¡Hola a todos los que han llegado hasta aquí! Sí, sé que este primer capítulo no poseía mensaje alguno, pero en estos días he empezado a releer esta historia y he comenzado a editarla tanto porque tiene muchos errorcillos ortográficos/gramaticales, como por algunos cambios que quiero hacer en la trama; que de ser severos y demás, los mencionaré posteriormente. También informo por este medio que la continuación de esta historia tendrá llegada en una secuela, razón por la que di como terminado este fanfiction.
Sin más que atender, nos estaremos leyendo. Saludos y tengan una linda semana.
Capítulo 1
Cambio
Hojas encorvadas por el peso de la nieve se veían por montones a donde quiera que se colocara la mirada, repartidas entre esos altos y robustos pinos que se mantenían verdes durante todo el año y que sin embargo se les veía más espléndidos cuando ese inmenso y manto frío lo cubría todo. El invierno había llegado al fin y en esta ocasión era mucho más estricto y poco benevolente, especialmente para aquellos que disfrutaban de cruzar los empinados y poco transitados senderos de montaña. Posiblemente existía un secreto que la escarpada montaña deseaba conservar para sí misma y que no permitiría que nadie más lograra encontrar. No obstante, existía alguien que no estaba interesado en ello y que sólo andaba de paso, tratando de llegar a su destino final.
Su gorra roja con blanco cubría apropiadamente su cabeza y hacía resaltar esa cabellera azabache que se movía de acá para allá por la ligereza del viento frío a su alrededor. Un chaleco escarlata sobre una camisa negra de mangas cortas y pantalones de mezclilla azul haciendo juego con un par de tenis, eran lo más llamativo que resaltaba a la vista. No obstante, la tonalidad bermellón de sus ojos resultaba tanto enigmática como indiferente hacia las cosas que no le competieran. Y aunque llevaba un par de guantes negros, eso no iba a resguardarle del viento gélido de su alrededor; aunque tampoco parecía a disgusto con ese clima tan inclemente.
Sus pisadas podían verse detrás de él, pero ya no podían escucharse más. Se había detenido, mirando detenidamente un punto específico, uno que no entonaba dentro de ese paisaje.
Bajo la copa culminada de nieve de ese árbol, alrededor del liso tronco, yacía una gruesa y un tanto diluida soga, una que mantenía algo preso. Pero la curiosidad no era lo suyo, al menos no en ese momento.
Aquel pequeño cuerpo cubierto por la nieve se sacudió con fuerza y se deshizo de toda ella de un solo movimiento de su cuerpo.
Esos enormes ojos ámbar miraban con cierto interés al joven que yacía a un par de metros de donde se encontraba atado a ese viejo árbol. El interés de ese pokémon duró mucho menos que el de ese entrenador. El de aquel joven no palideció tan rápido, al menos no después de mirar la tonalidad azulada de los anillos que se dibujaban sobre el cuerpo negro de aquella criatura.
—No es común encontrarse con un Umbreon en una montaña helada en medio de la nada. Pero parece ser que le pertenece a alguien –dijo en tono normal, guardando sus manos en los bolsillos y prosiguieron su camino, dejando atrás aquella escena.
Lo que llegó a su oído le hizo frenarse en seco; ¿qué era aquello?¿Sonaba acaso como una parvada de pokémon salvaje reuniéndose en un mismo punto, como si estuvieran confabulando para hacer algo?¿Para qué imaginárselo cuando se podía comprobar por sí mismo?
Todo quedó iluminado momentáneamente por el poderoso impactrueno desprendido por ese rápido e impetuoso pikachu que permanecía entre aquel Umbreon y la parvada de Spearow que había escapado ante la ofensiva del ratón eléctrico.
—Para que un pokémon de tu clase no sea capaz de defenderse de una parvada de Spearow, realmente debes ser débil o en peor estado de lo que pensé –dirigió aquellas palabras al ya inconsciente pokémon que había caído en el momento en que había sido salvado de un encuentro fatídico.
