Título: Lágrimas de Luna
Autor: SMRU
Disclaimer: Naruto no me pertenece... ¡Más quisiera yo!
Pairings: NaruHina, SasuSaku, NejiTen, ShikaTema y OC's.
Notas de la autora: Jope, que importante me siento tratándome de "autora" X3 Bueno, el caso es que este es mi fic más personal, ya que me siento muy identificada con los personajes nuevos. Me parece que el prólogo relata una historia triste, y así he querido expresarlo, pero solo ustedes pueden decirme si lo he conseguido. Sé que es corto, vale, pero el primer capítulo lo tendré listo muy pronto. ¡Lo prometo¡Hum!. Dejando de lado mis paranoias, agradecería enormemente un review, sea como sea, si es malo: bien. Si es bueno¡mejor! XD Nos vemos al final... Si es que llegas ¬¬
Lágrimas de Luna
By: SMRU
Prólogo:
El cielo lloraba aquella noche penosa. Sus lágrimas oscuras caían desde los oscuros manchones negros que cubrían el cielo por completo. En la villa, el silencio solo se rompía por el atronador sonido de algún rayo o trueno ocasional que partía el lóbrego firmamento en dos. La electricidad de los relámpagos impregnaba el agua de los charcos de una luz repentina y que desaparecía a los pocos segundos de nacer.
La melodía que formaban las gotas de agua cayendo sobre el suelo empedrado y jugando con acordes entró en escena el instrumento principal de la obra.
El llanto del bebé se escuchó en todas las inmediaciones, pero, por suerte, no llegaría a alertar a las autoridades de la acuosa aldea, ya que su destino era otro.
El hombre que sostenía al recién nacido se detuvo unos instantes a admirar por última vez la hermosura de la cascada que tan bien conocía y la que había sido su hogar durante los últimos tiempos. Las aguas ocasionalmente desbordadas del lago sobre el que caía la gran catarata atraían al hombre con su ronroneo de oleaje producido por el ruido sordo de la caída del agua. Ningún canto de la más hermosa de las sirenas hubiera podido compararse al furor del agua el aquel momento.
Tras jadear de nuevo, un nuevo haz de luz atravesó las nubes plomizas y le indicó que siguiera corriendo. Una vez más, besó la frente de su hijo, envuelto en mantas, y una lágrima surcó su mejilla. Las diminutas manos del bebé asomaron entre la envoltura que cubría su piel y recogieron la perla que caía por el rostro de su padre.
El hombre ahogó un sollozo y observó la cicatriz que surcaba el cuello del pequeño. La acarició trémulamente y volvió a observar los profundos ojos color marrón oscuro que en ocasiones podían confundirse con el negro. Sus pestañas largas y bien definidas, sus pupilas dilatadas, su nariz rosada, sus mofletes hinchados por el llanto que había cesado apenas unos segundos atrás… El hombre volvió a abrazar al recién nacido y puso alerta sus sentidos.
Cerró los ojos y lo escuchó por encima del fragor de la tormenta: un siseo. Furioso, impaciente, lleno de ira y de odio. Se supo atrapado, y forzó a sus piernas a volver a ponerse en marcha, por el bien de su hijo.
Corrió por la espesura, con la imagen de la entrada de su villa natal grabada a fuego lento en sus párpados.
Encontró la cabaña tras correr durante varios minutos que le parecieron eternos. Llamó desesperadamente a la puerta, la cual estaba dispuesto a derribar si no escuchaban sus golpes.
A los pocos segundos una mujer de su misma edad abrió la puerta y estuvo a punto de gritar al verle ensangrentado, sin notar por un momento que la mayor parte de aquella sangre no le pertenecía. Él advirtió cuál sería su reacción y se apresuró a taparle la boca con una mano, mientras que con la otra sujetaba al recién nacido.
La mujer, rubia y de cabellos largos, esbelta, y clavando sus ojos azules desorbitados en el bebé lo señaló trémulamente y con manos temblorosas.
-Ha muerto… -la mujer miró de nuevo al rostro del que acababa de llegar, y atisbó n sus ojos celestes un dolor insondable e insoportable para un alma tan frágilmente humana.- Sayoko ha muerto, Kasumi, ha muerto…
El hombre no pudo soportar la pérdida de su esposa y se echó a llorar aún con el bebé en brazos. La mujer se arrodilló a su lado y le puso una mano sobre la espalda, a modo de inútil consuelo. A los pocos segundos, ella también se echó a llorar.
Irónicamente, el único ser vivo que no lloraba aquella noche en la cabaña era el más pequeño de todos, el bebé.
A los pocos minutos, el hombre se levantó y depositó el bebé en brazos de Kasumi, para después besarle en la frente de nuevo. La mujer no dejó de llorar mientras miraba como el que había sido su mejor a migo y casi hermano durante toda su niñez y su juventud sacaba una espléndida katana de debajo de la capa con la que se cubría.
Quiso preguntar cómo murió Sayoko, porqué había acudido a ella, y que hacía cubierto de sangre. Pero no podía, sus labios estaban sellados y sabía que si decía una sola palabra él se derrumbaría y sus intenciones con él.
-Reichi¿qué…? –Él la entregó la katana y la miró firmemente a los ojos.-
-Cuida de mi niña, por favor… -miró desolado a la pequeña.- Y jamás la hables de mí ni de su madre, críala como si fuera hija tuya, protégela, y no dejes nunca que él la encuentre. –La firmeza de las palabras de su compañero provocaron espasmos de pánico en el cuerpo de la mujer, pero asintió solemnemente, firmando un pacto con su alma.- Dila… dila… que fue, y será siempre, nuestra luz.
Dicho esto, volvió a besar a la pequeña, que le miró a través de la muralla de sueño que se había creado en sus ojos. Abrazó a Kasumi y ella le correspondió al tiempo que rompía en llanto sobre sus hombros.
-¿Tú qué vas a hacer? –la mujer intuía la respuesta, pero se sentía incapaz de admitirlo. Una última chispa de esperanza prendió en su corazón al hacer esa pregunta. Aquella chispa se extinguió como una llama en medio de un vendaval.-
-Lo siento, Kasumi. –Ella negó con la cabeza, rechazando la evidencia.- Es lo único que puedo hacer.
Se giró, despacio, dirigiendo una última mirada cargada de amor y cariño a su pequeña en los brazos de Kasumi. Cerró los ojos y suspiró.
Un paso, dos, tres… Asió el picaporte de la puerta, y con un último sollozo la abrió de golpe.
Con el resplandor de un relámpago, el fragor de un trueno, el reflejo de la luz sobre la sangre de su rostro, el hombre despareció para siempre de la vista de Kasumi.
Aquella imagen acompañaría a la joven el resto de su vida, y posiblemente quedara grabada a fuego lento en su piel incluso tras la muerte.
Volvió la vista hacia la pequeña y la susurró el que sería su nombre, el que le había dado su padre al abandonarla en brazos ajenos con todo su pesar.
-Hikari…
Bueno¿qué les pareció? Espero que tenga una buena acogida, sinceramente, ya que no me gustaría que la historia quedara recluída en el olvido, amparada en las sombras de mi mente (Por Dios, que dramática soy XD).
Un Review no hace daño a nadie... ¿me dejas uno?
