba la fotografía, todos la habían abandonado, Nadeshiko, su madre, había fallecido cuando la pequeña tenía tan sólo tres años y entre su padre y su hermano se encargaron de criarla y hacerla feliz, y siendo sincera con ella misma debía reconocer que lo habían logrado por un tiempo… Cuando Sakura cumplió 16 años uno accidente en unas ruinas de Egipto se llevaron a su padre, Fujitaka Kinomoto y con él se fue un trozo de la alegría y de la vida de la pequeña Sakura, como él la llamaba.
Meses después, su hermano Touya, quien amaba las motocicletas sufrió un accidente y después de algunos meses en coma, finalmente falleció, dejándola completamente sola y con un gran hueco en su alma. Los dos hombres más importantes de su vida, que se habían propuesto protegerla la habían abandonado y debido a eso ella debió aprender a cuidarse sola, pero no lo hizo inmediatamente sino un tiempo después… cuando fue inevitable… si tan sólo lo hubiera hecho antes… cuantos disgustos y tristezas se hubiera ahorrado…quizás ahora sería distinta… quizás, tan solo quizás…
El sonido de su teléfono móvil la sacó de su estupor y la trajo de nuevo a la realidad, miró la hora, ¡las nueve y media! ¡Ya se la había hecho tarde!, seguramente su tía le reclamaría su falta de cortesía. Sacudió la cabeza y respondió el llamado mientras terminaba de guardar algunos papeles en su portafolio.
-"discúlpame prima sé que se me hizo tarde pero me quedé revisando unos contratos y se me pasó la hora, dile a tía Sonomi que salgo hacia allí de inmediato"-.
Sin más colgó la llamada y con paso presuroso abandonó su elegante oficina y tomó el ascensor, ya en el estacionamiento, saludó con un gélido "buenas noches" al hombre de seguridad y se introdujo en su moderno y exclusivo deportivo negro.
En los suburbios de Tokyo, a tan solo 30 minutos de viaje, se encontraba la pequeña ciudad de Tomoeda, allí había vivido con su familia y allí vivía aún, pero no en la casa de su infancia, sino en un lujoso apartamento ubicado en las afueras de la pacífica ciudad. A una corta distancia dentro de la pequeña ciudad vivían también su prima y su tía, que junto con su abuelo eran los únicos familiares que le quedaban. Los quería claro que sí, pero ninguno de ellos podría alcanzar la importancia que habían alcanzado sus cuatro personas especiales: su madre, su padre, su hermano y él.
Nuevamente los recuerdos acosaron su mente, que lejos parecía todo aquello, ¡cuánto había sucedido en seis años!, en ese lapso había pasado de ser una jovencita inocente, soñadora y cálida y se había convertido en una mujer objetiva, dura e imperturbable, sí, la vida no había sido benevolente con ella, pero le había enseñado muchas cosas… o al menos así lo creía.
Para ella su cambio se había debido a la madurez y lo vivió como algo natural, pero para los que la rodeaban y la conocían de pequeña era algo sencillamente incomprensible, la gran mayoría pensaba que le habían arrancado el corazón, o algo así le había dicho tiempo atrás su compañero de escuela Takashi Yamasaki.
-absurdo, totalmente absurdo- suspiró Sakura en voz alta.
¡Como si eso fuera posible!, solamente había madurado no era más difícil que eso, pero eso era lo que decía para los demás, después de todo los únicos que sabían la verdad eran ella y su abuelo… y ninguno de los dos diría nunca nada. Había sido algo del pasado y allí se quedaría, después de todo ella estaba bien, tenía una carrera, una profesión, una empresa, trabajo y no necesitaba más, su vida para ella estaba completa.
La gran reja de la mansión Daidouji se abrió y el convertible negro se estacionó en la puerta. Su presurosa conductora descendió y no se preocupó por no haberse cambiado de ropa, después de todo sólo era una cena familiar. Su tía siempre se encargaba de organizar una cena de este tipo una ó dos veces al mes, para que "la familia este unida".
La gran puerta de entrada se abrió y allí la esperaba su prima y socia Tomoyo Daidouji. Ellas habían sido amigas desde pequeñas y se separaron cuando Sakura había decidido apresuradamente estudiar negocios en Inglaterra y Tomoyo ante la separación e insistencia de su madre estudio diseño en Francia, pero cuando ambas habían culminado sus estudios volvieron a Japón y retomaron su amistad, pero a pesar de que algunas habían cambiado, la relación entre ellas continuaba tan fuerte como años atrás.
