Capitulo 1

Hermione Weasley estaba en la cocina de su casa acabando de preparar la comida, mientras sus hijos disfrutaban de los días de vacaciones que el colegio cada año les daba para conmemorar el Día de la Gran Batalla de Hogwarts, donde su madre había participado. Hermione miró el reloj, faltaba media hora para que Ron volviese del Ministerio.

Los Weasley vivían en una acomodada casa en las afueras del pueblo de magos de Ottery St. Catchopole, donde toda la familia Weasley había decidido vivir. La casa era grande, de dos alturas, y era de color blanco. Vivían un poco apartados del resto de las casas, porque a Hermione le gustaba trabajar con tranquilidad, así podía concentrarse en lo que estaba haciendo, sin tener que preocuparse de sí los vecinos iban a molestarla a cada momento.

Era un día nublado y el cielo amenazaba tormenta. Hermione miró por la ventana de la cocina hacia el jardín, y vio caer las primeras gotas de lluvia pensando que Ron llegaría hecho una sopa. Dejó la olla encima del fogón y le ordenó al cucharón que removiese el estofado con un golpe de varita. Salió hacia el salón y se quedó un momento observando a sus hijos.

Estaban jugando al ajedrez mágico y era evidente que Hugo estaba ganando a su hermana, porque la chica se estaba mordiendo el labio inferior, como hacía Hermione cuando estaba nerviosa. Rose era la viva imagen de su madre. Guapa alta y esbelta, estaba en sexto año y era la mejor de su curso. Tenía el pelo castaño con reflejos rojizos y los ojos de un azul intenso, como los de su padre. Hugo, en cambio, era clavadito a su padre. Pelirrojo, pecoso y con ojos azules, un Weasley de pies a cabeza. Era el orgullo de su padre. A sus catorce años era el mejor guardián que Gryffindor había tenido jamás, superando a Oliver Wood. Era el único guardián de la historia de Hogwarts que por el momento estaba a cero puntos en su portería, Ron no cabía en sí de orgullo.

Hermione subió hacia la habitación y sacó ropa limpia y seca para cuando Ron llegase a casa, no quería que se resfriase, ya que cuando estaba enfermo era insoportable. En ese momento algo le llamó la atención en el exterior de la casa. Entre los árboles del bosque cercano vio que se movían unas sombras sospechosas. Se acercó a la ventana y observó el lugar con detenimiento. "Juraría haber visto gente en el jardín". Pensó Hermione, pero pronto lo descartó, porque por allí no se movió nada más. Bajó la ropa al salón y volvió a mirar la hora, faltaban unos diez minutos para que su esposo regresase a casa.

Mientas Hermione estaba en la cocina, oyó a su hija que le decía:

—¡Mamá, ha llegado una lechuza para ti!

Hermione salió de la cocina con un trapo en las manos y vio a la lechuza de la familia posada en el respaldo de una silla con una carta algo arrugada en la pata. Se le acercó y se la quitó acariciándole el plumaje.

—Gracias Nabuco.— desenrolló el pergamino y a medida que iba leyendo el color de su cara se iba desvaneciendo.— Rose, Hugo, quiero que vayáis a vuestro cuarto y que preparéis unas pocas mudadas de ropa y que bajéis enseguida aquí.

—¿Qué ha pasado, mamá?— preguntó asustada su hija.

—Subid ahora mismo y no hagáis preguntas.

Hermione observó como sus hijos subían las escaleras a la carrera y se perdían de vista, en ese momento ella salió un momento al jardín y murmuró unos sortilegios de protección para la casa. La carta que había recibido era de Ron, y le decía que tenían que marcharse de la casa porque los mortífagos iban hacia allá, les decía que tenían que ir a casa de Harry y que no se moviesen de allí hasta que él regresase.

Cuando sus hijos bajaron de nuevo al salón, pasaron varias cosas a la vez. Una fuerte detonación impactó de lleno en el hechizo protector de la casa desvaneciéndolo, su hijo se aferró con fuerza a su brazo mientras que Rose sacaba su varita y miraba a su alrededor buscando la causa del estallido.

—Rose, coge a tu hermano y vete a casa de Albus.

—Pero mamá, no quiero dejarte aquí sola.

—Haz lo que te digo. Te recuerdo que yo también soy auror y que me puedo defender perfectamente. ¡Vete!

—Pero...

—¡Ahora mismo, Rose!

En el momento que su hija giraba sobre sí misma agarrando a su hermano de la mano, los mortífagos irrumpieron en la casa destrozando la puerta principal y la de la cocina. Uno de los encapuchados fue mucho más rápido que ella y la desarmó, mientras que otro la ataba con una gruesa soga alrededor de su cuerpo, haciendo que se cayese al suelo, al perder el equilibrio.

—Vaya, vaya, pero si es la sangre sucia de Hermione Granger. O debería decir Weasley.— dijo una voz arrastrada que le resultó terriblemente familiar.

—¿Qué quieres Malfoy?

—A ti.