Sentado tranquilamente en la pequeña sala de espera veía hacia la ventana. Apreciaba lo cerca que había estado de verse la cara de lleno con una tormenta de nieve en medio de la noche, probablemente una que le obligara a pasar la noche en la intemperie. Después de todo, sería una gran suerte si encontraba refugio en un sitio lleno con tantas trampas naturales.
Ese centro de ayuda pokémon estaba sólido. Allí sólo estaba la enfermera Joy y su par de Chansey, haciéndose cargo en ese momento del único ser malherido que había llegado allí.
Miró de reojo a su Pikachu, quien ya había caído completamente dormido y echo bola cerca de él, tratando de absorber un poco de su calor.
—Esto va a demorar más de lo que imaginé, pero de todos modos estar aquí es mucho mejor que permanecer allá afuera con el clima que acaba de complicarse –pensó con normalidad mientras ignoraba la entrada de aquel nuevo visitante.
Una gabardina gruesa y de tonalidad canela, un par de pantalones negros y zapatos de vestir hacían de ese hombre de mediana edad alguien demasiado formal y bien vestido para haberse perdido en medio de una lejana montaña. Ese hombre de ojos violáceos y cabellera aguamarina, corta y bien peinada se sentó frente a él; cruzó las piernas y tomó una revista del pequeño bonche que permanecía en la mesita de cristal de esa sala. No hubo ruido alguno hasta la llegada de la enfermera.
—Tu pokémon ya se encuentra mucho mejor. Tenía algunas heridas, pero nada grave. Deberías dejarle descansar y no hacer que se esfuerce tanto. Cayó por agotamiento físico –dijo con cierto regaño la enfermera a Red.
—Le gusta excederse. Es un pokémon que no hace mucho caso cuando se trata de estar en batalla.
—De igual modo deberías tener más cuidado para la próxima vez. Pelear en una montaña no es precisamente una opción muy buena.
—Está bien –añadió sin mucho ánimo, ajustando su gorra.
—Disculpe mi grosería. Soy la enfermera Joy y atiendo este Centro Pokémon. ¿Desea que cuide a sus pokémon? –cuestionó con amabilidad al hombre.
—Sí, sino es mucha molestia. Mis pequeños son bastante energéticos y han peleado muy bien, pero hasta ellos requieren un descanso –esbozó una sonrisa tras entregar esas cinco pokeballs a la enfermera- Tómese todo el tiempo que sea necesario.
—Los tendremos listos en el menor tiempo posible. Así que espere aquí –agregó como último antes de irse de allí.
—Veo que has entrenado muy bien a ese Pikachu, jovencito –halagaba el hombre.
—Tiene buen ojo para juzgar el entrenamiento de mi pokémon sólo con observarle dormir –comentaba sarcástico.
—Tengo madera para reconocer a pokémon fuertes y a quienes tienen potencial para convertirse en uno –contestó animadamente- ¿Puedes decirme tu nombre, jovencito?
—…Red…-respondió monótono.
—¿No serás ese tal Red del que todos hablan? Ése que derrotó al Equipo Rocket.
—Podrían haber más chicos con el mismo nombre que yo. Además, ¿podría vencer yo a un grupo tan grande y peligroso como el Equipo Rocket con un Pikachu y un pokémon lastimado y desobediente? Creo que la respuesta es más que obvia.
—En eso podrías tener razón. Con dos pokémon no podrías contra una organización de semejante magnitud.
—Soy más un entrenador que busca ganar el título de Maestro Pokémon y continuar avanzando.
—Eso es lo ideal en un chico de tu edad. Los jóvenes no deberían involucrarse en el mundo de los adultos, hay muchas cosas desagradables allí. Como ese grupo de ladrones que intimidan con amenazas y roban sin compasión.
