Disclaimer: Trigger quizás tomaría un par de ideas, pero, sería denunciada (?


He vuelto en forma de lemon Akko x Sucy luego de unas largas vacaciones. Espero seguir actualizando los siguientes fanfics que estaba escribiendo para Madoka. ¡Ojalá que les guste!

¡Recuerden que esto es RATED M Y YURI!


Last Christmas.

Es Navidad y las tres han decidido pasarla juntas. Akko fue la última en agregarse porque ha discutido con su novia Diana. No puedes refrenar ese corazón exaltado y feliz al enterarte de que estaría ahí, aún a costa de que Akko se mostrara desganada. Le prometieron con Lotte, que tendría una fiesta genial y divertida. Has dicho a la casera que habría una invitada más y estabas segura que su mirada sorprendida se refería a que nunca te habían visto tan feliz. Repasas todo para que quede ordenado y retuerces los dedos de tus manos debajo del vestido al cuerpo que llevas. Esta vez te has esmerado mucho por verte bonita. Esperas ansiosa casi afuera de la casa por tus invitadas. Pasadas las ocho d noche, te fijas de que el pavo esté horneado y jugoso. Otros platos corrieron por la misma instancia de evaluación. Muerdes tus labios. La expectativa crece como un monstruo y estás a punto de chillar a la espera. Acomodas tu cabello, eso de quitártelo un poco del ojo es algo completamente nuevo. Y la campanilla suena. Sales casi volando a atender pero tu estómago se hunde y saludas descontenta al tío y las primas del vecino del piso dos. Luego el resto de la familia del vecino del piso tres. Son ya aproximadamente las diez de la noche y estás preocupada por ellas. Más que nada, desilusionada. Juegas con la comida, verdaderamente no tienes hambre.

"¿Estás segura que saben el camino?" Pregunta tu mente, un poco preocupada de que posiblemente te rompan el corazón. Sin embargo, le sonríes disimulando la angustia y te respondes:

-No te preocupes, Lotte sabe el camino, siempre me visita.

Miras el ventanal que da al patio compartido y suspiras otra vez. Sientes que el corazón te arde, estás una vez más sola, en la noche de Navidad, como cuando eras…

La puerta suena ahora y te levantas un poco exaltada.

-¡Lo siento! Akko se perdió mucho antes de encontrarnos… -La dulce mirada de Lotte por disculparse no tiene precio. No importa. Todo lo que hacen tus brazos es rodear a esa rubia adorable, feliz de verla.

-¿No me matarás? - Akko está en un costado, con el rostro compungido.

No pierdes detalle. Ha cambiado tanto. Desde que era esa joven alegre, tan sólo fue apagándose.

Era noticia común de que Diana y ella comenzaron a salir desde antes de terminar la Academia. Te quedaste ahí, mirando cómo te era arrebatado aquello que más amaste en la vida, la persona que le dio color a tu mundo y no pudiste hacer nada para cambiar la situación. El miedo no te dejó.

Tú, que dedicabas las noches en que Amanda salía a dar una vuelta con Lotte y Diana se robaba a Akko, a leer historias románticas de Night Fall, como una solterona irremediable.

Ahora tiene el cabello por los hombros y el flequillo completo, sin tomarlo con una horquilla. Lleva, en cambio, una diadema. Ha crecido. Está unos centímetros más alta, sus ojos se volvieron maduros. Casi no conoces a la infantil Akko con la que pasaste tus años de juventud. En cambio, es una mujer hecha y derecha. Ahora, usa collares de perlas, zapato de tacón y vestidos muy finos.

No evitas sonrojarte.

No es la Akko que recordabas, pero se ve hermosa igual. Akko es Akko, sin importar qué lleve puesto. Lo que ves, lo que más te interesa es ese corazón puro que la destaca por encima de todas aquellas personas que te han hablado a lo largo de tu vida.

Lotte lleva su cabello un poco más largo, ondulado. Ha cambiado los anteojos por lentes de contacto. Sigue vistiéndose con ese aire romántico. Pero claro, de ella no estás sorprendida, porque la sigues viendo a lo largo de las semanas. Siempre se juntan para tomar un té o para mirar una película, cuando Amanda se encuentra en el trabajo del Ministerio. La chica rebelde, ahora está encarrilada y es una mujer responsable y respetuosa.

Cómo cambia la gente a lo largo de los años.

-Pasen, pasen. –Les susurras, dando la espalda, para evitar que noten tus mejillas ardiendo. ¿O es acaso que afuera no está nevando?

Entran a tu departamento, vives en el primer piso y es el más espacioso. Posees varios estantes de libros y unos cuantos cuadernos donde experimentas. Trabajas con la familia de Andrew, ya que requirieron de tus servicios mucho antes de que te graduaras. Eres quien trabaja duramente en la construcción de medicinas para la población no mágica.

Retuerces tus manos.

-¿Cómo ha ido la receta que te pasé? –Pregunta Lotte, curiosamente, detrás de tu espalda. Dejas que te apretuje cariñosamente, sonriendo, mientras le muestras la pasta recién hecha. Ella sonríe encantada. -¡Ha salido espectacular!

Notas de soslayo que Akko las mira la mar de extrañada. No opina, no dice nada, tan sólo está ahí, observándolas. Quizás se siente un poco fuera de lugar, puesto que ella casi no se ha relacionado con ustedes y tú terminaste refugiándote en el calor de la genuina amistad de Lotte.

Con un poco de amargura, recuerdas que para Akko, todo era una excusa. Si iban a un café, Diana tenía que ir a una junta. Si se reunían a ver películas, ella estaba viajando. Nunca tiene tiempo para ustedes, y si puede hacerse aunque sea de una hora y media, directamente llevaba a Diana como la cuarta en el grupo. Lotte no decía nada, pero notaba ese brillo de disconformidad al tener a la rubia con ustedes. No es que tengan un problema con ella… Es que la salida es entre amigas y Diana era exactamente su novia. Hasta Amanda entiende cuál es el lugar en esta relación que tienen, luego de tantos años.

Pero Akko no.

-Voy a atender una llamada ¿De acuerdo? –Lotte vuela del lugar, la ves con las mejillas inflamadas y sale al patio del departamento. Seguramente, Amanda la había requerido o era una excusa.

Quedan ustedes dos.

Sientes que la ansiedad se arremolina en tu estómago, otorgando un poquito de náuseas, por la espera. Tanto tiempo has deseado verla y ahora que la tienes aquí, no sabes ni qué decir. De hecho, no le has dirigido explícitamente la palabra. ¿Será bronca? ¿Culpa? ¿Timidez? No lo sabes. En la junta de todas tus Sucy, sabes que están exaltadas, discutiendo entre ellas. Lo puedes imaginar.

-Estás muy diferente. –Intenta entablar la conversación torpemente. No contestas, sigues acomodando las cosas, dándole la espalda. Aprietas los labios y continúas las labores. Asientes, como para darle tu punto de vista positivo. –Ahora llevas el cabello larguísimo, más que antes. –Ella lo toca, rozando levemente tu espalda hasta el inicio de tu trasero. Básicamente tu cuerpo reacciona ante esa caricia, poniéndose en alerta. Tensas la espalda e intentas no ser obvia a la hora de tragar con dificultad. Los escalofríos recorren tu espina dorsal y casi suspiras por haberte tomado de sorpresa. –No sabía que se enrulaba así en las puntas, de verdad. –Ella sonríe, casi inocentemente, porque conoces sus actitudes de memoria. -¿Sigues trabajando la familia de Andrew? –Confirmas y pones los vasos en la mesa. La sientes seguirte, mientras intenta ayudarte, trayendo los platos y los aperitivos. –Llevas maquillaje y este vestido te queda genial, Sucy… -Se entusiasma. –Has crecido unos cuantos centímetros

-Y…Ya. –La cortas, mientras volteas a mirarla a los ojos. Ella se sonroja hasta la raíz del pelo. –No hace falta tanto halago. –Sonríes como puedes y pides permiso, antes de que te detenga, tomando tu mano. Sus dedos cálidos hacen un choque con los fríos y tu corazón se acelera. Casi no puedes refrenar el impulso de quitar la mano, pero sería demasiado obvio. Ella sonríe y los entrelaza, cariñosamente.

