Disclaimer: Naruto, ni ninguno de sus personajes me pertenecen. Si me pertenecen los miembros de la Casa de los Gatos, así como la trama de esta historia y las que la complementen.

NO gano dinero con esto, ni nada por el estilo. Me he pasado escribiendo estas cosas en vez de estudiar para mis pruebas (igual me ha ido súper bien).

RETAZOS DEL PASADO

Estaba aterrada. Acurrucada en la esquina de aquel cuarto en que la había dejado su padre.

No le gustaba estar sola.

Llevaba ya mucho tiempo escondida. Sola. No quería estar así, quería estar con su papá y su mamá. Gateó por la pequeña trampilla hasta salir del lugar.

Abandonó la casa en silencio y se dirigió al templo. Todo estaba tan callado. Ya no se oían los gritos por ninguna parte.

Entró lentamente al templo. Todo estaba oscuro – Aún eres muy pequeña para usar tus ojos de noche, Na-chan -, pero podía distinguir varios "butos" a su alrededor.

Todo estaba tan callado.

Se acercó al salón principal, sintiendo algo viscoso bajo sus pies. Un olor metálico llenaba la estancia. Antes de llegar a la puerta, pudo ver una débil luz salir de esta, iluminando levemente el pasillo.

Manchado de rojo. En el suelo, se encontraba un brazo mutilado. En esa mano, un anillo con la marca del clan.

El anillo de su padre.

Una oscura figura salió del salón, y se la quedó mirando. Una sonrisa siniestra apareció en aquel rostro.

Antes de poder gritar, dos fuertes brazos la tomaron y la sacaron del lugar.

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-Jaiya, me duelen las patitas.

- Pies, Nanao, tienes pies, no "patitas" – le dijo el hombre que caminaba tras ella. La niña se detuvo, mirándolo con ojos brillosos y una expresión de tristeza. Suspiró derrotado, mientras se arrodillaba frente a la pequeña, dándole la espalda. Con una sonrisa la niña subió, acomodándose entre el largo cabello. Tan blandito y cómodo.

Igual al de su chichihue.

- ¿Podemos pasar a ver a Nato-onichan cuando lleguemos? – preguntó adormilada la chiquilla.

- Si quieres, puedo dejarte dormir con él esta noche – la niña sonrió.

- Gracias, otôsan.

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- ¡MINATO-ONÎCHAN! - PUM

Una gotita apareció en las cabezas de los anbus presentes. Era increíble la capacidad de aquella niña; con sólo seis años era capaz de burlar la vigilancia de la torre y sorprender al mismísimo Hokage.

- ¡Na-chan¿Qué no ves que estoy ocupado? – pese a sus palabras el hombre no se veía molesto. La misma sonrisa traviesa que se veía en el rostro de la pequeña se reflejaba en el del Cuarto.

- Pero me tienes abandonadita, y Jiraiya-otosan no esta en la aldea para que salgamos a hacer travesuras – la gota ahora orbitaba la cabeza del Hokage. Menudo ejemplo como padre resultaba el sannin.

- Pero si quieres travesuras, yo te puedo enseñar algunas – el rostro de la niña se iluminó, mientras los anbus retrocedían (por si acaso) buscando una salida. – Mira esto – le dijo mientras hacía un par de sellos.

Antes de poder escapar, el más joven de los ninjas se encontraba en el suelo, riendo a carcajadas, mientras era "atacado" con cosquillas por un ataque especial de chackra.

- ¡Minato-onîchan, tienesque enseñarme a hacer eso!

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La pequeña de siete años no prestaba atención a su maestro. Sabía que su adorado hermano y sus alumnos se encontraban cerca, y tenía ganas de ir a molestar al seriote de Kakashi.

- Na-chan, si no pones atención, Hiashi-sense te va a regañar – le dijo el chico a su lado.

- Pero estoy aburrida, Ibiki-kun. Aprendí a subir árboles usando chackra a los cinco años, cuando Jiraiya-otôsan me usaba para "investigar" para sus libros.

- Aunque lo sepas Na-chan. Es un honor que Hiashi-sense nos tomara como sus alumnos, no puedes ignorarlo.

- Genma, Ibiki… supongo que están hablando de esta técnica, y que han comprendido bien como se hace¿no? – Los chicos notaron que su sense los miraba fijamente con sus fríos ojos blancos. - Bien, pueden mostrarme lo que aprendieron. Los quiero a los tres subiendo a estos árboles. Ahora.

Genma e Ibiki suspiraron. Nanao los metía en problemas con su sense.Otra vez.

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- ¡KAKASHI-SEMPAI! - PUM

- ¡Kuso, Nanao¿Quieres quitarte de encima¡no es gracioso!

- Kakashi, no maldigas – regañó el rubio al pequeño enmascarado.

- Le pido disculpas, Hokage-sama. No pude detenerla – dijo el hombre de ojos blancos, acercándose al aludido.