—Iré a ver cómo sigue mi pokémon –expresó para deslindarse de la conversación mientras escuchaba los pasos de su Pikachu siguiéndole de cerca; posiblemente ninguno de los dos tenía deseos de permanecer más en ese ambiente.
¿Por qué lo que estaba viendo no le sorprendía en lo más absoluto? Quizás sólo le asombraba el hecho de que ese animal nocturno tuviera la fuerza suficiente para intentar escabullirse por la única ventana que había allí y que contaba con un pequeño seguro que ya había burlado. Ahora sólo trataba de escurrirse sin hacer el menor de los ruidos.
—Parece que alguien le gusta estar allá afuera en vez de tener un techo y comida –comentó a la vez que terminaba de abrirle la ventana para que pudiera escapar adecuadamente-. No eres mi pokémon, así que eres libre de marcharte. Aunque podrías mostrar un poco de gratitud –le miró fijamente, aguardando su reacción.
El Umbreon le observó y parecía haber entendido el mensaje sin demasiado esfuerzo, sin embargo, lo que había hecho no era un sinónimo de gratitud, sino más bien todo lo contrario. En un rápido movimiento tomó aquella gorra roja y con agilidad se deslizó hacia la ventana, saliendo en un santiamén y empezando a correr sobre el helado suelo.
—Tsk….¡¿Pero qué rayos les pasa a los pokémon de esta montaña?! –exclamó molesto, empezando a seguir no a pie, sino sobre el lomo de su enorme e imponente Charizard a aquel escurridizo animal. Logrando alcanzarle fácilmente a la vez que sobrevolaba a una altura muy baja, por arriba del suelo- Estás empezando a molestarme. Pikachu, impactrueno.
No solamente era un ataque destructivo, sino también era rápido y parecía de lo más preciso, pero ese umbreon se movía a la perfección sobre el suelo lleno de nieve, hasta el punto en que su agilidad superó la celeridad del rayo y logró esquivar la ofensiva sin demasiados problemas sin siquiera dignarse a mirar hacia atrás; confiaba ciegamente en su agudo oído. Pero la situación no iba a concluir allí, aquel pokémon eléctrico también era rápido y se movía igual de bien.
El ataque cola de hierro enfrentándose directamente con la del Umbreon…La electricidad haciendo choque contra el rayo confuso; aquello apenas estaba comenzando y ya ninguno de los dos estaba jugando. Parece que el ego de ese par de pequeños pokémon había sido palpado y ahora no se detendrían hasta que uno cayera por completo.
—Se cansará fácilmente si continúa peleando contra Pikachu. Aunque me sorprende lo veloz que es y lo resistente que puede llegar a ser. Posiblemente esto no sirva para nada, pero para mí es mejor que estar perdiendo el tiempo de este moto. ¡Pikachu, onda trueno! –ordenó sin miramiento alguno.
La ofensiva eléctrica se expandió en un área que rodeaba por completo al Umbreon que al fin se había quedado estático; ese impacto dio de lleno y logró su objetivo, paralizándole, tornándole casi imposible el poder contraatacar.
—Pero qué necio eres.
Sin más que decir, aquel objeto redondo y bicolor fue lanzado hacia la dirección de ese pokémon…La pokeball se tambaleó de acá para allá como símbolo de que se resistía a ser atrapado con facilidad. En un instante todo cesó y la victoria podía respirarse en el aire.
Bajó de charizard y tomó ese esférico. Sonrió de forma efímera y sencillamente se disponía a guardar la pokeball cuando sintió que algo no andaba del todo bien. Ahora podía verlo con sus propios ojos.
¿Cómo era posible que se hubiera liberado después de una captura tan perfecta?¿Y cómo es que había logrado romper en pedazos esa resistente y prácticamente indestructible pokeball?¿Qué era lo que estaba ocurriendo allí?¿Qué era lo que en realidad escondía ese pokémon tras esos colores poco usuales?
