Gintama pertenece a Sorachi Hideaki

Idea original de poeta muerto IG, quien ha prestado la idea para escribir una versión de Annabele Rusalka

ADVERTENCIA: La siguiente historia incluye OOC, pair crack y AU

Todo ligado, todo repetido

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I. Estación

-¿A donde vas?

No obtenía respuesta alguna, aquella persona me daba la espalda mientras se protegía bajo un paraguas pese a que no estuviera lloviendo y sobre ambos solo estuviera el cielo estrellado. No se quién es o por que preguntó yo a dónde va, pero si se algo y es que un nudo se forma en mi garganta mientras mi vista se va haciendo nublada gracias a lágrimas, que por alguna razón, no dejo salir, también se que no quiero que se vaya... y no se por que.

Entonces esa persona giro un poco su cabeza, no pude ver su rostro, pero mi cuerpo se estremece dandome una sensación de pertenencia, lo se... Lo he visto. Levantó su mano izquierda moviendola como una señal de despedida, su mano esta pintada de un rojo que brilla bajo la luz de la luna... Es sangre.

Mis ojos se abrieron de la nada, sobre mi esta el techo color blanco de mi habitación. Otro sueño, este mas real que el del día de ayer pero siempre la misma forma o temática, no se como se le puede llamar a esto. Pero mejor y como todos los días, lo dejo pasar.

Giro mi vista a la mesa que se encuentra a un lado de mi cama, ahí esta mi reloj con alarma, 5:30, demasiado temprano de nuevo. Desgraciadamente ya no puedo dormir a menos que este dispuesta a perder un día de clases, lo cual es imposible, creo que hoy tendriamos un examen o algo parecido. Esa es motivación susficiente para decirle a mi cuerpo que es hora de levantarse.

Me tome todo el tiempo del mundo en darme un baño así como para arreglarme y comer algo antes de partir al colegio. Mi hermano comió el desayuno conmigo, aunque fue poco, pasamos tiempo juntos antes de que el se fuera a atender los asuntos de nuestra familia. Después de eso tome mis cosas y salí de casa para ir caminando al colegio; por que por fin puedo ir y venir yo sola, no como antes que mi hermano insistia en que el chofer me llevara y trajera de un lado a otro, era vergonzoso ver las miradas de mis compañeros cuando me veian llegar pero no me quejaba, muy dentro de mi siempre me ha hecho felíz saber que a mi hermano le importo de esa manera. El es todo lo que tengo y haría cualquier cosa por el.

La brisa acaricia mi rostro mientras voy caminando, es una bella mañada de verano. No puedo creer que ya lleve casi dos meses en mi primer año de preparatoria y lo que es mejor, junto a mi mejor amiga a quien cada día le agradezco haber quedado en la misma clase que yo pese a que ella no haya tenido algo que ven en eso, pero no importa, las cosas sin ella serían aburridas para mí.

No tarde mucho en llegar al colegio o tal vez se me hizo rápido por ir pensando un montón de cosas. Las clases aún no comenzaban cuando llegué al colegio, así que me dirigí a paso lento a mi salon de clases, la clase 1-Z que se encontraba en los edificios traseros justo al final del pasillo, todo esto desde que algunos alumnos "tuvieron un percance" que afectó la estructura del otro salón en el que estabamos.

-¡Adelante hijo de puta!-. Escuche aquel grito, de hecho, creo que se escucha en todo el edificio.

-¡No te escondas perra!, ¡Aqui estoy!-. Pudo escucharse la respuesta al grito anterior.

Creo que cualquier alumno perteneciente a la clase sabria a quienes pertenecían aquellos gritos que de cierto modo a mi me parecen divertidos. Así que simplemente me adentre al salón de clases, varios de mis compañaros yacían sentados tranquilamente en sus lugares y otros miraban a ese par, ese par que mantenían poses de batalla listos para atacarse el uno al otro en cualquier segundo.

-¡Buenos días Kagura-chan!-. Interrumpí abruptamente aquel momento.

La persona que mencione abandono su pose de batalla, no sin antes fruncirle el ceño a la persona frente suyo.

-¡Buenos días Soyo-chan!-. Me respondió

Me dedicaba una alegre sonrisa aquella chica de cabellos color bermellón y de penetrantes ojos azules que oculta bajo unas gafas que parecen el fondo de una botella de vidrio además de que para ella son inútiles, es solo un poco mas baja que yo, su falda es mas corta pero usa los pantalones de educación fisica debajo; ella es mi mejor amiga, Kagura.

