Disclaimer: Nada me pertenece, solo la loca idea que surgió una noche de insomnio de juntar a mi par favorito H&D.
La otra cara de la moneda.
Capítulo 1.
Para el día que Draco Malfoy acepto que venía fijándose más en su némesis, Hermione Granger, habían pasado ya tres semanas desde su regreso a Hogwarts para terminar su séptimo curso por orden del Wizengamot, entre muchas otras cláusulas para dejarlo en libertad después del juicio al que fue sometido.
Esa tarde de la primera semana del curso como las anteriores estaba ocultándose en la biblioteca, es que regresar no fue cosa fácil y menos para él que volvía convertido en un paria de la sociedad mágica. Situación graciosa porque el nuevo ministro iba por ahí ondeando la bandera de la unidad y la igualdad entre los magos sin importar su origen o posición. Draco comenzaba a tener claro que los habían dejado libres no por falta de pruebas en su contra (las había más que suficientes) o la gran actuación de su madre para que Potter pudiera vencer. No, los habían dejado libres porque era más duro el castigo de llevar contigo a donde fueras los murmullos y acusaciones, que allá donde caminaras las personas cambiaran de acera o simplemente los lugares que acostumbrabas frecuentar cortésmente te dijeran que no eras bien recibido nunca jamás o cuando antes no tuvieron objeción por la procedencia del dinero con que saldabas tus cuentas ahora tu dinero parecía no tener el mismo valor que el de los demás. Nada era sencillo, no lo seria ya más para él, eso lo tenía claro.
Como decíamos el rubio caminaba de manera distraída por el pasillo de historia de la magia, pasillo poco concurrido por lo que era ideal para pasar desapercibido, cuando choco con alguien y para su mala suerte le tiro los libros que llevaba, Draco sin poder evitar maldecir su mala suerte ¡Maldita maldición llevaba a cuestas! Se apresuró a recoger los libros para evitar un altercado poco conveniente para su condicionada libertad pero la suerte repetimos no estaba de su lado por lo que choco su frente con la de la otra persona, que por la queja que dejo salir era claramente una chica y la cereza del pastel la mejor amiga de Potter, la heroína de guerra y novia de la comadreja, Hermione "ratón de biblioteca" Granger ¿Qué podía haber peor que eso para él en aquel momento? Que un intercambio de palabras ocurriera como era su antigua costumbre y viniera a dar al traste con su esfuerzo de no cruzarse más nunca de ser posible, que tenía que aceptar no lo era mientras estuvieran en el mismo colegio, compartieran clases, zonas de comida, estudio y recreo. Y entonces Draco Malfoy hizo lo que venía practicando y porque no decir perfeccionando últimamente, la amabilidad que le salía pésimo todavía y la evasión que podría ya llamar un arte. Suspiro casi imperceptiblemente, era un recuerdo lejano el poseer un orgullo y darse el gusto de ser atrozmente arrogante
Dándole los libros a Hermione toscamente y murmurando un lo siento atropellado salió de ahí, dejando a una chica castaña sorprendida, desde ese día Hermione Granger comenzó sin darse cuenta a prestar más atención a Draco Malfoy, y es que su curiosidad despertó y ella necesitaba saciarla.
Aquella noche durante la cena fue la primera de las muchas donde sus miradas se cruzarían. Draco sintió aquella mirada curiosa, a mitad de la cena, la busco discretamente entre aquellos que cenaban en el gran comedor y no tardó mucho en dar con la dueña, era ni más ni menos que Hermione Granger. Y es que aquella mirada no era como las demás a las que era sometido diariamente, aquellas de odio porque ser quien era y el lado de la guerra al que había pertenecido, aquellas de rencor por la "buena suerte" que había corrido su familia o aquellas de desprecio simple y llano por quien había sido y la forma que se había comportado y ahora podía ser expresado pues el príncipe había caído en desgracia. Esa mirada era diferente, escrutadora, instigadora pero no molesta y Draco no se amedrentaría porque alguien lo mirara de aquella forma ¡Claro que no! Así que le sostuvo la mirada, de manera segura, altanera, avasallante, no como la miraba antes con algo de desdén y petulancia, era una manera nueva, recién estrenada junto con su nuevo y mejorado pero obligado yo. Hermione fue la primera en bajar la mirada de regreso a la cena que durante aquellos minutos solo había estado revolviendo nerviosamente en su plato y sonrió de medio lado. Y fue aquella sonrisa, sincera, curiosa, ajena de prepotencia o superioridad alguna lo que comenzó a poner en deshielo algo en el pecho del Draco Malfoy, la causa de muchas cosas que sucederían más adelante.
