Hola, tanto para los que me conocen como los que no ¿Cómo están? Aqui les traigo un pequeño invento que hice en un evento en otro foro y éste, a diferencia de mis historias anteriores, será mucho más corta, contando con tan sólo tres capítulos.

Espero les guste.


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Capítulo I: El comienzo.

Un día más, tan solo un día más era lo que tenía que soportar con aquella endemoniada cadena de plata oculta bajo los tablones de madera que conformaban el piso de su vieja cabaña, solo un día más y podría deshacerse de esa cosa, conseguiría el dinero que le habían prometido por aquel objeto y con el finalmente podría darle a su hija la vida que tanto se merecía lejos de el y de aquel poblado que solo la retenía y que le impedía crecer tanto como quería y podía.

— Solo veinticuatro horas más y todo habrá acabado —Murmuro para si mismo el viejo y retirado lobo de mar, mientras sentado a la mesa le daba un bocado al exquisito caldo que su dulce y adorada hija había preparado para él esa mañana.

— Por dios santo papá, ya esta comenzando a preocuparme —Se quejo la joven de largo y alborotado cabello castaño claro y expresivos ojos de color azul zafiro, que se encontraba sentada frente a él leyendo uno de esos grandes libros de aventuras que tanto le gustaban— desde que volviste de esa incursión en el bosque hace unos días, estas siempre distraído y no dejas de murmurar cosas cada hora del día que pasa ¿Podrías decirme qué es lo que te pasa?

— No es nada Aoko —Trato de tranquilizar a la joven sin mucho éxito. Nunca se le había dado muy bien el mentirle a ella de entre todas las personas y con lo inteligente y perceptiva que se había vuelto su hija con los años, cada vez se le hacía más difícil hacerlo, pero aun así lo seguiría haciendo si era necesario ya que aunque ella no lo supiera, todo lo que hacía era únicamente por su bien— solo estoy cansado eso es todo.

— Aja —Asintió la joven, fingiendo que se había tragado aquella pobre mentira para no hacer sentir mal o preocupar aun más a su padre, pues era obvio que no había dormido bien desde que había regresado de aquella endemoniada incursión y ese algo que lo hacia pasar las noches en vela, debía de ser muy importante o peligroso para causar semejante efecto en un hombre como lo era su padre, quien como viejo lobo de mar, había visto cosas en el océano que muchos soñarían y que otros tantos ni siquiera alcanzarían a imaginar en su vida.

Con un suspiro cargado de resignación, la joven cerro aquel grueso libro que hasta hace poco leía, se levanto de la mesa y fue a lavar su plato bajo la atenta mirada de su padre. Una vez termino, tomo una pequeña cesta de hoja de palma, que ella misma había entretejido hace unos días y guardo el libro en ella junto a un par más que había dejado allí con anterioridad y se dispuso a salir hacía el pueblo como lo hacía todas la mañanas.

— ¿Vas a la librería otra vez? —Musito divertido Ginzo, tomando una hogaza de pan que su hija le había dejado en una cesta sobre la mesa— No se como haces para leerte tan rápido esos libros hija.

— ¿Y qué quieres que haga si no puedo evitarlo? Sabes que me encantan los libros —Musito acercándose a él con una gran sonrisa dibujada en sus labios, deposito un beso en su frente como acostumbraba a hacer desde que era una niña, le dio la espalda y se dispuso a salir finalmente de su casa— Volveré a la hora de la cena papá. Te deje algo comida en la alacena.

— Estaba bien hija, cuídate mucho —Respondió observando como aquella misma pequeña que solía buscarlo en las noches porque tenía miedo de dormir sola, se había convertido en toda una hermosa mujer que no solo era capaz de valerse por si misma, sino que a diferencia de la mayoría de las jovencitas en el pueblo ella quería en su vida mucho más que casarse y dedicarse al hogar. Ella quería crecer y él como su padre, tenía el deber de ayudarla a lograr sus sueños, así eso significase perder su propia vida en el proceso— Solo un poco más hija, tan solo espera un poco más.

Ignorante de lo que pasaba por la mente de su padre, Aoko se encamino alegremente hacía el pueblo deseosa de poder encontrar algún nuevo y emocionante libro, que entre sus paginas la hiciera vivir aquellas maravillosas historias de aventuras y fantasía que tanto le encantaban y que la transportaban hacia fantásticos mundos donde caballeros y dragones combatían a muerte, delicadas doncellas aguardaban a ser rescatadas por aquellos valientes y valerosos hombres que al final se adueñarían de sus corazones, donde maquiavélicas y horribles brujas causaban desgracias o hechizaban al héroe, arrojándolo con ello a una intrincada travesía que lo haría afrontar sus miedos y superarse a sí mismo hasta deshacer aquella maldición que lo afligía. Si, esas mismas historias que jamás viviría y que solo en sueños presenciaría.

Era tal su ensimismamiento, que no se percató de cómo a lo lejos un hombre alto, de tez trigueña, corto cabello castaño oscuro y ojos de color canela; la observaba fijamente con insano deseo, hasta que tras doblar en una esquina salió de su campo visual y aunque fácilmente aquel hombre podría haberla seguido, tan solo se limitó a sonreír maliciosamente desde las sombras de su precario escondite, para luego darle una gran mordida a la roja manzana que sostenía en su mano.

