Categoría T
Género: Humor | Drama | Romance.
Protagonista(s): Tōshirō Hitsugaya. | Momo Hinamori. – No obstante, hay una relativa participación de otros personajes.
Pareja(s): el tema argumental de la historia se enfoca EXCLUSIVAMENTE en el HitsuHina. Sin embargo, puede haber insinuaciones de otras parejas.
ADVERTENCIAS: Lima (Es decir, escenarios de SEXO IMPLÍCITO durante la historia). / OC (Personaje Original). / Universo Alterno; después de la Guerra Sangrienta de los Mil Años. / OoC (Fuera del personaje., es algo inevitable pero intentaré que no exista mucho).
Antes de comenzar con el fic… quisiera decir algo: Seguramente después de ver está nueva historia y la autora de ella, quizás, no sé, estén diciendo "¡¿PERO QUÉ CARAJOS?!". Sí, lo sé, sé que tengo otras historias HitsuHina pendientes y en proceso (Quizás alto tarde actualice pero es seguro ò_ó). En fin, el motivo del porqué me atrevo publicar está historia es por DOS razones:
1) TENGO escrito material por adelantado de esta historia por lo que para finales de Noviembre y a principios del mes de Diciembre tendrán sus capítulos (1 & 2) más que asegurados.; 2) Está historia NO DEJA DE ATORMENTARME. Llámenlo corazonada pero hay algo que me grita "¡Publícalo YA!" por lo que para recuperar mi paz mental, hice lo que me ordenaba con tanta urgencia.
Sin más preámbulos, disfruten la lectura y espero que haya válido la pena su apresurada publicación. ;D.
His Name is…
Por: ChibiFjola.
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PRÓLOGO
¿Pronóstico de Gestación?
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Cuando la Primavera e Invierno se fusionan,
Surge un curioso pronostico.
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En medio de la oscuridad podía sentir un frío calándose en sus huesos que le hacía creer que su cuerpo quedaría congelado más no era posible, porque él al final era frío tal cual hielo ¡Vivía de tal elemento! Sin embargo, aquel aire helado… le era desconcertantemente inquietante.
— ¡Buaaaa~! ¡Buaaaaa~! —
Sin advertencia el llanto de un bebé en la lejanía resonó ensordecedoramente en sus tímpanos y la densa oscuridad se desvaneció, apareciendo en su campo visual un escenario desértico que le resulto familiar y al mismo tiempo desconocido.
El escenario donde se encontraba parecía dar todos los indicios de un bosque pero sin vida porque no tenía el verdor que lo caracterizaba ni presentaba señales de vida porque ni siquiera residían insectos. Tan sólo le adornaba en ese extenso terreno de tierra seca, arboles de hielo sin hojas que irradiaban una débil luz al reflejarse la luz pálida de la luna en el cielo nocturno y unas cuantos narcisos adornando el suelo, también de hielo macizo al igual que los arboles.
— ¡Buaaaa~! ¡Buaaaaa~! —
Sus piernas involuntariamente comenzaron a moverse, pisando el suelo con firmeza a pesar que avanzaba por un sendero desconocido que era ambiguamente iluminado por la luz pálida que irradiaba los árboles y la luna misma. El destino de su recorrido se centraba en hallar la fuente de aquel llanto que adjudicaba que era un bebé ¿Pero por qué uno? ¿Y qué haría en un lugar como esté?
Su camino llegó a su fin cuando a unos diez pasos de su persona, el suelo se acabo para darle lugar a un estanque de considerable tamaño que amenazaba ser de profundidad dudosa. El agua que contenía era igual de cristalina como un manantial. No obstante, eso no llamo su atención sino que en el centro del estanque flotaba sobre la serena agua una pequeña luz de un blanco tan puro que el simple hecho de verlo le daba ganas de llorar, aún así ni una lágrima derramo.