—Esto es simplemente inaudito. ¿Qué una pokeball se rompa después de liberar a un pokémon? Esto tiene que ser un verdadero chiste –espetó de mala gana, volviéndose a poner su cachucha-. ¿Qué se supone que haré contigo sino puedo meterte aquí? –señaló con vileza ese objeto hecho añicos.
Ese Umbreon le miró y simplemente se acercó a él. Caminó alrededor de éste y de un salto quedó sentado sobre la cabeza del Charizard.
—Tienes que estar bromeando…¿Ya te has auto invitado al viaje sin siquiera pedírmelo?¿Qué clase de pokémon eres?¿Uno que se manda solo?
Aquella criatura no contestó y exclusivamente se limitaba a observarle fijamente. Esa acción parecía darle la respuesta a muchas preguntas, incluso a algunas que ni siquiera había proferido Red.
—De algo habrá de servirnos este umbreon. Aunque ahora significa que iré cargando a dos par de pokémon perezosos –exhaló con cierta desesperación mientras volví a subirse a Charizard-. Hora de volver a casa.
No se sorprendió en lo absoluto el toparse con una casa completamente limpia pero solitaria; al parecer alguien había salido a hacer las compras y había dejado una nota en el frigorífico especificando a qué se debía su ausencia y en qué período de tiempo regresaría. Era algo extraño, después de todo, no visitaba demasiado su casa como para que fuera necesario hacer eso; pero las costumbres no se quitan de la noche a la mañana.
Subió a su habitación colocando su mochila verde claro sobre su cama para dejar la gorra sobre el único escritorio que allí existía. Pasó del ordenador que se ubicaba en la habitación y simplemente se sentó en la silla giratoria mientras parecía absorto en otro tipo de cosas. Sí, cuando menos se lo esperó algo ya se había escapado de su campo visual. La curiosidad no era bien recibida por ese entrenador malhumorado y con nulas ganas de lidiar con un pokémon rebelde que ni siquiera podía denominar como suyo.
—No otra vez…-chasqueó fastidiado, negándose a abandonar aquella silla-. ¿En qué estaba pensando cuando le dejé subirse a Charizard?
Y lo siguiente que habría de escuchar fue un par de voces, bastantes familiares y una de ellas que no esperaba oír. Lo ignoró por un momento, pero no pudo lidiar con el tono de voz que la otra acompañante de su madre hacía, al contemplar algo que le parecía tierno. Ese tipo de actitudes no parecían ir con su estilo o simplemente no era incapaz de tolerarlas por el largo viaje que había realizado hasta llegar.
Ojos tonalidad zafiro en un mundo de piel clara y un cabello largo y castaño claro; poseía una silueta bastante femenina acentuada por esa minifalda carmesí y una blusa azul cielo sin mangas de donde resaltaba una corbata negra y que en conjunto con sus muñequeras rojas y calentadores azul claro completaban su atuendo.
Pero ni con la entrada del joven entrenador ese par de mujeres alejaban su mirada del objeto de conmoción. Efectivamente, ambas veían con agrado la apariencia peculiar de ese umbreon y sólo deseaban ganarse su confianza para poder acercarse un poco más a éste.
—Hijo, me alegra mucho que hayas vuelto. Ahora demoraste mucho menos. Y has traído un pokémon bastante llamativo –alegó a mamá, mirando felizmente a su retoño.
—Es un pokémon shiny. Has atrapado una rareza y es muy lindo –estipuló la jovencita quien trataba de acariciar al evasivo Umbreon-. Aunque creo que es un amargado como tú –palabras que sólo provocaron que se escapara de su alcance; ahora yacía detrás de Red.
—No le agradan los extraños, es todo. Creía que andabas entrenando en Johto, Blue.
—Pues decidí regresar antes de tiempo. De todos modos ya andaba aburriéndome. Después de descansar unos días iré a otro viaje. Quizás gustes venir conmigo.
