Buscando una Cura
Disclaimer: Free! y sus personajes son propiedad de Koji Oji, Kyoto Animation y Animation Do. Está historia está escrita sin fines de lucro, y sólo busca entretener a quién quiera leerla.
Buenas, vengo a dejar una nueva historia para esté fandom.
Este es mi regalo de navidad para Himiko-chan Hirisashi; en otro de mis fics (el cual está abandonado -_-) me habías pedido Nagimomo, pues bueno aquí está y espero que te guste. También es para agradecerte el apoyo que me has dado desde que empecé en Fanfiction, y animarte por los problemillas que has comentado en tus fics. ¡Feliz Navidad!
Igualmente espero que quien lo lea, lo disfrute y quieran seguir leyendo, ya que será un two- shot con muchas probabilidades de extenderse.
Advertencias: Nagimomo. Shipeo hetero ReiGou (me siento sucia pero era necesario). Mención de SouRin y MakoTori.
Ahora ¡a lo que vinimos!
Buscando una Cura.
Primera Parte.
Amar a alguien que no te ama, duele.
Amar a alguien que no te ama y fingir que todo es una simple amistad, es como andar una daga clavada en el corazón permanentemente.
Nagisa lo sabía bien.
Amar a alguien que no te ama, duele.
Amar a alguien que no te ama y ni siquiera parece saber de ti, es cómo andar una daga clavada en el corazón permanentemente.
Momotarou lo sabía bien.
Amar a alguien que ama a otra persona, una persona que alguien más ama y no le ama de vuelta, una persona con quien se tiene una amistad, eso es lo peor que puede sucederle a alguien.
Nagisa y Momotarou lo sabían bien.
Todo había comenzado un día, un día cualquiera de diciembre donde el frio quería llegar hasta las partes intangibles de las personas y congelarlo todo desde allí. Ese día el equipo de natación de Iwatobi y Samezuka estaba en una de las prácticas conjuntas que solían tener. Estaban en el descanso y conversaban sobre los resultados del entrenamiento.
—Mako-chan ¿dónde está Rei-chan?— pregunto el rubio, mirando hacia todos lados. El de lentes había desaparecido casi en el momento en que empezó el descanso.
—No lo sé, ahora que lo dices tampoco veo a Gou— respondió el capitán.
Entonces un alboroto desde una de las entradas a la piscina techada, la que conectaba con los vestuarios, se produjo. Todos los presentes se voltearon ante el ruido de pisadas rápidas y gritos, maldiciones mejor dicho, que cada vez se acercaban más.
—REI, ¡¿Qué demonios es esto?! Explícate desgraciado— se escuchó la voz de Rin gritar, mientras aparecían los tres participes de la pelea: Rei, Rin y Gou, la cual llevaba a empujones a su hermano.
—Rin-san, esto… yo… juró que no le haré nada malo a Gou— se disculpó el peli azulado, haciendo una profunda reverencia.
—Nii-chan, ya basta, yo soy una persona independiente y sé lo que hago, así que si quiero salir con Rei es asunto mío— recriminó la pelirroja, tomando de la mano al chico que aún estaba inclinado— No tienes que meterte en mi vida, yo no dije nada cuando empezaste a salir con Sousuke.
Todos los espectadores se quedaron helados al escuchar el pleito entre ambos hermanos, los; chicos de Samezuka no se creían que su capitán estuviera saliendo con Yamazaki, o mejor dicho no se creían que pensara que no lo sabían, y los de Iwatobi se sorprendieron por la relación entre Rei y Gou, bueno al menos Haruka y Makoto lo hicieron porque lo que sintió Nagisa fue algo muy distinto.
El rubio había estado enamorado del peli azulado desde que empezó a tratar de hacerlo integrarse al club, y si bien entendía que Rei no lo veía de la misma forma, a veces creía que tal vez podría lograr que el de lentes se enamorara de él. Pero todo se había acabado justo en ese momento; en ese instante, viendo a la pelirroja tomarle de la mano y a Rei tratando de disculparse con Rin, supo que su corazón se había roto, que sus esperanzas se habían detenido de golpe, y entendió que tendría que empezar a vivir con la herida abriéndose cada vez más, porque seguiría amando a Rei mientras el otro quería a la manager, y tendría que fingir que todo estaba igual que siempre para no delatarse.