Aquella revelación hizo que todo el cuerpo de Hermione se estremeciera de terror. Hacía muchos años que no había oído hablar de Draco Malfoy, nunca lo había visto en el andén 9 y ¾ para recoger a su hijo Scorpius en las vacaciones, y se rumoreaba que era él el que estaba al mando de los nuevos mortífagos. Ahora se le confirmaba ese rumor, él era un mortífago.

—Registrad la casa, sus hijos deben de estar escondidos en alguna parte.

Hermione observó como los encapuchados subían hacia el piso de arriba mientras que otros salían hacia el jardín y al sótano.

—Mis hijos no están aquí, Malfoy, han escapado.

—Muy astuta Granger, no me importa que ellos no estén aquí, la única cosa que quiero de aquí, eres tú.

—¿Por qué me quieres a mí?

—Hace demasiado tiempo que no puedo sacarte de mi cabeza Granger, ha llegado el momento de remediarlo y sólo se me ocurre una forma, llevándote conmigo.

—Estás enfermo, Malfoy, si piensas que voy a irme contigo. Estás muy equivocado.

—Eso ya lo veremos, Granger.— Draco agitó su varita y de ella salió un gato peludo y patizambo plateado que salió corriendo hacia el jardín y se perdió entre el seto.

Los mortífagos que habían ido a registrar la casa volvieron al salón y le dijeron a Draco que la casa estaba limpia, a los pocos minutos oyeron gritos en el jardín y Draco cogió a Hermione por un brazo y la hizo salir al exterior. Lo que vio la dejó completamente petrificada. Allí estaba Ron luchando por soltarse de un mortífago que lo tenía sujeto por los brazos desde detrás de él. Cuando alzó la cabeza y la vio atada, en manos de Draco y su cara se tornó roja por la ira.

—¡Suéltala mal nacido, quítale tus sucias manos de encima!

—¿Lo ves, Granger? Yo tengo el poder. Yo puedo hacer que maten a ese idiota con tan sólo chasquear un dedo, pero si tú accedes a venir conmigo, tu querido marido quedará libre y podrá volver con tus hijos.

Sin que ella lo percibiese, Draco hizo un leve movimiento con la cabeza y el encapuchado que sujetaba a Ron sacó una daga enorme y afilada que se la puso en el cuello de Ron, sujetándolo por el cabello haciendo que lo expusiese. Hermione vio cómo la hoja afilada se clavaba en el cuello de su marido mientras que un hilo de sangre se deslizaba hacia el borde de su camisa.

—¡No! ¡No lo mates, por favor! Haré lo que tú quieras.

—¡Hermione, no digas tonterías, prefiero morir a tener que ver como él consigue lo que él quiere!

—¡Cállate, comadreja inútil! Ella ha elegido y tú no puedes hacer nada para impedirlo.— Draco arrastró a Hermione hacia el centro del jardín y dijo—: Vayámonos chicos. —Miró a Ron y le soltó—: Ya recibirás noticias mías, Weasley, y más te vale que hagas lo que te pida.

El rubio giró sobre sí mismo mientras se cargaba a Hermione al hombro como si fuese un saco de patatas y desapareció del lugar. En el momento en que los dos desaparecieron, el mortífago quitó el cuchillo del cuello a Ron y se lo clavó en un costado mientras le decía:

—Esto es para que te acuerdes de lo que mi señor te ha dicho, escoria traidora a la sangre.— escupió en el suelo mientras le arrojaba la varita a su lado y se desaparecía.

Ron se quedó en el suelo sujetándose el costado derecho llorando de rabia y frustración. Le acababan de arrebatar lo que más quería en esta vida y no sabía si la volvería a ver jamás. Hacía solo unos días que le habían advertido que los mortífagos tramaban algo contra su familia, pero nunca se pensó que tendría que ver con ellos, no con Hermione. ¿Por qué se la había llevado? ¿Qué ganaba Malfoy con eso? Se levantó poco a poco del suelo mojado y vio que caían gruesas gotas de sangre al suelo procedentes de la herida de su costado. Caminó tambaleante hasta la casa y fue al baño, donde Hermione tenía un botiquín mágico de primeros auxilios. Con manos temblorosas sacó una botellita del armario, que en la etiqueta ponía Díctamo, se quitó la camisa empapada de agua y sangre y se limpió la herida con una toalla, destapó la botellita y se aplicó una generosa cantidad de la solución en el profundo orificio que le había dejado la daga, en cuanto el díctamo hizo contacto con la piel, salió un denso humo verde, que cuando se disipó, dejó al descubierto una herida que parecía de varios días.

Salió del cuarto de baño y en el salón vio que encima de una de las sillas había ropa, que Hermione debió de preparar para cuando él llegase del trabajo. Sonrió al verla allí bien plegada y lista para que él se la pusiese, pero entonces pensó que tal vez ésta había sido la última vez que se la había preparado y la rabia y la frustración se apoderaron de nuevo de su ser. Se cambió a toda velocidad y salió de nuevo al jardín para desaparecerse hacia la casa de su mejor amigo, Harry Potter.