—No planeo irme en un tiempo. Todo es bastante calmado y tengo que entrenar a esta bola de pelos –señaló cruelmente a aquel pequeño animal, quien simplemente se pescó de su antebrazo, quedando suspendido-. Porque es un malcriado que cree que puede hacer lo que quiera cuando se le plazca.
—No esperaba vivir lo suficiente para encontrar tu versión pokémon. Aunque Pikachu es muy cercana a ella también –dijo con una engañosa sonrisa mientras se le veía linda y adorable.
—Y es de esa clase de mujeres de las que se tienen que cuidar…-sí, ese comentario iba a ese par de pokémon.
—Una razón más por la que sigues como lobo solitario –objetó la chica con cierto humor.
—Al menos yo tengo justificación, no sé cuál sea la tuya…¿Cuántos dices que tienes, 17…18…19, acaso? Y no te veo siquiera con algún pretendiente.
Dejó de sentir la presión de los caninos de Umbreon…Ahora el pequeño parecía haberse unido a la plática, al menos la pose que habían adquirido sus patas delanteras hacían ver que trataba de disimular la risa que ese comentario le provocó.
—Pensándolo bien, ya no eres tan adorable como pensaba que eras…-Blue infló sus mejillas, notoriamente cabreada.
—Pero que quede claro que yo no inicié nada –contestó. Ahora iba a la cocina por algo de comer.
—Nunca cambias, Red –suspiró al unísono con la madre.
—Puedes quedarte a comer si así gustas, Blue –invitó la amable mujer.
—Muchísimas gracias. Encantada.
El Umbreon les regaló una mirada y después simplemente ascendió por las escaleras. Al parecía tenía mejores planes que permanecer en la planta baja.
—Aunque ahora que lo pienso, mi hijo siempre atrapa pokémon temperamentales. Ese Umbreon también parece tener un mal carácter.
—No olvidé que estaba mordisqueando el brazo de Red mientras él hablaba como si nada…Piénselo bien, los dos encajaban de forma torcida.
Los pasos que se dieron hacia la inmensa oscuridad que albergaba el prolongado túnel que se establecía hacia el frente lograban causar las vibraciones necesarias para crear inestabilidad en el techo de esa construcción subterránea; andar con cuidado era la precaución más evidente, sin embargo, ese grupo de hombres no estaba dispuesto a seguirla.
De vestimentas negras, pasamontañas y gorros era el atuendo generalizado de esos hombres que corrían hacia la oscuridad infinita del túnel, siendo iluminados por pequeñas lámparas de aceite. Y frente a la entrada a ese mundo de oscuridad permanecía de pie aquel sujeto, ese hombre de traje vino, corbata verde y camisa beige, cuyos ojos castaños y llenos de agudeza esperaban ansiosos el resultado de la tarea que había mandado a realizar.
Uno de sus hombres se acercó trayendo en la palma de sus manos los fragmentos negros de lo que alguna vez fue un objeto tangible y bello. Aquel hombre sólo frunció el ceño y con su mano derecha mandó a volar esos fragmentos al suelo.
Pasó ambas manos por su lacia cabellera negra para pensar y tranquilizarse. Sonrió un poco y nuevamente fue el hombre sensato que hace unos minutos atrás aparentaba ser.
—¿Cuál será nuestra siguiente orden, mi señor?
—Que un grupo pequeño de ustedes regrese al laboratorio y fabriquen inmediatamente otras DarkBall, pero que esta vez sean mucho más resistentes y posean el atributo adecuado para cada caso. El resto empiece la búsqueda en las regiones más cercanas.
—Lo haré inmediatamente mi señor.
—No pierdan más el tiempo, tenemos que hallar a esos tres antes de que alguien más lo haga y arruinen nuestros planes.
—¿Qué desea que le informe al doctor Brooklyn?
—Que pronto podrá contar con tres eficientes e incomparables alumnos.