— Jefe, sé que no es de mi incumbencia, pero ¿Por qué no simplemente va tras esa chica, en lugar de observarla pasar por aquí todos los días? —Pregunto con cautela un segundo hombre de unos cincuenta años, tez morena, corto cabello platinado y ojos color café— Esto no es propio del mejor cazador de la región.

— Porque si fuera tan fácil Darius, no estaría tan interesado en ella —Replico el joven cazador golpeando en el estomago en su compañero— Esa mujer, no es como las demás, ella es fuerte e inteligente y tiene unos ojos que parecieran poder desnudar tu alma con tan solo una mirada — Agrego dándole un mordisco más a su manzana— es un trofeo digno de un hombre como yo. Solo lo mejor para el mejor, ni más ni menos Darius. No te haría mal el recordarlo.

— Como… Como digas… Lucas —Dijo a duras penas tratando recuperar el aliento ante la mirada divertida de su compañero— ¿Y qué harás para obtenerla?

— Paciencia mi querido amigo —Musito terminando de devorar aquella manzana de un bocado— un buen cazador sabe esperar hasta que llegue el momento justo antes de dispararle a su presa. Si me apresuro se escapara, pero si espero la tendré sobre mi chimenea al caer la tarde.

— Me temo que no comprendo —Admitió Darius sin ánimos de seguirle el juego a su compañero y menos aun después de haberle sacado casi todo el aire con aquel golpe.

— Si quiero casarme con ella, tengo que asegurarme que no tenga más opción que hacerlo —Darius tan solo enarco una ceja instándolo a continuar, no estaba en la labor de querer pensar por ahora— Ella quiere irse a "estudiar" o algo así a la capital, pero no tiene el dinero para hacerlo y si lo tuviera no sería capaz de abandonar a su querido padre. Así que si quiero que sea mía, tengo que ganarme al viejo primero, pero ese viejo lobo de mar me odia hasta en los huesos.

— Entonces solo debemos encargarnos del viejo Ginzo primero ¿Verdad? —Completo sonriendo con malicia ante la mirada cargada de complicidad de su compañero.

— Exacto —Asintió dándole una fuerte palmada en la espalda a aquel viejo zorro de Darius— Reúne a los demás, vayan a la casa del viejo antes de que el sol se ponga y denle una paliza que recuerde toda su vida.


— En la librería del pueblo —

Como siempre que iba a la librería, las horas para ella pasaron una tras otra sin que se diera cuenta de ello mientras hablaba animadamente con uno de los socios del propietario de la librería, un joven que solía ir una vez al mes al pueblo con un nuevo cargamento de libros que la joven disfrutaba como nadie. El nombre de aquel joven era Shinichi Kudo y aunque no solía verlo a menudo, una solida amistad había surgido entre ellos incentivada por su pasión por los libros, la cual había crecido con el paso de los años hasta llegar al punto donde uno se había vuelto el confidente del otro; siendo Aoko la encargada de aconsejar al afligido Shinichi que no sabía como sincerarse con una chica de su edad llamada Ran, la cual según él se había adueñado de su corazón antes de que siquiera se hubiera dado cuenta y que era la responsable de ahora pasara las noches en vela, anduviera distraído por las calles y que cada dos por tres suspirara como un tonto enamorado.

— Y así fue como termine quemando la cocina… De nuevo —Confeso el joven terminando de relatarle a su amiga su último intento por impresionar a la mujer que le había robado el sueño— sospecho que cocinar no fue una buena idea ¿Verdad?

— Para empezar me sorprende que lo hayas intentado otra vez —Dijo en un suspiro recordando el horrible final que había tenido aquel horno de leña que estaba fuera de su casa— yo aun no supero lo del horno, no sé como simplemente ardió si ni siquiera estaba encendido… Mi padre quedo traumado por eso ¿Sabes? Cada vez que pasa y ve lo que quedo de el, murmura con la mirada perdida en el horizonte "¿Cómo?", se sienta sobre el banco de madera y se queda allí durante horas, pensando según él.

— Ya, ya. No fue para tanto —Se quejo molesto el joven de corto cabello color caoba, dejando escapar un sonoro resoplido— Aunque últimamente Ran hace lo mismo que tu padre cuando pasa junto a la vieja cocina —Reconoció decaído, recibiendo un par de palmaditas conciliadoras en la espalda por parte su amiga— Quizás debería rendirme.

Aoko quiso darle ánimos a su amigo y motivarlo para que no desistiera todavía, pero justo cuando estaba a punto de abrir la boca, un repentino escalofrió recorrió toda su espalda a la vez que un mal presentimiento se adueñaba de todo cuerpo haciéndola temblar levemente de miedo y saltar por inercia del banquito en el que se encontraba sentada hacia el suelo, bajo la mirada sorprendida de Shinichi y del propietario de la librería.

— Lo siento Shinichi, acabo de recordar que debo ir a prepararle la cena a mi padre —Dijo tomando sus cosas y corriendo hacia la puerta de la pequeña librería— Nos vemos luego.

