Esta historia es clasificación M (muy alto) por sexo gay, sexo no consensuado, smut, lenguaje, juguetes y temas BDSM muy fuertes.

Advertencia para Klainers hardcore: esta historia contiene smut Seblaine no consensuado. Klaine está presente en todo momento y es el centro de la historia, pero habrá fuerte contenido sexual entre Sebastian y Blaine.


Blaine abrió los ojos cuando la cerradura electrónica de su jaula hizo clic y la puerta se abrió lentamente. Rodó sobre su espalda y estiró las piernas y los brazos. Dormir en su jaula nunca era un castigo real. Los gustos de Kurt eran demasiado caros y de mucha clase para eso. La jaula estaba hecha de la plata más fina, y el colchón era más cómodo que la mayoría de las camas. El verdadero castigo era estar lejos de Kurt. Blaine odiaba dormir lejos del calor del cuerpo de su amo, y del suave sonido de su respiración. Estaba contento de que su castigo fuera sólo por una noche. Él sin duda sería más cuidadoso al estar bailando alrededor de la casa.

Se arrastró fuera de la jaula y se dirigió al cuarto de baño. Cada mañana tenía 20 minutos antes de que tuviera que ocupar su lugar de rodillas junto a la cama de Kurt. Echaba un vistazo al reloj mientras utilizaba el sanitario, se daba una ducha, se cepillaba los dientes y mentalmente repasaba su agenda del día. A las 6:58 am se ponía de rodillas en el suelo y esperaba. Este era su momento favorito del día. Adoraba la expresión de paz y descanso en el rostro de Kurt. Era una de las raras veces en las que Kurt parecía totalmente relajado y hermosamente sereno. Especialmente estos días.

A las 7:00 am el despertador sonó ruidosamente. Kurt gimió y alargó la mano a ciegas para apretar el botón de apagado. Se dio la vuelta y recorrió la cama con las manos buscando el cuerpo de Blaine para jalarlo hacia él. Sintió que no había nadie y abrió los ojos. Le tomó un momento recordar que era viernes y no sábado, por lo que Blaine estaría de rodillas, además de que lo había hecho dormir en la jaula la noche anterior. Suspiró. ¿Quién realmente había castigado a quién?

Se dio la vuelta y sonrió al ver a Blaine de rodillas en el suelo, con las manos cruzadas delante de él, los ojos bajos, mientras esperaba a ser reconocido.

— Buenos días, Blaine.

— Buenos días, señor. —Los ojos de Blaine se encontraron con los de Kurt, una tímida sonrisa se extendía por su cara. Kurt se acercó y enredó los dedos en los rizos todavía húmedos de Blaine. Blaine cerró los ojos y suspiró con satisfacción.

Blaine no se movió mientras Kurt se puso de pie, se estiró y se dirigió al cuarto de baño. Regresó un momento después. Blaine se humedeció los labios en anticipación.

Kurt le sonrió mientras sostenía su grueso pene en su mano y lo acercaba a los labios de Blaine, quien gimió cuando abrió la boca para aceptar y chupar. Era la mamada matutina de Kurt.

Kurt cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás mientras agarraba el cabello de Blaine. Su cálida boca lo chupaba a la perfección. Arriba y abajo cinco veces, tres remolinos con la lengua, jalar ligeramente, saborear la cabeza, repetir. Kurt tiró más fuerte del cabello de Blaine mientras se sentía cada vez más cerca. Blaine reconoció las señales y se preparó. Conocía cada signo, cada señal, todas y cada una de las reacciones de su amo. Conocía el cuerpo de su amo mejor que Kurt mismo y mejor que a su propio cuerpo.

Kurt se vino con un largo y profundo gemido. Blaine lo tragó todo y siguió inmóvil, manteniendo el suave y sensible miembro de su amo en la boca. Nunca se le ocurriría venirse por su propia cuenta.

Kurt se retiró y volvió a caer sobre la cama con los ojos cerrados, respirando un poco rápido, pero suave. Qué maravillosa manera de empezar el día. Se quedó allí durante unos minutos antes de hablar.

— Tostadas, fruta y yogurt. Esperarás por mí.

— Sí, señor.

