Harry Potter miró al enorme hombre, Hagrid, que lo había traído hasta el Callejón Diagón. Después de ir al banco de los magos, Gringotts, Hagrid empezó a ponerse realmente nervioso. Harry sospechaba que tenía que ver con el extraño paquete que se acababa de sacar de la bóveda del banco. No es que eso le interesara a Harry, sólo le causaba una pequeña curiosidad, y sabía bien que no era nada de su incumbencia.
Hagrid se estaba poniendo algo paranoico. Volteaba hacia todos lados como esperando que alguien lo atacara. Harry pensaba que lo que sea que el paquetito tuviera, era algo muy importante. O peligroso. Hagrid decidió irse. Le dijo a Harry que terminara sus compras y regresara a Privet Drive. Que él tenía que entregarle al profesor Dumbledore el paquete. Así fue como Harry se encontró sólo en el Callejón.
Se sentía un poco intimidado. Todas las personas traían esas extrañas túnicas y capas mientras él vestía como muggle. Seguramente llamaría mucho la atención, sobre todo siendo el Niño Que Vivió. Harry decidió hacer algo al respecto, por lo que fue a "Madame Malkin, túnicas para toda ocasión". Una vez ahí, la bruja que atendía pareció asumir que venía sólo por su uniforme de Hogwarts y empezó a medir a Harry sin dejarlo aclarar qué más deseaba.
Cuando al fin Madame Malkin terminó de medirlo y dio oportunidad a Harry de hablar, otro muchacho entró a la tienda.
El niño se veía como de la edad de Harry. Era rubio y caminaba como con aires de grandeza. A Harry le recordó a Dudley, pero con estilo.
—Madame, mi padre ha dicho que me prepare un set completo de túnicas para Hogwarts, una túnica de gala con la cresta de la Casa de Malfoy y una capa de viaje— dijo el chico que aparentemente, se apellidaba Malfoy. Madame Malkin lo envió hacia el final de la tienda para que eligiera de entre los tipos de tela para la túnica de gala.
Harry decidió seguir su ejemplo, e irguiéndose todo lo que le era posible, habló con el mismo tono de voz con el que Vernon le hablaba.
—Madame, si ahora tiene tiempo de escuchar lo que necesito, sería un excelente idea— dijo Harry, empleando un poco del sarcasmo que Vernon decía a Dudley, "es necesario cuando hablas con gente claramente inferior a ti, Dudley".
Cuando Harry captó la atención de la bruja, le dijo lo que quería.
—Aparte de mi uniforme de Hogwarts, me gustarían cinco túnicas sencillas en colores negro, azul y rojo oscuro, dos camisas blancas, dos negras, una azul y una roja— Harry se maravillaba de lo que un tono de voz podía hacer para obtener lo que deseaba y al mismo tiempo se sentía tonto —Dos pantalones negros y dos grises oscuro. También, dos capas de viaje, negras.
La bruja, que para este momento había puesto la suficiente atención a su cliente para notar que era Harry Potter, se apresuró a cumplir el nuevo pedido del muchacho. Trajo a Harry catálogos de telas, colores y demás. Harry no sabía nada de telas y le parecía que era algo muy de niñas, pero nunca había tenido ropa nueva y ahora que tenía dinero para comprarla, quería la mejor. Salió de la tienda media hora después con su nueva ropa en una sola bolsa (encantada para no pesar nada y tener más espacio del aparente).
Recordó que cuando Hagrid aún no se iba, no paraba de murmurar cosas como "la varita es especial, Harry, déjala para el final". Pero Harry no pensaba lo mismo. La varita era indispensable para hacer magia, ¿no debería ir por ella primero? Se decidió por ir a Ollivander, la tienda de varitas mágicas que Hagrid decía, era la mejor en todo el mundo. Harry creía que esa opinión era algo absurda: en cada lugar con un fabricante de varitas, los clientes deberían decir lo mismo. Pero de todas maneras, entró a la tienda dispuesto a salir de ella con una varita mágica.
Veinte minutos después, un curioso Harry dejaba la tienda con una varita nueva. Al parecer, esa varita tenía el mismo núcleo que la varita de Voldemort y al señor Ollivander eso le parecía asombroso.
Si los núcleos son solamente de pelo de cola de unicornio, pluma de fénix y nervio de corazón de dragón, ¿no habrá otras varitas "hermanas"? Se preguntó Harry cuando salió de la tienda. El razonamiento del señor Ollivander le parecía algo exagerado.
En fin, Harry vio una tienda de baúles y decidió comprar el suyo. No sería buena idea andar por todo el Callejón cargando sus compras, incluso si venían en bolsas y paquetes encantados. Después de adquirir un baúl con dos compartimentos (uno para sus cosas de la escuela y otro para su ropa), Harry continúo con su día de compras.
Al llegar la hora de la comida, decidió regresar al Caldero Chorreante a comer algo. Mientras llegaba su comida, Harry decidió permanecer en el Callejón en vez de regresar a Privet Drive por lo que restaba del verano. A sus tíos les daría igual y él se sentía mejor en un ambiente donde no lo trataban como sirviente. Cuando comía, escuchó a unos magos hablar de cómo el mundo mágico estaba llegando a su fin poco a poco gracias a muggles. Harry trató de no escuchar su plática pero al final la curiosidad fue demasiada y terminó oyendo todo lo que los magos tenían que decir.
—Te lo digo, Adolf, si seguimos de esta manera, los muggles nos descubrirán uno de estos días. Tenemos que hacer algo— dijo el mago que estaba más cerca de Harry. No podía ver su cara, pues estaba de espaldas, pero notó que su cabello ya era gris.
—Lo sé, lo sé. Un amigo de mi sobrino es nacido de muggles. Muy buen muchacho, excelente para Herbología en Hogwarts. Pero continúa hablando sobre incluir 'tecnuligía' al mundo mágico. Nada bueno saldrá de eso— dijo Adolf, quien estaba de frente a Harry.
—Las Familias estamos preocupadas por lo que sucederá de seguir Dumbledore con sus leyes a favor de los muggles— comentó el primer mago, atrapando la atención del joven Harry con el nombre de su futuro director de escuela.
—Así es— dijo el otro—. Artemis Greengrass es amiga de mi esposa. El otro día escuché que le dijo a Theressa algo sorprendente. Al parecer Lord Greengrass está interesado en el paradero de Harry Potter.
Harry se sobresaltó al escuchar su nombre. Le dio un trago a la bebida de jengibre que había ordenado y siguió escuchando atentamente.
—Y según esto— dijo Adolf—, Dumbledore ha puesto a Harry Potter con muggles.
— ¡Harry Potter al cuidado de muggles! — dijo el mago canoso —. Es increíble el atrevimiento de ese Dumbledore.
—Calma, August. Debe haber una buena razón para eso.
El otro mago, August, murmuraba groserías a Dumbledore.
— ¿Dónde está el chico? Seguramente los muggles no le han dicho nada sobre sus obligaciones como Heredero de la Casa de Potter. Charlus se debe estar revolcando en su tumba.