Le sonreí y después centre mi vista en su contrincante de hace apenas unos minutos antes de interrumpir.

-¡Buenos días Okita-kun!-. Lo saludé.

El me miró y simplemente movió su mano de izquierda a derecha como un saludo; ese chico es mas alto que nosotras dos, tiene el rostro fino y cabello castaño-claro que resalta con el color casi carmesí de sus ojos, ese chico se llama Okita Sougo, pero yo lo llamo por su apellido, no como Kagura, ella lo llama...

-Puaj-. Se quejo Kagura.-No deberías saludar a él sádico Soyo-chan, se te pegara la estupidez.

-En ese caso, "Soyo-chan" no te acerques a la china idiota-. Contestó aquel chico mirando mas a Kagura que a mi, uso un tono infantil y burlesco para referirse a mí con la intención de hacer rabiar a Kagura

-¿Como me llamaste perro?-. Preguntó Kagura acercandose a Okita-kun.

-¿Que estas sorda perra?-. Preguntó el con una sonrisa de lado que revelaba que se estaba divirtiendo.

Desde el primer día de clases hasta hoy, así han sido las cosas entre esos dos, bueno, mas intensas con peleas al grado de lanzarse sillas o golpearse con el trapeador. Ese par se lleva muy bien.

-¡Te partiré en la cara de niña que tienes en el momento que a mi se de la gana sádico maldito!-. Grito Kagura, creo que Okita-kun le dijo algo muy ofensivo esta vez.

-¡Adelante china plana!, ¡Atrévete!-. Contesto Okita.

-Kagura, Souichiro... ¿Cuándo sera el día en que llegue y no hayan peleas entre ustedes?-. Interrumpió una voz, era el profesor.

Ese hombre de mirada adormilada con cabellera rizada y plateada. Dejo escapar un supiro fastidiado adentrándose al salón mientras sacaba de su bolsillo un paleta de caramelo y se la metia a la boca.

-¿Aún estan cumpliendo el castigo de la semana pasada cierto?, ¿acaso quieren más?-. Preguntó el profesor.

Okita-kun chasqueo la lengua sin decir nada, simplemente tomo su asiento el cual es al lado del mio y detras del de Kagura. Por su parte ella también se sentó sin responder, creo que no quería ser castigada de nuevo, después de todo ella se quejaba conmigo sobre el "infierno" que vivía.

-El empezó Gin-chan-. Murmuró Kagura en respuesta.

-No me llames así-. Contestó el profesor.-Y además no me importa, mejor saquen su libro y pongan la página 13 para acabar rápido.

Si, entre todos aquí el parece el mas desesperado por el sonido de la campana indicando el fin de las clases. El profesor es así, nosotros lo llamamos Ginpachi-sensei, aunque Kagura le dice "Gin-chan" es lógico, ese hombre es su tutor temporal y se conocen muy bien. Después de aquél inicio de clases, el tiempo parecio avanzar rápido. Kagura y Okita-kun fueron regañados por quedarse dormidos, un chico que parece gorila fue golpeado por una chica que tiene la fuerza de un gorila y otras cosas mas pasaron que realmente son bastante cotidianas.

-Lo siento Soyo-chan-. Me dijo Kagura.

Las clases ya habían terminado, la mayoría de los alumnos se iban a sus casas o sus respectivos clubes escolares, excepto Kagura, ella estaba castigada por romper todas las ventanas del Gimnasio por una "competencia" que tuvo con Okita-kun, quien también estaba castigado con ella. Y por eso ella se disculpaba, habíamos quedado la semana pasada de ir juntas a una pastelería nueva, pero obviamente no se pudo.

-Tranquila, iremos cuando tu castigo termine-. Le dije dedicandole una sonrisa buscando darle paz.-Ire a casa, ya no pelees.

Fue lo que le dije antes de tomar mis cosas y salir del salón de clases. Justo en ese momento pude escuchar los gritos de ese par que solo peleaba, insisto en que ellos dos se llevan bien y son mas cercanos de lo que todos dicen, incluso diría muchas cosas sobre el sentir de Kagura.