-Buenas noches Sakura, ¿te distrajiste con mucho trabajo hoy? -Preguntó la joven de cabellos plomizos que le llegaban a la cintura y de ojos amatistas
-buenas noches Tomoyo, la verdad es que sí, pero además una llamada me hizo perder tiempo y me quedé a recuperarlo
- ¡ay Sakura!, ya te he dicho que te vas a enfermar si sigues así- dijo la amatista con dulzura
-Tomoyo, ya sabes que el trabajo no me enferma, lo que lo hace son esos tipos que mandan flores, cuando debieran estar haciendo algo productivo-Acotó la ojiverde mientras se dirigían hacia el comedor.
-o sea que Asuka hoy tuvo que tirar flores otra vez¡ Jojojo! -Sonrió la diseñadora
-Sakura, bienvenida pequeña, creí que no vendrías esta noche-Le dijo una muy feliz tía Sonomi
-disculpa tía, pero como le decía a Tomoyo, tenía que arreglar unas cosas en la oficina antes de retirarme.
-¡que crees mamá?, Sakura otra vez recibió flores y las devolvió…j ojo jo.
-¡Sakura!… ya te he dicho que algunas veces por cortesía debemos aceptar algunos cumplidos, sobre todo si provienen de personas que tratan con la empresa- dijo su tía un poco en modo de reproche y otro poco divertida.
-¡ay tía, ojalá pudiera aceptar eso!, pero sabes tan bien como yo que así no soy y creo que todos lo saben, lo que sucede es que no quieren aceptarlo y piensan que porque una es joven puede perder la cabeza por unas cuantas rosas y una cena…
-prima, prima, prima… algún día recibirás un obsequio que no podrás, ni querrás rechazar y me reiré mucho, ¡jojojo! -Agregó la joven de cabellos plomizos.
-Tomoyo, para que yo acepte un obsequio de un hombre tendría que estar loca ó haberme practicado una lobotomía y eso lo sabes-agregó la ojiverde con total tranquilidad
-bueno, bueno, dejemos eso para después y ahora cenemos, mis queridas niñas-dijo Sonomi con una sonrisa y es que el tenerlas allí a las dos, la hacía realmente feliz, por un lado estaba su hija, su pequeña Tomoyo a la cual adoraba con toda su alma y por el otro tenía a Sakura, la hija de su adorada prima Nadeshiko de la cual se había hecho cargo gustosamente cuando la jovencita se había quedado sola en el mundo, y en verdad no podría estar más feliz, ni más orgullosa, porque sus dos tesoros además de hermosas jovencitas, eran dedicadas empresarias, amigas y socias… no podía pedir más pensaba Sonomi en esos momentos… o ¿tal vez si?…¡Por supuesto que sí! todavía quedaba por ver con quiénes sus tesoros encontrarían la felicidad que traía el formar una familia y eso sin lugar a dudas era algo difícil pues ¿ quiénes podrían ser dignos de aquellas hermosas jóvenes?, a los ojos de Sonomi la respuesta era sencilla… NADIE…
Acabada la cena Sonomi les propuso a las jóvenes empresarias una gran idea.
-mis niñas dentro de dos semanas se cumplirá el aniversario de la fundación de su empresa y como las ventas son cada vez mejores, pensé que sería bueno que realizaran una fiesta, para festejar el acontecimiento
-¿una fiesta?- Preguntaron ambas jóvenes al unísono
-si algo elegante, con unos cuantos invitados, socios o no, para celebrar el éxito que tienen mis pequeñas,- agregó Sonomi con estrellitas en sus ojos también amatistas
-la verdad mamá, es que no sé si sea una buena idea - replicó la amatista-verás estamos creando una nueva colección y necesito enfocar todas mis energías allí, además no quiero que Sakura se agote, sino mi modelo publicitaria se verá cansada.
-tomoyo, ya te he dicho que el trabajo no me molesta- agregó la ojiverde- además sería una buena oportunidad para invitar a los inversionistas chinos que tanto estamos buscando o ¿es que acaso no quieres esas sedas para la nueva colección?