—Vamos, no creo que sea para tanto— continuó Adolf—. Estoy seguro que alguien pondrá al tanto al chico cuando vayan a informarle sobre Hogwarts. O cuando vaya a Gringotts por galeones.
A este punto, Harry tenía varias dudas surgiendo. ¿Quién era ese Charlus? ¿Heredero de la Casa de Potter? Harry no sabía a qué se refería eso, pero recordó al chico de Madame Malkin. Pidió la cresta de la Casa de Malfoy en su túnica. Tal vez era algo importante. Decidió seguir escuchando a los magos, Adolf y August. Sí que había nombres extraños en el mundo mágico.
—Te digo, Adolf. Ese chico Potter de seguro no sabe nada de las costumbres sangre limpia. Y Dumbledore no hará nada por enseñarle cómo debe comportarse un mago con su linaje.
¿Linaje? ¿Sangre limpia? Harry se estaba cansando de no saber nada de lo que hablaban los dos magos, así que decidió ir a Gringotts. El tal Adolf había dicho que ahí lo pondrían al tanto, probablemente. ¿Por qué Hagrid no había dicho nada? Pero si todo esto era cierto, Dumbledore no quería que Harry supiera nada y Hagrid veneraba a Dumbledore…
Harry pagó por su comida y por una habitación en el Caldero Chorreante. Subió al cuarto que le proporcionaron y dejó su baúl con las cosas, sacando solamente una túnica negra y poniéndosela.
Con su nueva varita, abrió el extraño portal entre la posada y el Callejón, maravillándose nuevamente de las tiendas y escaparates. Entró al imponente edificio blanco y se dirigió a un duende que estaba cerca de la puerta.
—Buenas tardes — dijo Harry—. Me gustaría saber quién me puede hablar de la Casa de Potter.
— ¿Y quién precisamente es usted para solicitar eso? — preguntó el duende a Harry.
—Harry Potter.
El duende abrió un poco más los ojos al saber que el Heredero Potter deseaba hablar con el encargado de la Casa de Potter. Guió a Harry a una oficina con una placa señalando que el gerente de cuentas antiguas trabajaba ahí.
—Ah, señor Potter. Ha crecido usted. Mi nombre es Mazerk. Encargado de las bóvedas de las Antiguas Casas.
Este duende era sin duda más agradable que los otros y según Harry, esto era apropiado dado su trabajo específico. El joven Potter se sorprendió también de la frase que utilizó Mazerk.
— ¿Crecido? ¿Me conoce usted, señor? — preguntó Harry, visiblemente curioso.
—Claro que lo conozco. Sus padres lo trajeron para saber si poseía magia, señor Potter. Todas las familias sangre limpia hacen eso— respondió Mazerk amablemente—. Su madre, claro está, era nacida de muggles. Pero como su padre era un sangre limpia de la Casa de Potter, siguió la tradición.
Como Mazerk vio la cara de desconcierto que aún portaba Harry, decidió explicar más a fondo esa tradición. Se notaba que Harry no había sido informado de los asuntos referentes a su herencia sangre limpia.
—Cuando nace un mago o bruja de una Casa Antigua, señor Potter, sus padres suelen traerlo para determinar sus niveles de magia. Los demás sangre limpia que no son de una Casa Antigua, lo hacen en San Mungo. Usted fue traído a la semana de nacido. Debo decir que sus niveles de magia me sorprendieron. Altos para un bebé de una semana.
La confusión de Harry no hacía más que aumentar. Había venido para hablar de la Casa de Potter, lo que sea que eso fuere, y ahora entendía que había más de una Casa Antigua y que su magia era poderosa.
—Señor Mazerk, ¿qué son esas Casas Antiguas de las que habla?
— ¿Me quiere decir que nadie lo ha informado, señor Potter? —Harry asintió a la pregunta, así que el duende continuó—. Son familias, señor Potter. Familias que han llevado magia en su interior por más de quince generaciones. Los Potter, Malfoy, Longbottom, Black, Greengrass, Vane, Bones y Smith. Son llamadas Las Más Antiguas y Nobles Casas. Son las más importantes en el mundo mágico.
Entonces eso significaba que no toda su fama correspondía al hecho de ser El Niño Que Vivió. También su familia era famosa, pero por ser una de esas Casas. Harry recordó al chico de las túnicas.
— ¿La Casa de Potter tiene una cresta? —preguntó. Si era así, Harry quería la cresta grabada en su ropa y en su baúl.
El duende sonrió de lado y le dijo Harry.
—Señor Potter, si así lo desea, puede tanto ver su cresta como solicitar el anillo del Heredero Potter.
Harry no tenía que preguntarse dos veces eso. Él quería saber tanto de su familia como fuera posible; grabar la cresta en sus túnicas, llevar el anillo de Heredero Potter y poder hablar de sus padres y su familia con quienes los hayan conocido.
— ¿Qué debo hacer? —preguntó Harry —. Quiero llevar el anillo Potter.
Mazerk abrió un cajón de su escritorio, sacó varios pergaminos y seleccionó uno con los bordes color púrpura oscuro. Lo puso frente a Harry.
—Este pergamino le permitirá ver su cresta familiar, señor Potter. Le dirá el nombre de sus padres y padrinos. Sólo tiene que poner algo de sangre en él.
Le dio a Harry una especie de aguja de oro del tamaño de un lápiz. Harry entendió lo que debía hacer con ella y se picó el dedo haciéndolo sangrar. Dejó caer las únicas tres gotas de sangre que salieron de la herida sobre el pergamino. Este brilló levemente y Harry pudo ver cómo se formaba un dibujo: la cresta de su familia.
Un complicado diseño de fondo con los colores rojo oscuro y plata. Sobre él, una espada negra con la punta hacia abajo y dos varitas cruzadas sobre ella. De las varitas caían chispas de luz blanca. Arriba, decía Potter en letras negras góticas.
Harry sentía lágrimas invadir sus ojos. Estaba viendo parte de su herencia como Potter, algo que su familia creado en sus inicios. Siguió viendo lo que decía el pergamino bajo la cresta.
Harrison James Potter de la Casa de Potter
Hijo de James Charlus Potter de la Casa de Potter y Lily Heather Evans de la Casa de Potter
Ahijado de Sirius Orion Black de la Casa de Black
Harry se asombró. ¿Su nombre era Harrison? Nadie le había dicho nunca los segundos nombres de sus padres. Y su padrino…
— ¿Quién es mi padrino? Sirius… ¿Por qué…? ¿Por qué no se ha encargado de mí? — preguntó Harry. ¿Acaso su padrino no lo quería? ¿Estaba muerto también?
—Señor Potter— empezó Mazerk—, su padrino es un criminal para el mundo mágico. Se dice que fue quien traicionó a sus padres y los vendió a El Que No Debe Ser Nombrado. También se cree que mató a trece muggles y a Peter Pettegrew, un amigo de sus padres. Ahora se encuentra en Azkaban, la prisión de máxima seguridad en el Reino Unido.