Incapaz de desviar la mirada de aquella luz que cada vez se volvía de un mayor tamaño, pudo advertir que había un bulto en medio de toda esa blancura… uno que le pareció similar a un bebé ¿Era uno, verdad? Deseando confirmar sus sospechas hizo el ademan de acercarse al borde del estanque, acortando aquellos diez pasos que le distanciaban de su persona…
— ¡¿PERO QUÉ DEMONIOS?!
Súbitamente algo le obstaculizo en el camino, formándose de la nada una gruesa muralla de hielo. Obligándolo a retroceder los pocos pasos que avanzo.
—…Hitsugaya…—
Abrió desmesuradamente sus ojos en sorpresa, esa voz de ultratumba le es familiar. Se giró para dar con un imponente dragón alado de brillantes ojos rojos.
— ¡Hyōrinmaru…!
—…Aún no…—
— ¿Cómo? ¿De qué estás hablando?
Pero la respuesta jamás le llegó a sus oídos, tan sólo resonó una y otra vez aquellas dos frases que pronunció su Zanpaku-tō de hielo mientras que de fondo se oía el llanto lejano de aquel bebé que le producía una inexplicable sensación de incomodidad…
— ¡SHIRŌ-CHAN!
Abrió los ojos de golpe, dejando apreciar su mirada turquesa solamente para dar en su campo visual un rostro femenino que reconocería a kilómetros. Ella estaba sentada por arriba de su cabeza e inclinando su rostro sonriente hacia el suyo y como punto de apoyo, sus pequeñas manos las situaba a los lados de su cabeza sin rozar siquiera su rebelde cabellera blanca.
— ¡Buenos días~!
El joven hombre que no se le calcula más de veintitrés años salió de su aparente sorpresa para después desfigurarse su semblante en una infantil mueca enfurruñada y sus mejillas adquirieron un débil sonrojo… que se tornó más visible al recibir un fugaz beso en los labios, dado por la menuda mujer que tenía prácticamente encima, ahora carcajeándose cantarinamente en su cara al ver que su inocente "travesura" cumplió su cometido.
— Boba —Espetó y antes de oír las protestas de ella, llevó su mano detrás de la cabeza de la mujer. Hundiendo sus dedos en la sedosa melena azabache y sin mucho esfuerzo la atrajo un poco para sellar sus bocas en un beso más prolongado, aunque la actual posición era algo incomoda, eso no opacaba el gozo que sentían por ese simple pero extraordinario contacto. — Buenos días… —Saludó en un suspiro ronco, luego de eliminar el beso al demandarle sus pulmones algo de oxigeno.
— ¡Hehe~! —Enderezó su espalda, estando ahora sentada sobre sus piernas. — El desayuno está listo.
Como si el hecho de mencionar el alimento más importante del día, evocó en ese instante en el ambiente una agradable esencia de condimentos que paulatinamente se fue infiltrando en el dormitorio. Aún así por muy tentador que ese aroma le resultara, prometiéndole deleitar su apetito…
Sus papilas gustativas tenían antojo de ir directo al postre.
— ¡…A-Ah!
Él ágilmente se incorporo en el futon y la tomo de la muñeca, tirando un poco de ella para atraerla consigo. Invitándola a meterse en el lecho que compartían, quedando ella sentada a un lado de él y prontamente dirigiéndole una mirada apremiante por su repentina acción… Que no tardo en ser respondida sin necesidad de intercambiar palabras. Fue más que suficiente el haber cruzado sus miradas, turquesa y castaño, para entender pronto la pelinegra lo que planeaba su pareja.
— Shirō-chan se va enfriar la comida… —Protestó como quien no quiere la cosa.
— Pues que se enfríe —Contestó, acortando la distancia en sus rostros para besarla.
— Mmm… pero… —Era difícil hablar con los cortos pero apasionados besos que recibía. —…Hice tus platillos… favoritos… —Contestó en un suspiro, cayendo bajo su irresistible hechizo por lo que su buen juicio empezaba a nublarse.