-Te extrañé.

Esto es una tortura china.

Hace casi un año y medio o dos que no la ves. Tu corazón duele, quieres gritarle que por qué se ha apartado ella, pero también recuerdas que tú no podías estar más de cinco minutos a su lado, porque Diana invadía el espacio personal, intentando hacerse la amiga de todas. Una actitud que te jodía un poco, porque la verdad es que si no fuera por el amor que le tienes a Akko, si pudieras evitarla, lo harías feliz. Eran agua y aceite, pero Akko siempre se empeñaba en juntarlas, porque "Quería que todas se llevaran bien". Además, inevitablemente estarían ahí, porque todos aman a Akko. Es algo irreversible.

-No costaba nada vernos aunque fuera un rato. Pero claro, eres una señorita de sociedad ahora y tienes asuntos que atender ¿No?

Cubres tus labios, el impulso que ganó la partida. Sientes que tu cuerpo tiembla de bronca, de ira, de despecho. Te has sentido todo este tiempo abandonada por la persona que juraste hasta dar tu vida. Una vez más, te habían dejado atrás. Y dolía, dolía como mil demonios.

Tus ojos rojos se aguan y le das la espalda.

Sientes sus brazos apretujarte desde la cintura contra su pecho. Percibes que tus pulsaciones se aceleran a morir y que estás a punto de hacer una escena ridícula de estúpida enamorada.

-Lo siento tanto… -Ella apoya su frente contra tu espalda, lloriqueando levemente, antes de que aflojes tus barreras y acaricies sus esbeltos y largos brazos. Esta bruja que al principio era un desastre, ahora es toda una dama. Aún no entiendes cuándo se dieron todos estos cambios, pero el hecho es que te gusta. Te gusta y estás profundamente enamorada de ella.

-Ya está. –Intentas decir secamente, pero luego suavizas tu tono. –Ahora no nos olvides. Porque nunca te hemos olvidado nosotras.

-No metas en esto a Lotte.-Susurra. Abres los ojos de par en par, un rubor tremendo se apodera y trepa por tu cuerpo. –Esto es entre tú y yo.

Cuando estás a punto de darte la vuelta, cuando juntas toda tu cobardía y la echas de una patada, para preguntar qué demonios quiso decir, ella te ha soltado y sonríe como siempre.

-A…

-¡Amanda envía saludos! –Lotte entra con su voz cantarina, te separas un poco más del cuerpo de Akko, como si desearas excusarte de que no estaban haciendo nada indebido. La rubia las mira, ora a ti, ora a Akko; antes de apartarse el cabello, un poco confundida.

La tensión acumulada en el aire se vuelve asfixiante.

-¿Y el pavo? Huele delicioso. –Akko desaparece de la vista de ustedes, huyendo de cualquier otra pregunta bochornosa.

Lotte sonríe y luego intenta refrenar los chillidos de felicidad. No la entiendes. ¿Qué mierda está pasando? Entonces, encuentras esa mirada cómplice, como cuando Amanda y ella comenzaban a salir y sólo tú lo sabías.

Te sonrojas y le das la espalda.

¿Es posible que Lotte supiera de tus sentimientos por tantos años y no hubiese dicho nada?

Te congelas en tu lugar.

¿Es posible que esa llamada fuera adrede pero, en realidad, las estuvo observando todo este tiempo?

Intentas decirle algo pero ha huido también, para hablar animadamente con Akko, quien responde tan radiante como cuando eran jóvenes. Sus ojos brillan de otra manera, dejándote absolutamente desconcertada. ¿Qué cosa está pasando que tú, Sucy Manvabaran, la chica más inteligente y sádica de Luna Nova, se te ha escapado de las narices?

No sabes cuándo, pero las tres están haciendo bromas y riéndose en voz alta. Sucy, sientes que tu corazón se llena de un calor que hacía tiempo que no percibes. Sonríes, al borde de las lágrimas, mientras haces a un lado los sentimentalismos.

-¿Recuerdan cuando Akko era malísima con las transformaciones? –Susurras con la clara intención de borrar tanto cariño que afloró en tu helado corazón.

-¡Oye!

-De verdad, nunca había conocido a alguien tan estúpido. ¿Es legal?

-¡Suuuuuuuucy! –Trata de conciliar Lotte y Akko infla sus cachetes, indignada.

Pero se largaron a reír, hasta el borde de las lágrimas.

-¡Maldición, las extrañé tanto! –Gritó Akko, apretujándolas con toda sus fuerzas. Le devuelven ese abrazo amoroso y Lotte termina dándoles unos cuantos besos en las mejillas como si fuera su madre. Ese instinto maternal que parece sacado de un cuento de Disney.

-Ya, basta, no seas molesta. –Susurras, enrojeciendo hasta la raíz del pelo, aunque estás acostumbrada a sus arranques súper cariñosos. Amanda no es de hacer escenas de celos, básicamente entiende su relación y hasta es capaz de unirse a los momentos cariñosos, con pequeños golpecitos.

Recuerdas que la primera vez que te enteraste que Amanda y ella estaban en algo, te quedaste por horas observando el techo. Lotte, con su forma tan romántica, había rechazado a ese rubio y al final se fue con la pelirroja. Era impensable, la chica romántica estaba atraída por aquella rebelde de cabellos de fuego y actitud cool. Había sido toda una sorpresa en Luna Nova. Hasta las profesoras no podían creerlo y eso que no se metían con las hormonas alborotadas de sus alumnas, salvo que hicieran desmadres. Pero, al final, era entendible. Le daba esa protección que esperaba de un caballero del que siempre soñó. Luego, a medida de que se hicieron más amigas entre las tres, conociste esa faceta cariñosa de Lotte, que era hasta ese entonces, totalmente misteriosa.

Sabes que no te arrepientes de eso, de ninguna manera.

La adoras, como a nada este mundo. Es tu verdadera amiga y también, quien ha estado en los momentos más difíciles, como cuando Akko fundamentalmente se había olvidado de ustedes.

-¿Cómo te ha ido en las presentaciones?

Error.

El rostro de Akko se ensombrece completamente. De hecho, es un misterio de por qué había discutido con esa rubia nariz parada, pero por su actitud, pueden darse una idea.

-Bien. –Suspira, a fin de cuentas. –El público ha respondido afirmativamente. De hecho, aman el show que hacemos con Chariot, pero…

-¿A Diana le molesta?

Niega con la cabeza y juega con las arvejas.

-En realidad, es su familia. Se han opuesto a mi trabajo, porque dicen que rompo el status y el prestigio. –Hace un puchero.

-Pero… Ella está siempre protegiéndote. ¿Verdad?-Intentas compensar ese vacío que se formaba en sus ojos. De hecho, una de las cosas que más odias, es ver que ha dejado de sonreír.

-Ella… Ella … No me ha protegido cuando su tía me dijo que desmerecía al apellido Cavendish y que no podía creer que Diana saliera con alguien de tan baja categoría. Me ha tratado de prostituta y Diana no ha movido un solo dedo.

-Debe ser una equivocación. –Susurras, un poco más débil. –Ella jamás ha dejado que te hicieran…

-Al parecer, como se acerca la hora de hacerse cargo de la familia, ha puesto en la balanza lo bueno y lo malo. Yo no represento más que una carga.

