La luz de la mañana se colaba con fuerza por la ventana. A pesar de ser aún una hora muy temprana, los primeros rayos tenían ya la suficiente fuerza para iluminar la habitación. Los libros repartidos por la estancia, los objetos acumulados en cajas, los muebles cubiertos de polvo, se mezclaban con la ropa esparcida por el suelo, y las sábanas revueltas de la cama, dejando ver casi al desnudo los cuerpos de sus dos ocupantes.

Aquella luz de Mayo fue la responsable de que la joven decana fuera despertando a un sueño más ligero hasta que finalmente, consiguió que abriera poco a poco los ojos…

Se movió perezosa, y al comprender donde estaba, respiró hondo y se giró suavemente hacia su acompañante… Allí estaba él, con el pelo revuelto, la barba de dos días, y el torso descubierto. Su respiración era suave, acompasada… -uhm!- Sonrió para sí, aún estaba dormido…

Aquella no era la primera vez que lo veía al otro lado de la cama, su imagen era distinta a como lo recordaba, pero los años no le habían quitado un ápice de su atractivo: sus brazos seguían siendo fuertes, su torso aún revelaba su juventud deportista, y su piel, más curtida y tostada, le daban un aire rudo e irresistible… Tan solo las marcas en su cara delataban el sufrimiento… pero en aquella mañana parecían más atenuadas, su rostro reflejaba tranquilidad y una sonrisa casi imperceptible, se asomaba en la comisura de sus labios…

Cerró los ojos, guardándose aquella imagen y volvió a suspirar… Estaba perdida e irremediablemente enamorada de él… aquella sensación en su pecho, mezcla de alegría y vértigo extremo, no dejaba lugar a duda, al igual que el ritmo acelerado de su pecho mientras lo observaba… qué necia había sido todo aquel tiempo, negando la evidencia y aferrándose a un imposible… jamás podría olvidarlo, ni amar a otro…

Extendió la mano, y con el dedo acarició sus labios… el nefrólogo movió graciosamente la cara y abrió los ojos encontrándose con los de ella.

Buenos días, jefa.

Buenos días, House.

El se giro, quedando justo enfrente de ella, con el brazo sujetando la cabeza encima de la almohada, observándola con detalle, ruborizándola, haciendo que su tiempo se parase…

Estas aquí – Dijo en un tono de medio afirmación y pregunta

Ella se acercó para besarlo y en un susurro le dijo:

Estoy aquí.

Ambos sonrieron abiertamente y comenzaron a besarse y abrazarse, incrementando la pasión…

No sabían que sucedería mañana, qué pensarían los demás… nada importaba ahora salvo ellos dos y su historia inacabada pidiendo una oportunidad…

FIN