Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin pertenecen a su respectivo creador.
Advertencias: AU y moral dudosa.
Un desagradable ardor se clavó en las plantas de sus pies. Mikasa resopló en un intento extraño para aliviar su dolor, realmente odiaba llevar zapatos de tacón, eran demasiado incómodos. Hastiada e incómoda, buscó algo con que distraerse. Cualquier cosa serviría. Sin embargo, el altar de la iglesia no ofrecía, con toda su decoración barroca, demasiados elementos interesantes. Entonces, sus ojos encontraron algunas pinturas, clavadas en las frías paredes de piedra lisa, que mostraban escenas de la crucifixión de Cristo. Las oscuras escenas, desagradablemente realistas, plasmadas en los lienzos sólo empeoraron su débil estado de ánimo. No había duda alguna, el arte sacro no era lo suyo. Cerró los ojos, en busca de paz interior, pero la monótona voz avejentada del sacerdote se lo impidió. Ese hombre hablaba y hablaba, tan rápido que sus palabras no se entendían. Ella suspiró con cansancio, ¿acaso ese anciano no se cansaba de mover sus labios? Quiso maldecir en voz alta pero recordó el lugar en donde estaba, así que apretó los labios, inconforme. Odiaba tener que reprimir su desagrado hacia la situación.
A Mikasa nunca le gustó ser el centro de atención pero ahora, como dama de honor, tenía que comportarse. Usualmente, no seguía las normas sociales, si oprimían su manera de ser. Pero esta vez era diferente. Tenía que comportarse por su madre, quien era la protagonista de la boda. A pesar de que nunca lo demostró, en el fondo, estaba feliz por su progenitora, quien había sufrido mucho cuando murió su padre. Merecía otra oportunidad para ser feliz. De verdad. Sin embargo, había algo que la molestaba. Y mucho.
Ese algo, era el novio de su madre, un tipo llamado Levi, ¿qué diablos estaba pensando su madre cuando se fijó en él? El tipo parecía un criminal pues siempre se expresaba con un lenguaje vulgar y las escasas expresiones que se manifestaban en su rostro, honestamente, le daban miedo. Por ello, Mikasa no confiaba ni un poco en él. De hecho, durante todo el noviazgo de su madre y ese hombre, ella lo evitó como la peste. Había algo en su presencia que la inquietaba mucho.
Mikasa apretó con fuerzas el ramo de flores blancas que sostenía entre sus manos. Incluso en un día tan especial, ese tal Levi no mostraba ni una pizca de alegría. Por Dios, ¡se estaba casando!, ¿no podía mostrar un poco más de entusiasmo? Sin embargo, a su madre parecía no importarle pues una brillante sonrisa adornaba los labios de la mujer. Un interesante contraste de personalidades. Lo único que la pareja tenía en común era su baja estatura. Sin embargo, su madre era ligeramente más baja aunque Levi tampoco poseía una gran altura. Mikasa con sus dieciséis años, era más alta que él.
La obvia felicidad de la mujer motivó a Mikasa a no fruncir el ceño, no con toda esa gente viéndola. No quería hacer un espectáculo. Nunca había visto a su madre sonreír de esa manera, no desde que su padre murió. Y no quería arruinar su gran momento con descontentos tan infantiles.
Con toda la hipocresía que pudo reunir, Mikasa logró que sus labios formaran una débil sonrisa cuando su madre y ese hombre se dieron el beso que sellaría su unión matrimonial para siempre. En ese instante, un pensamiento oscuro golpeó su mente. Ella tendría que convivir con ese tal Levi. Durante un buen tiempo. Cerró los ojos, horrorizada. Qué escenario tan aterrador se le presentaba.
El corazón de Mikasa comenzó a latir con fuerza. Un miedo profundo e irracional hizo a su cuerpo temblar ante aquella desagradable realización, ¿cómo lo evitaría? ¿Había alguna manera? Todas esas preguntas se arremolinaban en su cabeza mientras intentaba mantener su rostro inexpresivo.
No. No podría convivir con ese hombre. Él no era su padre. De ningún modo.
Ese tal Levi no podía pretender ser una figura paterna con ella. La sola idea hacía que su estómago se revolviera. Nunca sucederá. Ese pensamiento firme la acompañó mientras salía de la iglesia.
Jamás.
Notas finales: Es curioso que en días tan complicados la inspiración golpee tan fuerte mi cabeza.
¡Saludos!