-Hay que ser idiota. –Susurras. –Debería sentirse orgullosa de tenerte a su lado. Eres increíble… Eres brillante como Chariot. Eres fuerte y tienes un poder en la gente que te ha hecho más famosa que tu ídolo. El mundo te ama, Akko.

Pero sabes que no es suficiente.

Ella desea solamente que una persona la ame, por encima de los demás.

Lo sientes, porque te pasa lo mismo. Sólo que lo de Akko puede remediarse.

Y lo tuyo jamás será correspondido.

Akko se levanta de la mesa y va hacia el bolso enorme que ha traído consigo, en silencio absoluto. Saca unas cuantas cosas dulces y luego, un par de bebidas.

-Lo saqué de la alacena de los Cavendish. No creo que pierda la cabeza por un par de botellitas. –Se encoge de hombros, esbozando una sonrisa débil.

Estás alucinada. Sabes que te gustaría usar una de tus pociones para ver que tus amigas hacen locuras y la idea te tienta tanto que casi sientes que debes arrancarte el cerebro para que deje de pensar esa maldad. Suspiras y al final desistes, mientras te sientas para preparar el postre.

Te sorprende que ya empiecen los fuegos artificiales y tanto Lotte como Akko, salen despedidas para ver el colorido show. Sonríes y las acompañas, mientras las dos miran alucinadas. Las ves sacar sus varitas, y sigues estos pasos, para lograr un par de trucos en el oscuro y nublado cielo. Los copos de nieve le dan un aspecto fantástico, como si participaran de un espectáculo congelado. Una sonrisa involuntaria vuelve a formarse en tus labios, mientras el frío cala tus huesos.

Al final, mientras ellas siguen jugando como criaturas, vuelves a casa y terminas de preparar un café para degustar, después de este momento tan especial. Una vez que la mesa está preparada, las llamas, elevando tu suave tono de voz.

Pero, sorpresivamente, un par de manos heladas, cubren tu campo de visión. Sientes el dulce perfume de Lotte e intentas soltarte, mientras una risita suave se escucha delante de ti. Al liberar tu campo de visión, tienes el enorme regalo de Navidad que guardaban seguramente escondido en una de esas bolsas mágicas que llevan el tamaño de un monedero.

Cuando lo abren, ambas con una sonrisa radiante, te das cuenta que es un equipo científico con el que siempre habías soñado. Tiene hasta una pantalla de pared a pared para anotar los progresos. Tubos de ensayo de extrema calidas. Y pociones. ¡Muchas pociones! Akko se adelanta a Lotte para abrazarte con todas sus fuerzas y no sabes cómo devolver.

Tus ojos se aguan pero intentas ocultar el estado de ánimo, escondiendo tu rostro en su cuello. No quieres que se burle de ti. Eres Sucy, la fuerte de las tres, la que no tiene sentimientos. Lotte se agrega, quizás un poco celosa de la cercanía entre ambas y finalmente se estrechan; por todos aquellos regalos que en muchos años no se pudieron dar cara a cara.

Te separas, un poco sofocada por tanto calor humano y escondes el sonrojo de tus mejillas, antes de ir hasta una de las repisas del mueble antiguo. Sabes que Akko enloquecerá cuando vea su regalo. Lotte simplemente gritará sin parar unos cuantos días y Amanda querrá ahorcarte.

Pero sus sonrisas valen todo en este mundo.

En tu mundo.

Sacas ambos cofres, y te das la vuelta, con una misteriosa sonrisa.

-Esto es lo que estuve esperando años para regalarles.

-¿Serpientes?

-¿Venenos?

-¿Quieres matarnos?

-¿Quizás vendernos en el mercado negro?

Sabes que están jugando, pero no dudas en levantar una ceja, mosqueada. Los años no vienen solos y tu paciencia también se ha limitado a niveles agigantados.

-Ábranlo y dejen de especular, maldición.

Los gritos no se hacen esperar.

La colección limitada de Shiny Chariot para Akko y otra de Night Fall para Lotte

Grandes reliquias que te costaron casi la reputación de gran alquimista, porque un viejo los quería también y tenía más dinero que tú. Al final, lo compraste por pocos billetes, una ganga. Pero te endeudaste con un par de pociones que el director de esa casa de subasta para su nieta que estaba con una enfermedad terminal. Sin ir más lejos, sabías que no hacía mal de vez en cuando obrar bien. Así que accediste a buscar la cura a esa enfermedad.

Y tuviste éxito.

En este lado de Europa, te conocían como Sucy, la salvadora de todo Mal.

Haces una mueca extraña, para reprimir esa vergüenza que toma a tu cuerpo de sorpresa, cada vez que piensas en el apodo ridículo que te han puesto.

Pero te hace bien.

Tus pensamientos se cortan cuando unos brazos como fierros se aferran a tu cuerpo y escuchas a Akko gritar y gemir de felicidad.

Dioses, esa chica trabaja con Shiny Chariot y aún no ha superado su enamoramiento infantil. Lotte te toma entre sus suaves brazos y te da varios besos en tu rostro, cariñosamente. Akko se suelta, estupefacta, para observarlas, con una extraña mueca en sus labios. Parece asco, pero no. Es algo más que no puedes descifrar. Quizás son… ¿Celos?

-¿Amanda te deja hacer esto?

-Sucy tiene los sentimientos de una roca, obviamente, no guarda recelos hacia ella.

Sabes que Lotte lo dice en tono de broma y de hecho, muchas veces te ha encontrado llorando en tu departamento, cuando se aparece sin avisar para dejarte el almuerzo. Tiene una copia de tu casa por si algo pasa y Amanda siempre pregunta por si estás viva o te han tragado los hongos y el trabajo. Así que, en esos momentos de debilidad, ella sabe cómo eres de verdad y no esa fachada cínica. Aunque nunca supo por qué lloras, ni por qué aún no logras rehacer del todo tu vida.

Notas que claramente ella mira a Akko, y luego sonríe enigmáticamente.

-Puede ser, pero al menos soy feliz así. –Haces tripas corazón y le das un beso duradero a Lotte en la frente, logrando que la joven invocadora de fantasmas y escritora de novelas Fantasy, se quede de piedra, roja hasta las orejas.

Muchas veces te preguntas por qué no te has fijado en Lotte. Es una chica dulce, atenta, cariñosa, de buen corazón, tu antítesis y muy divertida. Es súper compañera y amable, estudiosa y adulta. Pero sabes y estás completamente consciente de que es porque tu corazón ya pertenecía a Akko. Adicionalmente, tampoco es que te ves amando a una chica tan sensible y dulce. O quizás sí. Quizás en la próxima vida, si logras cruzarte con ella, te encargarás de darle todo ese cariño y amor que merece.

Se hace tarde.

Están las tres, con sus regalos tan especiales, con miles de recuerdos y con más por reconstruir. Te sientes totalmente positiva respecto a esto y sabes que todo irá mejor ahora. No porque Diana ya no está, sino porque han logrado sobrellevar la Guerra Fría para volver en un tiempo de Paz. Observas con una pequeña sonrisa, que Akko anda un tanto ida, tomando aún de la bebida que se ha robado de la casa de los Cavendish y Lotte no sabe cómo quitársela. Además, lo mezcla con las masas dulces y el té que has preparado hace unos minutos.

Dioses, esa chica no anda nada bien.

Vas a la cocina, con la clara intención de hacer una pequeña poción que logre curar la resaca rápidamente, pero te das cuenta que la bebida que tiene en sus manos, es una añeja y no hay nada en el mundo, que le quite ese estado de ebriedad primaria.

Suspiras.

Lo mejor es que esa tonta no viaje o no sabrás dónde terminará.

