No tenían demasiado cuando les dijeron que su primer hijo venía en camino. Eran unos recién casados que apenas estaban comenzando sus carreras: él trabajaba en un centro veterinario y ella, su amada esposa Marlena, aspiraba a convertirse en chef.
Tuvo mucho miedo, porque ¿qué iban a darle a ese bebé? Vivían en un pequeño apartamento en una zona muy apartada, y para colmo ambos trabajaban muchas horas y apenas conseguían mantenerse. No se pudo sentir feliz, el miedo le vencía, pero cuando Marlena le tomó de las manos y le miro a los ojos de aquella manera él supo que lo conseguirían.
Cuando vio las ecografías el bebé le pareció cualquier cosa más que un bebé, pero aún así sintió que el amor inundaba su pecho. No iban a rendirse.
Un día lo llamaron al trabajo: Marlena había empezado a sangrar en el trabajo y, por ello, temían que perdiese al bebé. Otis fue allí lo más rápido que pudo y, cuando llegó, le dijeron que ambos estaban bien, pero que su esposa había cometido una estupidez: levantar peso en su estado. Se iba a poner bien.
Ella tuvo que dejar el trabajo y descansar. Otis tuvo que trabajar mucho más, pero todo el cansancio se le pasaba cuando al llegar a casa Marlena lo esperaba con una deliciosa cena y con su delantal atado a la cintura, haciendo cada vez más evidente su tripita en crecimiento.
Otis consiguió un trabajo mejor en un zoológico, lo que le dejó más tiempo para dedicarle a su esposa. La habitación del bebé estaba a mitad hacer cuando éste decidió venir a este mundo. Llegaron al hospital y trataron de mantener una calma que no duró mucho: su hijo corría peligro. Tenía el cordón umbilical enrollado al cuello. Él se echó a llorar temiendo que su primer hijo muriese antes de ver el mundo, ¡no podía acabar así! Habían luchado tanto y ahora iban a perderlo...
Cuando salió no emitió ningún sonido, sólo se oían las respiraciones cansadas y los sollozos de Marlena. Otis tuvo mil pensamientos a la vez: un pequeño ataúd, flores, negro, dolor... que se disiparon tan rápido como habían aparecido cuando un potente llanto los silenció.
Los Césaire se miraron esperanzados.
El bebé estaba bien.
"Felicidades, es una niña fuerte y sana" había dicho el doctor.
Más tarde ambos estaban solos con su hija, su pequeñita, su bebé.
"Hola, Nora" dijo Marlena "creíamos que íbamos a perderte, mi amor."
El bebé bostezó. Si no hubiese sido tan pequeña parecería que las palabras de su madre la aburrían.
"Se ha agarrado a la vida como nunca antes había visto" comentó el maravillado padre "esta niña va a ser fuerte, Marlena, lo sé"
Nora Césaire llegó a este mundo ganando su primer combate.
Continuará...