Y así, sin esperar respuesta por parte del joven salió corriendo a toda prisa rumbo a su casa, sintiendo como aquel mal presentimiento se hacía cada vez más y más fuerte, haciéndola temer por su padre que se encontraba solo en casa y aunque no sabía exactamente por qué, algo en su interior le decía que debía llegar a su hogar antes de que el sol se terminara de poner en el horizonte o sino, terminaría arrepintiéndose por el resto de su vida.

Motivada por el miedo, Aoko corrió con todas sus fuerzas como si no hubiera un mañana zigzagueando entre la gente ágilmente hasta lograr salir del centro del pueblo y llegar al pequeño sendero que llevaba hacia la pequeña cabaña en la que ella y su padre vivían desde que tenía uso de razón, la cual se encontraba en una pequeña colina cerca de los limites del pueblo con el oscuro y tenebroso bosque, que desde que era tan solo una niña siempre le había causado temor, a la vez que de alguna inexplicable forma la traía.

Cuando ya se encontraba a escasos diez metros de su casa, un potente y gutural rugido proveniente desde el interior de la casa junto con el desgarrador grito de varios hombres, llego a sus oídos helándole la sangre e incitándola a apresurar la marcha temiendo lo peor. Al llegar simplemente enmudeció al ver como tres hombres yacían cercenados en el piso destrozado y astillado, a los pies de una enorme y aterradora bestia de negro y alborotado pelaje, tan grande como la cabaña misma, de intensos y aterradores ojos rasgados de color azul profundo, con enormes fauces repletas de imponentes y filosos colmillos manchados de sangre y con restos de carne; la cual justo en el momento en el que ella llego, le acertó un zarpazo a uno de los hombres que inútilmente intentaban defenderse de su furiosa arremetida.

Aterrado, el último hombre que quedaba en pie corrió por su vida, empujando a Aoko al salir de la casa, en cuanto la monstruosa criatura centro su atención en el magullado Ginzo Nakamori, quien aferrándose a una cadena plata, se había arrastrado hasta una de las esquinas de la casa en un vano intento de resguardarse de la furia asesina de aquella bestia, que ahora observaba fijamente la cadena que tenía en sus manos.

Con un gutural rugido que hizo temblar toda la estructura, la monstruosa criatura se abalanzo sobre el pobre Ginzo, quien resignado a morir entre las fauces de aquel monstruo, lo observo directo a los ojos y aguardo a su inminente muerte como todo un hombre, con la cabeza siempre en alto y sin arrepentirse de sus acciones hasta el final.

— ¡No lo mates! —De repente el desgarrador grito de Aoko detuvo en seco al monstruoso ser, que solo alcanzo a presenciar con asombro como la joven se interponía entre él y su presa justo en el último segundo, protegiendo a aquel hombre con su delicado cuerpo y encarándolo con una fiereza en la mirada impropia para el miedo que sentía y que él claramente percibía.

— ¡Hazte a un lado mujer! —Rugió caminando de un lado a otro sobre sus patas traseras furioso e inquieto ante la osadía de esa mujer— Esto no tiene nada que ver contigo… ¡Lárgate!

— ¡Es mi padre! ¡Claro que tiene que ver conmigo! —Replico manteniéndose firme a pesar de que no podía dejar de temblar de miedo ante la presencia de la imponente criatura, que bufaba y resoplaba sin cesar claramente alterada.

— ¡Silencio! —Rugió destrozando lo que quedaba del piso de madera de un fuerte golpe—¡Ese hombre me ha robado y debe pagar por su crimen con su vida! —Gruño señalando a Ginzo con una de sus garras, dispuesto a abalanzarse sobre el aterrado hombre que inútilmente trataba de detener a su hija de cometer una locura.

— ¡Te daré la mía! —Grito desesperada al prever como aquel monstruo planeaba hacerla a un lado para matar a su padre— Te daré mi vida, si perdonas la de mi padre.

— ¿Qué haz dicho mujer? —Gruño la bestia acercándose a ella hasta que sus fauces estuvieron a solo milímetros del rostro de la aterrada joven, que de alguna extraña manera aun se mantenía firme ante él— ¿Renunciarías a tú vida por la de éste vulgar y sucio ladrón?

— Lo haría sin dudarlo, porque es mi padre y lo amo —Dijo con sinceridad la joven tratando de retener las lágrimas que pugnaban por salir de sus cristalinos ojos azules— Es todo lo que tengo en este mundo y no soportaría el perderlo a él también… Así que por favor, toma mi vida y persona la suya.

— Hecho —Respondió la criatura abriendo peligrosamente sus fauces sobre la joven, quien cerró los ojos esperando su muerte, pero en lugar de eso, sintió como algo tiraba de su ropa por detrás alzándola por los aires; al abrir los ojos Aoko pudo ver como aquella criatura la había alzado por el vestido con sus fauces, levantándola al igual que un costal de harina, a la vez que alargaba uno de sus brazos y sin sutileza alguna le arrancaba su padre aquella cadena de plata de sus manos, para luego dejarlo tirado en el piso inconsciente de un golpe— A partir de ahora mujer, tu vida me pertenece.