Tōshirō pareció recapacitar el asunto por unos instantes pero así como lo pensó, lo desechó. — Lo comeré después —Y antes de de que la ojicastaña diga su siguiente excusa, la interrumpió con cierta seriedad en su tono de voz: — Momo —A continuación la tomo de las caderas y sin mucho esfuerzo la cargo para sentarla sobre su regazo, donde ella se acoplo fácilmente… pudiendo sentir algo por encima de las sabanas para su sorpresa que la hizo estremecer tal cual como una frágil copa en una estación de trenes. — ¿No querrás que esto se desperdicie, o sí?
Con las mejillas ardiéndole un infierno, desvió su mirada de esos penetrantes ojos turquesas. — P-Pervertido… —Farfulló. Y antes de que la mayor autoridad de la décima escuadrón del Gotei pudiera objetar; fue empujado por Hinamori hasta acostarlo en el futon. — Pero Nop —Contestó con una sonrisa juguetona, moviendo sus caderas logrando sentir con mayor intensidad aquel bulto contra su intimidad.
Un ronroneo escapo de la joven Teniente al mismo tiempo que su sonrojo se extendió a la punta de sus orejas y en sus ojos castaños que se tornaron de un color caramelo vislumbraba la lujuria, siendo una vista esplendida para Hitsugaya.
— Tō…shirō… —Llamó en un ronroneo, inclinándose hasta que sus modestos senos se aplastaran en el trabajado pecho masculino y dando desde su posición una buena vista al valle de sus senos ya que las solapas de su yukata rosácea se abrió, revelando más piel de lo habitual. —…Por f-favor…
Él pareció sorprendido, sorpresa que sólo se acrecentó más al notar la humedad que empezaba a traspasar por la delgada sabana que cubría la mitad de su cuerpo y su yukata de color azul pálido.
— ¿Tan pronto, moja-camas?
Hincho los mofletes, claramente avergonzada y enfadada. —…C-Cállate.
El ojiturquesa sonrió, le encantaba fastidiarla. No obstante tan poco se iba hacer de rogar ya que él también lo deseaba y en un movimiento rápido cambio de posiciones en el futon, estando ahora Momo abajo y Hitsugaya arriba.
— Parece que tiene sus ventajas ser una "moja-camas" —Comentó con doble sentido que escandalizo a la pelinegra, quien ahora yacía con su yukata rosáceo abierto revelando la desnudez de su agraciada figura…
— ¡Shi…! ¡A-Ah! ¡Mmm~!
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En un modesto salón amueblado y un tanto lujoso pero sin perder el toque hogareño, en el centro había una mesa de tamaño rectangular de cortas patas sobre la cual contenía innumerables platillos que eran engullidos por el peliblanco con apetito sin perder la gracia. Él estaba sentado en el extremo de la mesa, exactamente en uno de los lados más estrechos y a su lado izquierdo estaba sentada su pareja quien desayunaba también en menores proporciones.
Ambos disfrutaban de la compañía del otro, la calma y de cómo sus personalidades opuestas se acoplaban a la perfección sin tener siquiera que usar las palabras… ya que sus conversaciones eran visuales. Cruzando una que otras veces sus miradas que eran acompañadas con sonrisitas cómplices…
— ¡BUENOS DÍAS~!
La sonrisa a él se le borró y ella sufrió un ligero sobresalto por el potente saludo, ambos centraron sus miradas hacia la puerta que se conectaba con el pasillo que daba justamente con la antesala. No tardando en aparecer en el salón una hermosa mujer rubia de grades atributos.
— ¡Rangiku-san, buenos días! —Saludó risueña Momo, recomponiéndose rápidamente del susto. Levantándose de su asiento e irse un momento del salón para dirigirse a la cocina, en busca de unos platos para que Matsumoto les acompañe en el desayuno. Después de todo había mucha comida como para regalar y no era la primera vez que la voluptuosa Teniente los venía a visitar a tempranas horas de la mañana.