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Pasaron dos semanas en las que Draco había notado varios cambios en la prefecta de Gryffindor, como que ya no participaba tan activamente en clase, al contrario quería pasar desapercibida sin lograrlo y es que ahora era toda una figura en el mundo mágico. Llevaba su cabello más corto y menos estilo arbusto, y algo en lo que Draco no pudo dejar de fijarse pero tenía que hacerlo fue en que el uniforme dejaba ver unas curvas que antes no había notado, todos incluso los Slytherin lo comentaban, llevaba la falda más corta, la camisa menos holgada...
— ¿Algo interesante? —La voz de Blaise Zabini lo saco de sus pensamientos.
¿Disculpa? —Draco se giró rápidamente, lo habían cazado infraganti.
La sonrisa burlona de Blaise hizo gruñir a Draco.
— ¿Qué había tan interesante donde los Gryffindor que ni siquiera parpadeabas? —lo pico el moreno.
—Yo no miraba…
—Claro, claro, lo que tú digas Malfoy—lo corto Zabini comenzando a comer de su plato muy bien servido.
Draco imito a su compañero y últimamente único amigo, comió de su plato sin volver a levantar la mirada. Si, era definitivo se le estaba volviendo una costumbre buscar a la castaña allá donde fuera, mirarla intensamente hasta que se sintiera observada y le buscara, esperar paciente a que se cruzaran sus miradas y entonces ella la sostendría, fuerte y segura. Hermione seria quien la bajaría primero, últimamente un poco avergonzada situación que delataba el leve sonrojo de sus mejillas y siempre con una media sonrisa, una sonrisa para él.
Claro que no habían cruzado palabra o algo por el estilo, ni siquiera habían intercambiado insultos, y claro que Draco sabia porque había escuchado a Parkinson y Greengrass decirlo en la sala común que Granger andaba de novia con el zanahorio. Y sabía que aquello no estaba bien, sabía quién era ella y quien era él, y aquellas miradas no llevarían a nada ¡Lo sabía, claro que sí! Pero no por eso dejaría de hacerlo, de provocarla, de disfrutar mirarla…al fin y al cabo eran solo eso, miradas.
Al día siguiente Hermione dejo sus cosas sobre la mesa en la que hacia su trabajo para pociones mientras iba en busca de un libro de consulta, camino por el pasillo que correspondía a dicha asignatura lentamente, quizá tardo un par de minutos en volver pero cuando lo hizo encontró una pequeña sorpresa sobre su pergamino a medio escribir. Era una golosina, al parecer un chocolate, de apariencia costosa pues su envoltura dorada con rojo lo denotaba. Miro a los lados buscando a quien lo había dejado ahí pero los pocos que estaban en las mesas cercanas parecían realmente concentrados y que no se habían movido de la posición en la que estaban por un buen rato, uno de hecho dormitaba sobre un grueso volumen de historia de la magia. Decidió dejarlo pasar poniéndolo dentro de su bolso, no sin sentirse un poco ansiosa por saber quién podría haber sido y un chico sonreía al ver su actitud desconcertada, disfrutando por un momento de lo que aquel anonimato le daba.
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Solo una nota final la canción que da nombre al fic pertenece a Rata Blanca, escúchenla es en verdad muy buena.
sb
