dιѕclaιмer: тodoѕ loѕ perѕonajeѕ de la ѕaga "тwιlιgнт" ѕon propιedad de la únιca e ιnιgυalaвle ѕтepнenιe мeyer.

ѕтyle: one-ѕнooт.

ѕυммary: y ѕolo la oвѕerva con aтencιón, glorιғιcando ѕυ нerмoѕa ιмagen ιnғanтιl. eтernaмenтe ιnғanтe en ѕυ aparιencιa, venenoѕaмenтe leтal en ѕυ ιnтerιor. dυlce a la vιѕтa y delιcιoѕaмenтe aмarga al proвarla.

paιrιng: alec.x.jane

warnιng: ιnceѕтo

dedιcado: aroѕary вlacυ

Lιттle Inѕane

by Perséfone Black Turner

Era verdad, todos estaban un poco desquiciados. Un poco dementes. Era la verdad y no era necesario negarlo o aclararlo ante nadie. Todos y cada uno de aquellos seres de perfecta tés pálida estaban un poco, solo un poco, desquiciados. Lo supo desde el momento que abrió los ojos por primera vez al nacer en su nueva vida.

Todos estaban dementes y ahora él también lo estaba.

Completamente demente.

Y solo la observa con atención, glorificando su hermosa imagen infantil. Eternamente infante en su apariencia, venenosamente letal en su interior. Dulce a la vista y deliciosamente amarga al probarla.

La observa, como siempre lo hace, llenando de deleite su cabeza y sentidos. Ella es tan única que no puede evitarlo. Es como un gema preciosa, invaluable y sumamente peligrosa. Jamás podría dejar de mirarla, porque ella es el milagro de la vida…el milagro tras la muerte.

Verla clavar sus ojos en su próxima víctima le encanta, lo enloquece y logra arrancar una pérfida sonrisa de su impecable rostro de monaguillo celestial. Le encanta escuchar los terroríficos gritos de dolor que salen desgarrados de las víctimas, es como música para sus oídos. Porque lo causa ella y todo lo que ella haga siempre lo pondrá un poco más demente, un poco más feliz. Y aquel glorioso momento en que la sala se llena de gritos solo puede ser mejorada cuando la ve sonreír.

Sus labios se curvan, formando una delicada armonía facial y su encantador rostro se ve más adorable. Sus dulces mejillas son coronadas con dos hoyuelos, mientras sus ojos brillan con pasión. Y nada puede superar verla justó así.

Porque Jane se ve celestialmente diabólica cuando hace sufrir a alguien. Y lo vuelve un poco mas desquiciado.

Importa poco la vida del infeliz que se ve honrado con estar siendo atacado con el glorioso poder de su hermana. Importa poco al millón de personas que es capaz de llevar a sus pies solo para verla sonreír al causar dolor. Son solo pequeños sacrificios que deben ser pagados para poder ver el milagro en medio de la muerte, el milagro en medio de la muerte que vive desde que la ponzoña recorrió su cuerpo y lo transformó.

El milagro de ver a su Jane sonreír.

Ella termina con su tortura y camina en su dirección, con aquella sonrisa que le encanta. Jane extiende su mano hacia él y la infantil sonrisa se expande por su bíblico rostro.

—Alec. —no dice nada más. No agrega nada más. No necesita pronunciar nada más.

Él toma su mano y el infierno deja de arder a su alrededor. Ambos caminan, angelicales, a ningún lugar en específico. No importa cuál sea, están juntos. Cualquier lugar dejaría de ser el infierno si estaban juntos.

Alec sabe que todos aquellos hermosos seres mitológicos estaban un poco desquiciados.

Todos estaban dementes y ahora él también lo estaba. Lo sabe desde que abrió los ojos tras tres días de agonizante dolor. Lo sabe desde que vio a Jane a su lado, blanca como la cal, perfecta como una diosa, peligrosamente monstruosa. Desde que la vio sonreír y supo que no quería que dejara de hacerlo.

Sabe que está un poco desquiciado.

Y sabe que aumentaría su locura con tal de verla siempre sonreír.