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Escoba y franela
Era de noche, más tarde de lo que los chicos suponían. Era ya pasada media noche y no estaban en sus camas, ni mucho menos durmiendo como se los habían mandado siempre los profesores desde que habían entrado a Hogwarts. Ahora ella salía de su habitación rumbo a la Sala Común de Gryffindor, donde habían quedado horas antes para hablar sobre "cosas".
-¿Estás ahí? –Preguntó la chica a la oscuridad, mirando directamente a las escaleras, no obtuvo respuesta. –Oye esto no me gusta, si me estás jugando una broma no es gracioso.
Como nadie le dio respuesta decidió bajar las escaleras, mirando donde ponía sus descalzos pies, evitando hacer el menor ruido posible… No quería que nadie la descubriera, mucho menos algún prefecto, porque, ¿qué dirían de ella? ¿Una prefecta saliendo a esas horas de su habitación? ¡Imposible! ¡Absurdo!
-¿Estás ahí? –Preguntó de nuevo -¿Me escuchas?
-Señorita Granger, ¿Qué diablos hace despierta a esta hora? –Le preguntó la pintura de Miranda Sollerty, una famosa bruja que había creado más de quinientas pociones relacionadas con curación -¿Hay algún problema?
El grito ahogado de Hermione alertó a la dama de la pintura que la había asustado, pronto se disculpó pero aún necesitaba saber si algo malo ocurría, pues en ese caso debería ir a su cuadro en la oficina del director e informarle lo que pasaba.
-No. –Dijo negando con la cabeza y adquiriendo una postura erguida –Vigilo, por si… alguien… anda p-por aquí.
-No he visto pasar a nadie, -dijo cerrando sus ojos ante la luz de la varita de la prefecta que se dirigía inconscientemente a sus ojos p-pero si yo veo algo le aviso, ¿de acuerdo?
-¡Oh, claro! Muy amable señora Sollerty, eso sería de gran ayuda para mis… mis…
-Rondas. Las rondas que los prefectos hacen por el castillo para saber si todo anda bien. –Dijo dándose importancia –Recuerdo cuando yo estudiaba aquí y más de un prefecto me agarraba con las manos en la masa, trayendo plantas desde las colinas a altas horas de la noche, porque solo podían ser cortadas en una hora precisa. Me han dicho que usted es muy buena en pociones, ¿verdad? ¡Pues en realidad sé que usted es excelente en todo! Qué maravilla otra buena bruja, inteligente, dedicada, responsable…
La bruja de la pintura no cerraba la boca, pero Hermione no podía irse, porque no había encontrado a su amigo y no podía dejarla hablando sola, porque sus gritos para que le prestara atención despertarían a todos en la torre. Decidió quedarse a escuchar, aunque no lo estaba habiendo del todo bien, pues buscaba con la mirada a quien no aparecía por ningún lado.
-… y sobre todo muy bonita, -dijo mirándola de pies a cabeza –eres bonita niña, yo diría que eres igual a mi cuando joven… Muchos, y yo te lo digo de buena fuente, muchos muchachos ya se dieron cuenta de eso y frecuentemente escucho tu nombre en boca de muchos… ¡Felicidades!
-Gracias,-dijo Hermione ahora sí prestándole atención –pero no creo que yo le guste a nadie.
-¡¿Qué acaso te volviste loca?! -Gritó, haciendo que Hermione se levantara de donde se había sentado a escucharla hablar, y la callara poniendo sus manos sobre la tela de la pintura -¡Eres la chica que a más muchachos le gustas! Últimamente he escuchado decir a este chico… ¿Cómo es que se llama?
-¿Quién? –Preguntó mirando por la ventana a ver si encontraba a quien desde hace rato buscaba. -¿A quién?
-Al chico de tu mismo curso, de pelo alborotado...
-¿Seamus? ¿Dean? –preguntó sin poner atención. ¿Neville?
-No, no niña, el chico con quien hablas mucho, el de las gafas… ¿Cómo es que se llama?
-¿Harry? –Dijo para sí misma mirando como el cuerpo de su amigo salía de entre la famosa capa de invisibilidad que traía puesta -¡Harry!
-¡Ese mismo! ¡Harry Potter! ¿Pero cómo se me va a olvidar ese nombre? ¡Es famoso!
-Eh… si. ¿Sabe señora Sollerty? Debo irme… Adiós.
Bajo los escalones que le quedaban y salió por el retrato de la Dama Gorda, esperando a que Harry se quitara la capa y le dijera de una vez por todas que es lo que era tan importante para pedirle verse a esas horas… ¡sabiendo que si los encontraban, le quitarían a ella su placa!
-Harry, sal ya. –No obtuvo respuesta, se estaba cansando de eso -¡Harry! Llevo horas buscándote ahí adentro y la señora Sollerty se puso a decir cuanta cosa se le venía a la mente, ya sabes cómo es… por favor no me hagas esperar más y sal ya.
-¿Qué hacías hablando con esa loca? –Preguntó una voz desde atrás de la chica, la cual por un momento se estremeció. No estaba acostumbrada a escucharlo tan calmado, y menos de noche. Se ruborizó.
-¡Oh, pues pasando el rato! –Dijo irónica volviéndose y sin todavía mirarlo de frente -¡Estaba hablando con ella porque tú no aparecías! ¿Dónde estabas?
-Ahí mismo, sentado en el sofá.
-Y entonces Harry, ¿por qué no me respondías? –Preguntó exasperada -¡Ya quítate esa capa que no sé dónde estás! ¡Harry, ahora!
-Vamos Hermione, era una broma… -Le dijo quitándose la capa y dejando a Hermione algo atónita. Entre sus manos llevaba su escoba, y una franela roja.
-¿Q-que es eso? –Preguntó la muchacha haciendo todos los intentos por desaparecer la idea de volar a esas horas de la noche. –Harry, no vinimos a hablar, ¿cierto?
-No, -le dijo mirándola de nuevo, con más determinación. Llevaba una bata algo delgada con una hermosa "H" en el pecho, su varita aún encendida en su mano derecha, sus pies estaban descalzos, y su cabello suelto como siempre, el cuál caía graciosamente sobre su cara y hombros. Se veía muy bonita, más que bonita, hermosa. –hace unas noches vi algo que sé que te va a encantar, y quiero que me acompañes a verlo.
-¿Dónde? ¿Por qué llevas tu escoba? –Le decía frotándose las manos, pues había empezado a hacer mucho frío desde que salieron de la cómoda Sala Común.
-Y entonces, ¿cómo pretendes que lleguemos al otro lado del Lago Negro?
Hermione miró a Harry, no podía creer lo que estaba diciendo. Ella irse a esas horas al otro lado del Lago, lejos de su cómoda cama, lejos de sus sábanas, del calor de la chimenea… Pero, ¿Qué importaba todo eso? Al fin y al cabo iba a estar con él, ¿no? Lo miró con una sonrisa nerviosa y decidió acompañarlo, Harry abrió más la capa y Hermione se metió ahí… Al parecer Harry se había dado cuenta de que moría de frío, porque apenas la sintió cerca, la abrazó.
