Pues nada, que me aburía y he hecho esta historia. Espero que os guste y dejad alguna review :P
Se levantó con un sobresalto. Sin mover ni un músculo escudriñó la habitación. Se llevó una mano a la cabeza, le dolía pero no tenía fiebre. Se sentía desorientada y mareada y no recordaba esa habitación. Es más, no recordaba qué había hecho el día anterior para estar así... ni el otro, ni el otro... Era muy frustrante. Quizás fuera por el dolor de cabeza, pensó.
Se incorporó y se sentó en el borde de la cama. Había un escritorio con una silla y muchos papeles revueltos, libros, lápices y bolígrafos. Encima del escritorio, pegado a la pared había un mapamundi con los nombres de todos los países y sus respectivas capitales. Iba recitando los nombres de los países y las capitales según sus ojos se desplazaban por el mapa. Se dio la ó las cortinas que tapaban la luz de la mañana y miró a través del cristal. Había muchas casas alrededor de la suya, la mayoría eran pequeñas con un patio aunque también había edificios de cinco plantas donde vivían familias en pisos. Familias...
"Noir"
Le vino esa palabra a la cabeza de sopetón. ¿Qué significaba? Cada vez se sentía más confusa. Miró el reloj que había encima del escritorio. Era Domingo.
"Noir"
Se llevó la mano a la cabeza por segunda vez. Esa palabra empezó a taladrarle la cabeza, no podía pensar en otra cosa mas que en Noir... Entre la palabra y el dolor de cabeza, que no había cesado, se sentía más y más agobiada. Se empezaba a poner nerviosa. Respiró hondo y contó hasta diez para tranquilizarse y, entonces, algo llamó su atención: había un oso de peluche encima de una silla, al lado había un perchero con un uniforme escolar colgado de una percha de uno de sus brazos. No recordaba haber ido al colegio... Cogió la falda azul oscuro del uniforme entre los dedos y la miró con curiosidad. No recordaba haberse puesto eso antes. Tampoco recordaba haberse puesto la camisa con el lazo rosa del uniforme. Descubrió un bolsillo en la parte de arriba del uniforme, metió la mano y sacó una tarjeta... no, era una tarjeta de identificación. Observó que estaba escrito en japonés, le dio la vuelta y observó la foto de la tarjeta. Era una chica joven, con el pelo negro corto y los ojos marrones con un tenue tono rojo.
"Noir"
Esa palabra otra vez... desvió la mirada hacia su izquierda, donde sus ojos se encontraron con otros marrones rojizos. Se sobresaltó al ver que era un espejo.
"Noir"
Volvió a mirar rápidamente la tarjeta con su corazón latiéndole a mil por hora y con un escalofrío recorriéndole su espalda. No recordaba su nombre... no recordaba su nombre, no recordaba aquella habitación, no recordaba aquel uniforme pero lo peor era que... no recordaba su nombre. Era algo elemental que todo el mundo tenía.
Aún asustada, salió de quella extraña habitación pero sólo para encontrarse con algo más extraño aún. Era un salón con una mesa baja en el centro y una televisión en una estrecha mesa en una esquina de la habitación. También habia un ordenador portátil al lado de la tele. La cocina se veía desde su posición. Era pequeña pero tenía todo lo necesario para hacer una buena comida y el frigorífico no era lo que se podría decir pequeño. Abrió una última puerta. Era una habitación, pero estaba vacía.
No había nadie en la casa, estaba sola. Examinó la tarjera más detenidamente. Se llamaba Kirika, Kirika Yuumura, tenía 16 años y era japonesa. Intentó recordar alguno de esos datos pero sóo le venía a la cabeza una única palabra.