Y así, dejando escapar un aterrador gruñido, la monstruosa criatura salió de su cabaña y del pueblo, internándose en las sombras de aquel tenebroso y frio bosque, a la vez que uno a uno del cielo caían pequeños copos de de nieve, anunciando la llegada del invierno y de lo que sería seguramente una noche nevada. Una a una las lágrimas de la joven resbalaron por sus mejillas, secándose antes de llegar al suelo debido a frio aire que golpeaba su rostro ante la vertiginosa velocidad de aquella criatura, que ágilmente zigzagueaba entre los árboles y sin temor alguno saltaba hacia un enorme lago y nadando diestramente hacia la otra orilla, casi ahogándola en el proceso, para luego retomar su carrera sin importarle que su carga se estuviera temblando del frio. Finalmente al cabo de unos minutos llegaron a un imponente y tenebroso castillo oculto en las profundidades de aquel enorme bosque.

Las enormes rejas de la entrada se abrieron por si solas, como por arte de magia, ante la llegada de la criatura, cerrándose inmediatamente tras de esta emitiendo un estridente chirrido que le produjo un escalofrió a la ya aterrada y medio congelada joven, que simplemente observo el largo puente de roca que cruzaron antes de ingresar finalmente al castillo. Una vez dentro de la recepción del mismo, su captor la dejo caer sin sutileza alguna sobre el suelo frente a un grupo de personas, que por sus atuendos parecían ser los sirvientes del castillo.

— Mujer, a partir de ahora estas cuatro paredes serán tu hogar y tu prisión —Gruño mirándola fijamente a los ojos con tanta ferocidad que acallo cualquier comentario que pudiera haber hecho, pues todo su valor se fue a la basura en el momento en el que abandono a su padre— tienes prohibido ir al ala norte del castillo y salir de los terrenos del castillo. Tu vida me pertenece, si tratas de escapar, te matare y si me traicionas te matare ¿Quedo claro?

Incapaz de hablar a causa del frio que calaba todo su cuerpo, Aoko se limitó a asentir temblando violentamente sin poder evitarlo, con el rostro pálido y con los labios comenzando a tornárseles de color azulado.

— ¡Respóndeme mujer! —Rugió furioso, alzándose sobre sus patas traseras amenazadoramente.

— ¡Ya ha dicho que si maldición! —Grito una voz a sus espaldas, a la vez que una gran llamarada rodeaba a la iracunda bestia deteniendo su avance y aunque para la criatura no supuso ningún problema saltar por encima de las llamas, aquello por lo menos le dio suficiente tiempo al responsable para llegar junto a la joven e interponerse entre ella y la bestia— ¡Con un demonio Kaito! ¿Acaso no ves que Aoko esta temblando de frio?

De todas las personas que pudieran haber aparecido en ese momento, que fuera precisamente Shinichi el que lo había hecho, era sin duda alguna insólito e increíble para Aoko, quien simplemente se dejo abrazar por aquel al que consideraba su amigo, buscando consuelo y protección de aquella criatura que seguía fulminándola con la mirada a la vez que rugía una vez más amenazadoramente. Tenía tanto miedo, que poco le importo el hecho de que Shinichi no solo conociera a aquel monstruo, ni mucho menos que estuviera hablando con él de la misma manera en que lo hacía con ella.

— No sé qué diablos sucedió o por qué trajiste a Aoko al castillo Kaito —Continuo Shinichi encarando a la criatura sin titubear— solo sé que a este paso le dará hipotermia y créeme que no me apetece ver a mi amiga morir de esa forma.

— ¿La conoces? —Gruño la criatura observando fijamente a los ojos a Shinichi, quien le sostuvo la mirada impasible, a la vez que asentía con firmeza— Entonces encárgate de ella —Sentencio dándole la espalda— no necesito sirvientes inútiles en mi castillo y Shinichi…

— ¿Qué? —Contesto tentando a su suerte y lo sabía.

— Si vuelves a retarme de esa manera —Dijo con voz pausada, pero severa— voy a arrancarte la cabeza ¿Quedo claro?

— Tan claro como el agua —Sonrió con autosuficiencia, recibiendo un bufido por parte de aquel que era su señor y su amigo desde hace muchos años atrás. Luego tornándose serio, cargo a la debilitada Aoko entre sus brazos y corrió escaleras arriba hacía lo que serían los nuevos aposentos de la chica— ¡Ran, Akako vengan conmigo! —Urgió siendo seguido de cerca por las dos mujeres— ¡Tenemos que hacer que entre en calor rápido!

Limitándose a asentir, las dos mujeres entraron a la habitación tras Shinichi y sin perder tiempo comenzaron a desvestirla, mientras Shinichi se encarga de llenar la bañera del baño y de calentar el agua haciendo uso de sus llamas. Una vez todo estuvo listo, se tapo los ojos y salió de la habitación mientras Akako y Ran se dedicaban a bañar a la pobre Aoko, que no podía dejar de temblar a causa del frio. Molesto por la poca sutileza de su amigo, el joven se dispuso a buscar ropa para Aoko, mientras les indicaba a otro par de sirvientas que arreglaran la habitación y que dispusieran un par de gruesos cobertores para que ella pudiera entrar en calor una vez saliera del baño, para después ir a la cocina y ordenarles a los cocineros que prepararan un buen caldo para ella.