Harry abría los ojos a cada revelación de Mazerk, pero al final, cerró los ojos. Cuando los abrió se veían un poco más rojos y húmedos que antes, pero la voz de Harry se oía tan bien como la del chico Malfoy ordenando túnicas.
—Usted no cree eso, ¿no es así? Usted dijo que el Mundo Mágico cree que mi padrino es un asesino.
Mazerk sonrió a la rápida deducción de Harry y con voz calmada dijo:
—Nosotros los duendes tenemos una magia diferente. Si el señor Black fuera culpable de los crímenes que se le acusan, usted no sería más su ahijado. La Magia que Gringotts prestó a las Casas Antiguas asegura eso. Si un padrino o madrina no es apto de cuidar a su ahijado, el pergamino lo dirá.
—El pergamino lo reconoce como mi padrino— dijo Harry mirando fijamente a Mazerk—. ¿Por qué no se usa como evidencia para sacarlo de Azkaban?
—Desgraciadamente, señor Potter, la palabra de una criatura mágica como nosotros los duendes no cuenta ante el Ministerio de Magia. Y la Magia de las Casas no es bien vista por el actual Jefe Supremo del Wizengamot, Albus Dumbledore.
Dumbledore. Harry recordó lo que Hagrid había dicho a su tía y tío. "Yo estaba ahí cuando Dumbledore dejó a Harry con la carta". ¿O sea, que Dumbledore lo dejó con la carta? Probablemente había puesto a Harry en una canasta frente a la puerta de los Dursley. Parecía que este Dumbledore no sabía qué es lo que hacía.
— ¿Entonces no hay nada que se pueda hacer? — preguntó Harry con algo de esperanza —. ¿Nadie con quien pueda hablar?
—Lamentablemente, señor Potter, no se puede hacer nada. Pero Madame Amelia Bones de la Casa de Bones es la jefa del Departamento de Aplicación de las Leyes Mágicas y conoce la Magia de las Casas. Ella tal vez lo podría ayudar— el duende se veía solidario a la causa, así que Harry decidió probar y contactar a Madame Bones. Antes de Harry pudiera decir otra cosa, Mazerk continuó—. Ahora, señor Potter. Su anillo.
Harry vio el pergamino nuevamente antes de enrollarlo y guardarlo en el interior de su túnica. Mazerk le dio una caja pequeña color rojo oscuro. A Harry le temblaron las manos al abrirla. Ahí, en la caja, el anillo del Heredero Potter destellaba con un extraño brillo. Como invitando a Harry a ponérselo. Con mucho cuidado, Harry extrajo el anillo.
—En el dedo meñique de la mano izquierda, señor Potter— dijo Mazerk—. Se ajustará a su dedo.
Harry se puso el anillo y lo sintió encogerse hasta la medida perfecta. Enseguida, un brillo plateado envolvió su mano. Cuando cesó, Harry y Mazerk sonrieron.
—Nunca se quite el anillo, señor Potter. Ni siquiera para ducharse o dormir. Mientras lo tenga puesto, lo protegerá de la Magia de la Mente.
Después de unas palabras más y de retirar cerca de doscientos galeones más de una de sus bóvedas, Harry salió del banco y se dirigió a la librería. Mazerk le recomendó comprar libros sobre Casas Antiguas, Familias prominentes del mundo Mágico, Costumbres y Etiqueta Mágicos y un libro llamado La manera Antigua: Costumbres de las Nobles Casas. Harry encontró estos libros fascinantes, sobre todo el último. Esa noche, cuando lo leyó antes de dormir, Harry aprendió mucho sobre cómo debía actuar frente a otras personas, tanto inferiores a su nivel como de otras Casas.
Otra cosa que Harry hizo esa noche, fue encender dos velas. Una por su padre y otra por su madre. Su libro sobre Costumbres de las Casas le hizo ver que cuando alguien muere, se enciende una vela por su alma, para que encuentre descanso. Una negra por muerte natural. Una blanca por asesinato. Dos velas blancas estaban ahora sobre una mesa en la habitación del Caldero Chorreante perteneciente a Harry Potter por el verano. Dos almas que encontraban luz que las guiara.
Esa noche Harry Potter soñó con sus padres.
Cuando Harry despertó la mañana siguiente, decidió ponerse en contacto con Madame Bones. Para hacer eso, necesitaba una lechuza. Pero primero, una ducha y un desayuno estaban en orden.
Media hora después, Harry paseaba por el Callejón vestido con su ropa nueva. Nada se sentía mejor en la opinión de Harry, ahora que sabía más sobre su familia y usaba el anillo que seguramente su padre habría usado un día.
Se detuvo frente a El Emporio de la Lechuza para buscar un ave que le gustara. Había lechuzas de todos colores y tamaños, pero ninguna que le llamara en especial la atención. Sólo una lechuza blanca lo atrajo lo suficiente como para acercarse a ella y descubrir que la lechuza huía de él. Decidió caminar un poco más por el Callejón para ver si encontraba otra tienda de lechuzas.
Unos locales más arriba en el callejón, encontró una tienda de animales mágicos. Decidió entrar. Más animales de los que se imaginó que existían paseaban por sus jaulas. Unos murciélagos colgaban en un rincón, aparentemente muy de moda entre los magos y brujas jóvenes. A Harry le daban escalofríos.
Caminó entre las mesas con jaulas hasta llegar a donde estaban las serpientes. Una serpiente negra lo saludo muy alegre. Al parecer a las demás les parecía muy molesta, pues se alejaban de ella y de "su chirriante voz que hacía a los ratones sentirse tenores". Harry se rio de ellas.
Unos cuantos pasos más a la izquierda encontró la sección de aves. Las lechuzas y búhos de esa tienda eran menos ruidosos que los del Emporio. Se acercó con cuidado a una lechuza color gris oscuro que encontró. Los ojos ámbar de la lechuza se fijaron en él y la lechuza ululó suavemente. Harry habló al dueño de la tienda para comprarla.
Mientras regresaba al Caldero, Harry pasó por una tienda de antigüedades mágica que llamó su atención. Entró y miró con calma los estantes y mesas llenos de cosas extrañas y fascinantes. Salió diez minutos después con un reloj de bolsillo de plata oscura y con once galeones menos. Claro, ahora faltaba aprender a leer la hora en ese reloj tan raro, con símbolos zodiacales en lugar de números, constelaciones en lugar de manecillas y planetas girando alrededor.
Al llegar a su habitación encontró que habían sido limpiados los restos de cera de las velas y su cama fue hecha. Puso la lechuza (con la jaula que había comprado) en una percha que estaba al lado de la ventana mientras hacía la carta a Madame Bones, pidiéndole que revisara el caso de su padrino, Sirius Black. Cuando la carta estuvo lista, la selló con cera y dijo el hechizo para obtener su cresta familiar que leyó en uno de sus libros nuevos. La insignia de los Potter apareció en el sello de cera.
Envió la carta con Lilura, su lechuza (encontró el nombre en su libro de Historia de la Magia) y siguió leyendo sus libros sobre las costumbres que debería seguir desde ahora.