"Noir"
No sabía qué significaba ni qué quería decir. Sacudió la cabeza como si eso fuera a sacar aquella palabra de su mente. En ese instante se fijó en un detalle que llamó su atención: dos fotos. Una una foto que estaba colgada, con un marco. Era de una señora mayor y estab en blanco y negro. La otra no tenía marco, estaba pegada con celo a la pared. Se reconoció a sí misma en el centro de la foto, con una mujer a su izquierda y un hombre a la derecha. La mujer tenía sus manos encima de los hombros de Kirika y el hombre miraba a cámara mientras acariciaba el pelo a la pequeña. Los tres sonreían. Era una sonrisa abierta y sus ojos brillaban. Dedujo que debían de ser su madre y su padre y, la anciana de la otra foto debía de ser su abuela. Supuso que la última habitación en la que había entrado era la de sus padres pero... algo no iba bien. ¿Dónde habían ido? ¿Por qué su habitación estaba vacía? ¿Por qué no les recordaba? Intentaba recordar pero todo lo que le venía a la mente era "Noir" "Noir" "Noir".
Volvió a la habitación de sus padres y abrió todos los armarios y cajones. No había ropa, no había nada excepto dos futones que estaban en el armario. Esto no la ayudaba. Volvió corriendo a su habitación e hizo lo mismo que con la habitación de sus padres. Quizás si encontraba algo que significara algo para ella, recordaría. Abrió el armario de la ropa y no había nada sospechoso, por lo menos había ropa; abrió y vació encima de su cama, que aún estaba deshecha, el contenido de todos los cajones. Un paraguas, papeles, cuadernos del colegio, cartas del banco y demás facturas, trapos, una corbata, un collar...
Suspiró. Nada era relevante. La situación empezaba a abrumarla y estaba asustada.
Se dio cuenta de que no había abierto un último cajón que estaba en el otro extremo de la habitación. Se dirigió hacia él sin ninguna esperanza de encontrar algo pero cruzando los dedos, por si acaso. Lo abrió despacio. Al ver el contenido de éste, retrocedió un paso y volvió a sentir un escalofrío y a su corazón latiendo con fuerza. Sus ojos se abrieron hasta no poder más y se tapó la boca con la mano. ¿Qué era aquello? ¿Qué significaba?
"Noir"
Metió la mano en el cajón y sacó de él una pistola. "Una Beretta 34" se sorprendió pensando. Había balas también en el cajón. Las miró vacilante. ¿Por qué en su habitación...? Después de unos momentos de vacilación, cogió la caja que contenía las balas y la puso encima del escritorio, que ya había despejado de papeles, junto con el arma. Se sentó en la silla y se puso a mirarlos. Seguía sin comprender... ¿quién era? ¿Por qué estaba aquel arma en su habitación? ¿Quién era?
"Noir"
Apretó los dientes al volver a escuchar esa palabra. Cuando se quiso dar cuenta, el arma estaba desarmado enfrente de ella y las piezas estaban colocadas según el orden de montaje. Se sorprendió así misma. No comprendía porqué sabía hacer eso. En silencio, limpió el arma con un trapo y volvió a montarla. Frunció el ceño. No sabía si debía pero... cogió unas cuantas balas y cargó el arma. Sus movimientos eran ágiles, como si lo hubiera estado haciendo desde una edad muy temprana. Kirika miró el arma con desagrado y pavor. No sabía qué hacer, pero sabía que necesitaba respuestas.
Kirika caminaba sin rumbo fijo, con las manos metidas en los bolsillos, por las calles de su ciudad. Sabía que era Lunes y que debía asistir a la escuela, pero no sabía a cuál ni sabía dónde estaba, así que salió con ropa de diario en vez de con el uniforme. Esperaba encontrar a alguien que la reconociese y la guiara, esperaba que alguien gritara su nombre por la calle. Nadie la llamó. Kirika se sentó en el banco de un parque y se puso a contemplar los árboles y la gente pasar, mirando de vez en cuando su carnet de identidad.
Se levantó al cabo de unas horas y siguió paseando. Vio una escuela. Por primera vez en dos días su cabeza reacionó. No era que lo reconociera ni que tuviera recuerdos de haber estado allí, pero sentía algo... como si...
-¡Kirika!
Kirika se dio la vuelta deseosa de saber quién la llamaba por su nombre. Era una chica, de su edad, con el pelo recogido en una coleta. Corría sonriendo hacia ella.
