Disclaimer: Los personajes y lineamientos contextuales de la siguiente obra no me pertenecen. Todos ellos son propiedad de Masashi Kishimoto.


Bienvenidos a mi nuevo Fic. Si son especialmente sensibles hacia el sufrimiento de Sasuke entonces es momento de que se retiren de aquí. La advertencia fue dada, cada uno asume sus propios riesgos.

Espero que todos disfruten esta historia que subiré intercaladamente con Placeres espantosos y Dulzuras Horrendas.

Si bien algunas relaciones (no las románticas) están cambiadas a fin de darle al fic la dinámica que deseo, las personalidades se mantendrán tan dentro del Canon como sea posible y aquellos personajes que quizás comiencen siendo un poco Ooc de a poco se irán transformando hasta hallar su naturaleza tal cual (o tan próxima como me salga) a la obra de Kishimoto.

El fic es una especie de What if? (Qué pasaría sí...?) En este caso qué pasaría si los Uchiha no hubieran sido masacrados puede ser nuestro punto de partida... Ninguno de los personajes que murieron dentro del transcurso del Manga estarán muertos, solo los que mueren anteriormente a los hechos del Cap 1 (excepto por los Uchihas, claro xD), pero el punto es que podrán ver por aquí a Jiraiya, Nagato, el resto de Akatsuki, los Jinchuurikis, El tercero, Asuma, Neji, Inoichi, Shikaku, etc...

Notaran que el fic seguirá una cronología diferente (Probablemente cuelgue un cap del presente y luego uno del pasado y así sucesivamente, pero si resulta muy confuso pueden avisarme y aclarare todas las dudas)

En fin... amo este fic y espero que lo amen conmigo... y no me odien mucho a medida que pase el tiempo...

Los dejo con el Prólogo.


I: Jericho* (Prólogo)


*"No podría pensar en un mejor nombre para ti. Maldito y reducido a cenizas. Y como el poderoso Fénix, renaces de la destrucción de tu pasado para hacer llover furia sobre aquellos que te maldijeron."

Azura (Dream Warrior)


Sasuke observó desde la ventana de su cuarto cómo se elevaban vítores en el aire y la corte prorrumpía en aclamaciones rastreras dedicados a endulzar el oído de la casta más alta del Clan Uchiha. Sonrió con cinismo, como estaba acostumbrado, llevaba días haciéndose a la idea de que debería enfrentar esta situación, no debería ser tan difícil; hasta la fecha lo había pasado mucho peor por cosas infinitamente más graves.

Aguardó en silencio observando la caída del sol. En cualquier momento un Guardia de la Corte llamaría a su puerta para ponerlo sobre aviso del arribo del Príncipe Itachi y su ilustre familia. Hubiera deseado que no se le revolviera el estómago ante el mero pensamiento de eso.

-Sasuke-kun…- Él se sobresaltó al escuchar que quien lo llamaba en realidad no era ninguno de los lacayos de su padre, sino su propio mentor.-

-Adelante, Orochimaru.-Graznó sin pizca alguna de emoción positiva o negativa en la voz. Él hombre al otro lado no se hizo esperar y entreabrió un poco la puerta, solo para observar el panorama del recinto, en realidad no era tan estúpido como para atreverse a perturbar a su discípulo con el humor de perros que arrastraba ese día. Porque si bien Sasuke Uchiha podía mantener su fachada de indiferencia y desinterés con el mundo entero, Orochimaru lo conocía tan perfectamente bien que incluso podía leer su temperamento en la mínima variación de su postura. Sasuke estaba irritado, quizás debajo de eso subyacían otra infinidad de emociones indescifrables, pero la irritación era imposible de maquillar.