Ya había salido del colegio, era poco mas de medio día apenas. El pensar que llegare a casa y estare sola un rato resulta algo deprimente, ¿qué hacer?, tal vez podria pasar por alguna tienda y comprar algo para comer junto a mi hermano. Antes de darme cuenta, mis pies habían tomado otro camino, esta vez iba por una calle poco concurrida buscando llegar mas rapido a zona central de ciudad.

-Mira quien va ahí-. Escuché una voz masculina detras mío.

Aquello me puso nerviosa, mis pies comenzaron a moverse mas rápido. Pero el camino parecia ser bastante largo pues no veia su final, sentía pasos detras de mi, cada vez mas cercanos, como si pisaran mis talones. No lo se, ya estaba temblando y buscaba caminar cada vez mas rápido.

-¿No es la hermana de Tokugawa?-. Dijo uno.

-¡Seguramente nos darán un buen dinero!-. Gritó uno con un tono animado que a mi simplemente terminó por aterrarme.

"No mires atrás, no mires atrás" me repetía una y otra vez. Estaba casi corriendo y mi vista se nublaba con lagrimas que querían salir. ¿Por qué a mí?, tengo mucho miedo, de ese que toma por prisioneros tus pensamientos inteligentes y hace que tu cuerpo se estremesca. Yo...

-¡Oye estúpido!-. Escuche un grito detrás mío.

Los pasos cesaron, sentí como si mi ambiente cambiara. Talvez soy estúpida, pero yo también detuve mis pasos; pese al temblor de mis cuerpo, pese a mis deseos de llorar sin cesar, pese a todo éso, yo di la vuelta...

Rojo... Negro... Blanco como la nieve de un invierno frágil pero imponente, aterrador pero... Amable.

Era esa figura frente a mi la que me daba aquellas sensaciones. Todo cesó, no se como explicarlo, simplemente parece que cualquier sensación dentro mío se la ha llevado el viento a algún lugar del que jamás regresara. Aquella figura que lucía mas alta que yo en la distancia, que lucia poderosa frente aquel par de aterradores hombres que hace unos momentos me seguían.

-¡¿Que demonios te pasa bastardo?!-. Gritó un de los hombres a aquella figura.-¡Muévete!, ¡¿o acaso te crees Batman?!

-¡Démosle su merecido a este entrometido!-. Agregó el otro hombre

Gritaban diversas palabras altisonantes, sonaban amenazadores mientras daban pasos lentos buscando hacer que que aquella figura retrocediera, pero en ningún momento lo hizo, en su lugar dejó escapar un risita divertida.

-Ustedes dos parecen muy fuertes-. Dijo aquella persona al fin.-O tal vez son muy feos.

-¿Que dijiste mal nacido?, ¡ya te mostrare!-. Gritó uno.

Rápidamente se lanzo contra el con un puño formado en su mano derecha... Aquella persona simplemente se inclino levemente y en un movimiento rápido golpeo el estómago del hombre tan fuerte que esté solo puso los ojos en blanco. Después de aquello lo sostuvo del cuello lanzandolo contra el otro hombre que miraba la escena atónito y que ahora, yacía en el suelo con un gestó de dolor.

Aquella persona que habia hecho todo eso metio las manos dentro de los bolsillos de la gabardina que llevaba puesta, dejo escapar un suspiro como si etuviese aburrido y se acercó al par de hombres derrotados con movimientos agraciados y juguetones cual gato pequeño jugando con alguna bola de estambre. Esa persona... Acaba de salvarme, pero simplemente mirarlo actuar de esa forma infantil y agraciada me provoca un escalofrío en la espina dorsal.

-Amm... Yo...-. Intenté decir.

Sus ojos se giraron a mí, era grandes y de un color azul tan bello y brillante que sentía que mi rostro se reflejaba en ellos, esos agudos ojos eran parte de un rostro bastante fino y blanco, de un cuerpo bastante proporcionado que vestía el uniforme de alguna escuela. Su intensa mirada no se apartaba de mí, pero simplemente no pude ver que había en ella, era como si ocultara todo sentimiento en algún lugar muy profundo dentro suyo.

-Gra... Gracias... Por sa... Sal... Salvarme-. Finalmente aquella palabras pudieron escapar de mis labios.

Aquella persona ladeo la cabeza con confusion, unos mechones de su larga cabellera bermellón tocaron su cara; entonces, el sonrió de una forma tan vacía.