–Miren chicos, seré cómo Haru-chan— chilló alegremente, tirando la toalla y lanzándose al agua rápidamente como solía hacer el azabache.
En el agua nadie podría saber que estaba llorando, en el agua sus lágrimas se perdían.
Y así había sucedido, justo como el rubio pensó. Fingió que todo estaba bien, al fin y al cabo ya estaba acostumbrado, se quedó junto a Rei sabiendo que nunca podría tenerlo, se mantuvo viendo como la relación entre el chico que quería y la manager del equipo se desenvolvía cada vez más, y cada vez más sentía que moriría de tristeza.
El día de noche buena, todos acordaron celebrar una reunión en casa de Haruka. A Nagisa no le apetecía pasarse toda la noche viendo a Rei y Gou compartir su comida, como pasaban tomados de la mano todo el tiempo, o como Rin les lanzaba gruñidos cada vez que se ponían demasiado acaramelados, pero nuevamente no pudo escapar porque sería demasiado extraño que el alegre y entretenido Nagisa rechazara una invitación.
Los invitados eran ellos, y Rin, Sousuke, Nitori y Momo, quienes ya estaban llegando. Los dos primeros entraron tomados de la mano, ya no preocupados de esconder una relación que nunca fue secreta, Nitori fue directamente hacia Makoto con quien estaba empezando a conocerse, y Momo… él se veía aún peor que el rubio.
Era inevitable darse cuenta que había sido arrastrado a la fiesta ya que venía empujado por las manos entrelazadas de los sempai, y apenas lo soltaron se fue a el lugar más solitario que encontró, se sentó y escondió la cara con brazos y rodillas. Nadie dijo nada porque sabían que el peli naranja estaba deprimido por perder a Gou (aun cuando esta seguía llamándolo Kintarou de vez en cuando) pero exactamente porque creían que se trataba sólo de un capricho, nadie hacia amago de comprenderlo.
Nagisa le comprendía, sabía que Momo-chan se había enamorado de Gou así como él lo había hecho de Rei, rápidamente y sin motivos, sin pensarlo mucho, sólo sintiéndolo. Y sintió lástima porque él no era el único que sufría con esa relación, pero no podía ir a consolar al chico, no cuando lo único que quería hacer era llorar hasta morir.
La velada fue pasando, y conforme pasaba el tiempo, más difícil se le hacía a Nagisa fingir que todo estaba bien. Ya no podía sonreír como siempre lo hacía, ya no podía cantar y bailar como lo hacía tan sólo unos segundos atrás, ya no podía fingir que no escuchaba los suaves sollozos de Momo que todos se esforzaban por ahogar con más ruido. Y sobre todo ya no podía aguatar ver como las parejitas que se formaban se daban amor en esa época tan especial, no quería seguir viendo como Gou y Rei se daban besitos discretos y recatados en las mejillas.
Entonces estalló, metafóricamente, y cuando todos estaban reunidos en la salita hablando de cosas triviales, salió corriendo hacia la puerta, dejando a todos boquiabiertos por la cara de pena que les mostró antes de desaparecer.
Haruka y Makoto, conscientes de la situación en la que se encontraba Nagisa, inventaron una excusa poco creíble, algo relacionado con la facilidad con que al rubio se le suben las copas, aun cuando sólo habían tomado ponche con muy poco licor, pero todos fingieron creerlo porque si no lo hacían empezarían a indagar en los motivos del pequeño y comenzarían a acomodar las piezas del rompecabezas que los llevaría a sentirse impotentes por no poder hacer nada por el rubio.
Hazuki, corriendo gradas arriba, llegó al mirador en el que había intentado vivir cuando escapó de casa y lo único que hizo fue hacerse bolita contra la barandilla. Pronto las lágrimas que había estado conteniendo con fuerza, corrieron libres por su rostro, los gemidos que había ahogado desde que su corazón se destrozó, gorgotearon fuera de su sistema, subiendo por su garganta y materializándose en el silencio de la noche. Nagisa era fuerte, pero se había quebrado.
