Capítulo 1 — La casa del bosque
—Edward…Edward…
Mi nombre abruptamente me despertó de mi ensoñación. Gire mi cabeza hacia donde provenía esa voz que dulcemente me llamaba. De vuelta a la realidad fui consciente de donde me encontraba, estaba en el asiento trasero de un coche alquilado, que se encontraba estacionado a lado de un surtidor de gasolina y la voz que me llamaba correspondía a la de una mujer sentada en el asiento del copiloto, Esme, mi hermana había girado su cuerpo hacia a mí con una mirada de interrogación y preocupación en su rostro.
—¿Te encuentras bien?
Hice un gesto de afirmación con la cabeza e intente darle una leve sonrisa. El rostro de Esme se torno de la preocupación a la culpabilidad, esa que llevaba viendo desde que me habían contado que debíamos dejar Alaska y mudarnos a Washington.
—Lo siento Edward, sé que no estás contento con este cambio que hemos tenido que tomar en nuestras vidas…a mí tampoco me hizo mucha gracia al principio... te prometo que hare todo lo que esté en mi mano para que puedas volver algunos días a ver a tus amigos o incluso que ellos te visiten.
Este es el discurso que tanto ella como Carlisle, su marido, habían estando dándome en el último mes. No entiendo porque se sienten culpables, es cierto que la noticia no me sentó muy bien a primeras, pero, ¿qué voy hacer? ¿culpar a Esme? Ella solo sigue a Carlisle ¿culpar a Carlisle? El tuvo que buscar un trabajo en un tiempo record ¿culpar al hospital que despidió a Carlisle por recortes y que los hizo mediante el despido de su equipo más joven? Pues si este es el principal culpable. Por suerte para Carlisle, un compañero de la universidad que trabajaba en un pequeño hospital de Forks, le comunicó que necesitaban urgentemente un médico. Una semana después había conseguido el trabajo.
—De verdad, Esme no tienes porque disculparte… según lo que he visto hasta ahora parece que sigamos en Alaska —Intente sonar un poco más emocionado, cosa que resultó ya que me sonrió tímidamente, justo en ese momento volvió Carlisle.
—Pues ya esta —dijo encendiendo el motor-en dos horas llegaremos a Forks-Salimos de aquella pequeña gasolinera para incorporarnos a la carretera principal. Intente volver a mis pensamientos mientras miraba al paisaje a través de la ventana, pero por el rabillo del ojo vi como Esme me seguía mirando con esa cara de culpabilidad que tanto la había caracterizado este último mes. Debería de sacar algún tema de conversión si no quería recibir más tarde una de esas charlas mama oso de Esme, así que comencé hablar de uno de sus temas favoritos.
—¿Cómo me habías dicho que era la casa? —Eso hizo disipar su ceño fruncido y empezó a explicar todas las características de la que iba a ser nuestra nueva casa. Para ser sincero esto también me ayudo porque cuando me di cuenta cruzábamos el cartel que indicaba que habíamos llegado a Forks.
Pasamos por una calle que parecía ser la principal de pueblo, nada interesante por el momento. Llegamos al final de esta y Carlisle se desvió en una de las intersecciones y dejamos atrás el centro, cuando creía que nos dirigíamos a unos de los típicos barrios residenciales continuamos por la carretera hasta que salimos del pueblo.
—Pensaba que íbamos a vivir en Forks.
—Esa era el principal objetivo, pero a Esme no le gustaba ninguna de las casas que la inmobiliaria nos enseñaba —Afirmó Carlisle riéndose.
—No es que no me gustasen —se defendió Esme. —Simplemente ninguna de esas casas era la nuestra, por lo que a través de unos contactos conseguí una buena oferta para la que realmente se adaptaba a nuestra familia —El trabajo de Esme le permite tener estos privilegios y rarezas. El que sea arquitecta hace que siempre tengamos una casa de revista y además, que en ocasiones como esta tengamos acceso a más ofertas inmobiliarias.
Entramos en lo que parecía ser el bosque de Forks y a lo lejos parecía vislumbrase el tejado de una casa, a medida que nos acercamos pude apreciar el que sería mi nuevo hogar.
—¿Es eso? —Pregunte extrañado, no era las casas que acostumbraba a ver en los proyectos de Esme, más bien todo lo contrario. Aunque sí que se veía una casa majestuosa y grande, quizás demasiado grande para nosotros tres. Tenía muchas deficiencias, parecía antigua y si soy sincero estaba en mal estado.
—Justo lo que dije yo cuando la vi —Rio Carlisle estacionando el coche delante de la entrada principal. —Había previsto que mi nuevo trabajo nos iba afectar, pero nunca pensé que lo haría tanto en Esme —La aludida le dio un golpe en el brazo haciéndose la molesta.
—Hoy estas muy gracioso-le contesto con ironía a lo que él respondió abrazándola.
—Ya sabes que yo viviría hasta debajo de un puente si tú lo decidieras.
Deje de mirarles para volver hacerlo a la casa, yo no veía la guasa que se traían estos dos con la situación. Aunque, ahora que me había acercado no parecía estar en la ruina pero si necesitaba algunos arreglos.
—No en serio, ¿Qué es esto?