Blaine se levantó del suelo. Kurt se alzó sobre los codos y recorrió con la mirada de arriba a abajo el cuerpo desnudo de Blaine. Estaba seguro de que Blaine se había puesto duro durante la mamada que le había dado, pero ya no. Él conocía las reglas.

— Ponte los boxers.

— Sí, señor.

Blaine se acercó a la cómoda, se puso un par de boxers y se fue a la cocina. Kurt se duchó y se paró frente a su armario tratando de recordar la escena que iban a ensayar hoy. Ellos no estaban haciendo ensayos generales todavía, pero a Kurt le gustaba elegir su traje basado en lo que él se imaginaba que su personaje, Jonathan Jollaway, usaría. Al final se decidió por una camisa blanca, chaleco gris y pantalones vaqueros negros. Simple era mejor, ya que probablemente iba a ser un largo día. Cogió la ropa de Blaine y la puso sobre la cama.

Llegó a la cocina para encontrar a Blaine sentado a la mesa, garabateando en su cuaderno. Era lo único que Blaine tenía permitido hacer cuando quisiera. Kurt entendía lo rápido que una canción podía aparecer en la mente y luego desaparecer en un instante. Él quería que Blaine capturara siempre sus pensamientos.

Blaine dejó de escribir cuando Kurt entró.

— Termina de escribir tus pensamientos, Blaine.

Blaine sonrió y volvió a escribir. Kurt sirvió el café, lo preparó de acuerdo a los gustos individuales de cada uno, y se sentó a la mesa. Le dio una mordida a su tostada y miró a Blaine seguir escribiendo con ojos arrugados y el ceño fruncido en profunda consentración. Kurt no pudo evitar sonreír y sentirse agradecido de que Blaine le perteneciera. Odiaba pensar en Blaine perteneciendo a una persona que se negara a fomentar su escritura.

Una vez que Blaine terminó de escribir sus canciones, cerró su libro y empezó a comer.

— ¿Qué escena está planeada para hoy?

Kurt gimió.— El argumento. Brad parece pensar que discutir significa gritar y no usar inflexión en la voz, o no sé... actúa para conseguir el punto a través de esto.

Blaine se echó a reír. Kurt negó con la cabeza.— ¿Crees que estoy bromeando, pero lo digo en serio. El hombre no puede actuar. Nunca entenderé por qué Kevin lo contrató. Si no creyera firmemente en el show, lo cancelaría totalmente.

Blaine sonrió. Kurt nunca cancelaría un show. Él había trabajado muy duro para llegar a este punto. Este era su segundo espectáculo en Broadway y estaba destinado a poner a Kurt en el camino a una nominación para un Tony.

— ¿Vas a estar en el estudio todo el día?

Blaine asintió.— Tengo que terminar esa canción para Rachel.

— Está bien. Voy a recogerte a las 4:00 pm dado que Chandler y Seth van a venir esta noche.

Blaine sonrió.— ¿Seth traerá su guitarra?

— Le preguntaré a Chandler haber si puede.

— ¡Fantástico!

Kurt se rió ante la exuberancia juvenil de Blaine. Realmente era un niño en algunos momentos.

— Ve a vestirte.

— Sí, señor.

Kurt levantó la mesa y miró en su bolsa para asegurarse de que tenía todos los cambios en el guión que había revisado anoche. Entró en el dormitorio, donde Blaine estaba esperando, vestido pero con los boxers y pantalones abajo alrededor de sus tobillos. Kurt se acercó a la cómoda y sacó la jaula de castidad de acero inoxidable hecha a mano y a la medida del pene de Blaine. Colocó con cuidado el miembro de su esclavo ahí dentro y cerró el pequeño candado. Puso la llave en la cómoda. Tenía una segunda llave en su llavero. Blaine se subió los calzoncillos y los pantalones vaqueros. Kurt le acarició la entrepierna con amor. Blaine cerró los ojos y deseó no sentir la erección que, de cualquier manera, no podía tener.

— ¿Listo?

— Sí, señor.

— ¿Tienes suficiente dinero para el almuerzo? —Blaine asintió.— Muy bien. Vamos.

