- ¡Alto!, Ladrón, que alguien llame a la policía, se ha llevado mi bolso - grito una mujer desesperada en la calle, no esperaba que en esa cuidad los ladrones estuvieran en auge.
- ¿Por dónde de fue? – pregunto el uniformado al llegar junto con su compañero a donde la mujer gritaba descontrolada, la ronda de ladrones estaba de regreso, debía ser aquel chico.
- ¿Cómo era el ladrón? – cuestionó el oficial restante ayudando a ponerse de pie a la mujer tirada en el suelo.
- Era… era sólo un niño, me… me pregunto sobre una dirección y… y cuando menos le pensó tomó mi bolso y huyó - explicaba intentando de recordar lo que momentos antes había ocurrido.
- ¿Era rubio? – se escuchó nuevamente la voz del primero en llegar, cuando la mujer asintió ante la pregunta el contrario chasqueo la lengua.
- Tsk… - presionó su comunicador, sabía que aunque intentará alcanzarlo corriendo no lo alcanzaría, llamó por el comunicador a la única persona que por experiencia podía capturarle.
- Ey… Roy, ¿Estás ahí? – pregunto por el aparato.
- ¿No van a atraparlo? – alzó la voz la mujer, el joven a su lado le dio una sonrisa para tranquilizarla, lo que la dejo consternada.
- Eso hacemos… ese chico sólo se mete en problemas por una razón - fue su única respuesta.
- ¿Qué quieres Maes? – se escuchó una voz varonil por el otro lado, algo cortada por la transferencia del mensaje.
- Nada, sólo quería avisarte que… - intentaba informar pero fue interrumpido.
- Edward otra vez, ¿cierto? – pronunció la voz.
- Ya sabes que ese chico sólo causa problemas y tú - nuevamente fue interrumpido.
- Ya lo sé, ya lo sé, sólo yo le doy alcance, que fastidio - se murmuro lo último.
- Roy vamos no te pongas así, sabes que King te puso a cargo el niño porque a ti te tiene mas confianza - hablo el de lentes rascándose la nariz con algo de nerviosismo, ese moreno del otro lado del aparato si que tenía mal humor, pero era su trabajo.
- Tsk… ya lo sé, enseguida lo atrapo, y Maes… dile a Havoc que deje de tocar a la testigo - comentó desde la jefatura, efectivamente al mirar a su rubio compañero estaba tocando la cintura y otras partes de la victima.
- Pervertido - una fuerte y sonora cachetada le fue proporcionada al rubio tirando el cigarrillo que traía desde hace rato en los labios.
- Señora, dentro de poco lo atraparán, puede ir tranquila… mañana recupera sus cosas en la jefatura - aseguro el mayor ignorando lo que su compañero acababa de hacer.
- Gracias - susurro la mujer aliviada.
- Será peligroso que este por las calles sola, la acompaño a su casa - ofreció el rubio del cigarrillo.
- Estaré más segura con violadores que con un oficial como usted, gracias - hizo una pequeña reverencia y partió camino a casa, sus piernas aun tambaleaban, pero podía sostenerse en pie…
Calles adelante un rubio corría por las calles intentando perder a los oficiales que de antemano sabía que habían mandado a ese sujeto, pero no podía rendirse, no ahora que casi llegaba a su destino.
- Sólo espera un poco Al, pronto podrás comer - susurro para si con una sonrisa en los labios sacando algo de dinero del interior del bolsillo, su mirada se torno triste al momento de sentir el dinero en sus manos.
Aquel dinero sabía que no era suyo, que esa mujer a la que se lo quito podría necesitarlo para algo, pero, cerró los ojos con fuerza y recordó el rostro alegre de su hermano, sino lo hacía su hermano menor no tendría nada para comer además, sus pasos se detuvieron antes de llegar a la tienda donde se abastecería, sabía que los alimentos comprados con ese dinero debían ser un secreto, sabía que al llegar a casa, sino entregaba el dinero, su padre… sacudió la cabeza con frenesí, borrando ese doloroso recuerdos que sabía llegarían al llegar a casa como era rutina después de eso, llegaría ese sujeto y el regresaría a la comisaría donde tendría una larga y tediosa plática sobre los valores familiares.
Con algo de dinero en la mano, entró a la tienda comprando algunas botellas de leche, pan y tortas para su hermano, también compro una soda para él, el correr le había dado mucha sed, poco después salió del lugar con una bolsa mediana llena de cosas y una sonrisa en los labios sabía que su hermano estaría feliz por comer ese día y él estaba feliz de verle sonreír.
- Así que eso haces con el dinero que robas… - comentó una voz conocida para el rubio que borró su sonrisa de su rostro, no pensó que le llamarían tan pronto o que le pillara recién echas las compras eso no era común en él, intentó hacerse el desentendido y seguir su camino pero el mayor le tomó por el brazo.
