Descargo de responsabilidad: lo diré una vez más, Skip Beat y sus personajes pertenecen a Nakamura sensei.
¡Mil gracias por crear a Ren-Corn-Kuon! ¡FELICIDADES!
FELIZ CUMPLEAÑOS, KUON
Gritos, risas infantiles, alegres y bulliciosas. Un payaso que más allá convierte globos en animalitos de colores. Carreras, más risas, algún tropiezo y el inevitable llanto que desaparece oportunamente con el soborno del helado.
Al fondo, un niño sentado bajo un árbol. Está solo, no conoce a casi nadie y tampoco lo conocen a él. Son hijos de amigos de sus padres, no suyos. No son sus amigos.
Pero cuando le llaman para apagar las velas y todos, esos que él no conoce, gritan "Feliz cumpleaños, Kuon", él solo sonríe y sopla.
Actúa.
Kuon tiene once años. Se ha esforzado hoy en usar mangas largas, para ocultar los cardenales de sus brazos. Nunca le tocan la cara.
Evita mirarlos. Están allí, al otro lado de la mesa, sonriéndole… Los tres chicos que ayer lo arrinconaron y lo patearon en el suelo.
—Pide un deseo, Kuon —le dice su madre, alegremente, sin darse cuenta de que su abrazo le duele.
"Que mis alas crezcan grandes y fuertes como las de papá".
Y cuando la última vela se apaga, piensa en Kyoko-chan.
Kuon tiene quince años la noche en que su padre sale a buscarlo por la ciudad. Lo encuentra inconsciente, detrás del contenedor de basura de una discoteca, con los puños rojos y ahogándose en su propio vómito.
—La sangre no era suya —le dijo a Kuu el médico de urgencias.
Los sueños de Kuon se llenan de abismos y de monstruos.
La mañana que cumple veinte años, Kuon desaparece tras las lentes de contacto y Ren le devuelve la mirada frente al espejo. Como todos los días…
—¡Feliz cumpleaños, Tsuruga-san! —le dicen cuando entra en LME.
Y él siente, por primera vez en años, un cosquilleo en la punta de los dedos. Es un deseo.
El deseo de que algo cambie…
Al otro lado del mundo, unos padres susurran "Feliz cumpleaños, Kuon" frente a una foto.
Yashiro protesta. Una de las salas de LME rebosa de regalos para él. Menos el de ella.
—Yo sería mucho más feliz si sonrieras para mí para celebrar mi cumpleaños, Mogami-san —se atreve a decir, sofocando esa esquirla de decepción—. Haber podido verte hoy es más que suficiente regalo para mí —añade, tentando quizás demasiado a la suerte, porque su corazón enamorado late tan fuerte que le roba el riego y la sensatez a su cerebro.
Y cuatro días después, Kuon, porque ese es Kuon y no Ren, duerme abrazado a una ovejita de algodón.
Esa noche las criaturas de sus pesadillas no aparecen.
Kuon tiene veinticinco años y está junto a la puerta de su apartamento. Se supone que no tiene ni idea de la fiesta sorpresa que su prometida (su amor, su luz, su vida entera…) le ha preparado, pero el alboroto de las risas felices se oye desde el ascensor. Actuará, por supuesto, y se mostrará debidamente sorprendido. Pero solo hasta ahí llegará su actuación.
Todo lo demás es real. Todo lo que siente es real…
Su sonrisa es verdadera cuando los ve. Todos, están todos, incluidos sus padres… Todos aquellos a los que su corazón ama y que lo aman a él…
Y cuando Kyoko se acerca y susurra sobre sus labios "Feliz cumpleaños, Kuon", él se enreda en sus ojos dorados y sin palabras, porque el amor se le desborda, Kuon solo puede besarla.
Es un cumpleaños feliz.