Salieron al mismo tiempo que Troy traía el Lincoln. La parada de Blaine fue la primera. Cuando se detuvieron frente al edificio, Kurt se inclinó y pasó un dedo suavemente por el precioso collar que había diseñado para Blaine.

— Ten un día creativamente productivo.

— Trata de no ser demasiado duro con Brad. No es su culpa que no sea tan talentoso como tú.

Kurt sonrió.— Y por ese adorable comentario habrá pizza esta noche. Incluso te dejaré a ti y a Seth que ordenen.

La sonrisa infantil de Blaine regresó.— Gracias, señor.

Kurt se inclinó y lo besó suavemente.— Que tengas un buen día.

Observó a Blaine entrar al edificio. Cuando el coche se alejó de la acera, se sintió agradecido por segunda vez esa mañana de que Blaine le perteneciera.

. . .

Kurt Hummel puso los ojos en Blaine Anderson por primera vez, durante una visita a la Academia Dalton. Mientras que ser gay no era el gran problema que solía ser en la sociedad, todavía estaban los que se oponían a ello. Desafortunadamente para Kurt, todos parecían asistir a McKinley. Había crecido cansado de la intimidación y el acoso que sufría a diario. Él quería pasar sus últimos dos años de escuela en paz.

Mientras él y su padre recorrían la escuela, la campana sonó para el cambio de clase y se encontraron siendo arrastrados a una sala de reunión para una actuación improvisada de los Warblers. El director de admisiones se notaba visiblemente nervioso de que un potencial padre de familia observara este poco ruidoso evento, pero a Burt le hizo gracia y Kurt estaba fascinado y sorprendido de que un coro fuera tan popular en una escuelas para varones. Mientras observaba la actuación no pudo apartar los ojos del guapo vocalista. Kurt sintió que algo se agitaba en su interior, pero rápidamente aplastó esa sensación. Este chico era el líder vocal, lo que significaba que probablemente era todo un maestro. Y a los maestros no se les permitía reclamar a otros maestros. Además de que Kurt no tenía ni idea de si el chico era gay o no.

Al final de la actuación, cuando el chico sonreía y felicitaba a sus compañeros Warblers por un trabajo bien hecho, Kurt se sorprendió al echar un vistazo a la espesa mancha de tinta negra alrededor de su muñeca izquierda. ¡El chico era un esclavo! Burt también lo notó y miró al director de admisiones lleno de sorpresa.

— Dalton se enorgullece de permitir la participación de esclavos, e incluso de dejarlos algunas veces liderear ciertas actividades. Para muchos estudiantes esclavos, quizás esta sea la última y única vez que se les permita hacer este tipo de cosas.

Burt asintió con la cabeza a manera de aprobación. Era cierto. Mientras que algunos esclavos eran reclamados por maestros que los animaban a seguir una carrera, muchos no. La mayoría de los esclavos seguían siendo felices en su casa bajo el cuidado y la servidumbre de su maestro.

En su primer día en Dalton, Kurt buscó a Wes, jefe del consejo de los Warblers. Una vez que terminaron de discutir la audición de Kurt para los Warblers, le preguntó acerca de su vocalista, Blaine Anderson. ¿Era gay? ¿Estaba saliendo con alguien?

Wes estaba indeciso. Como un amigo y un buen maestro, era protector de Blaine. Extremadamente protector. La sumisión de Blaine corría más fuerte y más profunda que en la mayoría de los esclavos debido a su naturaleza intrínseca y años de abandono emocional y abuso por parte de su madre dominante. Aunque la mayoría de los esclavos sólo temían desagradar a sus amos, Blaine vivía con el temor de disgustar a cualquier maestro. Luchó resistiendo a someterse a cualquier maestro que le diera una orden, él era un blanco fácil para aquellos con mala entraña. Gracias a la política anti-bullying de Dalton estaba relativamente seguro, pero Wes se preocupaba por ese amo que con el tiempo reclamaría a Blaine.