-Lord Fugaku y Lady Mikoto quieren que te presentes en el salón principal para brindar los honores correspondientes a t…

-Lo sé.- Lo interrumpió descortésmente.- Enseguida estaré allí. –Su maestro se despidió de él cínicamente entretenido con el giro que estaban por tomar los eventos. Esa noche realmente sería imperdible.-

Sasuke se colocó su atuendo de ceremonia, getas de roble, kimono complementado con haori de color negro y obi gris, atuendos de la más fina procedencia y envidiable calidad. Terminó por sujetarse el cabello; que apenas excedía la altura de los hombros; en una insignificante coleta a la altura de la nuca. Como fuera, ya no tenía alternativa; sabía que este día iba a llegar tarde o temprano y en cierta forma era una manera de probarse a sí mismo que esas personas ya no tenían el poder de hacerle más daño. No más.

Respiró hondo varias veces antes de deslizar la puerta shouji sobre sus ejes y se aventuró fuera de su lugar de confort dejando tras de sí la estela del sonido del fuurin.

Su casa era enorme, cómo no podía ser de otra manera, siendo que era la casa de la familia feudal del País del Fuego, razón por la cual todos los clanes que habitaban aquellas tierras se deshacían en intentos patéticos de rendir pleitesía a aquella familia disfuncional; hoy no sería la excepción, todos los habitantes de sus dominios se reunirían allí para celebrar el regreso del Heredero Pródigo del Clan más importante de la Gran Nación; civiles, militares, comerciantes… Todos y cada uno de ellos se acercaría aunque fuera por un momento al enorme templo para realizar una ofrenda por muy insignificante que esta fuera.

Que existencia tan patética…

Condenados a idolatrar escoria como si se tratara de divinidades que realmente les proveían alguna estabilidad.

Si bien desde que los Uchiha habían llegado al poder no habían estallado guerras, eso hablaba a las claras de cuan temibles eran en realidad los miembros de esta familia. Su antepasado Madara Uchiha se había encargado de sentar un precedente bastante incuestionable acerca del poder de su casta.

Dejó esos pensamientos a un lado, prefería concentrarse en cosas útiles como el perfeccionamiento de su Chidori Nagashi, en cuanto acabaran con esta parsimoniosa farsa se escabulliría de allí hacia el Valle del Fin donde entrenaba a diario con su compañero Naruto.

Ese dobe me debe una…

Y es que Sasuke era muy competitivo y la última vez Naruto lo había conseguido abatir con su técnica Fuuton Rasen Shuriken. De alguna manera su orgullo de guerrero había sido fisurado. La relación entre ellos dos era bastante particular, una amistad incorruptible pero con ciertos matices competitivos, los mismos que existían entre sus respectivos mentores: Jiraiya y Orochimaru.

Vas a morder el polvo esta vez…

Su mente por fin se había despejado de nubes grises, seguía reduciendo la distancia con su destino a través de los interminables pasillos de la casa. Su concentración estaba relativamente dispersa, sin embargo al sentir un pequeño choque contra una de sus pantorrillas, se sobresaltó girando sobre sí para descubrir al causante del impacto.

Nuevamente sonrío cuando se encontró con un par de enormes ojos negros que lo contemplaban desde el suelo. Enormes ojos negros insertados en una diminuta cabeza sobre un diminuto cuerpo. Se puso en cuclillas para ayudar al bebé a levantarse, le llamó la atención que un pequeño que no aparentaba ni un año y medio se parara con tal determinación. Se notaba la genética Uchiha presente en él.

-¿Y tú a quién te le has perdido, Sabandija?- Le preguntó alzándolo y sosteniéndolo lejos de sí, por alguna razón los niños le daban bastante corte. Quizás tuviera que ver con que su primer encuentro cercano con uno había sido aquel demonio engullidor de galletas que su amiga Ino se había atrevido a alumbrar un año atrás, y es que su ahijada Inori era la luz de sus ojos pero sin duda alguna también su peor pesadilla. Sobre todo desde que había decidido que Sasuke era su Caballito y que le gustaba montarlo, de hecho le gustaba que mucha gente lo hiciera, la última vez había acabado paseando a Chouji y Shikamaru sobre su espalda por todo el campo de entrenamiento, solo porque no le podía negar nada a Inori. Luego el ciático le había pasado facturas irrisorias.