Entonces, entre sus sollozos entrecortados, escuchó pasos, unos pasos lentos y deslizantes que se acercaban a él. Creyó que sería Mako-chan ya que este tenía esa enorme necesidad de proteger a las personas, pero cuando un bulto cayó a su lado haciéndose bolita también y sin darle la cara, sólo mostrando esa particular cabellera naranja, entendió que ellos dos estaban solos en su dolor, que nadie los ayudaría y los únicos que podrían hacer algo para dejar de sufrir eran ellos dos, solos o juntos.
—Momo-chan.
Dijo Nagisa en un susurro, extendiendo una mano para buscar la de Momotarou. El peli naranja, sintiendo el movimiento, pero sobre todo siguiendo sus instintos, extendió la mano para que pudiera ser tomada y envuelta. Ambos, sin cambiar mucho la postura, se acercaron arrastrándose hasta el otro, acurrucándose.
—Nagisacchi… duele mucho— gimoteó el pequeño peli naranja— quiero olvidarme de todo.
—Dime cómo— susurró el rubiecito, acercándose un poco más al menor, casi por inercia.
Momotarou levantó, por fin, la cara de su escondite, haciendo que fucsia y dorado chocaran y Nagisa pudo ver la indecisión en los ojos del otro, las ideas que allí se ocultaban pero que no eran expresadas por temor.
—Dímelo, Momo-chan.
El peli naranja se sonrojó, sin aviso previo o explicación, y ocultó nuevamente su rostro entre el hueco que formaban sus rodillas y su brazo. Pero, aunque Nagisa pensó que no diría nada, la respuesta salió amortiguada por la barrera que se había puesto la nutria.
—Quiero…hacerlo.
Las mejillas del rubio se colorearon ante la petición del peli naranja, aún más porque pensaba que Momo-chan estaba obsesionado con las chicas.
—¿No te gustan sólo las chicas?— preguntó, no resistiendo la duda.
—No— murmuró— quiero hacerlo Nagisacchi.
El rubio estaba casi seguro que era mala idea, bueno quizás, no, en realidad no. Él también quería olvidar a Rei, él también quería sentirse querido por alguien aunque fuera falso, él también quería hacerlo.
—Está bien, hagámoslo— aceptó sonando más alegre de lo que se había sentido en los últimos días.
Ambos impulsados por unas energías que habían estado ocultas antes, se levantaron de un tirón, y sabiendo que estaban solos se lanzaron como depredadores a la boca del contrario. Inmediatamente las lenguas empezaron a enredarse la una con la otra, a pesar de la poca experiencia, los labios rozándose con ahínco, los dientes pasando lentamente por sobre la piel suave y sensible. Y ahí no se detuvo todo.
Tomando aire, sin apenas separarse, las manos empezaron a recorrer el cuerpo contrario, tocando, sintiendo partes de sus cuerpos que nunca antes habían sido tocadas por otra persona. Entonces las manos de ambos, sincronizadas en un juego que parecía querer demostrar la desconexión que habían hecho entre sus mentes y la realidad, llegaron por debajo de las camisas a los pezones. Un escalofrío los recorrió al mismo tiempo, y se separaron por completo, porque si no lo hacían sabían que iban a continuar, allí en pleno mirador, donde cualquiera podía verlos.
Con las respiraciones agitadas, y las caras rojas, Nagisa y Momo se miraron detenidamente, entonces sonrieron, juntando sus labios una vez más, con lentitud, con el dolor que ambos tenían guardados en sus corazones, desbordándose en forma de deseo. Al separarse, el rubio buscó alrededor, y aunque no era el lugar más hermoso para una primera vez, el baño público era lo único que podían usar. Pero daba igual, ellos no querían tener una mágica primera vez, ellos lo que buscaban era olvidar su sufrimiento en la carne del otro.
— Vamos, Momo-chan.
Espero les haya gustado, realmente no creo que pueda dejar esto en un two-shot, ya que tengo muchas ideas para continuar un poco más, pero no quiero ilusionarlos y después no seguir.
Les agradezco de antemano el apoyo que me quieran brindar, acepto de todo desde críticas hasta halagos, no se contengan je, je. Ah y recuerden que para el próximo capítulo se viene el lemmon zukulento ja, ja, ja, ja.
¡Nos leemos y feliz navidad!