— Eran buenos… —Refunfuño Hitsugaya mirando con cara de pocos amigos a su subordinada que se sentaba del lado derecho de él.
— ¡Awww~! Vamos Capitán, tiene que aprender a compartir… —El ojiturquesa arqueo una ceja inquisitivo y en respuesta la rubia sonrió ya que su siguiente comentario haría mosquear a su jefe. — No puede acaparar a Momo.
Una mueca de mosqueo e impertinencia no tardo en manifestarse en el rostro masculino, provocando que una sonrisa cínica y felina se dibujara en los labios sutilmente carnosos de Matsumoto al cumplir su objetivo: fastidiar a su Capitán. ¡Era tan fácil pincharlo!
— ¿Acaparar qué?
La Teniente del quinto escuadrón hizo acto de presencia, usando una hermosa yukata naranja con estampado florares de color amarillo y su larga melena azabache que le llega hasta las caderas caía por su espalda, meciéndose de un lado a otro al compás de sus movimientos. Como siempre Momo tenía una gentil sonrisa un tanto infantil que le daba un toque adorable.
Se aproximo a la mesa del lado de donde estaba su amiga y situó sobre el mesón de madera lo que traía consigo en una bandeja con unos cuantos platos y un vaso donde Rangiku le serviría.
— ¡OOOOh~! Nada, sólo…
— ¡¿WAH?!
Sorpresivamente la ojicastaña fue abrazada, siendo Matsumoto que la trajo consigo sintiendo perfectamente como la dotada delantera de su amiga se aplastaba contra su espalda y como está recargaba el peso de la cabeza sobre la suya.
— Que el Capitán tiene que entender que no te puede privar de los demás, ya que al final eres la shinigami más querida de todo el Seireitei.
La azabache no entendía nada ¿A qué se refería Rangiku con eso? ¿Por qué Tōshirō miraba a su Teniente como si quisiera pulverizarla? ¿Y ella en que pinta con todo esté rollo?, la menuda Teniente salió de sus reflexiones cuando sorpresivamente sintió que tiraron suavemente de ella, liberándose de los delgados brazos de su amiga para ser aprisionados por otros más fuertes y musculosos.
— Es MÍA.
La décima Teniente sonrió divertida al ver el comportamiento posesivo e infantil de su Capitán. Si bien él ya no tenía ni una pizca de la apariencia de aquel chiquillo huraño desde la terrible guerra contra la organización Wandenreich, cambiando considerablemente gracias a un efecto secundario del último recurso de experimentación del Capitán Kurotsuchi; las capsulas que revertía la Zombificación de Giselle Gewelle. En consecuencia los Zombificados les fueron acortados su esperanza de vida, es decir, la energía vital que todos conocemos como Reiatsu.
Pero en Hitsugaya sufrió más… resultados externos y eso fue aclarado al finalizar la guerra cuando Kurotsuchi apenas al observar la nueva apariencia del décimo Capitán, enérgico (a su modo escalofriante) de descifrar los enigmas de tales efectos secundarios. Dio con una hipótesis lógica con el tiempo (…porque Tōshirō NI LOCO volvería a ser el conejillo de india del sádico científico) que fue bastante acertada, centrándose en la Zanpaku-tō de hielo del joven Capitán.
Por la influencia de Hyōrinmaru que inyecto inimaginables cantidades de reiatsu en Hitsugaya cuando era niño, le creo efectos contraproducentes que se vio reflejado en su crecimiento. Explicando de porque el peliblanco nunca crecía, envejeciendo de una manera relativamente más lenta de lo normal que cualquier otra alma de la Sociedad. ¿En términos más prácticos? Hyōrinmaru –técnicamente– "congeló" el cuerpo de su futuro portador. Por eso es que cada vez que el mini Capitán activaba su Bankai, solía envejecer un poco y… con las capsulas de Kurotsuchi donde estuvo en cuarentena, le extrajo una gran porción de aquel reiatsu ajeno que le inyecto su propia Zanpaku-tō de hielo.