Así que por lo que sabía con los bebés era mejor mantener una distancia prudencial.

Sin embargo mientras más lo miraba notó que algo en este pequeño era diferente, le provocaba un extraño escalofrío, lo aterraba de una manera oscura totalmente distinta al miedo que le daba Inori. No se atrevería a aventurar que le producía rechazo, de hecho un instinto extraño en él se conmovía con la misma intensidad con que se espantaba. En realidad no existía una terminología específica para determinar lo que ese pequeño, que estiraba los bracitos hacia él para abrazar su cuello, le producía.

-Izuna…- Una cálida voz femenina se escuchaba acercarse repitiendo aquel nombre de otro ilustre antepasado del clan Uchiha. Una voz que Sasuke hubiera podido reconocer aunque lo hubieran privado del sentido de la audición.

No…

-Izuna… hijo ¿Estás por aquí? – Cada vez más cerca… peligrosamente cerca… dolorosamente cerca…

No puede ser…

El pequeño emitió un chillido de felicidad incontenible cuando aquella figura femenina se manifestó delante de ellos dos. Ahora estiraba los brazos hacia aquella que sin lugar a dudas era su madre.

-Sa… Sasuke-kun…-Ella tragó con dificultad, no esperaba encontrarlo antes de la ceremonia de bienvenida, mucho menos sosteniendo a Izuna. Era una mujer de carácter, sin miedo alguno… pero hubiera deseado que ni su temperamento ni su cuerpo temblaran tanto mientras se acercaba para recoger a su hijo de aquellos fuertes brazos.

-Sakura.- Contestó con sequedad. La chica no esperaba menos. Sin embargo, aunque se tratara de Sasuke, ella realmente le puso una cara horrible cuando le cedió a Izuna como si estuviera infectado por alguna peste.

-Sakura ¿Encontraste a Izuna? –Era Itachi ahora quien se asomaba, por detrás de su mujer, para completar la instantánea familiar. Sasuke se grabó esa imagen a fuego. Con razón el mocoso le había generado una sensación tan horrible.

-Vaya… No falta nadie ¿O sí? –Haciendo uso de todo su sarcasmo estiró el cuello para mirar por encima de los hombros de su hermano y su cuñada como si esperara que realmente alguien más se sumara a la improvisada reunión.- ¿Qué? ¿Dos años y no han tenido más hijos? –Esta vez explotó en una carcajada oscura cargada de desprecio mientras posaba una mano sobre el hombro de su hermano.- Se ve que tus nadadores son un poco flojos nii-san…

Itachi solo respiró hondo, hacía tiempo que había decidido aceptar el desprecio absoluto de Sasuke, de alguna retorcida manera quizás él se lo había buscado.

-También es un placer verte Otouto… -Le respondió con absoluta cortesía, algo que irritaba en demasía el carácter de Sasuke ya de por sí demasiado voluble.-

-Itachi… creo que deberíamos regresar con tu familia antes de provocar un problema.- Interrumpió Sakura intentando relajar el ambiente que se había tensado entre los tres.

-Eso, nii-san… hazle caso a tu mujer… Después de todo no es digno estar perdiendo tiempo con la oveja negra de la familia mientras el resto de la casta espera… Sería sencillamente demasiado descortés proviniendo del heredero… -Escupió las palabras con tal veneno que Sakura se sorprendió de que Itachi no se hubiera desplomado inerte por el aguijonazo ponzoñoso.

-Sasuke. Solo queremos estar en paz las semanas que nos quedemos aquí. Nadie ha venido a perturbar tu vida.- Por muy diplomático que pudiera ser Itachi, los nervios ya se le empezaban a crispar y cuando su temperamento afloraba, realmente no querías ser quien estuviera cerca de él.-

Nuevamente Sasuke rompió en aquella carcajada rayana en la demencia.

