Nota de autora: Bueno… la verdad es que soy nueva escribiendo fics, pero esta es una historia que me dejo asombradísima. Originalmente se hizo para los personajes de Sakura Card Captors pero creo que quedan increíblemente bien en Inuyasha. La historia es de Eimy, por si quieren leerla y en su título original se llama "Soledad repleta"
Demás queda decirles que los personajes de Inuyasha no me pertenecen.
Por favor comenten para que siga subiendo los capítulos =) con la suficiente cantidad de reviews subiré al menos uno por semana.
Lección dos: Sonreír no sirve en territorio enemigo.
Había sido un día terrible. Su primer día de clases no se había parecido absolutamente en nada a lo que había imaginado.
Bufo mientras se sentaba en el escritorio de su habitación y desenredaba su cabello oscuro. Lo único más interesante de ese día había sido ese muchacho de cabellos blanquecinos que había tenido que sentarse con ella.
Flash back.
Apenas había entrado a ese colegio todo le pareció grandioso, tal como ella quería. Miró hacía atrás. Su hermano le venía siguiendo con las manos en los bolsillos y el ceño fruncido.
-¡He! hermana, segura que estarás bien en este colegio.
La verdad es que no sabía si estaría bien y Sota era demasiado bruto para entender las ansias que tenía ella de poder cambiar el ambiente de la escuela pública sin embargo pese al temor confiaba en todo lo que siempre le había hecho una perfecta "amiga", una perfecta alumna y una perfecta compañera, porque jamás habían fallado sus caras sonrientes, sus atenciones y sus hermosos y encantadores ojos chocolate, esos de los que se sentía tan orgullosa.
-Sota. –Se volteó a decirle –creo que es preferible que me dejes acá. –¡Dios! Mordió su labio inferir. Estaba tan nerviosa que seguramente se desmayaría metros más allá, pero tenía que hacerlo sola.
Pese a lo anterior cuando Sota la miró a los ojos fijamente por unos segundos, ella aceptó su mirada.
Cuando era pequeña su madre le había enseñado que lo siempre debía ver hacía el frente con una gran sonrisa. Y estaba segura de que no se había equivocado, después de todo eso era lo que había ayudado a su abuelo y a Sota.
-Como quieras. Sólo promete que te cuidaras. –había ganado.
-Por supuesto.
Caminó hasta la recepción y pregunto por la clase A, la mujer que estaba en el mesón de enfrente la miró con ojos extraños y ella tenso una sonrisa de cordialidad. No entendería hasta un poco después lo que significaba esa mirada. Un muchacho que al parecer la había escuchado ¿se apiado de ella? y estuvo dispuesto a dejarla en el salón.
-Procura no hablar demasiado. –aquellas palabras que parecían sinceras no eran las que ella esperaba de un primer contacto, pero al menos no eran de desprecio.
Cinco minutos más tarde estaba parada frete a ese curso de 18 alumnos y una profesora extremadamente hermosa, de largos oscuros y ondulantes… y mirada misteriosa, cuerpo esbelto y estético, sinceramente preciosa.
Se presentó como era debido y sin importarle los rostros aburridos de sus nuevos compañeros ni los preocupados ojos de su profesora, alzó su voz armoniosa y mostro la mejor de las sonrisas.
-"Bien ahora tú te sentarás junto al… joven Taisho"
Y así lo hizo. El estaba muy ocupado haciendo estupideces con su mochila como para darse cuenta de que ella se había sentado junto a él.
-Buenos días –se apresuró a decir ella con una sonrisa para que el voltease a verla. –Será un gusto sentarme contigo Taisho… -hizo una pausa para que él le dijese su nombre y justo en ese momento en el que su rostro se volteo para ver el suyo con ojos aburridos, descubrió a los ojos más hermosos que había visto en toda su vida. –Seshomaru, Taisho.
Por casi cinco minutos fue incapaz de apartar su vista de sus labios rosados, su cabello blanquesino y enmarañado y esas facciones tan definidas y perfectas. ¡Que acaso ese chico no tenía nada mal!
Intentó hablarle dos y hasta tres veces, pero desistió cuando se dio cuenta de que él no tenía intención alguna en conocerla, ni siquiera tenía intención por una convivencia más amena, aun cuando fueran compañeros de puesto.
Fin flash back
Y peor aún que todo eso era saber que nadie se había acercado a hablarle en todo el día. La hermosa profesora Kaede le había explicado más o menos como funcionaba todo este entuerto y así había entendido por fin las primeras palabras que había escuchado al entrar en ese colegio, no muy bien pero las había entendido. Suspiró. Todo sería más difícil de lo que esperaba. Pateó la almohada del suelo.