Como resultado ahora tenían a una versión súper sexy, madura y fornida del Capitán más joven de todo el Gotei 13. Incluyendo estatura porque ya no era un enano, midiendo 1,73cm., adquiriendo una imagen mucho más imponente de la que ya tenía.
— Es malo ser tacaño, Capitán.
— Pues disculpa si me niego a compartir a mi esposa —Objeto sarcástico.
La Sra. Hitsugaya suspiró. Aquí venía uno de los arranques de celos de Tōshirō, no es que le molestara exactamente pero… en horas tan tempranas, luego de un riguroso despertar con él. Pues lo que más desea es tener un desayuno tranquilo y recuperar energías para cuando vaya a cumplir sus responsabilidades como Teniente del quinto escuadrón.
— ¡Jo~! Ya lo veré Capitán que si tiene hijas, huirán del yugo paternal.
Sin querer Matsumoto con su comentario burlesco había incentivado en las memorias del ojiturquesa, recordando el extraño sueño que tuvo y la aparición de Hyōrinmaru ¿Significará algo aquel sueño?
«…Aún no…»
Mmmm… ¿Cómo que "aún no"?, se cuestionó en sus pensamientos. Tornándose su semblante serio, recuperando su característica templanza y frialdad que a cualquiera intimidaría a excepción de su esposa y, rara vez, a su Teniente. Por lo que se gano la mirada preocupada de ambas mujeres.
— ¿Tōshirō?
El aludido sintió una mano cálida en su mejilla izquierda, busco con sus ojos el dueño de esa delicada mano cargada de tanta ternura. Hallando unos ojos castaños que vislumbraba preocupación y aunque no le gustaba verla mortificada por su culpa, no pudo evitar sentirse atesorado por lo que sonrió. Asegurándole con ese gesto tranquilidad a Momo que le devolvió la sonrisa.
— ¡Hehe~! Shiroooō-chan —Lo llamó en un canturreo, tomando los palillos y agarrando un bocado de arroz del bol mientras que la otra mano la tenía debajo para evitar ensuciarse ambos. — Ya que estamos así… ¿Por qué no alimentarte? ¡Vamos~! ¡Vamos~!
— ¡¿Eh?! ¡Yo puedo comer perfectamente solo!
— ¡Awww~! ¡No tiene que ser tímido Capitán! —Intervino Matsumoto, uniéndose en la tarea de fastidiar al peliblanco porque… algo que se tiene claro es que Momo también disfruta admirar esa linda carita enfurruñada de él.
— NO SOY TÍMIDO.
— ¡Di haaaaaa~! —Animo la pelinegra, materializándose florecitas rosáceas a su alrededor de lo risueña que estaba de darle de comer. Por supuesto, verlo sonrojarse era un bono extra. — Disfrútalo con todo tu corazón.
— ¡Te dije que no tienes qué! —Refunfuñó incomodo, dándole furtivas miradas a su subordinada que le miraba fijamente a la espera de que coma lo que le ofrecía su esposa.
— ¡Ah! ¿Quieres que le sople?
— ¡NO! ¡Idiota, escucha lo que te dicen!
Momo le hizo un puchero. — ¿Pero de qué te da pena? No es muy diferente de cuando éramos niños…
— ¿Cómo? —Pronunció Rangiku que no se espero tal novedad, posteriormente sonrió felinamente divertida para el calvario interno de Hitsugaya ¡Ahora lo fastidiaría por SEMANAS con esa información! — Fufufufu ¿Quién lo diría? Al final el Capitán siempre ha sido un niño consentido.
— ¡GRRRRRRRR!
¡Un día de estos, estás dos lo van a volver LOCO!
Y entre gruñidos y carcajadas, el desayuno transcurrió como siempre ante la compañía de las dos mujeres que han formado un vínculo –en distintos desniveles– con el joven Capitán.
