Disclaimer: "Este fic participa en el reto "Hogwarts a través de los años" para el foro de "La noble y ancestral casa de los Black"

Personaje: Albus Dumbledore

Advertencia: Es una relación entre chico/chico, pero bastante ligera.

Se quedó callado, mirándole detenidamente con ese toque suyo. Ese quizás de ingenuidad. El otro le correspondió de la misma forma, con una intensidad que hasta él mismo se sorprendía. Tenía talento. Lo sabía. Eso era lo que llamaba su atención. Cómo un joven como él se encontraba en esa horrible situación. Pero no era lo único que le interesaba del rubio, quien apartó sus pupilas, clavándolas en el horizonte. No. No era solamente eso

Albus se removió nervioso. Nunca había sentido nada parecido a lo que estaba sucediendo en ese instante. En ese mismo momento en el que el otro le analizaba con lentitud. El silencio invadía su cuerpo, y tampoco parecía importarle. Sus labios se entre abrieron, tan finos y delicados que cualquiera podría quedarse sorprendido. No era lo adecuado. No era lo propio. Ni tan siquiera sencillo. ¡Cómo sobrellevarlo! Tenía que seguir así, ocultándolo. Sin que nadie se diese cuenta de lo que le sucedía en el interior de su corazón. Ese que latía cada vez que su amigo se acercaba, posando su mano sobre la de él, con fuerza. Era un roce común entre ellos. No era nada extravagante. Era la unión de dos almas que buscaban el vencer. El ser reconocidos por los demás. Que nadie se interpusiese en su camino

Los labios suyos también se entre abrieron con ese toque suyo. Se sentía muy a gusto con el joven rubio. Quizás porque él le comprendía y le hacía ver los puntos positivos de la vida. Puede que, porque después de todo, era quien le abrazaba y estrechaba entre sus brazos en los malos momentos. Igual que él le consolaba en sus asuntos con su familia. Y sobre todo, con el caso de su hermana menor, Ariana. Y es que, cuando percibía el aroma de su cabello largo, se dejaba llevar. Y sonreía por ello

Debía admitirlo. No solo era el interés lo que le hacía estar a su lado. No. Eran las palabras de él que resonaban en su mente. Esas cuando le prometió que nunca nadie les separaría. Que eran ellos dos, y nadie más. Ese era su castigo por todo el interés. Amar a un hombre como nunca hubiese supuesto amar a nadie más. Y es que, ante todo, era Albus…Y nadie más

Y el rubio volvió a mirar de soslayo al pelirrojo, que cerró los párpados ante el encuentro de su rostro con el viento. Era una hermosa escena. El joven mago se moría por poder acariciar su rostro con una de sus manos. Con esos dedos acariciando cada tramo de su piel. Queriendo saborear esos labios tan sabrosos y apetecibles. Apetecibles. Su garganta se secó por ello y volvió a girar su cabeza, maldiciéndose por lo bajo. ¿Por qué tenía que ser todo tan sumamente difícil? Había algo en su interior que le decía que aquello no era correcto. No solamente por el hecho de ser dos hombre, sino porque sabía que él no era como creía. Al contrario. Y pese a todo, no podía dejar de sentir todo aquello que percibía hacia él

Igual que los celos. Sí, celos. Los que demostró cuando una antigua amiga suya se acercó a él con ese brillo especial en los ojos. Pero lo que más le dañó fue el interés que le demostró su supuesto amigo. Se conocían de… ¿Cuánto tiempo? ¿Un mes y medio? Ni ya llevaba la cuenta sobre ello. Pero aun así, ¡era tan intenso todo aquello! El girarse y marcharse de allí con el rostro empañado en lágrimas. El caminar acelerado, olvidando todo aquello. Era lo mejor. Olvidar. Pero no…No podía porque él estaba allí, a su lado, junto a él. Sin nada más que pensar. Era eso. Era un suspiro dulce de sus labios. De su alma

Entonces, sus miradas se encontraron, de frente. Eran los ojos de Gellert los que le causaban esas sensaciones a él. ¡Qué delicioso manjar era el del amor! Esa dulzura tan intensa y a la vez, encantadora. Y es que, era su fortuna. Ese amor que le hacía arder al situarse a su lado. Un castigo…El de no poder tocarle pese a la cercanía que existía entre los dos. El pelirrojo sonrió un poco, como si necesitase entender que él le respondería, recíproco. ¡¿Cómo no hacerlo? Si era su sonrisa el despertar de su amar. Se moría por poder estar en sí con él. De amarlo sin miradas que los juzgasen por ello. Besarse con el deseo apoderándose de ellos sin que nada se lo impidiera. Era su mayor sueño. Amarle sin que nadie le encarcelase por ello. Sin sentirse distinto por ello. ¡Cuánto le amaba! ¿Era posible que todo su amor fuese aceptado? Tenía que ser prohibido solamente por no especificar cuánto le quería en sí. El muchacho bajó la vista, y el rubor se instaló en su rostro, en concreto, sobre sus mejillas. El más mayor sonrió encantado, estrechando la mano de su amigo con más fuerza a la de él. Y es que, no pudo evitarlo, y tampoco lo pretendía. Necesitaba saber, aunque fuese por solo una vez, lo que era saborear a ese chico…Tan apuesto, como a la vez noble. Y antes de que se arrepintiese de ello, posó sus labios sobre los suyos. El rubio abrió sorprendido sus párpados, quedándose desorientado. Su boca sabía a fresa. La fruta favorita de él. Era tan sumamente frágil todo aquello…Era dejar que el amor se apoderase del ambiente.

Se separaron, sin temor, sin dudas. Solamente con la certeza de que estaban haciendo lo adecuado. ¿Acaso no era correcto amar a una persona? No lo sabía, pero tampoco le parecía relevante en ese momento. En esa ocasión, solo eran ellos dos. Su amigo se levantó, caminando hacia cualquier otro lugar. A donde el destino le guiase. Se giró y le tendió la mano con una preciosa sonrisa. El aludido sonrió, seguro de que estaba haciendo lo correcto…Porque incluso Albus Dumbledore se equivocó en su momento…Sobre todo, por eso llamado amor.