Detestaba ser ignorada.
Se sacó el uniforme resentida por los recuerdos de aquel día, se colocó el pijama y peino sus cabellos con cuidado, justo como su madre le había enseñado, lo amarró en una trensa (desde que su cabello era tan largo no podía dormir con el suelto) y se metió en la cama esperando que el sueño llegase pronto.
Mañana sería un nuevo día y tendría una nueva oportunidad para intentar integrarse. Quizás debió haberle hecho caso a Sota, pensó mientras se escondía entre su almohada y sabanas.
Día siguiente
De nuevo estaba parada ahí, frente a ese enorme colegio. Sota no había podido acompañarla ese día así que decidió usar su bicicleta aún a sabiendas de que todos ahí llegaban en auto. ¡En que estúpido momento había pensado que necesitaba cambiar de ambiente! Ella no encajaba ahí.
Agarró firmemente su bicicleta e ingreso hasta el colegió, la aparco en un lugar vació y enderezó la cabeza.
Enderezó su cabeza y continuo su camino, porque recordó que su madre alguna vez le había dicho que traer los ojos por el suelo sólo pronosticaba una derrota. Y ella estaría de cualquier forma y en cualquier estado pero menos derrotada, jamás derrotada, porque su madre no la había dejado en ese mundo para ser una perdedora, ella… Dios! Habían tan pocas cosas que recordaba de ella que deseaba aplicar todo lo que aun no sé había escapado de su conciencia correctamente.
Sintió como su paso era bloqueado por un cuerpo más corpulento que el de ella. ¡Perfecto! Justo lo que necesitaba, caerse en la entrada del Etioku Gakuen.
-¿Hey… estas bien? –escuchó la voz de un hombre pero no pudo levantar muy bien la cabeza para verlo. Cogió su bolso y mientras comenzaba a levantarse del suelo pudo ver unos hermosos zapatos y unos pantalones azules.. ¿Porque demonios ese muchacho no usaba el jodido uniforme? Refunfuño en su mente mientras hacía los últimos ademanes para levantarse.
-… creo que si –dijo mientras se tomaba la cabeza. Él le estiró la mano para dar un último empujón.
-Disculpa, fue mi culpa. ¿Eres nueva? No creo haberte visto.
-Si… la verdad es que si. Soy Kagome Higurashi –dijo aún un poco aturdida mientras intentaba limpiarle el polvo a su falda.
-Pues mucho gusto, Higurashi Kagome, yo soy Koga, Ishikawa Koga.
Alzó su cabeza por primera vez después de haber caído y se encontró con mucho más que unos zapatos lujosos y un pantalón a azul. El chico frente a ella tenía una sonrisa hermosa, de esas que se pegan en las vidrieras en los muros de la ciudad y los ojos más extraños que hubiese visto nunca, ver ojos azules en ese país era mucho más raro que encontrarse a alguien con el cabello fucsia.
-¿Hey, de verdad te sientes bien?
Se abofeteo mentalmente mientras se recomponía. Había quedado literalmente pasmada con la belleza de ese sujeto.
Sus mejillas enrojecieron antes de que pudiese darse cuenta.
El muchacho se despidió con una sonrisa un tanto acusadora y comenzó a correr hacía el que había sido su destino antes de que ambos chocaran. Y antes de que ella pudiese voltearse para comenzar a caminar él se volvió hacía ella y agitó su mano derecha en el aire. ¿Era ese un saludo!
-Tienes unos ojos hermosos, Higurashi Kagome
Sus ojos se abrieron como platos ante esas palabras, y antes de siquiera pensarlo una sonrisa adorno sus labios.
¡Yosh! Ese había sido el primero de los cumplidos que había recibido después de estar en ese lugar. Y lo había hecho un chico que seguramente era diez mil veces mejor que ella.
Ahora, mucho más confiada, y con una sonrisa que no podía despegársele de la cara avanzo a pasos agigantados hacía su clase.
Subió las escaleras, el ruido proveniente de su salón podía escucharse dos pisos más abajo y ahí tan cerca de la puerta le retorcía los oídos.
Entró al salón y repentinamente todo el ruido que había escuchado se apagó. Como si sus pies hubiesen accionado un mecanismo extraño que enmudeciese a todas las personas o las matara en su defecto.