-¿Salvarte?, ¿por que haría eso?-. Preguntó.-Estas personas parecían fuertes a lo lejos, ¿por que más vendría?, no soy de los que salvan cosas tan inútiles.

Me respondió, pese a su tono de voz tan animado y juguetón sus palabras fueron tan frías y pesadas que me hicieron retroceder un paso.

-Lárgate-. Dijo casi como si fuera una orden.-¿O quieres acabar como ellos?, después de todo estoy bastante aburrido.

Me miró de nuevo, sus ojos tan penetrantes estaban fijos en los mios haciendo que mi cuerpo se estremecieea de una forma mucho peor que aquellos hombres. No lo se, solo cerre mis ojos apretandolos tan fuerte como pudiera y corrí lo más rapido que mis pies me permitieron.

Ese tipo de ahí... Es realmente aterrador.

-Peligroso, eso es lo que es... Mira sus ojos, son los de un asesino

Me repetía aquella persona frente a mi, era una mujer, tenia una espada colgada en el lado izquierdo. Estaba mirandome fijamente con un aire de seriedad. Sentí melancolía, como si no quisiera obdecer aquella orden que esa mujer me daba. Yo no respondí, símplemente me levante del lugar cabizbaja y sali de aquel cuarto.

Frente a mi, estaba el paisaje de un bello jardín japonés tradicional. Sonreí con un poco de paz en mi pecho, es el paisaje, es el aroma del verde pasto lo que me hace sentir de esa manera...

Entonces una mano salió del techo, estaba extentida justo frente a mi y por alguna razón yo quise tomarla e ir a cualquier lugar al que me fuese a llevar.

-¡Señorita!, ¡Señorita!, ¡SOYO-SAMA!

Escuchaba la voz de Maizou-san muy a lo lejos en mi cabeza.

-¡SOYO-SAMA!, ¡SE LE HARÁ TARDE!

Fue aquel grito que hizo que toda imagen desapareciera y en su lugar de nuevo estuviera ese color blanco de el techo, Maizou-san, nuestro mayordomo o mejor dicho un "tío" muy cercano al que yo tanto quiero, tocaba la puerta de mi habitación una y otra vez. No lo dude dos veces y de un salto salí de mi cama para correr a abrirle la puerta.

-¡Soyo-sama!, ¿sigue en pijama?, ¡ya se le hizo tarde para llegar al colegio!-. Me dijo Maizou-san apenas me vio.

¡¿Tarde?!, pero como si yo... Hace apenas un momento corría huyendo de aquella persona. ¿En que momento llegué a casa?, ¿en que momento me he quedado dormida? No tengo tiempo para darme alguna respuesta razonable; corri a darme un ducha rápida, me cambie y salí corriendo de casa lo mas rápido que podia, desgraciadamente mi hermano se había ido con el chofer para pensar que alguien podria llevarme, estaba por mi cuenta.

Mi única opción rápida, era tomar el metro, quiero decir, si me voy corriendo haría que llegara al día siguiente. Gracias a dios llegue a la estación, mis pensamientos estaban buscando la entrada y mis oidos atentos a escuchar el anuncio de la salida del metro que me llevaría al colegio.

-Entrada para pasajeros con destino a la estación Kabuki-cho por la puerta 4 por favor-

Ese era mi destino, al menos aún tenía algo de suerte acompañandome. Llegue a ese lugar, rapidamente me adentre al anden del metro sentandome el primer lugar que mis ojos pudieron ver. Suspiré aliviada cuando el metro comenzó a moverse haciendo que la vista atraves de la ventana avanzara conmigo. Llegaré, tal vez con apenas un minuto o dos tarde afortunadamente.

Ahora podía respirar con un poco de paz dentro de mí. Extrañamente no habían muchas personas en el andén, algunas parecían calmadas incluso habían otros dormidos en sus asientos, mire a todos lados dandome cuenta de que todos estaban de la misma manera... Fue cuando mire al lado mío...

Estaba sentado con una sonrisa dibujada en su rostro mientras silvaba una alegre melodía, era esa persona de ayer... Aquella que me causo tanto terror. Solo que lucía diferente, su blanca camisa estaba sucia, habían rasguños en sus brazos descubiertos por el boblez de su gabardina negra, su piel estaba manchado con un morado oscuro.

Esa persona... Estaba herido y lleno de hematomas que parecían dolorosas, pero aún así, el sonreía como si hasta este momento haya tenido un día perfecto.