A la hora de la cena, decidió ir a un restaurant mágico que encontró en el Callejón. Era un lugar muy agradable y acogedor, pero elegante y refinado. A Harry le pareció perfecto. Estaba comiendo el postre cuando escuchó que pasaba mucha gente por la calle. Esa gente, era una familia pelirroja, que por el estado de su ropa no parecía de muy buen nivel socioeconómico.
Esto de ser de una Casa Antigua se me está subiendo a la cabeza, pensó Harry. Hasta hace dos días yo vestía peor que ellos.
En ese momento, la única niña que iba con la manada de pelirrojos, volteó y vio a Harry. Éste sonrió y la niña se puso tan roja que se miraba mal con su cabello naranja. La familia continuó su ruidoso recorrido por el Callejón.
Harry vio su ropa. Traía una de sus túnicas azules nuevas, que era la ropa acorde según su nivel en el mundo mágico, pero cuando regresara con los Dursley, ¿qué ropa usaría? Así que fue de nuevo a la tienda de Madame Malkin y pidió tres jeans negros y dos azules que estuvieran encantados para crecer junto con él. Siete camisetas de varios colores oscuros después, Harry estaba afuera nuevamente, dirigiéndose hacia su habitación cuando vio una tienda que le llamó la atención.
—Buenas tardes, muchacho— saludó un mago de mediana edad—. Supongo que quieres unos nuevos armazones para tus lentes, ¿no es así?
Así es, era una tienda que vendía lentes.
—De hecho, señor— dijo Harry, usando nuevamente la voz que había catalogado como 'sangre limpia'—, me gustaría que me examinara los ojos y viera si hay manera de que no tenga que usar los lentes.
El mago agitó su varita sobre Harry y la magia se centró en sus ojos. Después de unos segundos, un resplandor amarillo se pudo ver.
—Has venido justo a tiempo, muchacho— dijo el mago—. Unos meses más y habrías tenido que usar lentes por toda tu vida.
Harry se alegró de escuchar que estuvo acertada su decisión de entrar a esa tienda.
—Te venderé una especie de contactos mágicos. Parecidos a los que usan los muggles, pero mejores.
Esto lo decía mientras sacaba un par de lentes de contacto que Harry había visto promocionar en la TV, pero estos tenían una coloración amarilla.
—Tendrás que usar estos por un año— explicó el mago—. Después, no te volverás a preocupar por usar lentes ni nada parecido.
Harry salió de la tienda con sus nuevos contactos mágicos, que una vez puestos perdieron la coloración. Los colores, Harry se dio cuenta, eran más brillantes que antes y todo estaba más definido.
Esa noche, después de encender las velas blancas, Harry se durmió con un solo pensamiento.
Amo la magia.
El mes de Agosto pasó rápidamente para Harry, explorando el Callejón Diagón y leyendo sus libros escolares y extracurriculares. Descubrió que entendía a la perfección la teoría de Transformaciones, y que una vez que aprendió lo suficiente sobre plantas e ingredientes mágicos, Pociones no era tan difícil como pensó. Claro, hasta ahora no había hecho ni una sola poción, pero entendía por qué un ingrediente se mezclaba bien con alguno pero no con otro. En cambio, sí había ensayado un poco de Transformaciones. Por un curioso accidente que incluía una lagartija y a Lilura, se dio cuenta que a pesar de las advertencias, Harry podía hacer magia fuera de la escuela.
Así comenzó una rutina para Harry. Por las mañanas leería un poco de Encantamientos o Transformaciones y practicaría los movimientos de varita. Casi todos los hechizos que probó funcionaban bien al primer intento. Por las tardes leería Pociones y Herbología. Alternó las noches que estudiaría Astronomía, Defensa Contra las Artes Oscuras e Historia de la Magia.
El primero de septiembre era el día que debía abordar el tren para llegar a Hogwarts. Pidió indicaciones a Tom, el encargado del Caldero, sobre cómo llegar al andén. Cuando Tom le explicó cómo utilizar la Red Flú sus ojos asombrados se veían como Dudley con la serpiente.
Una vez en el andén, vio que varios chicos y chicas estaban llegando a través de lo que parecía una pared.
—Sangre sucias y media sangres, todos ellos —dijo un chico un poco más alto que Harry, de cabello rubio y porte elegante. Harry lo reconoció como miembro de la Casa de Smith gracias a la insignia de su capa.
Usando los modales recientemente aprendidos, Harry ofreció su mano al chico.
—Harrison Potter, de la Casa de Potter.
El chico estrechó la mano de Harry, mientras daba su propio nombre.
—Zacharias Smith, de la Casa de Smith.
Harry, sabiendo que ya podían regresar a una plática más informal, comenzó una conversación sobre el tema de los nacidos de muggle.
—Creo que deberían enseñarles nuestras costumbres—dijo Harry—. Hasta los traidores a la sangre son más educados que ellos.
—Estoy de acuerdo— dijo Zacharias—. No soy de los que piensan que hay que deshacerse de todos ellos, pero sí sé que hay que imponer nuestras tradiciones. Llegan, y quieren cambiar el mundo Mágico para convertirlo a sus estándares.
— ¿Crees que debamos continuar esta conversación en el tren? —preguntó Potter.
—Me parece adecuado, si no nos apuramos terminaremos sentados con alguno de ellos— respondió el rubio.
—O peor— comentó Harry—, podríamos terminar con uno de ellos Y un Weasley.
Los dos rieron ante la broma de Harry, quien había descubierto que la familia de pelirrojos era la familia Weasley. Dicha familia rechazaba las tradiciones antiguas por unas más abiertas a las ideas muggles, por ejemplo el celebrar Halloween como muggles en vez del Samhain.
Subieron al tren y pusieron sus baúles el vagón del equipaje. Harry puso a Lilura sobre su baúl. Cuando voltearon dispuestos a encontrar compartimento, un muchacho mayor les habló.
—No pensé que los nuevos pusieran su equipaje en el vagón—dijo sonriendo el muchacho—. Todos suelen llevar sus baúles al compartimento en que se sienten.
—Creo que somos la excepción— contestó Harry con una sonrisa de medio lado.
—Mejores que la mayoría, diría yo— fue el humilde comentario de Zacharias.
—Mi nombre es Roger Davies, de la Familia Davies—saludó el chico, Roger.
Los otros dos saludaron como es debido.
—Voy en cuarto año en Ravenclaw— dijo Roger—. Si necesitan algo, saben dónde encontrarme.
Dicho eso, hizo una pequeña inclinación de cabeza a los niños y se fue. Los dos, que estaban al corriente de la influencia que la familia Davies había estado ganando en el Ministerio de Magia, sabían que en años venideros podrían tener un aliado en una Familia Prominente.
Harry y Zacharias (Puedes decirme Zach, a menos que quieras que te esté llamando Harrison) entraron a un compartimento a la mitad del tren. Estaba vacío, así que los dos empezaron a conversar sobre lo que planeaban hacer una vez en Hogwarts.
—A mí me parece que la asignatura de Astronomía es bastante interesante— dijo Zach—. Pero no de mucha relevancia para una buena posición en el Ministerio.