Tras unos angustiosos minutos, Aoko finalmente se encontró acostada en su nueva cama, arropada hasta el con los cobertores que Shinichi le había conseguido y siendo vigilada por aquellas dos mujeres y por su amigo.

— Ha sido un día duro ¿No es así? —Le dijo dulcemente la chica que, por su largo y lacio cabello castaño, sus ojos azules y por la tensión que mostraba Shinichi junto a ella, Aoko rápidamente supo que se trataba de Ran— Sé que no has tenido una muy buena impresión de Kaito, pero te aseguro que no es tan malo como parece.

— ¿Kaito? ¿Quién es Kaito? —Inquirió confundida ante la divertida mirada de la mujer de largo y lacio cabello rojizo y ojos color carmín.

— Es la "adorable" bola de pelos que te trajo aquí querida —Musito divertida a la vez que comprobaba la temperatura de su nueva compañera.

— Si, puede que parezca malo, pero en realidad es un payaso —Bufo Shinichi recordando las bromas que Kaito solía jugarle en el pasado— O al menos lo era, antes de que aquello sucediera y cambiara todo.

— No lo sé, simplemente no puedo imaginármelo así —Confeso la joven aun temblando levemente— Como tan poco podía imaginarte a ti lanzando fuego y esas cosas Shinichi, aunque creo que eso explica lo del horno.

— ¡Podrías olvidar eso de una buena vez! —Bufo Shinichi haciendo reír a las tres chicas— ya se que soy un desastre en la cocina ¡No tienes porque recordármelo todo el tiempo!

— Es difícil olvidarlo —Dijeron las tres chicas al unisonó, riéndose al notar la extraña sincronía que tenían.

Mientras ellos bromeaban, en un intento por alegrar a Aoko, no muy lejos de allí una figura los observaba desde el interior de uno de los tantos pasadizos secretos que recorrían el castillo, siendo la joven de alborotados cabellos quien acaparara toda su atención, hasta que de repente ella volteo hacia donde se encontraba él y aunque bien sabía que no había manera de que pudiera verlo, simplemente se quedo inmóvil al sentir aquellos ojos color zafiro sobre él, esos mismos ojos que lo habían detenido en aquella acabaña sin razón aparente y que parecían estar grabados a fuego en su mente.

La bestia suspiro al percibir el rumbo que tomaban sus pensamientos y consciente de aquella ilusión no le traería nada bueno, dio media vuelta y con el mismo sigilo que había usado para llegar hasta allí, se marcho dejando al alegre grupo a solas. Su lugar no era ahí y lo sabía.


— Tres meses después —

No sabía que era más increíble, si el haberse acostumbrado ya a la frenética rutina de aquel castillo, así como a las exigencias de su caprichoso y malhumorado amo o el haber comenzado sentir cierto interés y curiosidad por aquella criatura que tenía gestos más humanos que muchas de las personas del pueblo en el que vivía con su padre. Tan solo tres meses en aquel castillo habían sido más que suficientes para darse cuenta de muchas cosas, que antes ignoraba, entre ellas que el mundo en el que vivía no era ni una tercera parte de cuanto existía realmente y que muchas veces lo que vemos ante nuestros ojos no es más que una ilusión creada por la idea que solemos hacernos sobre ciertas cosas y un claro ejemplo de ello eran el cocinero en jefe Saguru y el mismo Shinichi, quienes a pesar de ser tan serios y firmes todo el tiempo y los únicos con la agallas para encarar al malhumorado señor del castillo, bastaba con tan solo una mirada de Akako y de Ran para desarmar a esos. Aunque de todos Kaito había resultado ser la mayor sorpresa de todas, pues bastó solo un acontecimiento para hacerla ver que no se trataba simplemente de una sanguinaria bestia.

Aun podía recordar aquel fatídico encuentro con aquellos hombres de negro, que un día simplemente aparecieron en las puertas del castillo demandando que les dejaran entrar y vaya que tuvo que hacer un esfuerzo sobre humano, cuando aquel concentrado y nauseabundo olor a azufre que despedían de sus cuerpos llego a su nariz, mareándola y haciéndola sentir repentinamente sin fuerzas.

— ¡Vaya sorpresa! —Exclamó uno de ellos acercándose repentinamente a ella siseando cual serpiente, tomándola por el cuello justo antes de que cayera al suelo asqueada por su nauseabundo olor— No me esperaba ser recibido con tan grata sorpresa —Siseo olfateando a Aoko sin pudor alguno— mira que haberse tomado la molestia de preparar tan suculento bocadillo para nosotros. Nada más y nada menos que una humana pura, esto es…

Ni siquiera aquella desagradable víbora fue capaz de acabar la frase, cuando repentinamente un gutural rugido se hizo presente en toda la recepción junto con Kaito, quien sin pensarlo dos veces le asestó un puñetazo en la cara al desagradable reptil, mandándolo a volar contra los enormes portones de la entrada, astillándolos en el acto. Furioso y con la nariz rota, el reptil se levanto del suelo dispuesto a devolverle la jugada a aquella bestia, respaldado por varios de aquellos hombres de negro que iban junto con él; pero de igual manera junto a Kaito se colocaron sin dudarlo Ran con su descomunal fuerza, Shinichi con su control sobre las llamas, Akako con su magia roja y Saguru con su control sobre la percepción sobre el tiempo y el espacio que tenían aquellos que lo rodeaban. Tan solo cuatro sirvientes con la fuerza necesaria para acabar por si mismos con toda una legión, si así se lo proponían.