Estás segura que Diana irá a buscarla y juras por todas deidades que hay en este mundo, que atenerte a una Cavendish furiosa, es lo mismo que caminar en lava hirviendo una y otra vez. Preparas una bebida suave para que esa chica intente dormir durante la noche y cavilas la posibilidad de descansar en el sillón.

Sería lo más correcto.

¿Verdad?

Es la primera vez que pasarás la noche con ella, luego de tantos años. Sientes un nudo gigante en tu estómago y casi no puedes respirar por eso. Sin embargo, te encaminas hasta la mesa donde se encuentran ambas, y Akko directamente ya no recuerda ni su nombre. Te convida un poco de bebida pero niegas con una sonrisa. Lotte sonríe un tanto apesadumbrada y avergonzada. Esa chica ya no tiene más remedio. No obstante, la tranquilizas, tomando té.

-Que se quede en casa. Si Diana la busca, que venga aquí.

La rubia asiente y puedes jurar por todos los semidioses que su sonrisa es la mar de capciosa. Intentas que tus mejillas no hiervan más aún de lo que están y no bajas la mirada. Intentas ser fuerte ante esa mueca un poco altanera.

-Está bien, le diré eso.

-Tampoco malinterpretes las cosas. –Contemplas a otro lado, volviendo a beber otra vez y sientes un sabor extraño en tu té. -¿Akko? ¿Qué le has puesto a mi…? –Todo da vueltas.

-¡Vamos a divertirnos!

-¡Akko!

***·····***

Tomas tu frente, mareada aún. Lotte se ha ido aproximadamente hace media hora, y has quedado con Akko, quien está bailando en el medio de la sala y recita las frases de Shiny Chariot como ebria posesa, pai umbanda. Terminas de armar la cama, con esfuerzo, pero la ves muy entusiasmada para ir a dormir. Es capaz de hacerte una revolución a fuerza armada para sublevarse a tu palabra final.

-¡Es de noche, vamos a bailar! –Grita desesperada por más atención y no puedes evitar que una sonrisa se escape de tus labios, en contra de tu voluntad.

Aún en el estado de ebriedad que te encuentras, las neuronas saben funcionar como los Dioses y el Universo, mandan.

Tienes muy en claro que no hay nada en el mundo que te haga bailar...

Mucho menos esa música rara que se supone que es el pop japonés. ¿Por qué cantan como si las estuvieran acogotando? Frotas tus sienes, intentando entrar en razón. Gruñes.

-Por favor, ve a dormir, deja de ser tan molesta.

-¡Vamos Sucy! –La oyes suplicarte, pero intentas mantenerte firme. -¡Si no bailas conmigo, revisaré tu historial de internet!

-Buena suerte –Te ríes y sientas en la cama.

Extrañas la meditación de todas las noches, y simplemente Akko anda bastante ruidosa hoy. Ni siquiera cuando era una adolescente hormonal, se comportaba así. Decides ir a buscar un vaso de agua en la cocina y maldices el hecho de que no hay somnífero que calme a esa polvorita que tienes en el comedor. La oyes cantar y la verdad, no es que la música sea uno de sus mayores talentos. Debes reconocerlo, porque los perros de la casa vecina, aúllan desesperados. Ha convertido su varita en un megáfono, por lo que el resto del departamento escucha sus chillidos.

Madre mía.

Y entonces, no la oyes más, con sorpresa.

Sientes sus manos aferrarse a tu cintura, que ha crecido unos centímetros, tu cuerpo ya no es el de una adolescente tan delgada, sino que ha tomado una forma bastante sensual. Lo sabes y estás secretamente orgullosa de eso. Observas el trayecto de esos dedos y notas que hay un masajeo un tanto extraño detrás de esa caricia. Tragas en seco. Estás a punto de responder, pero el cálido aliento en tu oído, te deja congelada.

-Vamos a bailar, Sucy, -Sus manos suben un poco más, hacia la altura de los pechos. Los acaricia suavemente, notas que tus defensas se han ido a la mierda y que el vaso de vidrio está a punto de hacerse pedazos en el suelo. –Vamos… -Masajea tus pechos, muerdes tu labio inferior, intentando no ceder a esa tentación. Se ha vuelto bastante descarada desde la última vez que la has visto. –Porfa…

No, no es correcto.

Temblando, algo indignada, te das la vuelta y la enfrentas.

-Vamos a dormir, Akko. Se terminó el show.

Tu cuerpo tirita, deseando más.

Lo está implorando.

Desesperado.

La obligas a ir a la cama, casi arrastrándola de los pelos por toda la sala. Al final, notas que poco a poco sus energías van mitigándose. Ella cierra los ojos y tú suspiras, aliviada.

Estás por marcharte, pero su mano te detiene.

-No dormiré contigo. Estás portándote muy rara, Akko.

-Te quiero, Sucy

Te quedas helada, en el lugar. Sientes que estás a punto de enterrarte por la vergüenza. No tiene descripción con todo el alboroto que le ha hecho pasar a tu cuerpo hace quince minutos. No se parece a ese "Te quiero" que había dicho, cuando el dragón estaba por matarlas.

No.

Ella no comentó "Te quiero".

Expresó "Te amo" fuerte y claro.

Pero, bueno, era producto de la desesperación, puedes comprenderlo. Y aun así, este "Te quiero" es completamente diferente. No tiene nada que ver con los "Te quiero" que le ha dicho a Lotte, ni los "Te amo" que has tenido que padecer los primeros meses que estuvo de novia con Diana. Hasta a la británica le avergonzaban, pero tú darías todo por escucharlo… Si se dirigiese a Sucy, claro.

-Es el alcohol. Averiguaré qué has robado de la bodega de los Cavendish y se lo haré saber, porque no es nada normal. –Aún no puedes enfrentarla. Tus mejillas están tan rojas como tus ojos. Sientes los labios resecos y los lames suavemente.

Deshaciéndote de su agarre, huyes lo más rápido posible del habitáculo, esperando que no te siga. Intentas no mirar más atrás, sientes que es como ese monstruo que si lo miras, estará siguiéndote hasta el fin del mundo.

Por las siguientes horas, no escuchas más que un suave ronquido proveniente de tu habitación, mientras trabajas atentamente en la poción. Pero tu mente, hoy no está cuerda. Divaga, camina por los senderos del inconsciente, tus sentimientos más oscuros aparecen e intentas despejarlos. Si tuvieras a la Sucy del Mal, estaría de seguro recomendándote que vayas y le robes ese beso que se deben desde hace casi una década y se lo negaste.

Pero no.

Los hongos.

Sucy, concéntrate.

Piensa, si los hongos fueran Akko ¿Realmente irías desesperada por…?

Una risa brota de tus labios y pones los ojos en blanco. Necesitas concentración, no puedes permitirte ese lujo de tener pensamientos obscenos sobre tu mejor amiga, por más que la ames. No es nada correcto, ya has pasado esa etapa vergonzosa.

Compórtate como adulta, maldita sea.

En eso estás, mientras sigues preparando una poción que te han encomendado. Es un suave veneno, para un espía que ha jugado en doble línea con ambas naciones. Nada más que un susto. La mascarilla cubre tu nariz y has cerrado la puerta con tres llaves para que, si Akko despertara de improvisto y te buscase, no aspire ese aroma que puede resultar letal. De hecho, es el prototipo y no sabes hasta qué punto, puede tener efectos colaterales. Recuerdas que hace una semana, te la has pasado vomitando por el modelo cero y casi tuvieron que internarte si Lotte no te hubiese rescatado.

Hace frío.

Pero no puedes poner otra ropa que la que usas para el trabajo, por riesgo a contaminación. Intentas entrar en calor dando un par de saltitos en tu lugar, pero es fútil. Tu mente recuerda lo que ha pasado hace unos segundos y no se necesitas más para que el cuerpo active toda la calentura que necesita. Es como estar directamente sobre la llama de una antorcha.