Tragó saliva. ¡Dios! Algo no le agradaba en todo ese silencio ¿Qué pasaba ahora? Intento poner la mejor de sus caras, una de esas pequeñas sonrisas que es imposible no complacer y avanzo un poco más, solo un poco porque el miedo le quemaba los pies.
-Miren todos es la encantadora Higurashi Kagome.
Tensó esa sonrisa que había creado su rostro y procuró no desvanecerla, alguna vez había escuchado que lo mejor para hacer amigos era sonreír. Quizás eso también lo había dicho su madre.
-Mucho gusto… ¿tú, tú, tú eres?
-Una pesadilla para ti.
Retrocedió dos pasos sin dejar de tensar su sonrisa e intentó parecer amable.
-Lo siento, he… ¿he hecho algo que te halla disgustado? –¡Maldito idiota! Que se creía al venir hablando así. Pensó mientras seguía concentrada por no desvanecer esa maldita sonrisa y suavizar sus palabras, todo un problema cuando hervía por dentro.
-¿Hey muñequita, no quieres saludarme? -le preguntó uno de los tipos que estaban sentados en primera fila, se acercó peligrosamente a ella y le extendió la mano. La aceptó pero justo cuando creía que esto podía mejorar se dio cuenta que ese día todo sería mucho peor que el anterior.
-Suéltame… me haces daño. –si no se zafaba pronto de ese agarre ese maldito le quebraría la muñeca.
Unas muchachitas que estaban un poco alejadas del resto se le acercaron. Tuvo miedo, porque jamás en su vida se había sentido tan amenazada. De pronto el bullicio de la clase retumbó en sus oídos y se sintió mareada.
-Tienes un hermoso cabello Higurashi –le dijeron las chicas mientras ella apenas y podía respirar.
Claro que tenía un hermoso cabello, se pasaba una hora al día cuidando de él.
Intentó alejarse de ellas, pero por el agarré de aquel idiota eso se le hacía imposible.
Cerró sus ojos con fuerza. Como demonios podía estar pasando eso. Algo extraño se formó en su garganta cuando sintió como jalaban de su pelo y probaban su textura y largo. Tuvo deseos de llorar. Cerró los ojos con más fuerza para contener las lágrimas que se le acumulaban en ellos.
Ella no podía llorar, ella no debía llorar. Retrocedió un paso con mucho esfuerzo. Pero ellos eran muchos más y no tardaron en acorralarla de nuevo. Una de las muchachas que le había sujetado el cabello la jalo y el filo frió y peligroso de la tijera que traía en sus manos fue cortando su larga, sedosa y hermosa cabellera. Abrió los ojos en el mismo instante y sus pupilas se dilataron al ver sus cabellos caer limpia y graciosamente hacia el suelo.
-¡Kyyyaaaaaa! –gritó y trato de empujarlos a todos un poco para tener el suficiente espacio para salir de ahí. Su cabello… su hermoso cabello, ese que había dejado crecer única y exclusivamente para parecerse un poco más a su madre, estaba… arruinado.
-¡Basta! –levantó su cabeza y miró a la persona que estaba delante de ella.
¡Demonios! que acaso todos en ese lugar tenían que ser hermosos.
Todos comenzaron a alejarse de ella y supo entonces que ese que había dicho basta era Yamamura, Inuyasha Yamamura.
-Inuyasha nosotros sólo le estábamos dando una bienvenida.
Así que lo que le había dicho la profesora Misuki era cierto, ese muchacho de tez casi marmórea ojos enigmáticos, y cabello negro tenía un poder extraño sobre los demás.
-Lo sé… pero es demasiado insignificante.- Se acercó a ella y el silencio se había vuelto tal que los pasos de él resonaban en el salón… tan lento y profundo que se le hacía una tortura escucharlos.
-No aguantara un mes dentro de Etioku Gakuen, eligió un mal curso para quedarse. ¿No es así muñequita? ¿No es verdad que te deseas ir ya? –sintió como la mano helada y masculina de el le alzaba la barbilla tan alto que tubo que ponerse en puntillas.
El era mucho más grande que ella y ponerla a la altura de sus ojos como parecía ser lo que quería hacer, era casi imposible. Sintió el aliento tibio de Taisho en su rostro.
-¿Querías jugar a ser una niñita rica no es así, Kinomoto?
Él… demonios él no sabía de lo que estaba hablando. Cerró sus ojos con fuerza. La sonrisa se había desvanecido de su rostro en el mismo instante en el que el miedo y la rabia habían comenzado a hervir dentro de ella.
Él no tenía ni una maldita idea de lo que estaba hablando. Empuño sus delicadas manos y su cuerpo se tenso.
