Notas iniciales: ¡Hola! Hoy vengo con esta historia. Espero que les guste y me dicen que les pareció.

Advertencias: Violencia doméstica, fuerte vocabulario, final agridulce, así que están advertid s.

Pairing: Riren (LevixEren)

Sin más, los dejo con esta historia.


CAUTIVERIO.

(POV Eren)

Levi y yo somos un matrimonio muy feliz. No tenemos hijos y no pensamos adoptar uno por el momento. Él trabaja en una oficina y yo me quedo en casa a cargo de los quehaceres. En los fines de semana no salimos porque él prefiere descansar en casa, aparte de que no le gustan los espacios concurridos. No hablamos con los vecinos porque Levi piensa que ellos son muy chismosos y que sólo viven hablando de la vida de los demás, así que sigo su consejo y los ignoro cuando me hablan.

Vivimos en un elegante complejo departamental en el centro de la ciudad, cosa apta para él ya que se encuentra cerca de su trabajo. Yo sólo paso en casa limpiándola, puesto que a él le gusta que todo esté impecable en todo momento. Amo a mi esposo, por lo que no quiero disgustarlo. Él se encarga de las compras del departamento, como los víveres y suplementos de limpieza; de vez en cuando me compra ropa que a él le gustaría verme usarla, así no tengo que salir en cada momento. A Levi no le gusta… ni a mi tampoco.

No tenemos amigos cercanos, puesto que Levi es una persona solitaria. Hay ocasiones en los que lllega tarde del trabajo y es por que sus compañeros de trabajo y los únicos amigos que tiene, lo invitan a cenar. A veces llega muy tarde, cuando ya me he dormido, pero siempre siento cuando me abraza por detrás y me acaricia las piernas. No le digo nada por que lo amo.

Levi no tiene familia, su madre falleció a temprana edad, quedando a cargo de su tío, quien casi no le prestaba mucha atención en su adolescencia y en los primeros años de su juventud, por lo que yo soy lo único que tiene. Lo conocí cuando yo trabajaba de mesero en una cafetería en mi antigua ciudad. Él era cliente habitual por lo tran

En cuanto a mí, tengo a mi familia (mi padre, mi madre y mi hermana) en otra ciudad, pero no los veo muy seguido, únicamente como dos o tres veces al año, cuando ellos vienen de visita por unos días, dos a lo mucho. Casi no me gusta verlos ni mucho menos hablarles por teléfono, no me gusta cuando se entrometen en mi vida y en mi matrimonio. A ellos, en especial a mi madre no le agrada Levi, piensa que es una persona tosca, amargada y ruda. Están equivocados. Levi es muy dulce y gentil conmigo, y nunca me haría daño…


Levi y yo nos conocimos en una cafetería en la cual trabajaba. Recuerdo que desde hace unas semanas ese hombre con aire misterioso pero elegante llegaba frecuentemente al lugar. Todos los días a la misma hora entraba y se sentaba en una de las mesas más alejadas del lugar. Mis compañeros, que eran tres, y yo nos aprendimos de memoria lo que ese cliente pedía: una taza de té negro con un croissant salado. Una vez que lo tenía lo consumía y al terminar dejaba el dinero de la compra más la propina.

Al principio no me daba importancia ese hombre que llegaba. Me parecía un cliente más del montón. Pero a partir de la cuarta semana en que llegaba sentí su mirada penetrante mientras trabajaba. Y cuando pasaba a su lado limpiando las mesas me observaba con detenimiento. Traté de ignorarlo puesto que era algo que, aunque no me pasaba seguido, algunos hombres me invitaban a salir porque les gustaban mis ojos. Obviamente negaba sus peticiones. Pero ese hombre no me había invitado a salir a la primera; hasta que un día, mientras limpiaba la mesa en donde estaba, había una servilleta con un número escrito en ella y además decía: "Ojos lindos, sal conmigo. Más te vale decir que no".

Como todas las ocasiones anteriores ignoré ese mensaje pensando que ese hombre desistiría ante mi negativa por si era insistente. De tal manera que a partir de ese día muchas notas fueron dejadas en la mesa por él mismo, y yo seguía con mi trabajo ignorándolo.