Harry, que había leído sobre empleos mágicos y las asignaturas requeridas, replicó.
—Eso depende, Zach. Si quisieras un puesto de Inefable, Astronomía te serviría de mucho.
—Claro que El Niño Que Vivió se interesaría en eso— contestó Smith para molestar a Potter—, pero nosotros seres superiores aspiramos a puestos en lo más alto.
—Claro que un Smith pensaría así— dijo a su vez Harry, imitando a su nuevo amigo.
En eso se abrió la puerta del compartimento y entró una niña menuda de cabello rojizo y ojos color miel.
— ¿Les molesta si me siento? — preguntó.
—Para nada— contestó Harry—. Hazte a un lado Zach.
Zach obedeció e hizo un lugar a la niña mientras Harry la ayudaba a subir su baúl a las rejas que estaban sobre ellos. Afortunadamente, el baúl tenía un hechizo que lo hacía pesar menos.
Una vez instalada propiamente, la niña se presentó.
—Megan Jones, de la Familia Jones.
Nuevamente, los dos chicos se presentaron como miembros de Casas Antiguas. Una vez pasadas las presentaciones, los tres se pusieron a conversar. Minutos más tarde, se les unió otro chico sangre limpia, Anthony Goldstein, de la Familia Goldstein y los cuatro continuaron discutiendo sobre materias de Hogwarts.´
—Creo que mis padres eran buenos en Transformaciones y Encantamientos— dijo Harry—. Ollivander dijo que sus varitas estaban predispuestas a eso. A mí me llaman la atención las Pociones.
—A mi me llama la atención Encantamientos— dijo Megan —. En mi familia todos son buenos en Transformaciones más que otra cosa. Quiero un cambio para mí.
—En mi familia casi todos se dedican a la política— dijo Zach—. Mi padre quiere que siga sus pasos en el Ministerio, pero aspiro a un puesto más alto.
—Sigue así, Zach y te tendremos ayudando al Ministro en poco tiempo— dijo Harry con una sonrisa burlona.
—No digas tonterías, Potter— contestó Zach—. ¿Yo, ayudando al Ministro con sus leyes pro-muggles? No gracias.
—He escuchado— dijo Anthony, que hasta ahora se había mantenido callado—, que el Jefe Supremo pretende incluir a ciertos muggles a la sociedad.
La conversación se centró en cómo podía Dumbledore querer eso.
—Sencillo— dijo un chico que acababa de llegar—. Los nacidos de muggle y los muggles lo adorarán por eso. Son más que nosotros en la actualidad. Nos aplastarían de inmediato.
Los cuatro ocupantes del compartimento voltearon hacia la puerta para ver a una chica rubia de pie junto al chico que habló.
Los dos entraron al compartimento y se presentaron.
—Daphne Greengrass, de la Casa de Greengrass.
—Lazarus Moon, de la Familia Moon.
— Entonces, chicos— dijo Daphne una vez que las presentaciones terminaron—. ¿En qué casa de Hogwarts piensan que quedarán?
—Hufflepuff— dijo Zach—. Mi familia es descendiente directa de Hufflepuff.
—Hufflepuff también— dijo Megan.
—Ravenclaw o Gryffindor —dijo Anthony—. Mi familia es mayoritariamente Ravenclaw, pero mi hermano mayor salió este año y era Gryffindor.
—Mi familia ha sido Ravenclaw, pero mi madre dice que parezco más Slytherin que otra cosa— dijo Daphne.
—En lo particular, Slytherin me parece la mejor opción— aportó Lazarus.
—Pero ¿imaginas estar con alguien como Draco? — Preguntó Zach—. Nunca me agradó ese niño mimado.
—Bueno, es la única desventaja.
—Yo no tengo inconveniente con ninguna casa— dijo al final Harry—. Aunque creo que me gustaría entrar a la casa de mis padres: Gryffindor.
Todos defendieron su elección, hasta que Harry decidió finalizar la discusión con un acto un poco dramático, poniendo su mano derecha sobre el corazón y fingiendo estar herido porque nadie lo apoyaba en su elección.
Los demás niños lo abuchearon riéndose de sus acciones.
—Típico Potter— dijo Zach— ¿Sabías que tu padre era un bromista cuando estaba en Hogwarts, al igual que tu padrino y sus amigos?
—No, no lo sabía— contestó Harry—. En ese caso, seguiré sus pasos, pero sólo cuando alguien sea lo suficientemente molesto como para merecer una broma.
—Mi padre dice— comentó Lazarus—, que se hacían llamar Merodeadores. Casi nadie lo sabía, pero él los escuchó un día hablar de las 'obligaciones de un Merodeador'. Creo que también mencionó algo sobre apodos.
Cuando pasó la señora de los dulces todos se apresuraron a sacar dinero de sus túnicas de Hogwarts. Como todos habían llegado por Flú no había problema en llegar al andén vestidos con túnicas y capas. Harry compró cinco ranas de chocolate y dos varitas de regaliz. Zach compró una caja de grajeas Berttie Botts a cada uno y los retó a ver quién encontraba más grajeas de un sabor agradable. Al final ganó Megan con once grajeas agradables y treinta y dos horribles.
Unos minutos después, un chico regordete apareció en la puerta junto con una niña de cabello esponjado y dientes enormes.
— ¿Han visto un sapo? — Dijo la niña—. Neville perdió uno.
Todos voltearon a ver a Neville. Cuando notaron la insignia de la familia Longbottom, cada uno (incluido Neville) se presentó como la tradición requería. La niña se veía algo desesperada por las presentaciones, así que sólo los miraba con exasperación. Cuando al final Harry se presentó ante Neville, la niña chilló.
— ¿Harry Potter? Sé todo sobre ti. Naturalmente compré algunos libros más de los que venían en la lista. Estas en Eventos Mágicos del Siglo XX y en Auge y Caída de las Artes Oscuras.
Neville le dirigió a Harry una mirada de disculpa y Harry hizo un gesto indicando que no importaba. Los demás niños miraban a Hermione con sorpresa mezclada con indignación. Zacharias murmuró:
—Seguramente una nacida de muggles.
Los chicos rieron e incluso Neville mostró una sonrisa tímida. Hermione se veía molesta.
— Entonces sabes todo sobre mí— dijo Harry.
—Así es. Sé que derrotaste a Quien No Debe Ser Nombrado cuando tenías un año de edad y eres famoso en el Mundo Mágico.
—Pero si eso no lo es todo, querida…
—Hermione. Hermione Granger.
—Eso no lo es todo, Hermione. Si sabes todo de mí, dime, ¿cuál es mi color favorito? ¿A quién admiro más? ¿Qué dulce me gusta más?
Hermione no sabía que responder. Se veía enojada y al mismo tiempo humillada.
— ¿No lo sabes? — Dijo al final Harry—. Entonces no vayas por ahí diciendo que lo sabes todo sobre mí. Pero para tu información, mi color favorito es el verde, admiro a mis padres por dar sus vidas por mí y me encantan las ranas de chocolate.