Bueno, al menos también es suficiente para terminar el venenito e irse a dormir, luego de una visita a los exteriores del complejo departamental. Hasta crees que puedes derretir la nieve.

Cuando el pequeño y pobre escarabajo se retuerce sobre sí mismo, poniéndose morado y de patitas arriba, sonríes feliz. Ha dado resultado usar tantos hongos diferentes.

Lo revives y quitas la ropa de trabajo, arrojándola a un cesto para que se lave sola. Tienes una capa protectora sobre tu cuerpo desnudo y sales de la habitación, olvidando que estás en compañía. Lo recuerdas porque al abrir la puerta, te encuentras con un par de ojos pardos, un rubor inmenso en sus mejillas.

Quieres morir.

Sales volando hasta el baño más próximo para vestirte con el camisón, luego de una ducha rápida de agua bien helada. No puedes creer que esa estúpida fuera a buscarte. De hecho, es imposible que sea tan idiota, pero hablamos de Akko.

Ella ha ganado el Guinness Record a la idiotez.

Tomas valor.

Ahora deberás enfrentarla y darle una explicación que no parezca de una pervertida sin causa.

¿Verdad?

Sales y te sientes aún mareada. Akko está sentada en el sillón, cruzada de piernas. Contempla con los ojos oscurecidos, no es la mirada de siempre. Parece querer acorralarte. Te observa de pies a cabeza, tu camisón transparenta tus partes más femeninas. Notas que hay un aura diferente, la de este día tan extraño; es un ambiente lleno de deseo y desenfreno. Esa que te deja en seco y de la que no logras defenderte. Te asusta, te acobarda un poco. Necesitas huir porque sabes que no podrás decirle que no.

El mundo, por primera vez, ha dejado de girar para ti.

Se congela en un tiempo mágico, uno donde no hay ni principio ni fin.

Se terminó la cacería y lo sabes.

Ya no puedes seguir desapareciendo por más tiempo, porque Akko no lo permitirá.

Pero la castaña se levanta y va directo hacia ti, encerrándolas en la sala donde sueles hacer los reportes, dando un portazo. Tiemblan un par de muebles y algunas hojas caen de su prolijo lugar. Intentas hacerte hacia atrás, tratando de alejarte, un poco acobardada.

Akko, decidida, acorta distancias.

Tu corazón se dispara, el planeta entero podría escuchar cómo el órgano bombea sangre por el resto de tu cuerpo como si sufriera hipotermia.

Y se lanza a besarte de lleno los labios, furiosa y desesperadamente. Intentas responder al ataque, tu cuerpo ya no da más, no existe ningún tipo de barrera invisible que ya puedas poner entre ambas. Debes aceptarlo, Sucy, has perdido por primera vez en tu vida. Tu corazón no frena de latir desesperado, cierras los ojos, intentando mandar al carajo a la moral. Olvidas de que esa chica tiene el apellido Cavendish ya casi impregnado en su alma.

Es ahora, Sucy Manbaravan.

Es ahora o nunca.

La sientas contra el escritorio, ella te atrae con sus piernas, empujándote hacia su centro. La tomas suavemente de la cintura, acaricias sus brazos, tratas de alargar el beso lo más posible. Sabes que luego, deberás dar explicaciones que serán súper vergonzosas. Estás al tanto de que Akko querrá una respuesta convincente y tu cerebro no se ha rescatado de ese estado tan ebrio. Te sientes un poco confundida por todo, tu cuerpo no deja de temblar ante la situación. Ella respira desacompasada, acaricia tu cintura como expectante de más, implorando silenciosa y licenciosamente, que continúes lo que emprendiste. Estás agitada, notas que Akko suda un poco y apretuja tu larga cabellera, con cariño. Suspiras nuevamente, intentas aprovechar para profundizar el contacto; Akko, directamente derretida en tus labios.

Lo logras, acaricias su lengua con la tuya y suspiras, ocultando un gemido que pugna por salir desesperado de tus cuerdas vocales. Tu cuerpo está básicamente en llamas, casi no puedes razonar otra cosa que el que están en tu casa, en tu escritorio, besándose como si no hubiera mañana y borrachas como una cuba.

Notas que sus besos se desplazan un poco de tus labios y van a tu cuello, lentamente. Lo estiras, tragando en seco, un suave sollozo apagado vuelve a salir de tus labios. Acaricias su espalda, en el trayecto y te dedicas a entrelazar tus dedos en el cabello de la persona por la que llevas enamorada añares.

Su lengua caliente y húmeda te ataca, cuando bajas un poco la guarda y básicamente se hace lugar en toda tu boca, mientras se incorpora de la mesa. Voltea las posiciones, revolea todas las cosas que están sobre la mesa y estampa tu espalda contra esta; para treparse salvajemente sobre tu cuerpo. Besa tu cuello de nueva cuenta, lo muerde y deja una suave marca, lo sabes.

Siempre ha sido posesiva.

Y baja un poco más.

Intentas detenerla, pero no hay palabra razonable que logre hacer que recapacite. Sus manos vuelven a tus pechos, para acariciarlos suavemente. Haces un lugar entre tus piernas para que se apegue mejor a tu torso, alzando las caderas. La atrapas en ellas, enrollas en su espalda, no planeas dejarla escapar. Sé sincera de una vez por todas: Ya no tiene caso seguir fingiendo que no te pasa nada con la chica por la que llevas muerta desde hace años. Akko intenta abrir impacientemente los botones de tu camisón, mientras éstos se enredan y al final, termina rompiéndolos de sus costuras. Te deja completamente desnuda en un santiamén; aún no habías terminado de cubrirte con la ropa de dormir.

Un sonrojo acusador se extiende por tus mejillas y vuelves a tragar en seco, mientras ella ha cortado el camino de besos para admirar tu cuerpo desnudo. Intentas cubrir tus pechos e intimidad con las manos, apretando un poco las zonas, pero ella, las aparta, tomando ambas con una sola. Con suavidad, lleva tu mano libre a su pecho, para que lo acaricies, mientras vuelve a besarte; más suave, más dulce.

No puedes creer a dónde ha terminado todo esto.

¿Cuándo fue que la adrenalina ganó la partida a tu racionalidad?

-Akko… -Anhelas, un poco ensimismada y vuelves a clamar, cuando sus labios se han posicionado ahora en uno de tus senos, para besarlo tranquilamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Su cabello hasta los hombros, hace cosquillas en tu piel. Sueltas tus manos de su agarre y lo acaricias, echándolo hacia atrás. Luego la empujas contra tu cuerpo, deseosa por más. Arqueas tu torso, cierras los ojos e intentas dejarte llevar.

-¿Sí?

-Vamos a la cama.

-¿Mmmmh?

-La mesa es muy dura.

Una clara risa se escucha en la habitación y le sigues el juego, tentada.

Esto sí era un mata pasiones en su mejor versión.

Ella intenta vestirte con el destrozado camisón que repara usando magia. Ha quedado como nuevo, sin ninguna costura zafada y te arrastra hasta tu habitación, manos entrelazadas.

Cuando llegan, ella las encierra. Apoya su frente contra la tuya, amorosamente, mientras va desvistiéndose despacio. Clava sus ojos en ti, notas que está más que encendida. Logra derretirte sin tocar un solo pelo de tu cuerpo. Tus piernas tiemblan, Sucy, estás trastabillando hacia atrás, hasta caer en la cama. Abres los ojos un poco, tragando pesadamente.

Es un gesto tan inocente que los ojos de Akko, refulgen.

Literalmente, va a comerte en lo que queda de la noche y lo que duren sus energías.

La habitación se ha convertido en un jodido horno.