La única cosa que los esclavos querían más que a nada, era ser reclamados. Ser reclamado y dominado por un maestro era el mayor deseo de un esclavo, pero el truco estaba en ser reclamado por el amo correcto. Los padres de los esclavos trataban de manejar el proceso, pero no era fácil. En el mejor de los casos, un esclavo y un amo podrían conocerse, salir, tener citas, enamorarse, y el maestro podía hacer una reclamación del esclavo con el permiso de los padres. A veces los esclavos aceptaban ser reclamados por maestros que no eran del agrado de los padres. En estos casos, los padres eran incapaces de impedir que el reclamo se llevara a cabo. En el peor de los casos, un maestro podría hacer una reclamación tanto contra del esclavo como contra los deseos de los padres. Raro, pero no imposible.

Una vez que el maestro reclamaba a un esclavo, este era capturado, a menos que el amo decidiera liberarlo. Si las cosas iban mal, el único recurso era "La Regla de Revocación a los Ocho Años." Si un esclavo era infeliz o los padres del esclavo querían a su hijo en libertad, tenían ocho años a partir de la fecha inicial de la reclamación para solicitar la anulación por parte del Ministerio de Maestros. Después de ocho años, la demanda sólo podía ser rota por el maestro.

Después de algunos ensayos con los Warblers y después de compartir el almuerzo durante un par de semanas, Wes decidió que le agradaba Kurt. Él parecía genuino y amable, pero con una fuerte naturaleza dominante. La combinación perfecta para Blaine. También había observado a Blaine lanzar miradas secretas a Kurt. Cuando le preguntó si estaba interesado, Blaine sonrió tímidamente y asintió.

Un jueves después del ensayo, Wes reunió a los dos chicos e hizo una presentación formal. Ellos ya se conocían de los ensayos, pero Wes la llevó a cabo como si se conocieran por primera vez.

— Maestro Dominante Kurt Hummel, permítame presentarle al esclavo sumiso Blaine Anderson. Sin reclamar.

Kurt rodó los ojos.— ¿En serio, Wes? Ha pasado un mes. Sabemos nuestros nombres. —Blaine se rió en voz baja, con la mirada hacia el suelo.

Kurt se sintió intrigado por la intensa sumisión de Blaine. Era un contraste con la confianza que el hermoso chico mostraba a la hora de cantar. Él también estaba desconcertado por los sentimientos que Blaine agitaba en su interior. Nunca antes había sentido una atracción tan fuerte hacia alguien. Había tenido enamoramientos inapropiados con esclavos heterosexuales, o con maestros que eran gays, pero nunca el profundo y doloroso deseo que sentía por Blaine. Con Blaine sentía los primeros anhelos de propiedad y la necesidad de dominar.

Blaine se sentía tan abrumado por los sentimientos que le causaba Kurt. Había pasado la mayor parte de su vida tratando de no ser devorado vivo por la sumisión que existía dentro de él. A su juicio, ser gay era una bendición, ya que descartaba a casi el 80% de los maestros que recorrían los pasillos de Dalton. Los maestros que eran gays y no habían puesto sus ojos en alguien siempre se acercaban a Blaine, atraídos por su sexy apariencia y sumisión profunda. Si Blaine dejaba en claro que no estaba interesado, Wes y el resto de los Warblers se aseguraban de que se mantuvieran a distancia.

Pero a Blaine le gustaba Kurt. Algo en los ojos de Kurt y en su suave, pero firme voz, le decía a Blaine que podía confiar en él. Que Kurt no abusaría, ni tomaría ventaja sobre él. Al mismo tiempo, Blaine estaba encendido por la presencia dominante de Kurt, quien era fuerte y exigente, pero su dominio acariciaba a Blaine y no le caía encima aplastándolo. Algo en el tono de Kurt encendía la naturaleza sumisa de Blaine. El no obedecía a Kurt porque tuviera que hacerlo. Él quería obedecerlo. Todo su cuerpo zumbaba con el deseo de servir y ser dominado por Kurt. Tenía que hacer uso de cada pizca de su fuerza de voluntad para no arrojarse a los pies de Kurt cada vez que entraba en la habitación.

Se movían lentamente pasando la mayor parte de su tercer año haciendose amigos. Al principio fue difícil para Kurt obtener algo de información de Blaine con respecto a sus gustos e intereses porque estaba sumamente conectado a querer lo que Kurt quería. Pero con el tiempo se las arregló para aprender que el cereal favorito de Blaine era el Apple Jacks, que amaba Star Wars y las películas de Matrix, y también Broadway. Y claro: la música.