—Hermione— dijo Neville al ver que su acompañante no respondía nada y temblaba ligeramente—. ¿Por qué no regresas a tu compartimento? Terminaré de buscar a Trevor yo solo.
La niña miró a Neville con unos ojos llenos de lágrimas, casi acusatorios, pero no dijo nada al salir del compartimento.
—Lo siento— dijo Neville—. Buscaba mi sapo y cuando le pregunté si no la ha visto decidió seguirme y buscarlo también.
—No te preocupes, Neville. Eres bienvenido de regresar con nosotros cuando termines tu búsqueda— dijo Harry.
Megan se puso de pie.
—Yo te ayudaré a buscarlo, Neville. Si me lo permites, claro.
—Claro— dijo Neville—. No hay problema.
Salieron del compartimento para seguir buscando al sapo de Neville. Aparentemente, Hermione había ocasionado una gran conmoción en las mentes de cada uno de los chicos que se quedaron, pues ninguno habló por varios minutos hasta que Daphne dijo:
—Bueno, los dejaré a ustedes chicos para ir en busca de compañía más civilizada.
—Espero, Daphne, que no te refieras a Parkinson y Malfoy— dijo con burla Lazarus.
—Claro que no, Laz. Buscaré a Tracey Davis. Estaba con ella y con las gemelas Patil antes de venir.
Se despidió de los chicos con un gesto de la mano y salió a buscar a su amiga Tracey. Harry entendía que esa Davies era algo de Roger, el Ravenclaw, pero no sabía exactamente cuál era su parentesco.
—Chicos, yo también regresaré a mi compartimento— dijo Lazarus—. Estaba con Blaise Zabini y Theodore Nott.
—Si quieres regresar, aquí estaremos— dijo Zach—. Aunque preferiría que te quedaras con tus amigos. No quisiéramos que Draco Malfoy los llevara al Lado Oscuro.
Una vez que Lazarus salió del compartimento, Harry y Anthony miraron a Zach.
— ¿Qué hay con ese comentario, Zach? — preguntó Anthony.
— ¿Acaso quieres iniciar tu propia mafia? — cuestionó Harry.
Zach sonrió de lado.
—No le veo nada de malo— respondió—. Al contrario, ayudaría mucho tener a las Ocho Casas Antiguas y a las Familias Prominentes frecuentándose.
—Tú y tus políticas, Zach —dijo Harry—. Aunque admito que la idea tiene mérito. Pero de ser así, ¿quién será el Líder?
Habiendo leído un poco sobre política en su libro de Casas Antiguas, Harry entendía que alguien debía ser el Líder en todas esas alianzas para disminuir problemas políticos.
—Generalmente, los líderes tienden a ser Potters o Vanes— aportó Anthony—. Actualmente no hay ningún Vane que atienda Hogwarts y tú Harry, eres Heredero Potter y si no me equivoco, también eres Heredero de la Casa de Black.
Harry asintió.
—Serías el ideal para Líder, Harry— concluyó Zach—. Aunque si lo prefieres, puedo ser yo— terminó Zach con una sonrisa arrogante.
—No hay manera, querido Zachy, de que deje tan preciada posición a tu cargo— contestó Harry burlón. Después, replicó más seriamente—. Tengo entendido que Dumbledore me vigila. Sería mejor que ante todos, fueras tú el Líder. Después, cuando Dumbledore no esté tan interesado en mí… ya veremos.
Los tres rieron, pero sabían que Harry tenía razón. Todas las Casas y Familias lo sabían. Dumbledore quería una sociedad más muggle y eso los ponía en peligro. Más a Harry por su fama de Niño Que Vivió.
—Mi madre me contó de una habitación en Hogwarts que se transforma en lo que sea para adecuarse a lo que necesitamos— dijo Anthony—. Deberíamos reunirnos ahí el primer fin de semana. Cuando veamos en qué casa quedemos y tengamos nuestro horario.
—Me parece bien— dijo Harry asintiendo—. Tú te encargarás de avisarnos la hora y buscaremos la manera de ir todos.
—Y la rebelión comienza… —dijo Zach—. Chicos, un día seremos famosos por encargarnos de devolver al Mundo Mágico su Poder.
El resto del viaje pasó sin contratiempos y con conversaciones más adecuadas a su edad. Le explicaron a Harry cuáles eran las razones por las que los Chuddley Cannons no eran una buena opción para Quidditch, por qué no era buena idea combinar varitas de regaliz con pasteles de caldero y por qué las ratas y sapos no eran buena elección como mascota.
Cuando los tres bajaron del Expreso en la estación de Hogsmeade, se encontraron rápidamente con sus nuevos amigos. Megan se sentó con ellos en un bote, dejando a Daphne con Tracey y las gemelas Patil y a Lazarus con Zabini, Nott y una chica que aparentemente era de la Familia McDougal.
Hagrid los guió hasta donde estaba una bruja de aspecto estricto. Cuando ella empezó a hablar, Harry se dio cuenta que era la profesora McGonagall, subdirectora de Hogwarts. Los dejó en una habitación pequeña mientras ella se encargaba de que los preparativos de la cena estuvieran listos. Mientras ella no estaba, Malfoy se acercó a Harry.
—Entonces es cierto, Harry Potter está aquí.
Harry extendió su mano y con una sonrisa de lado, dijo:
—Harrison Potter, de la Casa de Potter.
Malfoy tomó la mano de Harry.
—Draco Malfoy, de la Casa de Malfoy.
En eso regresó la profesora McGonagall, que les indicó que la siguieran. Malfoy se fue, no sin antes murmurarle a Harry.
—Te espero en Slytherin, Potter, si sabes lo que te conviene.
Harry ahora entendía por qué los comentarios tan despectivos que Lazarus y Zach hacían sobre Malfoy.
A Harry no le agradó el comentario que hizo Malfoy, como diciendo que sólo los Slytherin eran superiores. Harry comprendía que para muchos, la rivalidad entre las cuatro casas de Hogwarts era decisiva para encontrar amistades y demás. El hecho de que Malfoy le dijera que le convenía ir a Slytherin significaba principalmente dos cosas. Número uno, Draco Malfoy era un idiota si pensaba que Harry haría lo que él dijera; y dos, la Casa de Malfoy quería una alianza, pero con El Niño Que Vivió, no con el Heredero Potter.
Los nuevos alumnos de primer año siguieron a la profesora McGonagall a través de las inmensas puertas el Gran Comedor para dirigirse a su Selección. Harry se quedó tan impresionado con el Gran Comedor como los nacidos de muggles que estaban ahí, pero a diferencia de ellos, se aseguró de no demostrarlo demasiado. Harry podía ver la mesa alta donde Dumbledore estaba sentado junto a los demás profesores.
Harry pronto descubrió que para ser sorteados en las diferentes casas sólo tenían que ponerse un viejo sombrero descosido. Seguramente, el sombrero leería sus mentes de alguna manera y elegiría en base a sus cualidades con qué casa serían más compatibles.