Ella besa tu frente, cariñosamente. Sonríe, con todo el amor que puede llegar a sentir, algo atípico a como cuando mira a sus fans. Caso contrario, es esa sonrisa que jamás le dedicaría a Diana porque...

Quieres creer que es amor de verdad

-¿Sabes algo? –Susurra en tu oído. La miras algo curiosa. –Me he tocado muchas veces pensando en ti, Sucy. –Sonríe de costado y tu rojo de las mejillas llega a otro tono, uno nuevo que no suele ser el que siempre ostentas cuando estás avergonzada por algo. Tus mejillas son pura sangre.

-Pero… Diana…

-Sucy. –Se sienta, su intimidad se expone sin tapujos sobre tu abdomen. Gimes suavemente, mientras ella hace una mueca, arqueándose por acción-reacción. Está húmeda a morir. –Todos estos años… -Susurra, ahora tímidamente. –Te lo he dicho. Te amo. Te amo desde niña. –Su mirada parece herida. –Pero creí que yo… Que yo no te gustaba. –Suspira, la congoja ha tomado cada una de sus facciones.

La abrazas contra tu cuerpo y suspiras, intentando recobrarte de tantas emociones en un día.

-No era correcto. Te habías puesto con Diana y…

-Al principio era por conveniencia. Quería que me notaras. Quería que me vieras. Quería ver si generaba algo en ti… ¡Pero tan sólo te has portado como hipócrita todos estos años! –Las lágrimas traicioneras caen por sus blanquecinas mejillas. Las limpias, con cariño, mientras logras peinar esos cabellos alborotados.

-¿Esto es por celos?

-No. Es porque no doy más.

Vuelve a besarte los labios, sin pedir permiso. Aún llora, se aferra a ti, como si fueras a faltarle de verdad y estuviera haciendo esto con tu fantasma. Su boca sabe cómo amoldarse sin palabras mediante y tú acaricias su cabello una vez más. Aún extrañas el largo que solía usar, pero este no le queda nada mal. Sonríes, mientras ahora bajas un poco por su espalda desnuda y te colocas mejor en la cama, para que las dos estén más cómodas.

-Lo siento. –Suspiras. –Discúlpame… -Te sofocas por decirlo en voz alta, no eres de las que piden clemencia porque sí. -¿Me disculpas?

-Lo estoy considerando…

-¡Akko!

Ríe estridentemente y te da un beso en la frente, con adoración. Limpia sus lágrimas y retorna a todo tu rostro, para darle besitos honestos.

-Ya, ya… -Vuelve a reír. –Lo siento, tenía que humillarte un poquito más. -Se hace un pesado silencio entre ambas, ella aclara su garganta. –Y soy virgen.

Abres los ojos de par en par, casi atragantándote con la saliva.

-¿Eh?

-Ya, lo que escuchas. Diana no tiene permitido "fornicar" hasta el matrimonio, por tradición y etcétera. Nunca me opuse a ello, porque es conveniente. La verdad es que –Mira a otro lado. –Temía de que si tenía sexo con ella, gimiera tu nombre, Sucy.

Observas a otro lado, completamente enrojecida, una vez más. Ahora la cortina de tu ventana, se ha vuelto muy entretenida. Empero, estás al tanto de que no mereces todas estas verdades. Crees que Akko es demasiado generosa al compartirlas, pero simplemente intentas refrenar la culpa, mientras volteas las posiciones.

Ahora le toca a Akko quedarse de colores y sorprendida.

-Para tu información, -Sonríes maliciosamente, intentando parecer cool, aunque en realidad, tu timidez comienza a destruir esa inteligencia refinada de la que eres dueña. –Me he masturbado varias veces pensando en ti y también soy virgen. –Encoges casualmente tus hombros menudos. -Supongo que ambas estamos en la misma.

Silencio.

Akko levanta una ceja y sabes que está algo cabreada, por esa mueca de su tentadora boca enrojecida por los besos.

-¿Nunca ha pasado nada con Lotte?

Intentas no reírte de la muestra de celos.

-Claro que no, tonta. –Muerdes tu labio inferior y para no carcajearte, tocas su cuello y bajas un poco. –Te sentó bien la adolescencia, por cierto… Debería estudiarte.

Akko tan sólo se arquea, arañando tu espalda.

Está implorando por más.

Y no eres quien para negárselo.

Al lamer la piel, notas que está levemente sudada y que aprieta sus piernas, para refrenar el fuego que comienza a consumir completamente su esbelto cuerpo. Interpones una de tus piernas y empujas levemente contra su centro, haciendo que la joven bruja abra los ojos y mire al techo erráticamente.

-Su…Sucy…

-¿Te gusta? - Te inclinas un poco y susurras en su oído, enviando diferentes sensaciones de frío, calor y placer a su médula espinal.

-Sucy… -Vuelve a gemir.

Le das un beso rápido en los labios, antes de llegar directamente a los pechos. Son pequeños, pero muy bonitos. De hecho, no es que fantasees con algo más voluptuoso; las mujeres como Chariot nunca fueron exactamente de tu placer libidinoso. Los lames, un poco más confiada, mientras estudias sus facciones. Ella suspira apagadamente, arqueando las caderas para rozar aún más su intimidad contra tu pierna.

Pese a que eres tan restringida con el gusto sexual, sabes específicamente qué quieres de una mujer y qué no. Por eso mismo, has llegado a la conclusión que lo que más te agrada y levanta tu libido, es esta bruja que está debajo de tu cuerpo, clamando por más.

-Te quiero… -Susurras, un calor inmenso se apodera de tus mejillas. No estás acostumbrada a las palabras románticas, pero sientes que debes decirlo. Es lo que quieres expresarle desde que te rescató en aquella torre.

O quizás antes.

Sabes que no es lo mismo querer que lo que sientes, pero es una aproximación y no puedes decir las palabras que de verdad tienes en la punta de la lengua. No puedes ceder a tanto, gratuitamente. Deseas esperar un poco, para ver cómo reacciona ante todo esto.

-Te amo.

Intentas no sonreír, mientras tus dientes juegan con la tierna pero endurecida carne del pezón erguido. Ella está gimiendo, la oyes perfectamente. Tu cuerpo esencialmente es una bola de fuego en este momento. Y suspiras, mientras succionas la carne, de nueva cuenta. Masajeas el otro pecho, tranquila, sin dejar de desatender su zona más íntima, la cual ha humedecido tu pierna. No puedes burlarte, porque estás igual y lo descubrirá tan sólo si te roza.

-Supongo que esto es porque nunca hemos hecho nada. –Subes un poco para besar su mejilla. Estás un poco indecisa. ¿Qué se supone que se hace cuando es tu primera vez?

-S…Sí… -Se esconde en tu cuello, aferrándose desesperada, por lo que concedes la caricia, cerrando los ojos. -¿Cómo…? ¿Cómo se sigue…?

Le das un escueto beso en los labios, temblando.

-Cre...Creo tener una idea… -Susurras, mientras una de tus manos viaja despacio por su cuerpo, que tiembla apenas siente los roces. Acaricias por encima y sin ahondar, su intimidad, ella mira al techo una vez más, arqueándose de placer. No puedes dejar de estudiar sus facciones, tu conejillo de indias tan vulnerable; experimentando el goce más primario de todos. Suspiras, tratando de reunir todo el aire en tus pulmones, mientras te acuestas a su lado. –Dime si te gusta ¿De acuerdo?

Asiente ensimismada y comienzas a acariciar los alrededores de su intimidad. Desearías ver, para saber qué estás tocando (Además de satisfacer tu morbosa curiosidad), pero te refrenas para no avergonzarla aún más. Tocas la suave protuberancia que se ha hinchado bastante y sonríes al escuchar un claro gemido de su garganta. Mueve por instinto sus caderas, pero sabes que ruega por más contacto.