La música era la pasión de Blaine. Su primer amor. Su lugar seguro. Como un niño que se cantaba a sí mismo para dormir cada noche. Cuando su madre le gritaba y regañaba con fiereza a su naturaleza sumisa, se retiraba a la seguridad de las canciones en su cabeza con los ojos fuertemente cerrados, cantando en silencio para sí mismo como para ahogar su voz. Era por eso que podía estar de pie en frente de una audiencia y cantar con todo su corazón. La música lo hacía sentir seguro y fuerte.

Una vez que Kurt se dio cuenta de lo mucho que Blaine amaba la música, buscó maneras de complacerlo. Asistieron a conciertos, a la ópera y a escuchar a la Orquesta Sinfónica. Cuando Blaine admitió su deseo de algún día escribir canciones para los musicales de Broadway, Kurt le compró un libro para escribir y lo animó a plasmar sus pensamientos y letras en el papel.

En su último año ya era bastante claro para todos que Kurt haría la reclamación de Blaine en el momento en el que éste cumpliera 18 años. Estaban enamorados. Un fuerte amor profundo, demasiado rico por la perfecta forma en que se complementaban entre sí. La profunda sumisión de Blaine era perfecta para el fuerte y exigente carácter dominante de Kurt. Él necesitaba a alguien que se diera a sí mismo por completo, y Blaine necesitaba a alguien que lo dominara por completo.

El amor y el afecto eran evidentes a pesar de las estrictas normas estatales que regulan la interacción maestro-esclavo antes de reclamar. Se les permitía tomarse de la mano, junto con el roce en la mitad de la espalda, también tenían permitidos abrazos de cinco segundos. Kurt tenía permitido pasar un brazo por la cintura de Blaine, y éste tenía permitido descansar su cabeza en el hombro de Kurt. Cualquier cosa adicional se consideraba violación, pero eso no había impedido que Blaine se sentara tan cerca de Kurt, que pareciera que estaba sobre su regazo. Su cuerpo siempre estaba acurrucado en el de Kurt, con los ojos llenos de amor y el deseo de entregarse a él completamente, totalmente...

Sexualmente.

Pero había reglas sobre eso también.

Era ilegal que los amos y esclavos de menos de 18 años tuvieran relaciones sexuales.

Incluso después de haber alcanzado la edad de 18, se les recomendaba a los maestros esperar hasta haber hecho el reclamo, o esperar hasta estar 100% seguros de que se haría la reclamación. Tener relaciones sexuales con un esclavo, para luego no reclamarlo era considerado como abuso mental. El sexo es un conector entre el maestro y el esclavo. Se profundiza la sumisión y el deseo del esclavo de servir al amo, y se crea un vínculo entre los dos. Cuando el maestro simplemente se aleja después de crear este vínculo, el esclavo se siente perdido y confundido, desesperado por la seguridad y el confort de un maestro. Esto llevaba a algunos esclavos a ser presa de los peores tipos de maestros. Maestros que capturaban esclavos perdidos y abusaban de ellos, o los prostituían con otros maestros.

Burt podía ver el profundo anhelo de ser reclamado en la forma en que Blaine miraba a Kurt. También podía sentir los fuertes sentimientos de posesividad y propiedad de Kurt. Él le recordaba constantemente las reglas, lo que enfurecía a Kurt.

— ¡Papá, por favor déjalo ya! Conozco las reglas.

— Sé que conoces las reglas, Kurt. Pero eso no significa y no me asegura que las sigas.

— Por supuesto que no las quiero seguir, pero lo haré. —Y también masturbarme fuertemente.

— Te he escuchado, chico. Pero, ¿qué no vamos a repasar el capítulo 8 del libro de normas del estado sólo una vez más?

Burt tenía buenas razones para estar preocupado. Los maestros alcanzaban su deseo sexual completo a los 18 años. Kurt estaba a cuatro meses de cumplirlos. Estaría lleno de caliente energía sexual y desesperación por alguna clase de alivio, pero él era tres meses mayor que Blaine. Tendría que esperar hasta que Blaine cumpliera 18 años para poder reclamarlo.