Sus nuevos amigos y compañeros de viaje poco a poco fueron siendo sorteados, cada uno quedando en las casas por las que mostraron predilección, hasta que al final sólo quedaron Zach y Harry por ser sorteados.
—Potter, Harry— Dijo la profesora McGonagall.
Harry pasó al frente, preguntándose por qué McGonagall no lo llamó por su nombre completo, Harrison. Se sentó en el taburete y se puso el Sombrero Seleccionador.
Harrison Potter. Ah, una elección difícil… Veo una gran ambición que nace de la lealtad a su familia. Inteligencia para saber tratar a las personas, atraerlas a usted… Todo nos lleva de nuevo a su astucia y ambición, señor Potter, pero ese liderazgo que tiene es lo que más le servirá. Y que mejor lugar para desarrollarlo que ¡Gryffindor!
Harry sonrió y bajó del taburete, le entregó el sombrero a McGonagall y se dirigió a la mesa más escandalosa del Gran Comedor. Se sentó frente a una chica de aspecto hindú, por lo que dedujo que era Parvati Patil, quien había sido sorteada poco antes que él. En ese momento, no se preocupó por introducirse formalmente ante nadie, pues sabía que Dumbledore lo observaba y que probablemente no le agradaría verlo usar modales sangre limpia.
Cuando la Ceremonia de Selección terminó con Blaise Zabini, todos prestaron atención a Dumbledore, quien dijo una serie de ridículas palabras antes de comenzar el banquete más magnífico que Harry haya visto. Y comido.
Cuando los postres fueron apareciendo, Harry comenzó a presentarse con algunos de sus compañeros que estaban más cerca. Se dio cuenta que la mayoría eran media sangre así que no se molestó con mencionar su Casa. Si alguien que no entendiera de las tradiciones se percataba de que Harry las seguía, podía decírselo a Dumbledore.
A Harry y a los demás Herederos de una Casa los protegía la magia de los anillos de Heredero; los de Familias prominentes también tenían anillos así, pero su magia no se había acumulado durante tantas generaciones, por tanto, la protección que brindaban no era del todo fuerte.
Después del Banquete, Dumbledore dio ciertas indicaciones de no entrar al Bosque Prohibido (¿no era obvio eso?) y al corredor del lado derecho del tercer piso. Los prefectos, entonces, guiaron a los alumnos a sus respectivas salas comunes, ayudándolos a memorizar el camino más sencillo desde el Gran Comedor y dándoles referencias, como cuadros o estatuas, para no perderse.
Al llegar a la Sala Común, el prefecto Percy indicó a los niños de primer año cuáles eran sus dormitorios. Ellos subieron y se prepararon para dormir después de un día largo e importante. Harry reconocía a Neville Longbottom y a un Weasley, Ronald. Los otros chicos debían ser de familias no muy importantes o se hubieran presentado antes de dormir. Buscó en la habitación dónde estaba su baúl para sacar un libro. Lo descubrió cerca de la ventana, entre las camas de Neville y Weasley.
Cuando bajó, las escaleras hacia la Sala Común se dio cuenta que Neville lo había seguido, también con un libro en las manos.
— ¿Estudias conmigo, Neville? — dijo Harry amablemente—. A los dos nos puede ser de mucha ayuda.
—Claro, Harry— contestó el chico—. ¿Te parece si nos sentamos junto a la chimenea?
Harry asintió y los dos se sentaron en una mesa a la derecha de la chimenea. Harry notó que Neville llevaba un libro de Herbología.
—Entonces, tú estudias Herbología y yo Pociones, ¿repasamos las propiedades de las plantas en las pociones? — propuso Harry.
—No soy muy bueno en Pociones—dijo Neville—. Mi abuela siempre me ha dicho que en la familia es muy común que se nos dificulte esa materia.
—Mayor razón para estudiar. Demuestra que la Antigua Casa de Longbottom tiene conocimientos sobre Pociones— dijo Harry con una sonrisa—. Según lo que yo he leído, la Casa de Potter suele centrarse en Transformaciones y Astronomía. Espero también ser bueno en otras cosas, para demostrar que mi familia está muy bien versada en otras materias.
—Creo que es cierto, Harry. Gracias.
—No hay de qué, Neville. Entonces— dijo Harry abriendo su libro—, ¿por dónde empezamos?
Los dos estuvieron estudiando durante un rato, hasta que la prefecta de séptimo año los despidió hacia su habitación. Para ese entonces, Harry había notado que Neville comprendía un poco mejor cómo reaccionaban los ingredientes de las pociones. Tampoco pudo dejar de notar que él mismo tenía un entendimiento por ese arte (de verdad, Harry pensaba que era un arte tanto como una ciencia). Esperaba con ansias la clase de Pociones del viernes.
Esa semana fue algo inquietante para Harry. Él ya había leído una buena parte de sus libros, pero aún así se sorprendió cuando entendió casi a la perfección la teoría que había tras varios encantamientos y hechizos. Tanto la profesora McGonagall como el profesor Flitwick le aseguraron que estaba viviendo las expectativas de sus padres. La profesora de Astronomía, Sinistra, le dijo que al parecer tenía la misma intuición que Charlus Potter, su abuelo, para la materia. Harry estaba en las nubes con esos comentarios.
La clase de Astronomía para primer año era los miércoles a la media noche. Al terminar la primera clase que compartían con todas las casas, los amigos de Harry se reunieron en un salón bajando las escaleras de la Torre de Astronomía.
—Chicos, chicas—empezó Zach—. Pongan atención al Gran, al Maravilloso, al Inigualable Zacharias Smith.
Los chicos abuchearon a pesar de que estaban sonriendo. Lazarus, Anthony, Megan, Daphne y Harry se sentaron en el piso dejando un lugar para Smith, quien se sentó después de haber limpiado el piso con un 'Fregotego'.
—Anthony, Harry—dijo el rubio—, si son tan amables de informar a estos súbditos de lo que pensamos hacer.
Harry rio antes de explicar.
—El Gran Zach Smith piensa hacer una mafia para acabar con las leyes pro-muggles. Y quiere que seamos parte de él.
Todos los niños sonrieron.
—Cuenten conmigo—dijo Lazarus de inmediato—. Supongo que esto quedará en secreto de nuestro querido director, ¿no es así?
Zach asintió.
—Yo también entro— dijo también Daphne, con una gran sonrisa. El
Voltearon a ver a Megan, que era la única que faltaba en decir si estaban en el grupo.
—Claro que yo también.
—Entonces, seremos sólo nosotros por ahora— dijo Harry, quien había hecho equipo con Zach en Encantamientos y habían hablado de eso—. Cuando tengamos objetivos claros y una lista de posibles miembros empezaremos a reunirnos.
Zach tomó la palabra.
—Harry y yo seremos los líderes. Nosotros formularemos posibles objetivos a largo y corto plazo y los pasaremos a ustedes para votación. Como dice Harry, veremos quiénes pueden ser parte de nuestro pequeño club y los reclutaremos. No nos veremos activos sino hasta nuestro quinto o sexto grado.
