Drabble
Inazuma Eleven Go Galaxy.
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AU
Decleimer: IE no me pertenece, es propiedad de Level 5, solo la historia.
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Comprensión.
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«¿Este chico? »pensó Manabe la primera vez en que lo vio, y desde ese día, su corazón palpitaba sin frenesí al verlo.
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Aunque le molestara admitirlo, ese chico le provocaba diferentes sentimientos que no había sentido por nadie, inclusive ni las chicas ¿por qué tenía que ser un chico? Se recriminaba ¿Qué pensarían de él? Y más que nada ¿Qué sentía el otro por él? Era demasiado para JinIchirou.
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Una pérdida de tiempo. Desperdicio. ¿Dé que sirve darle de patadas a un balón?
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Esas fueron las claras palabras de su padre cuando le hablo del fútbol, no lo entenderían, y tal vez en ese momento el tampoco entendía bien que empezaba a ser ese deporte para él, pero, sabía que con el empezaba a ser alguien diferente, a mostrarse tal cual era.
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Aquel día en el que se expresó ante él con respecto a sus padres, no se detuvo un momento a preguntar al otro ¿cómo hacerlo cuando la sangre te hierve de rabia? Después de haberle dicho todo eso, Kazuto no se inmutó, se limitó a ser como siempre era con él.
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—Mi padre falleció hace años… –con la vista oculta, su sonrisa no desaparecía ni cambiaba —te envidió…
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¿Cómo podía tratarle bien después de todo?
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—Te quiero… –le abrazó en un descuido. Minaho le rodio con calidez, una que le agradaba, que le hacía sentir protegido.
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Si, desde ese momento tal vez, tenía una oportunidad, lo sentía. Ambos se complementaban, siendo diferente, teniendo sus diferencias.
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Aún recordaba su primer cita, en verdad Kazuto en ciertos aspectos era mejor que él, y una de ellas era sobre ser romántico, aquel lugar al que lo llevo, los detalles, todo en si fue de lo más agradable para él sin llegar a ser tedioso.
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Su beso, el sabor de sus labios, en verdad Minaho Kazuto resulto ser mucho mayor de lo que sus cálculos le habían dado.
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—Haz estado muy pensativo –distrajo de sus recuerdos Minaho sentándose a lado de Manabe.
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—Recordaba algunas cosas.
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—Eso está claro, pero ¿qué recordabas?
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Así como a veces amaba ese lado de él, también le odiaba, por qué siempre daba con lo que pensaba o se acercaba. Un beso en la mejilla le distrajo de nuevo, el atardecer se veía hermoso ¿o era por qué estaba con la persona que quería?
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—Vamos, que si no se preocuparan por nosotros –extendiéndole la mano, la tomo para levantarse de su lugar y caminar al dormitorio.
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En verdad, el fútbol no solo le había cambiado la vida, o su modo de pensar, le había traído aquello que creyó sería imposible o que resultaría de un matrimonio por conveniencia, amor verdadero y sincero de la persona que menos imagino y que le comprendía pese a lo que le había hecho.
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—Te amo –soltó al aire. Minaho sonrió, lo sabía sin que lo dijera.