Había algo más, aparte del autocontrol de Kurt, que preocupaba a Burt Hummel.

¿Por qué no había oído hablar de los Anderson?

Cuando un maestro y un esclavo habían estado saliendo y la pretensión era inminente, los padres del esclavo solían pedir una reunión con los padres del maestro. Por lo general, había varias reuniones durante el almuerzo, la cena y los días de fiesta para que los padres del esclavo se aseguraran de que esa reclamación era la más adecuada para su hijo y una que el esclavo realmente quisiera.

— No lo entiendo. Con esa profunda sumisión que tiene, yo creo que les debería gustar ponerte a ti, a mi, a Carole, a Finn e incluso a Rachel bajo un microscopio para asegurarse de que no somos abusivos.

Kurt frunció el ceño y sintió la familiar punzada de rabia y dolor que acompañaba siempre sus pensamientos por el modo en que Victoria Anderson trataba a Blaine.

— Los padres de Blaine no se preocupan por él, papá. Ellos realmente no lo hacen.

— Estoy seguro de que eso no es cierto. Sí, algunos padres se sienten decepcionados cuando tienen un esclavo, pero es como tener un niño o una niña. No puedes controlarlo. Sólo se les ama cuando llegan aquí.

— Confía en mí, papá, Victoria Anderson no lo ve de esa manera. Ella ama a Cooper, el hermano de Blaine porque él es un maestro, pero con Blaine... ella pasó años tratando de forzar a Blaine para ir contra su naturaleza y ser amo en lugar de esclavo. Según Wes, Victoria le gritaba y le decía que era débil y sin valor y que necesitaba que escarbara hondo para encontrar la fuerza y el mando. Ella se burlaba de él sin piedad, tratando de obligarlo a ponerse de pie por sí mismo y luchar. Pensó que así lo haría menos sumiso. Por supuesto, no funcionó. En lugar de luchar, Blaine cayó más profundamente dentro de su sumisión. Nunca encontró la fuerza para defenderse. Finalmente se dio por vencido, pero el abuso mental dejó a Blaine sumiso y temeroso de todos los maestros. Es una terrible dominante y una madre espantosa.

Burt no se dejó intimidar.— Tal vez debería llegar a ellos.

— Por favor, no lo hagas.

— Esto es importante, Kurt. No quiero que te acusen de no seguir las reglas. Tenemos que asegurarnos de que saben que deseas reclamar a Blaine. Es mejor si tienes su permiso.

Kurt sabía que su padre estaba en lo cierto, pero la idea de hacer frente a Victoria Anderson le preocupaba. Él esperaba que ella siguiera sin preocuparse por Blaine y simplemente permitiera que Kurt lo reclamara.

Sobre todo porque Sebastian Smythe no era capaz de dejar en paz Blaine.

. . .

Al igual que los Anderson, los Smythe eran una familia adinerada de abolengo. Se desenvolvían en los mismos círculos sociales y pertenecían a los mismos clubes. Los Smythe habían pasado los últimos cinco años en Europa, pero habían regresado a los Estados Unidos para que Sebastian pudiera graduarse de una escuela secundaria americana.

Sebastian vio por primera vez a Blaine durante el verano en una comida al aire libre ofrecida por sus padres para celebrar su regreso a Ohio. Blaine estaba sentado solo en una glorieta en la esquina del enorme patio, escribiendo en su libro de música.

— ¿Qué estás escribiendo, sexy?

Blaine miró e inmediatamente bajó los ojos. Su cuerpo se tensó bajo la mirada lasciva de Sebastian.

— Respóndeme.

Blaine mantuvo los ojos fijos en su libro.— Sólo... um... ideas de canciones.

— ¿En serio? Eso es realmente interesante.

Sebastian se sentó a su lado.— Mírame.

Blaine miró hacia arriba. Sebastian se humedeció los labios.— Eres guapo.

Miró el cuello de Blaine y luego puso la mano sobre su muslo.

— Veo que no has sido reclamado. ¿Cuando cumples 18 años?

Blaine estaba nervioso y asustado. No, no había sido reclamado pero definitivamente no estaba disponible. Pertenecía a Kurt.