- Responde… ¿para eso robas?, para llenarte la boca con comida chatarra - el pequeño comenzó a forcejear para soltarse del agarre cosa que logró ya que no le sostenía con mucha fuerza, comenzó su marcha por correr nuevamente, estaba cerca de su casa, debía llegar o su hermano, su hermano iba.
No sabía que el mayor le seguía de cerca para descubrir su escondite, esa era demasiada comida para que él solo lo comiera, por tanto pensó que sería la mascota de alguna pandilla, no le importaba que comprara comida para él, si solo robaba para eso, pero el físico del pequeño le decía que no se alimentaba adecuadamente.
Edward veía de un lado a otro, cuando se aseguró de que no había nadie, de aquella calle vacía, movió un tablón suelto, Roy le vigilaba de cerca, atentó a cualquier movimiento.
- Hermano, ¿Qué es todo esto? – pregunto un castaño de la misma edad que Edward a lo que pudo apreciar, el moreno veía la sonrisa nostálgica del rubio, por lo que espero a ver que sucedía, al parecer ese castaño era su hermano… ¿él lo obligaba a robar?
- Es comida para ti… recuerda no darle nada al viejo, guárdalo… no se cuanto tiempo pueda volver a traerte algo, procura comerlo antes de que se echen a perder, Al - sonrió sacando una torta y entregándosela al contrario mientras sonreía, del mismo modo le paso una botella de leche.
- Hermano, ¿no piensas comer algo tu también? – pregunto el contrario ofreciendo al mayor.
- No Al, ya comí, estoy lleno - golpeo su estomago para hacer valer sus palabras, sabía que estaba mintiendo, pero su hermano era su prioridad y aunque estuviera a punto de desmayarse por no comer adecuadamente, estaría feliz solo si su hermano comía, por suerte para él, en su estomago había soda por tanto no hacía ruidos delatantes, se puso de pie revolviendo las hebras castañas del contrario.
- Voy con el viejo, no vaya a ser que se enfade contigo, recuerda comer bien - dijo marchando de nueva cuenta al boquete por el que entro.
- Edward- detuvo sus movimientos al escuchar la voz de su hermano pequeño.
- ¿Qué sucede Al? – pregunto mirando a su hermano.
- ¿Puede comer Aki conmigo? – se escuchó el maullido de un felino al ser nombrado, el rubio sonrió y afirmo con la cabeza.
- Gracias hermano, ten cuidado - se despidió de su hermano mayor, quien volvió a cerrar aquel boquete para que no atraparan a su hermano o que el desquiciado de su padre hiciera de las suyas.
- Descuida, sólo tengo algo más que hacer, enseguida me voy contigo - comentó en voz alta el ojidorado, tenía la bolsa en la mano, sacó de ella el resto del dinero en papel moneda y camino con pasos cansados a unas casas después de donde había dejado los alimentos.
Roy se quedó sin habla, robaba para su hermano, pero si era eso, ¿entonces para que se llevó el demás dinero?, a menos que… le siguió con la mirada, le vio ingresar a una casa un tanto desarreglada
- Ya llegué - anunció el pequeño con voz firme.
- Edward, ¿Dónde esta?, ¿Dónde esta el dinero? – un adulto de hebras rubias y algo descuidadas, con barbas y ese semblante cansado que le acompañaba le tomó por los hombro sacudiéndolo un poco.
- Aquí esta,rayos… apestas a alcohol - murmuro apartándose del mayor, entregando el dinero con una mueca de asco en su rostro, el mayor contó el dinero y frunció el cejo.
- Te dije que me trajeras 10 mil, esto no es siquiera la mitad - grito sumamente molesto el mayor, el rubio sintió un escalofrío sabía lo que vendría, aun así, no se mostró débil, le miro desafiante al contestar.
- Y que querías era todo lo que la mujer llevaba encima ,recuerda que tengo que escapar cada que hago eso, tengo que perder a la policía, si quieres más ve tu y haz el trabajo - estaba molesto y el mayor no ayudaba en nada, sabía que la cantidad había disminuido por las cosas que compro, pero aquellos alimentos para su hermano no eran precisamente miles, de hecho solo gasto cerca de unos cincuenta, claro estaba que eso no lo vería el mayor.
El rubio mayor molesto por la insolencia del pequeño, alzó su mano en alto y golpeo el rostro del pequeño, tan fuertemente que le hizo caer al suelo, el cabello largo del pequeño que hasta ese momento estaba atado en una coleta, por el impacto, se soltó.
- Maldito mocoso, descuida… ya arregle ese detalle - anunció el mayor torciendo una sonrisa, Edward limpió de sus labios la sangre que emanaba, era increíble que ese hombre fuera su padre.
- ¿Hohenhiem ya terminaste? – se escuchó una nueva voz entrar en el lugar.
- Claro, ¿traes el dinero? - pregunto haciéndose a un lado para que observaran a su hijo.