-¿de verdad podemos conseguirlos?- preguntó la amatista toda emocionada- ¡oh Sakura eres la más genial de todas las primas y socias de esta mundo, soy tan feliz de trabajar contigo! -y sin más, la diseñadora se abalanzó sobre su prima para abrazarla.
-to…mo…yo…me… asfi…xias…. -Replicó una muy muy roja empresaria castaña.
-oh! Perdona prima es la emoción….
-muy bien, entonces que le parece mis niñas si trabajamos las tres en esta fiesta, ¡estoy segura que será todo un éxito!
-pero tía, ¿tú no tienes mucho trabajo con la empresa de juguetes?-Preguntó ahora una menos asfixiada Sakura
- es verdad mamá, no es necesario que te canses con más cosas, además Sakura y yo podremos encargarnos de todo, ya lo verás, quedará todo divino- la amatista estaba extasiada pensando como quedaría el salón decorado, qué luces quedarían mejor, la música…. Pero de pronto se puso de pie y exclamó -¡ es verdad! Tengo muchas cosas que hacer, pero lo principal es el vestido que usarás tú Sakura, estarás preciosa ya lo verás, te pondré un color divino que resaltará tu silueta y podré ponerle lazos como cuando éramos pequeñas, aunque creo que mejor no, ya eres una mujer adulta y es necesario realzar tus encantos, no es que lo necesites prima si ya sabes que te ves sumamente mona, pero habrá tantos caballeros que quiero que seas el centro de atención…volviendo a los lazos creo que no me disgustan del todo podría ponerlos aquí y por aquí…- y la amatista se iba alejando con su perorata hacia su estudio pensando en el diseño que le realizaría a su querida prima para la gala
Dos gotas aparecieron en la cabeza de Sakura y Sonomi mientras observaban a la amatista subir las escaleras.
-bueno, si lo de la fiesta ya esta decidido, me retiro,-agregó la de ojos verdes- mañana debo madrugar porque no tengo secretaría y tengo un día muy ocupado con lo de la nueva colección.
-¿cómo que no tienes secretaría?- Preguntó Sonomi desconcertada- acaso… ¿la despediste? ¡Ay sobrina!
- calma tía, solo le di el día libre, es que mañana es el cumpleaños de su hijo y quería que lo pasara con él- añadió la castaña.
-bueno Sakura en ese caso vete a descansar y si puedo ayudarte en algo me avisas, puedo enviarte algún asistente si lo necesitas
-no hará falta tía, de todos modos muchas gracias-Y sin más la joven de ojos verdes se fue.
Una vez sola, la señora Daidouji exclamó en voz alta:
-ay Sakura, por mucho que quieras negarlo y esconderlo sigues siendo la jovencita afable, que conocí hace muchos años, ojala pronto te des cuenta de ello. No es bueno que estés tan inmersa en el trabajo mi querida sobrina, podría salirte muy caro… sino mírame a mí, perdí muchos años de la vida de mi querida Tomoyo por estar pendiente de la oficina….
- no te preocupes mamá, todo estará bien, estoy segura de que Sakura reaccionará muy pronto y volverá a ser la misma de siempre, aunque aún no sé muy bien que es lo que le sucedió… de todas formas quédate tranquila, porque nunca me abandonaste, siempre estuviste ahí cuando te necesité.
-muchas gracias hija-exclamó Sonomi abrazando fuertemente a su niña.
...
En otro punto de la ciudad de Tomoeda un deportivo negro entraba a un lujoso edificio y una vez estacionado su conductora se dirigió al cuarto piso, que le pertenecía en su totalidad. Antes dirigió un afectuoso saludo al señor Hajime, el portero.
-buenas noches Hajime, ¿alguna novedad el día de hoy?
-buenas noches señorita Sakura, si hoy tenemos novedades, recibió estos dos obsequios, llegaron por la tarde.
Sakura los observó con indiferencia y roló los ojos, esta gente nunca aprende pensó
-dime Hajime, ¿Como se encuentra tu esposa hoy?
-muy bien señorita de hecho me esta esperando para cenar
- muy bien, entonces llévale a tu esposa estas flores y éstos chocolates y dáselos de tú parte.
-pero señorita esto es de usted y yo….
-exacto, tú lo has dicho, esto es mío y yo se lo doy a quien quiero así que no me desprecies y regáleselos a tú esposa.