— Suficiente —Dijo una fuerte y atemorizante voz detrás de la víbora— no estamos aquí para jugar, ni perder el tiempo en tonterías Snake —Lo reprocho el único de los hombres de negro que no se había movilizado para participar en la batalla que estaba a punto de empezar, el cual con una sonrisa ladina en su rostro sacó de uno de los bolsillos de su saco, una hermosa gema de un intenso y brillante color rojo— ¿No es así mi querido amigo Kaito?

Apenas saco la joya, la apretó con fuerza en su puño y como si le hubieran disparado una flecha en el corazón, Kaito cayó de rodillas al suelo gruñendo y gimiendo levemente, estrujándose el pecho profundamente adolorido.

— ¿Ves? No hace falta usar la fuerza para que esta bestia entienda razones —Musito sonriendo divertido a la vez que apretaba con más fuerza aquella piedra de color rojo sangre, haciendo a Kaito gruñir ante el dolor y la rabia— Por el momento, solo hemos venido a buscar una cosa a este inmundo castillo y por tu bienestar espero que esta vez si la tengas contigo, muchacho.

Motivado por su orgullo y la rabia que sentía en aquel momento, Kaito se irguió nuevamente a pesar del asfixiante dolor que oprimía su pecho y encarando fieramente a aquel demonio que se hacía pasar por hombre, se acerco a él y alzo frente a su rostro aquella misma cadena de plata que le había arrebatado al padre de Aoko hace un mes.

— ¿Ves como hablando se entiende la gente Snake? —Musito tomando la cadena y guardándola en su saco junto con aquella joya— Ahora vámonos, ya hemos perdido demasiado tiempo en este lugar.

— Como ordenes Gin —Siseo el desagradable reptil, lanzándole una última mirada de odio antes de irse, a aquella endemoniada bestia que lo había ridiculizado.

Una vez se marcharon aquellos desagradables y aterradores hombres de negro Kaito se desplomo en el suelo estrujándose el pecho con las garras profundamente adolorido, Aoko al verlo corrió a su lado junto sin dudarlo preocupada, junto con Shinichi y compañía.

— ¿Por qué? ¿Por qué lo has hecho? —Pregunto sin poderlo evitar apenas llego a su lado, recibiendo por primera vez desde que lo conocía una profunda y triste mirada de alivio por parte de la criatura que no supo descifrar.

— Porque tu vida me pertenece —Contesto con simpleza entrecerrando los ojos adolorido, respirando lenta y pesadamente como si el simple hecho de hacerlo fuera una labor titánica para él en ese momento— Soy tu amo y como tal es mi deber protegerte… A ti y todos los que habitan este castillo.

Luego de eso la "aterradora" criatura perdió finalmente el conocimiento ante el dolor y el agotamiento, para luego ser llevado por Ran a sus aposentos seguida de cerca por Akako quien se encargaría de atenderlo mientras Shinichi y Saguru salían a toda prisa del castillo dominados por la ira, dejando a Aoko sola y confundida en la recepción del castillo.

Después de aquel desagradable encuentro y de que Kaito se recuperase, Aoko comenzó a replantearse de nuevo su situación y a ver todo a su alrededor con nuevos ojos, perdiéndole aquel miedo que le tenía a las diversas criaturas que habitaban aquel castillo y con las cuales compartía cada día de faena ayudando a limpiar, cortar leña, lavar, cocinar y por supuesto a mantener alejados de la cocina tanto al desastroso de Shinichi como a su impetuoso amo, que solía comportarse como un niño pequeño y malcriado cuando llegaba la hora de comer y no era capaz de esperar a que la mesa fuera puesta siquiera, adentrándose a la fuerza a la cocina y devorando toda la comida que había sido dispuesta para él.

Luego de tres meses el discutir todos los días a la hora de comer, se había vuelto una rutina para ambos.

Un día tras acabar todas sus labores en el castillo mucho antes de lo que esperaba, Aoko regreso a su habitación y se dejo caer pesadamente sobre la cama, suspirando pesadamente a la vez que clavaba la mirada en el techo, tratando de pensar en que podía ocupar su tiempo para no morirse de aburrimiento hasta que llegara la hora de la cena, para la cual todavía faltaban unas seis horas por lo menos y con Shinichi fuera del castillo por uno de sus usuales viajes, simplemente no tenía con quien hablar.

— Mujer —la repentina aparición de aquella justo a su lado la hizo dar un respingo asustada, al no haber notado en su ensimismamiento que Kaito no solo la había llamado un par de veces desde la puerta, sino que a pesar de su descomunal cuerpo, se la había ingeniado para entrar en la habitación sin tirar nada en el proceso, ni mucho menos derribar la puerta. Lo cual era mucho decir viniendo de alguien como él— ven conmigo.