-¿Qué pasa Higurashi?... no te gusta lo que te estoy diciendo. –su voz ronca y su acento elegante sería algo que desde ese día comenzaría a odiar, estaba segura.
-Inuyasha, deja ya de jugar, Kaede está por llegar.
Ese era Taisho, no podía confundirse, porque pese a tener los ojos cerrados y el corazón latiéndole a mil por hora sabía que esa voz, medio aburrida medio tranquila no podía ser de otra persona.
Yamamura se acercó a su oído sin soltar su agarre aún.
-Te doy un mes –le susurró y su cuerpo en contra de su voluntad se estremeció por el acto.
Medio minuto después de que él la soltara y ella callera al suelo por la brusquedad, todos estaban sentados ya en sus asientos.
Kaede entró con sus cosas, esa mañana se había retrasado porque no había encontrado el libro de clases, pero después de media hora de buscar y buscar le encontró en la cafetería. Sospechaba que sus "queridos" alumnos tenían algo que ver en todo eso.
-Buenos días clase.
Y por primera vez escucho una respuesta del salón A. Sin embargo aún había algo que le preocupaba. ¿Qué estaba haciendo Higurashi tirada en medio del salón?
-Higurashi, toma asiento.
Y justo cuando la muchacha pareció reaccionar y voltearse para caminar hasta su puesto se dio cuenta que la mitad de su larga cabellera había quedado reducida hasta la altura de sus hombros.
Se mordió el labio. Prefirió no decir nada, cualquier cosa que dijese en ese momento podía significar una represaría por parte de ellos hacia la muchachita.
Habló sobre cosas del curso, sobre las metas que debían alcanzar ese año y comenzó a pasar materia. Escribió unas cosas en la pizarra y dejo que sus alumnos trabajasen solos. No armarían un revuelto aún porque era sólo el segundo día de clases, tal vez las cosas mañana serían incluso más difíciles que hoy pero por ahora ellos estarían tranquilos.
Se sentó para observarlos. Higurashi no había sacado un cuaderno en toda la clase y ella no le exigiría que lo hiciese, después de todo, esos muchachos debieron haber hecho algo realmente malo con ella. Vio como revolvía su mochila y sacaba una cosa que no logró distinguir. Frunció su entrecejo y oh… así que era eso.
Ella había sacado un moño para atarse el pelo y no parecer extraña con el cabello de ese modo.
Sintió el ruido de la campana y les dio permiso a sus alumnos para abandonar la sala.
-Higurashi, necesito que me rectifiques algunos de tus datos.
Vio como la muchacha se levantaba de su asiento e iba hacia ella. No habló hasta que todos los alumnos estuvieron fuera del salón.
-¿Qué te sucedió? –le preguntó con seriedad. Pero la muchachita parecía no querer responder.
-Kagome… ¿puedo decirte Kagome, verdad? –ella asintió con la cabeza. Suspiró esa chica no hablaría.
-Mira Kagome. Sé que no quieres hablar de esto. Pero si sigues así, esos jóvenes no se detendrán aquí.
-Lo sé –valla por fin hablaba. –lo sé.
Kagome miró por primera vez a la profesora Kaede. Esos malditos compañeros suyos habían hecho lo que quisieron con ella, ella intento sonreír, ser simpática y perfecta como lo hacía siempre, pero sonreír no funcionaba en territorio enemigo, y se había dado cuenta muy tarde de eso.
Ya no sería como ese día, ni como el anterior. Ser la perfecta Kagome había funcionado en todos lados para colocar a los demás contentos no, pero acá solo parecía volverla más vulnerable. Y si seguía siéndolo, si seguía siendo como su madre le había sugerido alguna vez "siempre ver hacía delante con una sonrisa" la destrozarían en un instante.
Ella… tendría que ser como esa Kagome que hablaba en su cabeza, que gritaba y rabiaba por todas las injusticias que cometían con ella, esa que era caprichosa y testaruda. Porque no podía dejar las cosas como estaban
-No volverá a pasar.
Vio como la profesora Kaede alzaba sus cejas sorprendida y entendió que su apariencia frágil, su rostro inocente y su voz dulce hacían creer que ella era incapaz de defenderse. Pero estaba sumamente equivocada, porque había querido ser perfecta, pero debía ser ella tan natural y aguerrida como siempre había sido, para poder aguantar más que un maldito mes ahí a dentro.
Le demostraría a ese tal Inuyasha Yamamura que estaba completamente equivocado.