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~ ((«».«»)) ~
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— ¡Buaaaa~! ¡Buaaaaa~! —
Abrió los ojos para volver a encontrarse de pie en el medio de aquel desértico bosque de hielo bajo una noche estrellada con la luna imponentemente sobre su cabeza, observándolo desde su lugar. Suspiró pesadamente ¿Otra vez con el mismo sueño?
Sin querer perder tiempo, prefirió llamar a su Zanpaku-tō ya que siempre concluía en lo mismo… en aquel estanque junto a esa luz flotante que arrullaba a un bebé ¿Y todo para qué? Para que venga el dragón de hielo alado a intervenir cuando intenta indagar más.
— ¡Hyō…!
Su llamado quedo trabado en su garganta cuando en un parpadear una presencia paso a su lado y no cualquiera, la identifico como una chica pequeña que le llegaba a la altura del estomago. Extrañado se volteo para ver ahí, de pie, a una chica descalza que no le calculaba más de trece años. Ella vestía un corto vestido blanco sin tirantes que le llega por arriba de las rodillas, la prenda caía de manera un tanto acampanada por debajo del busto, provocando que no se marcara las sutiles curvas agraciadas que se han desarrollado en su jovial figura.
Su tez cremosa era blanca, aunque no se comparaba con la blancura de su corta melena. Su sedoso cabello lacio le llegaba por arriba de los hombros sin rozarlos y su flequillo cubría los ojos de la niña, imposibilitándole ver su mirada. Aunque ella le dedicaba una sonrisa ladina e infantil.
Todavía desconcertado, observo como ella oculto sus manos detrás de la espalda e inclino ligeramente su torso hacia adelante con cierto aire juguetón.
— ¡Hehehe~! ¡Vinisteis! —
— ¿Qu…? ¡OYE!
Ella no le dio tiempo a preguntar porque emprendió la retirada sin parar de reírse cantarinamente con ese aire pueril. Resonando sus carcajadas por todo el bosque. Por supuesto, el peliblanco mayor no tardo en seguirla pero la chiquilla resulto ser escurridiza.
— ¡Ven! —Hizo eco por el bosque la voz de la jovencita. — ¡Atrápame!
— ¿Dónde rayos…?
Súbitamente la chica apareció de la nada ante sus ojos, haciendo que él automáticamente se detuviera y se quedara quieto porque ella danzaba a su alrededor dando saltitos para desaparecer ante sus ojos y volver a aparecer en otro lugar como si fuera un fantasma.
— ¡Hehe~! ¿Qué pasa, ya te rendisteis?
La peliblanca se detuvo delante de él y mientras que se adentraba al bosque, le dijo un tanto socarrona: — ¡Eres muy mal jugador~!
— ¡Hey…! —Volvió a seguirla, guiándose por las risas que resonaban de la joven hasta llevarlo al estanque. Nuevamente a ese punto ¿Pero por qué? — ¿Huh?
Pequeños copos comenzaron a caer bajo el despejado cielo estrellado que irradiaban un débil brillo pálido, similar al de la luna. Apilándose calmadamente, silenciosamente, en los rincones del bosque.
— Tú… ¿Quién eres? —Apartando sus ojos turquesa del cielo, descendió su mirada hasta centrarla en el lago donde en el medio estaba de perfil aquella joven de pie sobre el agua.
Ella quien había extendido las manos para atrapar oportunamente un copo de nieve que caía cerca de su persona, no volteo a verlo. — Yo… —Con una sonrisa de soslayo capturó el copo entre sus manos, cerrándolas y llevándola a su pecho. — Sólo quería ser encontrada… por ti.
Se volteo hacía Tōshirō con una sonrisa e hizo el ademan de salir fuera del lago para acercarse a él… pero sus planes fueron frustrados porque una monumental cantidad de hielo acertó enfrente del peliblanco mayor. Aquella sorpresiva muralla congelada resulto ser una cola, y no de cualquiera sino de…
— ¡Hyōrinmaru ¿Pero qué…?!