No se si se ha dado cuenta que yo estoy sentada justo a su lado, el esta alegre como un niño pequeño, por donde sea que lo vea esto no es una actitud normal frente a tales heridas y después de lo que he visto ayer, estoy segura que ha sido un pelea. Eso es lo su aura emana.

Alejate de él...

Escuché dentro de mi cabeza, era la voz de aquella mujer de mi sueño. Sigo dormida a tal grado que mis sueños se mezclan con la realidad. Pero tiene razón, esta persona es peligrosa y debo alejarme de el, yo no soy alguien que se mete en problemas y mucho menos... Me acercaría a una persona que se ve que los causa a menudo.

No pienses, no te muevas mucho, no emitas sonidos, no llames su atención.

Esas sensaciónes llenaban mi cabeza, me sentía como una obeja encerrada en una jaula con un león con actitud de gatito. No se si pueda soportarlo, el viaje en el metro comenzo a sentirse largo y eterno, la canción que el silvaba me ponia nerviosa; entonces sentí una humedad, provenía de el lado derecho, debo decir que en el lado izquierdo solo estaba la puerta de salida y entrada.

No lo mires.

Pero es inevitable, mire por encima, mi falda parecia humeda teñida de un tono oscuro. Lentamente deslice la mano hasta sentir la humedad y después mire mis dedos, estaban pintados de rojo. Eso encendió miles de alarmas en mi cabeza, esta vez toda mi vista se centro en ese lugar... Lo que vi me hizo saltar rápidamente alejandome de él un par de pasos y obviamente, llamé su atención.

-¡Estas sangrando!-. Le grité.

Creo que fue un poco bajo mi tono de voz pues nadie volteo a mirarme. Pero el si me escuchó, parpadeo un par de veces y después miro al punto que le señalaba, su brazo, el que estaba justo a mi lado hace un momento. Tenía una gran cortada de la cuál emanaba sangre pareciendo no tener fin.

-Sorprendente-. Dijo para si mismo.-Lastima, no puedo recordar la cara de quien ha hecho esto.

Su tono de voz sonaba tan divertido mientras observaba su herida. No que se quejaba, era como si no sintiera dolor, que extraño. Entonces, si no siente dolor ¿por qué me siento un poco preocupada al verlo sangrar y con el rostro morado?

Alejate, déjalo en paz.

Me dije a mi misma, soy torpe ya que no puedo dejar de mirarlo, sobre todo después de que el día de ayer me amenazara con dejarme peor que aquéllas personas.

-Limpiate-. Le dije extendiendole un pañuelo que saque de mi mochila.-Yo tengo un vendaje en mi mochila, mi mejor amiga suele rasparse seguido asi que...

-Te mataré-. Interrumpió rotundamente.

Pese a que su sonrisa ahí estaba su tono de voz que se sentia tan frío y pesado como ayer. "Retrocede" me dije a mi misma, mirandolo aterrada, pero...

"Esta herido"

Suspiré encogiéndome de hombros. La verdad es que estaba un poco aterrada, estoy segura de que él es una persona peligrosa, pero por algún motivo quería ayudarlo. Ignore aquella amenaza de hace un momento, saque la venda que guardo para cuando Kagura se lástima en sus peleas con Okita-kun, me acerque a él sin ningún tipo de cuidado y agarré su brazo comenzando a limpiar la sangre de su brazo, todo esto con una expresión decida pese a que el miedo y preocupación parecían bailar melodías muy diferentes dentro de mi. Después de terminar de limpiarle la sangre de su brazo comencé a colocarle el vendaje, el sonreía pero esta vez su sonrisa me decía que estaba molesto.

-Te mataré-. Me repitió, esta vez sostuvo su brazo buscando detenerme.

-Si vas a matarme... Hazlo cuando estes curado-. Me atreví a decir, no se como ni mucho menos de donde saque tal valentía para pronunciar aquellas palabras tan temerarias.

El me miro y su mano lentamente fue soltandome permitiendome seguir aplicandole el vendaje.

-Ya esta-. Anuncie una vez que terminé.

El sonrió, solo que ahora no sentía su molestia en su sonrisa, simplemente no había nada en ella.

-Que acto tan valiente-. Dijo el con un rostro de sorpresa.

-La siguiente parada en la estación Yoshiwara, favor de salir por la puesta trasera-

¿Estación Yoshiwara?