- Aquí tienes, ahora lárgate a comprar tu porquería - ordeno el pelinegro dando el dinero al mayor, el rubio tenía miedo, era la primera vez que veía a esa persona o que alguien le dedicaba esa mirada, observó a su padre, se relamía los labios contando el dinero, momentos después se marchó del lugar, seguramente a conseguir algo de heroína y algo de alcohol
- Vamos a divertirnos un rato - musito el hombre de mirada fiera, con esa sonrisa ensanchada en sus labios, sus cabellos largos jugaban por toda su espalda y parte del pecho, Edward podía distinguir entre el negro de sus cabellos destellos verdes, comenzó a retroceder, tenía que salir de ese lugar, cuando dio la vuelta para poder escapar, el mayor le tiro de nueva cuenta el piso halando su tobillo.
- ¡Suéltame! - grito ese grito se escuchó hasta donde se encontraba el oficial azabache, momentos antes había visto ingresar a un hombre con una sonrisa diabólica en sus labios pocos minutos después, un rubio salir en dirección desconocida, tenía que esperar un poco, ese grito había sido por parte de Edward, se sentía impotente no sabía que estaba ocurriendo, sólo podía esperar, no era seguro entrar a un lugar desconocido sin refuerzos, los cuales, aun si eran enviados en ese momento, tardarían cerca de dos horas en llegar.
- ¡Cállate! – se escuchó un fuerte golpe y un gemido de dolor.
Por aquel impacto, Edward quedo un tanto aturdido y a punto de perder el conocimiento, el mayor sonrió complacido al no ver resistencia por parte del rubio, lo alzó sobre su hombro y le llevó a la habitación, le despojó de sus ropas, el ojidorado sentía mucho miedo, ¿Qué era lo que le iba a hacer ese sujeto?, ¿Por qué lo desnudaba?, ¿Por qué su padre obtuvo dinero?, todas esas preguntas obtuvieron su respuesta cuando el mayor presente se despojó de sus pantalones.
Pasada una hora, Roy seguía afuera, el rubio no le mentiría le dijo que iría por voluntad propia, pero desde aquel grito no se escuchó hablar al rubio, quizás algo le había pasado, quizás habían huido mientras él estaba esperando afuera, imposible, tanto tiempo atrapando en sus fechorías al pequeño que lo encontraba casualmente después de cada robo, de una manera tan tonta que al mayor le costaba creer que solamente él le daba captura, ahora que lo pensaba, quizás no era porque él era el que le atrapo por primera vez, sino que el propio rubio se dejaba capturar para expiar sus pecados al hurtar.
El de cabellos largos salió abrochando sus pantalones mientras relamía sus labios de la misma forma que al momento de ingresar a la vivienda, eso no podía ser cierto, no habría echo… negó con la cabeza para borrar esa idea de su mente, espero un poco más, trataba de asegurarse de que nadie más estuviera dentro de la casa o sería peligroso si entraba.
Edward salió después de los diez minutos en los que Roy estaba esperando a entrar, su mirada estaba vacía, sus pasos se veían pesados y cansados, trastabillaba de vez en vez, llegó hasta donde el mayor observando el suelo, miro los zapatos del mayor, una pequeña sonrisa cubrió su rostro, por lo menos allí podría descansar un poco de esa vida de muerte a la que estaba sometido, alzó sus manos para que el mayor le esposara.
Roy no podía ver el rostro del menor, aun así tomó las esposas como en toda rutina, con el cejo fruncido y con algo de fuerza, el menor se quejaba por los tratos, más no decía palabra alguna como las veces anteriores, el oficial comenzó a preocuparse, aun así, le llevó a la comisaría.
- Objetivo localizado y puesto en custodia - dijo por el comunicador.
- Entendido, regresa enseguida, llevaremos a cabo el interrogatorio correspondiente - se escuchó desde el otro lado.
- Señor, ponga comida en el interrogatorio, no se encuentra en condiciones - expuso.
- Entendido, cambio - la conversación termino.
- Vamos, camina - repuso halando un poco de las esposas en sus manos.
- Despacio, por favor, siento el cuerpo pesado - decía entre sonrisas dolorosas el rubio, no era trabajo del oficial preguntar por su estado o lo que había pasado dentro, aun no podía ver su rostro, estaba siempre gacho y oculto tras ese flequillo, sin tener más que decir, acepto la petición del ladrón de cabellos dorados.
- Espera, deje el bolso de la señora por aquí, creo que las tarjetas son importantes para ella - apunto a una esquina, el moreno con precaución siguió los pasos del pequeño, detrás de un tacho de basura encontraron la bolsa, no faltaba nada excepto el dinero.
La pregunta sobre ese niño se incrementaba cada vez más, no parecía mala persona, entonces porqué hacía eso, podría bombardearle de preguntas en esos momentos, pero, era mejor esperar a llegar a la estación, allí todas sus dudas o parte de ellas serían respondidas, de ese modo con el bolso en una mano y la cadena de las esposas del rubio en la otra llegaron a la estación, era momento de hacer las preguntas y obtener las respuestas.
