Disclaimer: Saint Seiya no me pertenece.


Por aquel entonces todavía era muy joven, pero supe reconocer que algo iba mal. Tenía una sensación extraña que me decía que tenía que encontrarte antes de que fuera demasiado tarde. ¿Tarde para qué? No lo sabía, pero tampoco quería esperar a averiguarlo. Por eso salí en tu busca aquella noche.

Recorrí el Santuario arropado por el manto de estrellas, pero no había ni rastro de ti. Pensaba que quizá fuera ya demasiado tarde cuando por fin sentí tu presencia. Te llamé, pero no obtuve respuesta. Repetí el llamado, esperando que me dijeras qué estaba pasando y entonces fue cuando escuché aquellas palabras que sonaban a despedida. No vi tu rostro en aquella ocasión y ya no volví a verlo hasta que nos reencontramos en el Muro de los Lamentos.

No me diste la oportunidad de tenderte una mano, de apoyarte, de buscar una solución. Si me lo hubieras permitido, habría decidido en ese mismo momento aquella misión de la que tu hablaste. Eras mi hermano mayor, claro que hubiera sacrificado mi alma por seguirte a donde fueras. Pero me diste la espalda y esto ya no son más que palabras vacías de un futuro que ya nunca conoceremos.

Eso no quiere decir que a veces no me pregunte cómo podría haber sido ese futuro.