—Esto es nuestro nuevo proyecto —Dijo Esme emocionada mientras me daba unos golpecitos en la espalda.
—¿Nuestro….nuevo…proyecto?
—¡Sí! —dijo efusivamente. —He pensado que como hasta dentro de un mes no empiezas tus clases, podríamos rehabilitar algunas zonas, la casa tiene mucho potencial y solo seria pues lijar, pintar… cuatro cosas de nada —La seguí hacia la puerta mientras continuaba contándome todos sus planes. —Ya verás el interior es muchísimo mejor —Abrió la puerta principal y me sorprendí, el exterior no le hacía justicia. Los armarios estaban tapados con sabanas blancas y una capa de polvo cubría aquellos que no lo estaban, grandes ventanales permitían dejar ver un jardín cuyo linde se confundía con el bosque. —En la planta de arriba hay 4 dormitorios, yo ya decidí cual sería el tuyo, pero siéntete libre de elegir el que más te guste.
Subí las escaleras y seguí las indicaciones hacia mi nuevo dormitorio, abrí la puerta despacio, con miedo como si me fuera a encontrar un monstruo ahí dentro, pero para mi sorpresa, aunque no sé porque me sorprendía ya que si la elección de este dormitorio era cosa de Esme era normal que me encantase. Esta estancia al igual que lo que había visto abajo, tenía grandes ventanales, un espacio amplio, baño propio y una pequeña terraza. De momento el dormitorio estaba vacío al igual que los otros tres, nuestras cosas, incluidas nuestras camas, deberían de llegar en un camión de mudanza, cosa que me hizo extrañar el que aún no estuviese aquí.
Volví a bajar al piso de abajo y vi como Carlisle hablaba por teléfono y Esme le miraba como intentando descifrar lo que decía la persona al otro lado.
—¿Qué pa…? —Esme me hizo un gesto con la mano para que callase.
—Si claro entiendo —decía Carlisle a la persona con la que hablaba. —Gracias —colgó.
—Y bien… —inquirió Esme.
—No hay nada de qué preocuparse, parece ser que han extraviado nuestro camión.
—¿Qué? —pregunte sorprendido. —¿Cómo es posible perder un camión? Un camión que llevaba todas nuestras cosas —En ese momento tanto Esme como yo empezamos hacer un millar de preguntas a Carlisle que tranquilamente nos miraba como si nada.
—Calma, lo han perdido pero saben donde esta, al parecer hubo un error en las direcciones y nuestras cosas las enviaron a Washington DC, en una semana las tendremos aquí —¡Una semana!, no quería mostrar mi disconformidad delante de ellos pero esto junto a que realmente no quería venir aquí, hicieron que no aguantase más y saliese de la casa estrepitosamente hacia ese jardín que había visto antes.
Después de unos minutos comencé a relajarme, me di cuenta que había actuado como un niño, pero a quién pretendo engañar tengo 15 años, soy un niño. Sentí el crujido de las hojas al acercarse alguien caminado, me gire y vi que era Esme y no otra vez esa mirada de culpabilidad que me hacía querer gritar por haberle causado esa sensación a mi hermana.
—Lo siento —me disculpe, a lo que ella sacudió la cabeza para quitarle importancia.
—Carlisle ha ido al pueblo a comprar algunas cosas y comida, mañana iremos los tres a por las cosas que necesitamos, esta noche será un poco complicada… pero bueno creo que nos las arreglaremos ¿no? —Me pregunto con duda, esperaba mi aceptación a su propuesta.
—Sí, es como si estuviéramos de acampada —Reí para quitarle hierro al recibimiento que Forks nos había hecho.
Entramos en la casa y destapamos algunos de los armarios. En la labor de adecentar la sala estábamos cuando llego Carlisle.
—¡Hola! —dijo entrando por la puerta cargado de lo que parecían ser tres cajas de pizza. —¿Sabéis? Parece que hoy se celebra algo en Forks, están todos los establecimientos cerrados, solo he encontrado la pizzería abierta —Gracias Forks, pensé con sorna.
Dispusimos las cajas de pizza abiertas en el suelo y nos sentamos alrededor de ellas, entre el viaje y toda la problemática de la mudanza se había acercado la hora de la cena.
Mientras comíamos y manteníamos una conversión relajada, me quede mirando a Carlisle y Esme mientras que ellos seguían ajenos a mis pensamientos. En ese momento en el que los tres compartíamos risas no pude dejar de sentirme culpable, no solo por mi enfado de hace unas horas si no por cómo les había tratado desde que me dieron la noticia de la mudanza. Si no fuera por ellos yo no sería nada, debería de darles gracias cada día por haberme acogido tras la muerte de mis padres, Edward y Elizabeth Masen. Los obstáculos que tuvieron que afrontar al hacerse cargo de un niño de 5 años cuando ambos aún eran universitarios y su relación no había cumplido ni un año, no los quiero ni imaginar. Esme siempre me dice, quitándose importancia, que a quien ambos deberíamos de agradecer todo es Carlisle, que ella era mi hermana y que como tal yo había pasado a ser su responsabilidad, pero no, son los dos la razón que me hace decir felizmente que tengo una familia.