No contaba con que un día, mientras limpiaba una mesa cercana a la suya, cuando pasé por su lado me tomó de la mano de manera un tanto brusca y desprevenida. Su agarre era fuerte pero al ver mi cara suavizó el tacto, a tal grado de parecerme una caricia en mi antebrazo. Y al ver que intentaba safarme de él escuché que me decía: "Por favor, sal conmigo". Pero de nuevo lo rechazé.

Desde ese entonces dejaba la misma nota en la mesa pero acompañada de una rosa roja, mis favoritas. Y entonces se me ocurrió una mejor manera de que ya no me molestara: aceptaría su propuesta y una vez le diría que no estoy interesado en una relacion.

Recogí una de las notas y estando en mi casa le marqué a ese número. Cuando él contestó estaba muy emocionado haber aceptado la invitación. Acepté la cita con la condición de que yo escogería el lugar (No me podía confiar del todo) y la hora. No puso objeción en ello y quedamos de vernos el próximo fin de semana.

Cuando el día llegó él ya estaba en el lugar que se había acordado, que era un centro comercial; y nos dirigimos a un restaurante cercano. Pensé en algún momento que me tomaría de la mano, o me que rodeara con su brazo. No sucedió. Mientras comíamos hablábamos de él específicamente. Traté de sacarle la información suficiente para constatar que no era un delincuente. Me di cuenta de que él era contador de una empresa reconocida de mobiliario en el centro de la ciudad y tenía 30 años. Vivía solo en un apartamento cercano a su trabajo y (esto me sorprendió) me contó de su obsesión con la limpieza. Le encantaba tener todo lugar en donde está limpio, y que por ese motivo había elegido nuestro restaurante por ser el más limpio e higiénico de toda la ciudad, según él.

Yo le conté que trabajaba en esa cafetería desde que salí de secundaria para ahorrar para mis estudios universitarios, puesto que estaba estudiando diseño en la mejor universidad que estaba en este distrito. Vivía con unos amigos, mis mejores amigos de la infancia, en un pequeño apartamento. No le conté nada mas.

Durante todo el rato, él hablaba de cualquier cosa que se le ocurriera. Por su tono de voz mostraba ser una persona culta y bien preparada. Era muy amable; me dejaba terminar cuando yo hablaba, aunque no sabía mucho. Mientras no quitaba su miraba de encima. Me dijo que le gustaba mi tono de voz y el brillar de mis ojos. Cuando escuché eso sentí que mis mejillas se calentaban y aparté mi mirada de la suya para ocultar mi vergüernza. Soltó una suave risa que se me hizo muy seductora. Alejé esos pensamientos de mi mente.

Al terminar, no me permitió pagar la cuenta y salimos del lugar. No esperaba la hora para decirle que no quiero tener una relación con él. Cuando estuvimos en una banca, nos quedamos en silencio por unos minutos y cuando iba a decirle lo que pensaba sentí su mano en mi nuca y topó sus labios a los míos. Abrí los ojos e intenté alejarme de él. Pero sus labios eran tan suaves que no pude evitar corresponder su beso. Estuvimos varios minutos hasta que nos separamos. Me abrazó y me dijo al oído: "Sal conmigo de nuevo, mocoso. Me gustas". Y se marchó dejándome confundido.


Luego de ese día no dejaba de pensar en ese beso. A veces, sin darme cuenta me tocaba los labios reconrdándolo. Muchos dirían que estaba exagerando por ello, pero era mi primer beso con un hombre. Había besado a varias chicas antes, cuando estaba en la escuela, pero ninguno era como ese, suave y a la vez dominante. No podía imaginarme la cara que pondría al verlo sentado en una de las mesas del restaurante, si es que llegaba.

Tal parece que sí llegó unos días después. Afortunadamente para mi, ese día me tocaba la limpieza de la cocina y el conteo de la materia prima que se usaba, por lo que no me tocó atenderlo. Sin embargo, notaba que buscaba algo con la mirada. No dejé de pensar que me buscaba a mi.

A los pocos días llegó. Y ese día me tocaba atender a los clientes, por lo que no podía escapar tan facilmente. Me acerqué a la mesa y mientras tomaba su pedido evitaba mirarle a los ojos. Luego me fui a traerle su orden dejándoselo y yendome al instante.

Cuando fui a cobrarle me dijo en un susurro: "quiero verte". Oculté mi sonrojo de su vista.

Ese día salí temprano de trabajar y estando en mi apartamento sentí mi celular vibrar. Vi que era un mensaje de él en el que me dejaba el día, hora y lugar en donde nos podíamos ver. Sin decirle nada a mis amigos acepté.