— ¿Necesitas que haga algo? —Dijo esperanzada de tener algo en que ocuparse finalmente— ¿De qué se trata? Solo dilo y lo hare en el…

— No es eso —La interrumpió con la voz sorprendentemente suave y calmada, con una leve sonrisa canina que dejo extrañada a la joven— Por favor, tan solo necesito que vengas conmigo un momento Aoko.

Sin poder dar crédito a lo que había escuchado, Aoko asintió rápidamente bajándose de la cama y apresurándose a llegar a su lado, después de todo el simple hecho de escuchar de él la palabra "Por favor" y su nombre en la misma era algo que jamás en su vida se espero llegar a ver, si tan solo el hecho de que las pronunciara por separado era algo que hasta ahora creía que era imposible para él llegar a hacer. Apoyado sobre sus cuatro extremidades, Kaito se inclino hasta llegar al ras del suelo, en cuanto la joven llego a su lado.

— Sube —Ordeno indicándole su lomo con la mirada, ella tan solo se limito a obedecerlo enarcando una ceja extrañada, aferrándose instintivamente al pelaje del cuello de la criatura para no caerse una vez este subió de nuevo, alzándola en el proceso— Ahora aférrate fuerte si aprecias tu vida.

— Espera ¿Qué?... ¡Wow, espera! —Alcanzo a decir a duras penas antes de que Kaito saliera corriendo a toda velocidad de la habitación, corriendo por las paredes y saltando de un muro a otro con sorprendente agilidad hasta llegar a salir del castillo bajo la mirada divertida de Akako, Ran y Saguru, quienes con mucho esfuerzo habían logrado convencer a su amo para que sacara a Aoko a dar un paseo fuera del castillo.

Entre asombrada, molesta y asustada Aoko se aferró con todas sus fuerzas al pelaje de la criatura a la vez que disfrutaba de la suave y fresca brisa que golpeaba su rostro, del puro aroma del bosque y de esa intensa sensación de libertad que la embargaba al correr de esa manera por el bosque, pasando ríos y montañas hasta llegar al lago, el cual aun con una fina capa de hielo sobre su superficie los recibía imponente, marcando el fin de su viaje y obligándolos a regresar sobre sus huellas. Kaito no sabía si lo que estaba haciendo ahora sería bueno o malo en un futuro para él, tan solo sabía que por alguna extraña razón estaba disfrutando de aquel contacto y de aquel pequeño momento que tenía junto a la chica, mucho más de lo que hubiera podido imaginar y aunque ya había llegado el momento de volver, aun así no quería que aquello acabara ni mucho menos que aquella radiante sonrisa que se había dibujado en los labios de la chica, se desvaneciera la volver al castillo.

Por esa misma razón, una vez regresaron a sus dominios, en lugar de volver al interior del castillo, tomo un desvió y llevo a la joven hacia el jardín que se encontraba detrás del mismo y al cual ella nunca había ido porque eso implicaba atravesar el ala norte del castillo. Extrañada Aoko se mantuvo en silencio mientras observaba todo a su alrededor, pues temía que al hablar el encanto de aquel momento se rompiera y la temible ira de Kaito saliera a la luz una vez más, sin embargo no pudo contener por más tiempo su curiosidad cuando llegaron al centro del jardín y Kaito se detuvo repentinamente, agachándose nuevamente para que ella pudiera bajarse de su lomo sin lastimarse, después de todo el era mucho más grande que un caballo y sin tener que levantarse sobre sus patas trasera, como lo hacía de vez en cuando.

— ¿Dónde estamos? —Pregunto sin poder evitarlo preparándose mentalmente para los rugidos, gruñidos y resoplidos de Kaito, los cuales para su sorpresa nunca llegaron.

— Ya lo verás —Musito hundiendo unos cuantos ladrillos del camino con su garra, accionado un mecanismo al terminar que hizo aparecer un escalera oculta que descendía a algún oscuro y misterioso lugar en el interior de aquel jardín— por ahora cierra los ojos y sujétate a mi. Yo te guiare.

— ¿Y si me caigo? —Inquirió buscando cualquier escusa para no tener que bajar a ciegas a aquel misterioso lugar.

— No dejare que nada te pase —Aseguro esbozando una amplia y sincera sonrisa que dejaba entrever sus filosos colmillos, logrando arrebatarle una suave y melodiosa risa a la joven que lo hizo a él reír un poco también— ahora deja de ser tan cobarde y ven conmigo.

Soltando un bufido la joven cerró los ojos, a la vez que con sus manos se aferraba al pelaje del lomo y del pecho de la criatura con sus manos, dejándose guiar por él hacía el interior de aquel misterioso y escondido lugar, bajando uno a uno los escalones de aquella escalera con sumo cuidado por temor a caerse. Al cabo de unos cuantos minutos, llegaron a un pasillo, el cual producía un acompasado y curioso eco ante las pisadas de la joven con forme avanzaban, mitigándose poco a poco hasta desaparecer por completo junto con aquella sensación de estreches había sentido a lo largo de todo el pasillo.

— Ya puedes abrir los ojos Aoko —Musito observando fijamente la reacción de la joven, que al abrir finalmente los ojos observo con asombro y emoción aquella enorme biblioteca subterránea, repleta de miles y miles de libros de todos los tamaños, colores y géneros. Simplemente estaba maravillada— Escuche de Shinichi que te gusta mucho leer, así que pensé que esto podría gustarte.