-muchas gracias señorita Sakura, de verdad es usted un ángel.
-de nada Hajime, pero a los ángeles mejor los dejamos en el cielo, buenas noches
Y sin más se dirigió al ascensor y antes de que se cerraran las puertas le obsequió una dulce sonrisa a aquel hombre entrado en años que tanto cuidó de ella cuando estuvo en Londres y que la seguía protegiendo aún, aunque ella no lo supiera
Un maullido le dio la bienvenida a su lujoso departamento, era su pequeño Kero, un gato persa de pelaje amarillo y ojos dorados, cortesía de la pareja de porteros de su edificio. Una vez dentro se descalzó y tomó el teléfono, a pesar de que era tarde debía realizar esa llamada, después de todo ella había sido clara y si no entendían las cosas a la primera, no le molestaba para nada hacerlo a la segunda.
-buenas noches, disculpe la hora, podría comunicarme con el señor Yanakawa
-un momento por favor, enseguida la comunico
-Yanakawa al habla, diga
-ah! Señor Yanakawa, buenas noches, veo que como hoy por la tarde no entendió lo que le dije me veo en la penosa necesidad de repetírselo
-disculpe señorita Kinomoto pero la verdad es que no la entiendo…
-oh! Bueno entonces se lo repetiré: envíele obsequios a su esposa ya que conmigo no tienen razón de ser, de todas maneras creo que le agradará saber que la esposa del portero del edificio se pondrá muy contenta cuando reciba sus obsequios
-pero como se atreve, muchachita…
-como se atreve usted señor a hacer regalos que pretenden ser inocentes y no lo son o piensa que acaso no sé como engaña a su pobre esposa con cuanta "muchachita" ingenua cae a sus pies?, le recuerdo que no soy ninguna muchachita como usted me llama y mucho menos ingenua, así que espero que le haya quedado lo suficientemente claro- Y sin añadir nada más colgó, ese hombre era verdaderamente molesto
-demonios esa perra me saca de quicio es muy bonita y tiene carácter, me gustará calmarla sin lugar a dudas, sigue así pequeña me gustas cada vez más- sonrió el oriundo de Osaka.
Satisfecha por haberse sacado de encima a ese espécimen molesto, Sakura se dispuso ahora si a descansar, después de todo quien se creía ese hombre para mandarle cosas cuando ella ya había sido clara y mucho menos a su casa. Era realmente irritante que tipejos de esa clase creyeran que podrían comprarla con esas cursilerías. De verdad que los hombres eran todos unos idiotas.
Luego de dar varias vueltas en su cama cual rombo y ante la inexplicable desaparición de Morfeo hacia su persona, decidió bajar a la conserjería a pesar de lo avanzada que se encontraba la noche.
Un muy amable conserje se vio despertado por unos tenues golpes en su puerta y con una sonrisa decidió atender esa urgencia, por que en su interior ya sabía de quien se trataba.
-disculpa la hora Hajime, pero…
-no se preocupe señorita Sakura, aquí tiene, y no tiene que devolvérmela esta copia es para usted, ya me parecía extraño que no me la pidiera.
-¡muchas gracias Hajime! Siempre eres tan bueno conmigo, ahora si me voy.
-trate de descansar mi niña, realmente se ve que lo necesita.
Esa niña como él la llamaba era verdaderamente adorable, la hija que nunca pudo tener, y es que tanto su esposa como él así consideraban a la nieta del señor Amamiya, a pesar de su carácter, ellos la adoraban; además de que tenía una promesa que cumplir, le gustaba de sobre manera seguir formando parte de la vida de la joven empresaria.
De verdad que la idea de su abuelo de construir una piscina cubierta había sido espectacular y que ella pudiera usarla a cualquier hora como nieta del dueño que era, era todavía mejor. No le gustaba alardear claro que no, pero su abuelo lo había dejado bien en claro, la piscina era de su pequeña nieta y si ella quería compartirla con los otros inquilinos, él no tendría problema, y fue así que la ojiverde decidió compartirla, pero no había nadie en ese edificio a quien le gustara el agua, por lo que se vio siendo la única que utilizaba aquellas instalaciones.
Introdujo su mano en el agua y la encontró tibia, se quito la bata y se zambulló, sin duda esa noche dormiría muy bien.