Ante la interrupción del dragón, la joven se mostro cabizbaja con una sonrisa taciturna y resignada porque sabía lo que significaba. Mientras que el shinigami le dedicaba una mirada apremiante a su Zanpaku-tō ¡¿Por qué no decía nada?! Desde que tiene esté raro sueño, se ha vuelto exasperantemente rebelde para su gusto.
— ¡Hey! —Él aparto la mirada de los ojos rojos del dragón para centrarla en la chica que seguía de pie sobre el lago. Ella le sonreía mientras que tenía sus manos agarradas detrás de la espalda. — Nos volveremos a encontrar ¡Hasta entonces!
— ¿Qu…?
Abrió sus ojos un tanto sobresaltado, parpadeo para acostumbrarse a la oscuridad del entorno que pronto lo identifico como su dormitorio. Iluminado débilmente por la luz de la luna que se infiltraba por las cortinas de los ventanales.
— ¡Aff! —Bufó por lo bajo, genial, otra vez el sueño ese.
Desde hace un par de semanas ha soñado lo mismo y Hyōrinmaru nunca le respondía a sus demandas sobre el tema. No lo comprendía, su Zanpaku-tō solamente le dio problemas fueron por causas de fuerza mayor como la vez de la guerra contra los Wandenreich o aquella otra vez cuando Muramasa uso los Zanpaku-tō de la Gotei 13 como su ejército para sus planes retorcidos.
— ¿Tōshirō?
El aludido se sobresalto, no esperándose que Momo estuviera despierta cuando es de sueño pesado (No a niveles de Ukitake, pero ustedes entienden). Viró su rostro hacia su lado izquierdo para toparse con unos grandes ojos castaños que lo observaban un tanto soñolientos, viéndose a su opinión tan linda y sexy… con su largo cabello cayendo a un costado, la yukata algo removida mostrando la desnudez de su hombro izquierdo y tentadoramente el valle de sus senos…
— ¡Wah!
Impulsado por esa imagen de Momo no pudo contenerse de abrazarla y ella una vez que salió de su sorpresa, felizmente se acurruco contra el pecho de él, disfrutando de su calidez y fortaleza que le brindaba al estar rodeada de sus fuertes brazos. — ¿Tuvisteis un mal sueño? —Preguntó en un suspiro de satisfacción cuando hundió su cara en el pecho masculino, inhalando la fragancia que emanaba Hitsugaya.
— No lo sé… —Contestó pensativo, recordando que el reciente sueño tuvo algo diferente. Apareciendo una chica de corto cabello blanco pero no pudo indagar más por Hyōrinmaru ¿Por qué se mostraba tan renuente que se acercara a esa chica o aquel bebé? Lo cual le hace preguntarse… ¿Serán la misma alma?
Hyōrinmaru siempre ha sido leal a él y aunque no entendía su repentina conducta, sabía en el fondo… que lo estaba protegiendo ¿Pero de qué? ¿Acaso esa chica representa algún peligro?
— ¿No lo sabes? —Se separo de él un poco para verlo a la cara, pero sin eliminar el abrazo.
— Oye Momo… —Guardo silencio, no muy seguro si decirle pero al final debía hacerlo. Era un pensamiento que ha rondado en su mente desde que empezó a tener ese sueño extraño. — ¿Qué piensas de tener un bebé?
Ante la mención, el menudo cuerpo femenino se tensó no pasando desapercibido para Tōshirō. — Pero… ¿Eso ya no lo discutimos ya? —Cuestionó un tanto incomoda.
— Si, pero yo digo ahora, ¿Sigues pensando lo mismo?
Su rostro se volvió taciturno, elimino el abrazo para sentarse en el futon y cruzar su mirada con esos ojos turquesas que aun en medio de la oscuridad seguían deslumbrantes. Tal como lo sospechaba ella, tuvo que desviar sus ojos de él al no poder sostenerle la mirada, porque era un tema delicado y hablarlo le resultaba difícil al no saber cómo reaccionaría…
Porque lo que menos quería es herirlo.