-Ay Itachi… ¿Realmente crees que un mediocre, su puta y su bastardo podrían tener un efecto semejante en mi? ¿Perturbar mi vida? ¿Tan trascendentes creen que s…?- Aunque Itachi había activado su Sharingan en alerta y estaba dispuesto a cerrarle el pico para siempre a Sasuke, la que acabó por callarlo de un porrazo en la nuca fue Sakura.

Ella respiraba agitada, el corazón le bombeaba sangre con tal ferocidad que podría haberle empujado hacia afuera el esternón. Siempre se había dicho a sí misma que soportaría estoica cualquier desprecio de Sasuke porque lo tendría merecido, sin embargo en el momento en que lo escuchó referirse tan despectivamente y con tal desprecio hacia su hijo, lo vio todo borroso, el amargo sabor de una arcada le abrasó la garganta como si fuera ira convirtiéndose en lava ardiente. Lo siguiente que supo era que sostenía a Izuna que temblaba ligeramente contra su pecho y ante esa reacción ella sencillamente actuó olvidándose de la mujer que alguna vez había amado a Sasuke. Actuó como la madre que era, que ante todo colocaría por siempre a la criatura que sostenía en brazos y decidió estrellarle un puñetazo feroz en la nuca a su cuñado.

-Escúchame una única maldita cosa, Cretino…-rugió como una fiera desatada.- Puedes escupir sobre mi toda la mierda que se le ocurra a tu cabeza retorcida… pero te juro Sasuke que si vuelves a emplear cualquier término ofensivo o peyorativo en una oración que implique el nombre implícito o explícito de mi hijo, lo pienses dos veces si es que te interesa mantener tu insignificante hombría en una sola pieza.

-Auch… -Él no perdió el estoicismo mientras se sobaba la nuca al burlarse.- Hermanita…- se refirió a ella como su hermana política.- Si mi memoria no me falla creo que recordar que mi insignificante hombría te hizo gritar más de una vez mientras la pedías más fuerte y más adentro… De hecho recuerdo bien que te encantaba tragart…- Sasuke no pudo terminar su discurso ofensivo porque enseguida un cuervo le estaba saliendo de la boca. Se había acabado el Itachi complaciente. Había límites que sencillamente eran ineluctables y que Sasuke ofendiera así a la madre de su hijo con el niño delante era uno de esos límites que el mayor de los Uchiha jamás permitiría transgredir.-

-Se acabó.- Desactivó su Mangekyou Sharingan permitiendo que los ojos le regresaran a la normalidad.- Regresemos al salón, todos se deben estar preguntando por nosotros.

En otras épocas Sakura hubiera roto a llorar ante lo tétrico de aquella situación, pero ahora tenía que ser fuerte, más fuerte que nunca, por ella, por su matrimonio, por Sasuke… pero principalmente por Izuna que era el único inocente en toda esta historia.

-Tienes razón.- Intercedió ella, colocándose al lado de su esposo, codo a codo, como lo que eran. Compañeros absolutos. Una familia.

Realmente los odio…

-Itachi… -lo llamó con sequedad aguardando que su hermano mayor se volteara hacia él, pero lo único que recibió fue que él detuviera su marcha disponiéndose a escucharlo.- Solo ten presente que el que tu hijo sea un bastardo no es algo insultante… solo es el resultado de la sangre que circula en sus venas… Nunca olvides entre tú y yo quién es el verdadero indigno… -Antes de mediar una sola palabra más ambos se alejaron en direcciones opuestas aunque con el mismo destino. Ese era el patrón enfermizo que se repetía entre ambos hermanos desde el principio de sus tiempos. Dirigirse por rutas contrarias para converger siempre en un mismo lugar.


Próximo Capítulo: Génesis