- Despreocúpese, Hiashi-san, no puedo pedirle que la controle, si yo mismo no soy capaz de hacerlo – le respondió el otro, sonriendo ante la escena.

Genma e Ibiki, los compañeros de Nanao, miraban a su amiga con cara de "por qué siempre nos pones en ridículo". Rin trataba de contener la risa al ver a su compañero en esa situación. Obito, mientras, se revolcaba en el suelo, riéndose. Desde esa posición miró a los otros chicos, mientras les hacía unas señas. Los niños sonrieron.

- ¡Montoncitos! – al grito del chiquillo, todos se lanzaron sobre un desprevenido Kakashi.

Yondaime y Hiashi rieron. Encaramada en la espalda de su hermano (tras haber escapado airosa del "ataque" de sus amigos), Nanao sonreía ante la lucha de sus queridos amigos.

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La primera vez que vio a aquella anbu de la aldea del remolino, un sentimiento muy parecido al odio se anidó en su corazón.

No necesitaba sacarle la máscara para saber que miraba a su hermano con adoración cada vez que iba a reportar sus misiones. Y no pasó mucho tiempo cuando comenzó a ver aquella expresión de idiotaen el rostro del Hokage.

Muy pronto, él dejo de prestarle atención, y a pasar más tiempo con esa.

Pasó medio año, durante el cual decidió abandonara su hermano, de la misma forma que él había hecho con ella. Pasaba cada vez más tiempo con sus compañeros de equipo, se iba a la mansión Hyuga para acompañar a la esposa de su maestro. Incluso había arreglado su antigua casa, cerca del templo, para tener donde pasar la noche, y así no tener que ir a la residencia del Hokage.

El primer acercamiento lo dio la anbu.

Se encontraba en la torre del Hokage, esperando que su sense entregara el informe de la última misión. Estaba de pie frente a una vitrina, donde se veían distintas y antiguas máscaras anbu. Embobada, miraba una de aspecto felino.

- Si quieres, puedes probarte la mía – escuchó una voz dulce a su lado. La joven ninja que tanto evitaba, le sonreía mientras le mostraba su propia máscara con forma de gato.

Se quedó mirando aquella sonrisa. Quizás, sólo quizás, la chica no fuera tan desagradable como creía.

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Le gustaba recostarse junto a ella y apoyar la cabeza en su vientre, para poder escuchar el corazoncito de su oi-chan.

Cuando el Hokage le contó (a ella antes que a nadie) que iba a tener un hijo, saltó de la alegría, pensando en el futuro chibi-Kasiyo en camino, y corrió a contarle a su Jiraiya-otosan que sería abuelo.

Al pobre casi le da un ataque(1)

Pero toda esa alegría se derrumbó al ver a su onêsan herida cerca de si casa.

El terrible zorro de nueve colas atacó por sorpresa a la aldea. Ni siquiera le pidió permiso a su sense antes de correr a buscar a su hermana.

Y la encontró en plena calle, con media casa sobre ella.

Se las arregló para llevarla al hospital, mientras enviaba a alguien para que avisara a su hermano.

Pero cuando llegó, ya no había nada que se pudiera hacer. Nanao lloraba mientras cargaba al bebé, cerca del cuerpo de la joven.

Cuando el cuarto le ordenó a Kakashi que le llevara al niño al campo de batalla en una hora, supo inmediatamente que pasaba en la mente de su hermano.

Iba a usarlo. El viejo sello que su familia había entregado al primer Hokage.

Recordó como, hacía unos meses atrás, había encontrado información sobre ese sello, mientras arreglaba cierto salón del templo. En un cuarto oculto se encontraba gran cantidad de pergaminos. Ahí supo de aquella técnica y sus consecuencias. Y también había encontrado una forma de evitarlo.

Las que piden algo a cambio.

Sabía que si la invocaba, tendría consecuencias – para ella -. Pero al menos su hermano sobreviría.

Corrió dentro del templo hasta encontrar el pequeño cuarto, del cual sacó varios pergaminos, llevándolos al jardín. Con su sangre realizó los sellos con su sangre, y la invocó.

- Kuchigose no Jutsu: Tengokomusume(2).

Una figura brillante apareció ante ella. La mujer más hermosa que había visto en su vida, con ligeros rasgos felinos en su rostro, que no opacaban su belleza.

- ¡Sálvalo, salva a Minato-onîsan, por favor! – dijo entre llantos la pequeña. La figura observó el lugar de la batalla, en donde la silueta del Shinigami se podía ver aún a lo lejos.

- Qué me darás a cambio.

- Yo…

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(1) Pensó mal, el pobre. Sólo imaginen.

(2) Técnica de invocación: Hija del Cielo.

Ya está.

Este es el primero de varios capítulos que complementarán a "La Casa de los Gatos". Son básicamente flashbacks que no quiero poner en la otra historia para no perder el hilo de la narración.

En estos capítulos se irán explicando varias cosas del otro fic.

C-ya!