Sin mediar palabras, bajas con tu cuerpo a su centro, tu cabeza entre sus piernas, aun cuando ella enrojece hasta las orejas e intenta cubrirse avergonzada. Pierde la partida cuando besas el monte de Venus, relajándose del todo. Escuchas un gemido más, pidiendo que continúes y desciendes un poco, hasta llegar donde tus dedos estaban tocando. Alzas suavemente sus piernas para exponer mejor la región íntima, mientras tus manos viajan por su abdomen y llegan a sus pechos, amoldándolos con suavidad. Ella las recibe, suspirando, pero una de sus manos, viaja hasta tu cabeza para afianzarla contra su sexo, ida en sensaciones. Sabes que no durará mucho, si bien se masturba, claramente esto no es lo mismo.

Comienzas a lamer toda la intimidad de Akko, disfrutando y grabando su sabor en tu memoria, logrando que la chica exclame en voz alta tu nombre. Se arquea completamente, sin pensar en nada más, mientras comienza a temblar. Su mano, trémula, te afianza un poco más, sofocándote. Intentas inspirar para seguir, no hay nada mejor que complacer a esa chica que siempre has estado estudiado sus reacciones.

Vuelves al clítoris, para lamerlo suave y cariñosamente, liberas una de tus manos, para hacerte lugar entre los pliegues de su intimidad. Abre la boca completamente provocada y vuelve a aplastar su cabeza contra la almohada, cerrando los ojos, entregada. Muerdes tu labio inferior, para hacer una leve presión en su entrada, observando con atención la reacción que pueda llegar a tener, por miedo de provocarle algún daño. Ella asiente, aún metida en su mundo, mientras tú intentas hacerte lugar. El himen está intacto, no te ha mentido en absoluto sobre ese gran detalle. Suspiras al sentir su intimidad, tragas pesado e intentas buscar algún lugar hinchado dentro de su cuerpo, donde se supone que se encuentra el punto G. la zona está totalmente húmeda, caliente y apretada. Casi sientes desfallecer con esta circundante y leve presión en tu dedo. No es que eres una tonta, claro que has investigado varias veces sobre el sexo lésbico y la masturbación. Necesitabas fuentes confiables para seguir sosteniendo que lo que haces, no es una completa pérdida de cordura ante las hormonas alborotadas.

Akko grita tu nombre. Está suspirando en voz alta y apenas puede pronunciar algo coherente. Sonríes, antes de volver tus labios a su clítoris. Frotas la cara interna de su intimidad, en su interior, enviando más sensaciones a su espina dorsal, volviéndola prácticamente loca de placer.

Más rápido

Suspiro

Más fricción.

-¡SUCY!

Más calor.

Algún sonido extraño que hace su garganta, primitivamente.

Mucho más.

-¡DIOS, SUCY, SUCY, SU….! –Se cubre la boca, avergonzada.

Necesitas que explote.

Tiembla, las paredes de su intimidad comienzan a vibrar. Sus piernas se alzan, enrolla la mano libre y los pies en las sábanas, aquella otra, en tu cabeza, te afianza, ahogándote de golpe.

Pero, lo deseas…

Estalla gloriosamente, afianzando tu rostro contra ella, mientras se arquea, desesperada. La miras, casi sin abandonar tu posición, sonriendo levemente, mientras tus labios siguen ocupados, y despacio, te separas un poco. Bajas el nivel de las caricias, para que vuelva a acompasarse la respiración agitada y finalmente subes tu cuerpo levemente para besarla. Sin embargo, te quedas un tanto estática, observando sus reacciones, es tu pequeña rata de laboratorio, pero te encanta también tener control de este tipo de cosas y que lo consienta. No puedes creer lo mucho que te has encariñado con ella, pero sonríes, un poco ida. Ella abre sus pardos ojos, oscurecidos. Te atrapa entre sus brazos, para estampar sus labios en un cálido beso. Tu boca sabe extraña, por dónde ha estado posicionada en los últimos quince o veinte minutos: Ella te recibe adorable, desesperada por agradecer, con sus ojos totalmente cerrados, ahora. Susurra, en otra realidad y entre besos, tu nombre. Esconde su rostro en tu cuello y tú cierras los ojos, relajada por haberle hecho sentir esa delicia. Por ser la primera, por estar casi en igual condición que ella y porque has dejado de reprimirte.

Porque has tenido la valentía de demostrar lo mucho que la amas.

Deslizas suave tu dedo, para no perjudicarla y con un poco de picardía, lo llevas a sus labios. Ella abre los ojos, enrojeciendo, pero obedece, lamiéndolos como si fuera el dulce más delicioso del mundo, ganándote la partida. La sensación de su lengua y sus dientes en tu dedo se vuelve bastante erótico, como cuando estabas adentro de su cuerpo, por lo que terminas retirando, antes de que termine.

Desplomas tu cuerpo, al lado del de Akko y la observas, acomodando sus mechones de cabello, cariñosamente; ella mira el techo con una sonrisa completamente satisfecha y llena de travesura. Esa mirada pícara que sólo a ti, te dedica.

Es tuya.

Vaya si te la has ganado.

-Ahora… Es mi turno. –Antes de que puedas frenarla, de que es suficiente, de que no tiene que esforzarse, ella ha trepado por tu cuerpo. –Siempre quise tocarte, Sucy. Eres… Estás… MUY buena. –Ríe entre dientes antes de besar tu abdomen y sus dedos rápidamente se posicionan en tu intimidad. Cierras los ojos y aunque no quieras, cedes rápido a tus bajos instintos. Te arqueas, desesperada por el goce, aunque quisieras, no puedes negar que esto te fascina. – Ven… -Susurra, y tú la abrazas suavemente, con inocencia. -Ven aquí. –Te arrastra contra ella, enfatizando dónde quieres que te posiciones. Quedas debajo de tu cuerpo y posiciona tu intimidad directamente sobre su boca.

-¡Akko…! –No puedes hablar. Simplemente todo lo que planeas decir, quejarte o razonar queda atascado en tu garganta. Entre la timidez y la incredulidad, no sabes qué ha ganado la partida. La sensación de placer que viaja por tu cuerpo, no tiene nombre. No es lo mismo masturbarse, con esto estás cien por cien segura. Temes perder el equilibro, por lo que te tomas de la pared, mientras Akko sigue acariciando con su boca y los dedos tu intimidad. Descaradamente, sientes una leve intrusión en tu intimidad y el rojo se extiende por el resto del cuerpo, coloreando tu cetrina piel. Su lengua logró profanar tu parte más íntima y sin ningún tipo de tapujos ni tabúes.

"¿De dónde has sacado este tipo de información, so, libidinosa?"

Mueves lentamente tus caderas, tu cuerpo está cansado y sudas un poco. Casi estás por venirte en un orgasmo de esos que tienes sólo cuando tienes un fin de semana largo y Lotte se ha ido de viaje, por lo cual, no te interrumpirá. Intentas alejarte, pero sus brazos te afianzan desde los muslos, prosiguiendo las caricias.

Aprietas los dientes, porque sabes que, sino, gritarás de placer.

-A…Akko…

Ella se ríe bajo tu intimidad, la corriente suave de aire caliente, te envía sensaciones diferentes al cuerpo. Tiemblas un poco, mientras su lengua sigue entrando y saliendo de tu cuerpo. Sin embargo, sus dedos, ahora, se hacen un lugar en tu intimidad, para acariciar el clítoris lentamente. Casi estás por perder el equilibrio otra vez, no quieres sofocarla. Te aferras mejor al barandal de la cama, moviendo suave las caderas. Una sensación de frío y calor invade tu conciencia, gimes, mandando todo al carajo.