-¿Qué te ha pasado hoy? Las clases han acabado hace dos horas. - la muchacha seguía sonriéndola. Kirika no la conocía... Hacía esfuerzos por recordar pero no había nada. - Mañana vendrás, ¿no? Hay dibujo a primera hora, con el profesor nuevo – la guiñó un ojo- que no se te olvide, ¡aula D24!
Y se marchó tan deprisa como había ido, no dando tiempo a Kirika a hacerla preguntas. Kirika ladeó la cabeza. Por lo menos alguien la conocía... por lo menos sabía dónde tenía que estar al día siguiente.
Al día siguiente, Kirika asistió a la clase de dibujo que la había dicho la chica del día anterior. No sabía qué hacer. La resultaba extraño toda aquella situación y no sabía cómo encajarían los demás el hecho de que no había ningún recuerdo de tres días para atrás, sería muy raro preguntar cosas que se supone que conocías de antemano a personas que, en realidad no conoces. Era un puzzle cruelmente enrevesado.
Kirika respiró hondo y abrió la puerta del aula. De repente todo el mundo se calló y miraba hacia la puerta, donde estaba ella. La gente emitió un largo suspiro y retomaron sus conversaciones. Kirika vio a la chica de ayer que la hacía señas con una mano para que se sentase en la mesa de al lado.
- ¿Qué te ha pasado? - empezó a decir cuando hubo tomado asiento. -Al final has llegado tarde. Aunque no importa, el profesor no llega tampoco.
Kirika iba a preguntarla porqué tanto interés por aquel profesor (también quería preguntarla su nombre, pero la daba miedo que se enfadase) cuando escuchó una voz que hablaba con hastío.
-Ese hombre es un descuidado. Se pudo ver el día que el director lo presentó. No se había peinado correctamente, ¿lo visteis? Y también llegó taaaarde. - Kirika se dio la vuelta y vio a una muchacha con el pelo corto con la cabeza apoyada en el pupitre. Entonces, la chica levantó la cabeza para ver a Kirika. -Ah, hola Kirika. Ayer faltaste, ¿pasó algo?
-Es por lo del traslado de sus padres a América, Yumiko. Debe de estar muy liada, ¿a que sí?
No le dio tiempo a responder. En ese instante, un hombre alto, con lentes y de unos treinta años entró en el aula. Llevaba unas carpetas debajo del brazo. El contenido de esas carpetas se esparció por el suelo antes de que llegara a la mesa.
-Uh, mira, Kazumi,aquí está tu querido profesor – dijo Yumiko con retintín.
-¡Calla!
El profesor lo recogió todo rápidamente, miró a la clase, hizo una reverencia y se presentó (aparentemente por segunda vez).
Entonces, el profesor Sano dio comienzo a la clase pero Kirika no prestó mucha atención. Al parecer, sus amigas se llamaban Kazumi y Yumiko y, al parecer, sus padres se acaban de ir a América. ¿Por qué se habían ido? ¿Por qué la habían dejado sola? ¿Por qué...?
"Noir"
Kirika se sobresaltó cuando el timbre sonó indicando que la clasa había concluido. Kazumi y Yumiko se levantaron. Kirika las siguió hasta su siguiente clase donde tampoco salió de su ensimismamiento. Eran demasiadas preguntas sin contestar, demasiadas incógnitas que la abrumaban.
En la siguiente clase, literatura, se dio cuenta de que no sabía nada. Los nombres de los escritores y sus obras no tenían ningún significado para ella. Kazumi, por su parte, levantaba la mano en la mayoría de las preguntas y, cuando la tocaba responder, daba la respuesta correcta. Yumiko se quedaba dormida en medio de las clases. Debía ser algo habitual porque los profesores no se molestaban en llamar su atención.
A la hora del recreo salieron las tres juntas. Kirika las seguía porque no sabía hacia dónde más ir ni es que conociera a alguien más... No conocía ni a estas dos muchachas quienes se habían enfrascado en una intensa conversación de la fiesta del fin de semana pasado al que, por motivos familiares, al parecer, Kirika no había podido asistir. Kirika miraba hacia todas partes buscando algo familiar, cualquier cosa...