— ¡Es maravilloso! —Exclamo corriendo hacía una de las estanterías y tomando un libro al azar— Solo mira, son miles y miles de historias maravillosas por doquier.

— Si tanto te gusta, entonces a partir de ahora todo esto será tuyo —Musitó contagiado por le entusiasmo de Aoko, que encantada corrió hacia él y lo abrazo emocionada.

— Me encanta, me encanta. Gracias —Exclamo alegremente, ignorante de lo que aquel pequeño y sencillo gesto de su parte causaba en Kaito, quien simplemente se había petrificado ante aquel abrazo— ¿Quisieras leer este libro conmigo?

— Me encantaría, pero no puedo hacerlo —Confeso tristemente alzando sus enormes zarpas y señalando varios libros rasgados y arañados que se encontraban en un rincón— lo he intentado, pero no se me da muy bien que digamos —De repente, como si un rayo lo hubiera golpeado, una arriesgada idea golpeo su mente— ¿Lo leerías para mí?

— Por supuesto —Accedió Aoko acariciando suavemente el mentón de la imponente criatura, que ante sus delicadas manos se derritió cual cachorro ante una caricia, echándose en el suelo seguido de cerca por ella, que sin pensarlo dos veces recostó la cabeza sobre una de sus enormes zarpas; marcando así el inicio de una costumbre que los llevaría a compartir en ese lugar todas las tardes a partir de este momento, al igual que el inicio de su propia historia.


— De regreso en el pueblo —

La noticia del rapto de la joven y única hija a manos de una monstruosa criatura, se había esparcido por todo el pueblo como pan caliente, estando aun en boca de todos luego de tres meses de infructuosa búsqueda, pues con cada día que pasaba las deudas que acarreaba el viejo Ginzo con los constantes prestamos que pedía para poder realizar sus infructuosas incursiones en el bosque para salvar a su hija, cada vez iban aumentando más y más, de seguir así pronto tendría que vender lo que quedaba de su maltrecha casa al banco.

Una noche, mientras curaba las heridas que se había hecho en su último viaje al bosque, Lucas Bertrand y su sequito de cazadores, entraron a la cabaña como perros por su casa encolerizando al adolorido hombre que no dudo en arrojarle un zapato a Lucas en la cara, fallando lamentablemente y golpeando a Darius Kane en su lugar.

— ¿Qué quieres Lucas? —Gruño Ginzo terminando de vendar su abdomen molesto— ¿Acaso ya no tienes pobres animalillos a los que dispararle?

— Tranquilícese señor Nakamori, no he venido a molestarlo sino a ofrecerle mi ayuda —Dijo fingiendo estar tan agobiado como el pobre Ginzo— Vengo a ofrecerle mi ayuda y la de mis hombres para buscar y rescatar a su hija de las garras de aquel desalmado monstruo.

— ¿Qué estas tramando niño? —Inquirió Ginzo desconfiando de aquel vil y tramposo hombre que desde hace un par de años, había puesto el ojo sobre su hija— ¿Qué es lo que quieres a cambio?

— Solo la mano de su hija en matrimonio —Musito sonriendo con autosuficiencia— Espere —Agrego anticipándose a la obvia y rotunda negativa del viejo lobo de mar que prefería estar muerto antes de entregarle a su hija a él— antes de que diga que no, quiero que lo considere bien señor Nakamori. A estas alturas del partido Aoko podría estar muerta y sino lo esta, seguramente se encuentra sufriendo los maltratos de esa endemoniada bestia. Solo nosotros estamos dispuestos a ayudarlo en esta travesía y solo nosotros somos capaces de darle muerte a esa criatura y traer de regreso a su hija, así que no cometa un error y deje que su orgullo le cegué ahora.

— Esta bien —Accedió el pobre Ginzo resignado, pues prefería mil veces que su hija estuviera con Lucas Bertrand a que siguiera sufriendo por su culpa junto a aquel endemoniado monstruo— Si la traes de regreso, te daré mi bendición para que desposes a mi hija.

— A tomado la decisión correcta, señor Nakamori —Sonrió con reiterada malicia el joven cazador saliendo de aquella cabaña junto a sus compañeros con el animo por las nubes— ¡Muchachos! Preparen todo lo necesario para un viaje de caza ¡Mañana en la mañana saldremos a darle caza a esa bestia!

Y así, ignorantes del peligro que se cernía sobre ellos Kaito y Aoko continuaron en aquella enorme biblioteca disfrutando de su compañía y de aquel libro de aventura y fantasía que la joven había tomado por azar de una de las estanterías.

Este es el inicio de una historia que aun estaba lejos de acabar y la que aun le quedaba muchas cosas por contar.


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Espero les haya gustado, está primera parte de está pequeña historia.

También quisiera decirles, que como hay una alta probabilidad de que me vaya el 24 de viaje, pues el próximo capítulo estaría subiendo ese día antes de irme o sino cuando regrese entre el 27 y el 29 de diciembre.

En fin, nos vemos en una próxima ocasión.

Hasta entonces, cuidense mucho y felices fiestas.