—Zach piensa— dijo Harry—, que deberíamos también reunirnos para practicar lo que aprendemos en clase y estoy de acuerdo. El profesor Quirrell no tiene idea de lo que enseña y aparte, sería una gran idea que las familias más antiguas e importantes del mundo mágico tengan herederos con excelentes notas en su educación.
Megan y Daphne bostezaron al mismo tiempo, por lo que decidieron verse al día siguiente fuera del Gran Comedor después de la cena.
El día siguiente era viernes y Harry sólo tenía una clase doble de Pociones con Slytherin. La primera de las clases en las que elaboraría una poción. Sabía que el profesor Snape no sería muy amable con él, después de todo, el miércoles que tuvo clase teórica con él lo demostró. Si Harry no hubiera estudiado con Neville el martes anterior, hubiera sido seguro que no habría podido contestar las preguntas de Snape.
Resulta que trabajarían en parejas. Un Gryffindor con un Slytherin. A Harry le tocó trabajar con Malfoy, desgraciadamente, Draco decidió que hacer ver a Potter por qué un Slytherin era superior a un Gryffindor, cuando no lo logró decidió insultar a los "amigos" de Harry.
—En serio, Potter, de todas las amistades que pudiste hacer, ¿un traidor a la sangre y una sangre sucia? Patético.
—Pues ¿quiénes piensas que son mis amistades, Draco? —Preguntó Harry—. ¿Weasley y Granger?
Draco lo miró extrañado.
—Ayer en Transformaciones los escuché decir que tú sabrías cuando regresar a ellos— dijo el rubio—. Pensé, naturalmente, que se habían hecho amigos en el tren y después tuvieron una pelea.
A Harry le parecía sospechoso lo que Draco decía. Los Malfoy no eran precisamente personas honestas, pero se aseguraban de tener información cierta y Draco de verdad pensó que podía hacer sentir mal a Harry por insultar a la sangre sucia y al traidor, así que de verdad los había escuchado decir eso. Tendría que andarse con cuidado cuando estuviera cerca de ellos.
—De hecho, Draco, mis amistades son personas un poco más… importantes, por así decirlo, para la Sociedad. Zach Smith es uno de ellos.
Draco entrecerró los ojos y volvió a la poción, que debería tornarse color verde después de agregar la bilis de armadillo.
Al final de la clase, Harry y Draco obtuvieron una E en su poción y el profesor Snape mencionó como "estos niños no son tan zoquetes como para fallar en una poción tan sencilla". Cuando estaban guardando sus cosas para irse, Harry le habló a Draco.
—He notado que son tus amistades las que no cumplen con los estándares de nuestra sociedad, Draco— Harry notó que Draco se dio cuenta de lo que quiso decir con "nuestra" —. Serías bienvenido a nuestro grupo si dejas de ser tan arrogante. Piénsalo, Draco.
Esa tarde, cuando Harry se reunió con Zach antes de la cena, los dos hablaron sobre quiénes tendrían la oportunidad de estar en el grupo.
—Yo pienso que para comenzar, deberíamos buscar simplemente en primer y segundo año— dijo Zach—. Los mayores no nos tomarían mucho en cuenta, y sería posible que uno de ellos asumiera el liderazgo.
—Tienes razón— acordó Harry—, pero no debemos cerrarnos a la idea de admitir alumnos mayores. Roger Davies sería una buena adquisición. Sabe que nuestras familias son más importantes e incluso siendo mayor que nosotros nos trata con respeto.
—Cierto. Pero por ahora sí creo que debemos centrarnos en nuestro año.
—De acuerdo— dijo Harry—. Entonces tengo dos propuestas.
—Te escucho.
—Draco Malfoy y Lavender Brown. Draco es un niño mimado, pero es inteligente y sabe que le conviene más una asociación con nosotros que una con Parkinson, Bulstrode y esos guardaespaldas que siempre lo siguen. Su padre es influyente en el Ministerio y a pesar de sus afiliaciones en la última guerra, nuestros ideales son los mismos.
Zacharias pareció pensarlo y al final respondió.
—De acuerdo, Malfoy es una opción, pero primero veremos su actitud hacia nosotros. No ha sido muy amable con Megan en nuestra clase de Astronomía el día de ayer. ¿Qué hay de esa tal Lavender?
—De la familia Brown. Al igual que su familia está en Gryffindor y es compañera de habitación de una de las gemelas Patil. Si la atraemos a ella, Patil también vendrá. Las dos comparten nuestra visión de los muggles. Su padre trabaja en el departamento de Cooperación Mágica Internacional.
—Buena idea. Trata de convencerla de que se una a nosotros esta noche.
—Claro, milord. Como usted ordene— dijo Harry sarcásticamente, sacando una sonrisa de Zach y la amenaza de un Rictusempra—. La hubiera llevado aunque no la aprobaras. Tú también tienes a alguien en mente, ¿no es así Zach? — preguntó el niño de ojos verdes.
—Sí. Ernie McMillan y Rose Zeller. Los dos de Hufflepuff. Ernie es algo pomposo, pero su familia es la más rica de las Familias Prominentes de toda Gran Bretaña. También es el Heredero de la familia de su tío. Un adinerado de sangre limpia que vive en Irlanda.
—Él sería un buen aliado, pero las dos últimas generaciones de McMillan apoyaron las leyes pro-muggles de Dumbledore. No lo invites hasta que estemos seguros de sus ideas— dijo Harry, ahora asumiendo él el rol de líder—. Háblame de Zeller.
—Su padre es el sub-jefe en El Profeta. Se entera de las noticias más importantes por lo menos dos horas antes de que salga el diario, si no es que más. Ella sí apoya las tradiciones incondicionalmente y es la segunda mejor en Herbología después de Longbottom.
—Llévala hoy. Tal vez Megan pueda ser mejor para reclutarla. Creo que las vi juntas esta mañana.
—Ahora—dijo Smith—, para los objetivos pienso que el primero debe ser observar quiénes tengan precedentes familiares de apoyar las leyes pro-muggles, pero no estén de acuerdo con eso.
—Anótalos, Zach. Recuerda que debemos decirle a los demás todavía. Otra cosa sería saber quiénes son los nacidos de muggles en primer y segundo año, por lo menos.
—Sí, y saber quiénes de nuestros compañeros tienen conexiones importantes. Aunque se escuche tonto, incluso Corazón de Bruja o El Quisquilloso serían buenas conexiones—explicó Zach.
—Tienes razón— Confirmó Harry —. Creo que otro objetivo debe ser tratar de inculcar una buena cultura mágica a ciertos nacidos de muggle que lo aprecien.
—Seguramente no intentarás incluir a Granger— rió Zach ante el prospecto del cabello esponjado de Granger en un baile del Ministerio.
— ¡Demonios! — exclamó sarcásticamente Harry. —Ella era mi primera opción.
Los dos chicos rieron y siguieron hablando durante un buen rato. Sin que ninguno lo supiera, ese día en el andén cuando se conocieron se formó una alianza mágica aún más poderosa que la que un día compartieron Dumbledore y Grindelwald.