— En Agosto del próximo año.

— El año que viene, ¿no? Supongo que puedo esperar. Parece que podría valer la pena.

Blaine quería correr.

— Pero tal vez mientras esperamos pueda...

— Sebastian, ¿qué estás haciendo?

Los dos chicos miraron hacia arriba para ver a Cooper Anderson de pie, con los ojos fijos en la mano de Sebastian acariciando el muslo de su hermano pequeño. Sebastian rápidamente apartó la mano.

— Sólo teníamos una charla. Blaine me decía lo mucho que voy a amar Dalton.

¿Dalton? ¿Iba a estar en Dalton?

— Si. Lo que sea. Ya conoces las reglas. Manten tus manos quietas antes de que termines en problemas... otra vez.

Sebastian frunció el ceño. ¿Cómo sabía Cooper de eso? Se puso de pie.

— Como he dicho, estábamos charlando. Nos vemos luego, Blaine.

Cooper miró a Blaine.— ¿Estás bien? —Blaine asintió. Cooper se sentó a su lado.

— Escucha. Sé que pasas mucho tiempo con ese chico Kurt, pero no deberías dejar que se haga ilusiones sobre reclamarte.

Blaine miró hacia arriba, con los ojos llenos de sorpresa.— ¿Por qué no?

— Seamos realistas. Su familia no forma parte de nuestro mundo. No creo que mamá vaya a dejar que seas reclamado por el hijo de un mecánico.

— A mamá no le importa lo que me pase.

— Sí, eso es cierto, pero sólo hasta cierto punto. Sigues siendo un Anderson. Lo que pase contigo se reflejará en la familia, y con los Smythe de vuelta en la ciudad, y tú y Sebastian de la misma edad...

Blaine se quedó sin aliento.

No. No. No. No.

Cooper le dedicó una mirada de simpatía.— Podría estar equivocado, pero debes estar preparado.

Se puso de pie y caminó hacia la fiesta dejando a Blaine asustado y temblando.

En el momento en que estuvo en casa llamó a Kurt.

— Por favor... ¿puedo ir a verte?... te necesito...

— Ven ahora. Te estaré esperando.

Blaine llegó a la puerta de Kurt a las 10:00 pm. Estaba temblando y parpadeando para contener las lágrimas. Kurt lo atrajo a sus brazos y lo mantuvo ahí hasta más de cinco segundos. Blaine comenzó a balbucear.

— Tú, Kurt... Tú... Quiero que me reclames... Yo sólo te quiero a ti... Quiero estar contigo. No él... No me gusta... Te amo... Tú... Te pertenezco sólo a ti.

¿Él?

— Shhh. Está bien, Blaine. Dime lo que pasó.

Kurt luchó duro para ocultar su ira cuando Blaine le habló de los avances de Sebastián y la teoría de Cooper. En el momento en que terminó, Blaine estaba llorando y temblando. Kurt lo abrazó fuerte.

— No te preocupes. Si tengo que hacerlo, te reclamaré sin el permiso de tus padres. —Kurt sabía que a su padre le daría un ataque, pero no le importaba una mierda. Blaine le pertenecía. De ninguna manera lo iba a abandonar.

Blaine pasó el resto del verano tratando de evitar a Sebastian en las fiestas y reuniones sociales. Cada vez que tenía la oportunidad, Sebastian arrinconaba a Blaine y lo asustaba hasta la mierda con toqueteos ilegales y diciéndole que lo reclamaría.

— Vamos, Blaine. Sería perfecto. Piensa en lo felices que serían nuestros padres. Y confía en mí, puedo hacerte feliz. Soy bastante bueno en todo... —Sebastian estaba tan cerca de Blaine como era posible sin llegar a presionar su cuerpo con el suyo, pero era suficiente para hacer temblar incontrolablemente a Blaine, con el corazón acelerado por el miedo cuando Sebastian le susurró al oído.

— Voy a cogerte tan bien, Blaine. Tan jodidamente duro. Voy a dominar completamente tu culo sumiso. Estarás rogando por mi miembro, y si eres un buen chico, voy a dejar que lo tengas.

— Por favor... no... por favor... No... no quiero...