No importa estar rescatando tu inocencia, esa que se fue a la mierda, apenas comenzaron a besarse. No puedes refrenar lo mucho que la deseas ni tampoco vas a fingir que no has fantaseado con esta pose un par de veces, cuando veías pornografía lésbica.

Se separa un poco, sopla y sientes que tu intimidad es agua. Te abochornas, apoyas tu cabeza en la pared, intentando ocultar tu rostro con el cabello. Vuelve a la carga, sus labios se posicionan en la protuberancia hinchada y succiona sin parar. Abres los ojos, desesperada, no esperabas este ataque. Estás aguantando de no venirte completamente. La escuchas gemir de placer, está disfrutando esto tanto o más que tú y no puedes fingir que no te mueres de vergüenza ante esto. Ahora pasea su lengua por toda la vulva, cierras los ojos, sabes que si sigue haciendo esto, no podrás resistir por más tiempo. Vuelve a penetrarte con esa lengua que parece estar hecha de fuego: La descarga eléctrica en tu espina dorsal llega hasta el cerebro, ves sin ver, sientes todo tan nítidamente que casi no puedes refrenar el gemido casi grito que ha brotado de tu garganta. Una exclamación primitiva, llena de necesidad, de desesperación. Tiemblas y pierdes el equilibrio, cierras los ojos. Te vuelves a arquear, mientras las hormonas toman la presidencia de tu cuerpo.

Te desplomas de espaldas, para no dañar su cuerpo, mientras ella intenta tomarte en sus brazos. Una de tus manos llega a tus ojos, agotada, confundida, el mundo te da vueltas.

No estás acostumbrada a tener este tipo de sensaciones, estuvo fabuloso.

Sientes que Akko te transporta a su lado, acostándote sobre la almohada. Aún respiras agitada y ella sonríe, lo sabes por la forma que suministra su aire. Te besa los labios amorosamente, las mejillas, todo el resto de tu rostro, un poco los pechos, y luego logra cubrirlas con unas frazadas. Parece que no, pero fuera, hace muchísimo frío.

Intentas decirle algo más, pero sólo la apretujas contra tu cuerpo, desesperada por cariño. Por su amor. No olvidas que aún andan medio ebrias, que quizás esa bebida tenía algo más que alcohol.

¿Y si es un afrodisíaco?

Quieres creer que no.

No puedes creer que, luego de tener a la persona que más amas contigo, tus pensamientos lúgubres arruinen el momento.

No.

Maldición, no.

No los dejas.

Te aferras a que es amor de verdad.

La vistes con un hechizo, mientras ha caído rendida en los brazos de Morfeo y tú haces lo mismo con tu cuerpo. Suspiras, relajada y finalmente, el sueño hace mella sobre toda capacidad de intelecto.

-Gracias, Akko…

***···***

Tus ojos se abren por acción del tirano sol y los entrecierras, irritada. Frotas la frente, das la vuelta para ponerte boca abajo y aspiras el perfume de la almohada, mientras intentas volver a dormir. Has olvidado cerrar la persiana, deben ser aproximadamente las diez de la mañana.

No recuerdas por qué estás tan casada y por qué tu cuerpo parece aún estar flotando en una marea de placer intenso. Sin embargo, tus mejillas se colorean una vez más, cuando recuerdas lo que has vivido la noche anterior. En alerta, te pones de costado, buscas a tientas su cuerpo, con los ojos cerrados, mas ella no está.

Luego, tu nariz huele un delicioso café, quizás ha estado preparando el desayuno. Te desperezas en la cama y luego buscas una bata para estar más abrigada. Es hora de levantarte e intentar tener una charla adulta, estos tipos de situaciones, deberían tomarse con calma. Quizás puedes preguntarle sobre si recuerda lo que pasó. Algo te dice que no.

Akko está vestida, porque su ropa no se encuentra desperdigada por el departamento, como lo dejaron en ese arranque de calentura.

Sonríes, abriendo la puerta y escuchas las voces animadas de Lotte y ella. Al parecer, la rubia ha ido a visitarlas, junto con Amanda. Han traído unas masas dulces, lo logras ver, escondiendo tu rostro en la pared, curiosa.

Y escuchas una voz familiar, que hace que todo vuelva a la realidad a la que perteneces y no a ese cuento de hadas que has querido construir.

Diana.

Diana ha ido a visitarlas.

Intentas vestirte más apropiadamente, no quieres quedar como una zaparrastrosa delante de ella, por lo que escoges el mejor vestido que tienes. Peinas tu cabello y finalmente estás presentable ¿Con qué cara enfrentarás a Cavendish luego de…?

-¿De verdad no recuerdas cómo bailaste y gritaste anoche, Akko? –Lotte se ríe a carcajadas –Necesitabas un exorcismo urgente.

-¡No seas tan cruel! –Akko se defiende, su voz se nota sumamente avergonzada.

-Robar la botella de mi familia…

Lo sabías.

No debiste. De verdad, no debiste… Sientes ira contra ti, vergüenza, pudor, tristeza, desprecio. Los ojos se llenan de lágrimas. Aprietas los puños, tu cuerpo tiembla, de anticipación.

"Eres una imbécil, Sucy Manbaravan…"

Que Diana esté ahí, significa una sola cosa y no quieres siquiera ver qué puede ser. Tu mente racional, te prepara para la peor noticia. Quizás volvieron, estás muy segura de que es así. Otra vez la verás besando esos labios, mientras que anoche, toda ella era completamente tuya. Sientes celos, muchísimos celos, ahora que la has probado, ahora que se ha entregado así contigo. Notas que las lágrimas se desbordan de tus ojos e intentas limpiarlas, para que nadie lo note, cuando hagas tu aparición, como una idiota enamorada.

Entras en la habitación y cuatro pares de ojos se fijan en ti.

-Lamentamos haberte despertado… -Susurra Akko, preocupada. –Te noto algo cansada…

-Akko, no cambiemos de tema, eres malísima cantando. –Interrumpes, intentando hacer como si nada. Ella infla infantilmente sus mofletes. Las demás te corean, con risitas.

-¡Cállense!

-Como futura Cavendish, es una pena que las cualidades de Akko no tengan nada que ver con la música. –La rubia bebe una taza de café, sentada en el sillón, en el mismo lugar que ayer, Akko estaba sentada como una fiera acechando a su presa.

El mundo se frena en seco.

Tragas pesadamente y el cubo de hielo se desploma en tu cabeza, noqueándote.

Lo sabías.

Tu corazón siente una punzada tan dolorosa que apenas puedes respirar.

-Toma. –Akko te da un sobre.

La miras, sorprendida.

-Es la invitación a nuestra boda. Al fin dejó de hacer tanto berrinche y ha dado el sí. –La rubia, a la que has traicionado tan banalmente, te sonríe con calidez, mientras toma de la mano a Akko, que se ha sentado en el apoyabrazos.

-Es mañana. ¡Eres la dama de honor!

Sonríes mientras tu cuerpo finalmente se rinde ante todos esos sueños infantiles. Tragas pesado y les das la espalda, saliendo rápidamente de la habitación. Lotte nota el cambio de actitudes e intenta ir detrás de ti, al igual que Akko, pero te encierras en otro de tus laboratorios, donde tienes más de quince llaves y tres paredes para resguardar que no te escucharán sollozar como un animal herido, mientras caes de rodillas en el suelo, arrugando la carta, derrotada.

Esta es la realidad, Sucy Manbaravan.

Akko jamás será tuya.

FIN


Sois libres de comentar qué les ha parecido este fanfic. ¡Estaré atenta a sus comentarios, pero no me amenacen de muerte!

Si realmente les ha gustado la historia, háganmelo saber y les daré una sorpresa.

¡Pórtense mal!