— ¿La verdad? Sí… —Frunció los labios en clara incomodidad. — Tōshirō yo… tal como lo hablamos aquella vez, aspiro formar una familia contigo pero… —Estrujo nerviosa sus manos sobre sus regazos. — Todavía no. No es el momento idóneo ya que estamos aún en la reconstrucción de la Sociedad de Almas y atestados de trabajo. Lo siento…
— Tonta ¿De qué te disculpas?
Castaño y Turquesa chocaron. Momo se mostro sorprendida al ver el semblante relajado del peliblanco, sonriéndole de ese modo tan propio de él. Siendo sus sonrisas imperceptibles pero genuinas. Entendiendo al observar tan calmado a Hitsugaya… que él pensaba lo mismo que ella.
Desde los acontecimientos de la guerra ha transcurrido tres años y todavía la Sociedad de Almas no está del todo reformada (aparte que le agregaron un par de modificaciones extras en el diseño y tecnología para futuras invasiones enemigas). Además que debían hacer el indefinible papeleo sobre las almas perdidas tanto en el mundo de los muertos y el de los vivos que fueron afectados por el desequilibrio que provoco la muerte del Rey Espíritu. Eso sin mencionar aquellas almas que fueron destruidas por las flechas Quincy, siendo incapaces de entrar en el ciclo de renacer.
Había mucho estrés y tensión en la tarea que se recargaba en los hombros de la Gotei 13, especialmente en los altos mandos de cada escuadrón.
— ¡Hehe~! Es verdad.
Repentinamente la risa de Momo le pareció familiar a él, entonces como si fuera tenido una epifanía comprendió que la risa de aquella chica con la que soñó era muy similar a la de su amiga de la infancia. ¿Quizás ese era el fin de ese sueño? ¿Un posible augurio de lo que sería su retoño con Momo? Si era así, no le parecía tan mal tener otra mujer en la familia…(1)
Porque aunque no había podido dar mucho con el rostro de la joven, tenía la corazonada que heredaría la belleza de Momo tanto la externa como la interna. Con ese pensamiento, extendió su brazo y atrajo a la pelinegra que pronto se acurruco con él. Abrazándolo mientras que apoyaba su cabeza en su pecho, usándolo de almohada.
—…Aún así Momo, hazte un chequeo…
Ella se carcajeo divertida. — Shirō-chan, ya sabes que soy meticulosa con el tratamiento. Descuida —Desde que formalizaron su relación y prontamente contrajeron nupcias hace tres años atrás, Momo ha usado sin falta anticonceptivos recomendado por la doctora más calificada de todo Seireitei después de Retsu Unohana: Isane Kotetsu.
— Momo…
— Está bien, está bien —Cedió divertida. — Si así estás más tranquilo…
Tōshirō respiró más calmado, no ponía en duda que Momo se cuida. Ella siempre ha sido muy responsable sobretodo en ese asunto tan delicado pero prefería quitarse esa espinita que ha atormentado su mente desde que tuvo ese sueño donde aparecía puntualmente Hyōrinmaru.
Como dicen siempre, más vale prevenir que lamentar.
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FIN DEL PRÓLOGO.
(1) no le parecía tan mal tener otra mujer en la familia…, A mi perspectiva, "la familia" del mini Capitán se conforma de su abuela adoptiva, Momo y Matsumoto que a mi opinión, la voluptuosa Teniente ha sido como una hermana mayor para Tōshirō Hitsugaya.
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Queridos lectores no creo pedir demasiado 9~9, sólo pido leer sus opiniones (totalmente libres de expresarse a su antojo) que rondan por esas lindas cabecitas suyas cuando leen mis locuras del HitsuHina *u*.
¿Nos seguimos leyendo?
RE–VI–EWS. ¡Plis~! Miren que no muerdo, eh.