— No se trata de lo que quieres. Se trata de lo que yo quiero, y te quiero a ti.

Blaine se deslizó por la pared hasta el piso. Estaba temblando y las lágrimas corrían por su rostro. Él apoyó la barbilla en las rodillas y envolvió sus brazos alrededor de sí mismo. Kurt. Kurt. Kurt. Kurt.

Sebastian dio un paso atrás y se rió.

— Maldita sea, eres tan jodidamente sumiso. Es super caliente.

Después de estos episodios, Blaine huía a casa de los Hummel. Kurt pasaba el resto de la noche borrando los temores de Blaine con sus caricias ilegales.

— Está bien, Blaine. Te amo y voy a reclamarte. Eres mío. Todo mío. No te preocupes.

A finales del verano Kurt no podía esperar a que la escuela iniciara para poder hacer frente a Sebastian. Él no perdió el tiempo y lo encontró el primer día de clases.

Sebastian rió con su sonrisa más sexy cuando vio a Kurt caminando hacia él en la cafetería. Wow. Primer día de clases y ya estaba atrayendo a chicos condenadamente calientes.

— Bueno, hola, precioso. Espero que seas del comité de bienvenida.

Kurt levantó ambas muñecas. La sonrisa de Sebastian se atenuó un poco al ver que Kurt no era un esclavo.

— Sebastian Smythe.

— Kurt Hummel.

La sonrisa de Sebastian desapareció por completo.

— Lo siento, pero mi madre ha llenado todos los puestos del personal doméstico en nuestro hogar. Sin embargo, si el Jaguar de mi padre se descompone, me aseguraré de que llame a tu papá. Suponiendo que esté capacitado para trabajar en una costosa pieza de ingeniería como esa.

Kurt se negó a morder el anzuelo. Había más asuntos que atender que entrar en un partido de insultos con este suricato.

— Mantente alejado de Blaine. No le hables, no lo mires, ni siquiera respires en su dirección. Lo tocas de nuevo y tendrás al Ministerio de Maestros en tu culo antes de que tu desodorante corporal en spray se evapore.

— Oh, así que Blaine te pertenece, ¿cierto? Es curioso. Sus padres nunca mencionaron tu nombre cuando les mencioné que lo reclamaría.

Kurt se armó de valor.— Blaine no te quiere.

— Para lo que me importa. Mira novia, estás fuera de su alcance. Blaine es demasiado bueno para ti. Si alguien lo va a reclamar, seré yo, así que sugiero que te vayas a la mierda y dejes de llenarle la cabeza con promesas que no podrás cumplir. Victoria Anderson nunca dará a su hijo a un mono grasiento como tú. Pero ¿te digo algo? Mi camarera tiene un hijo y me he enterado que es gay. ¿Qué tal si los pongo en contacto? Ustedes dos son del mismo nivel, de la misma clase baja. Seguramente tendrán mucho de qué hablar.

Kurt dio un paso hacia adelante, su voz tranquila enmascaraba la incontenible furia en su interior.— ¿Y cómo sabes que es gay? No habrás estado rompiendo reglas estatales, ¿o sí? ¿Atornillándote a un esclavo que no tienes intención de reclamar? Será mejor que tengas cuidado, Sebastian. No me gustaría que fueras reportado por abuso.

El color desapareció un poco del rostro de Sebastian. Dio un paso atrás. Kurt sonrió con satisfacción.

— Mantente alejado de Blaine. —Se dio la vuelta y se fue, entró en el primer baño que encontró y rápidamente vomitó su desayuno completo.

Estaba temblando de ira y rabia posesiva que él nunca había sabido que tenía.

Blaine le pertenecía. A nadie más. Solo a Él.

Tendría que convencer a Victoria Anderson para que le diese a Blaine. No había manera de que permitiera que Blaine terminara con ese imbécil.

Kurt se echó agua fría en la cara y se secó con una toalla de papel. Se quedó mirando su reflejo.

Jódete Victoria Anderson.

Él reclamaría a Blaine sin su permiso. Su padre no lo aprobaría, pero ¿y qué? Él tendría que superarlo.

Él reclamaría a Blaine y nadie iba a detenerlo.