Luego de esa cita vinieron muchas más. Yo conocía más de él, y él más de mi. Le presenté a mis amigos, quienes a pesar de estar algo renuentes; sobretodo Mikasa, lo aceptaron como mi amigo. Le presenté a mis padres por vía Skype puesto que estaban muy lejos y él, por su trabajo no podía ir. Él me contó de su familia, de su madre y de su tío, y de como en sus días de adolescente era casi un delincuente. Eso me causaba gracia en él.

No podía decir que me gustaba. Sí me agradaba, pero no sabía si sentía algo por él. Es cierto que cada vez que lo veía, que me sostenía de la mano, que me abrazaba y me besaba en mis mejillas (despues de que robara un beso la primera vez, ya no ocurrió), sentía un cosquilleo en mi estómago. De igual manera cuando lo escuchaba hablar por teléfono.

No quería ser pesimista, pero realmente esperaba que se aburriera de mí. Cuanto antes mejor. Tenía miedo. Nunca había tenido mala experiencia en mis relaciones amorosas, de hecho, fueron tranquilas. Pero este hombre tenía un aura dominante, tanto que atemorizaba. Veía como miraba de forma amenazante a otras personas, hombres y mujeres, que me miraban y me sonreían. Cuando hacían eso, él me abrazaba por la cintura. Nunca me habló mal y cuando se molestaba conmigo lo que hacía era callarse y no me hablaba por horas. Pero tenía miedo. Nunca pude descifrar por qué.

Luego de tres meses de salir juntos, un día llegó a mi apartamento en mi día libre (se sabía mi horario de memoria), y me invitó a salir a un restaurante elegante, cuando llegamos él pidió una pasta a la carbonara y yo una lasagna. Hablamos como siempre lo hacíamos y una vez terminada la cena me dijo lo siguiente:

"Eren, yo te amo".

Abrí mis ojos y mi boca sorprendido y sentí una corriente de sangre en mis mejillas. Mi corazón bombeaba más rápido de lo normal y evitaba mirar la cara de Levi, quien tenía una expresión de ensueño ante mis reacciones. Sentí su mano acariciar mi rostro mientras me decía: "Lindo". Quedé mudo. Sin darme cuenta, yo también me había enamorado.

Salimos del lugar y nos dirigimos a su auto en silencio. Una vez dentro me tomó de la mano y con la otra giró mi cabeza. Luego acercó su rostro y me besó por segunda vez, aunque de manera diferente: suave y con delicadeza. Respondí a ese beso y poco a poco me fui entregando a él hasta que paró y nos fuimos a su apartamento.

Cuando llegamos nos dirigimos a su habitación y estando allí me entregué por primera vez a él. Fue la mejor noche de mi vida. Me trató con suavidad y me sentí realmente amado. No fue nada brusco ni egoísta. Fue muy amable y gentil. Cuando terminó el hechizo, se abrazó a mi, y me susurraba palabras como : "lindo", "mío", "te amo", y otras. Dormimos abrazados toda la noche.


Desde ese día no dejaba de pensar en él. Siempre me daba regalos y me colmaba de cumplidos. Asistió a mi graduación (estaba en mis ultimos años cuando lo conocí), y ese día me regaló muchas cosas, ropa, calzado y materiales de dibujo. Y ese mismo día le presenté formalmente a mis padres como mi pareja. A mi padre no le gustó mucho, pero no dijo nada. Mi madre solamente sonrió pero tampoco dijo nada.

Luego de varios meses él me pidió que vivieramos juntos en su departamento. Accedí porque me prometió que nunca me faltaba nada, además se sentía muy solo en las noches. Aunque a mis amigos no les agradó la idea, pero les recordé que ellos pronto regresarían a Shingashina, la ciudad en donde crecimos y que tendríamos que regresar el apartamento, puesto que era alquilado.

A los días me mudé con él e iniciamos nuestra vida de casados, aunque no nos hayamos casado realmente. No lo creíamos necesario. Con nuestro amor era mas que suficiente que una ceremonia.

Él me ama y yo a él. Y así será para siempre…


Notas finales: Bien, hasta aquí todo y me dicen que tal les pareció y si tienen alguna sugerencia o comentario me lo hacen saber.

¡Hasta luego!