Summary: Nada bueno puede ocurrir cuando un vampiro sediento de sangre y una humana tan perspicaz se juntan. Edward/Bella.

Disclaimer: Nada de lo que reconozcáis es mío, todo pertenece a la malvada Stephenie Meyer. Gracias xD.

Intoxicante

N/A: Antes que comencéis a leer (los que vayáis a leer XD) tengo que comentaros algunas cosas sobre esta historia: es un Universo Alterno (AU). En ella, Edward e Isabella no se conocen de nada. Crepúsculo, Luna Nueva y Eclipse no existen y… Jacob Black sí sonríe perversamente.

Y creo que eso es lo necesario para que no os perdáis. Como no sigue la línea argumental de los libros, me siento muy cómoda manejando los hilos del fic. A ver cómo acaba esto juju.

Y nada más, supongo. Que disfrutéis leyendo tanto como yo escribiendo y que sea merecedora de algún RR.

Capítulo 1: Esencia.

El borde de la acera era duro y rugoso, por lo que le raspó la piel de la cara. Se dejó resbalar desde la pared hasta el suelo y se quedó tirada allí sangrando por sitios que nunca antes pensó que lo harían. En un momento de lucidez, Isabella Swan respiró hondo y cerró los ojos, pidiéndose calma y serenidad.

Las risitas despreciables de los cuatro hombres que se habían ensañado con ella aún repicaban en sus oídos, recordándole lo que le acaba de pasar. No tenía que haberse separado de Jessica y Angela, no tenía que haber hecho caso de su estúpida ansia por no querer ser una chica normal. Tenía que haberse quedado con ellas, comprando ropa que nunca se pondría, chillando ante el color de algún vestido o la forma de varias sandalias.

El pelo castaño oscuro de la joven le tapaba la vista y se le pegaba a la mejilla conforme iba llorando. La nariz le sangraba tanto que había formado un pegote en la acera y apenas se sentía las manos, llenas de arañazos y alguna que otra contusión. Inconscientemente, mantenía las piernas firmemente cerradas en un intento de dejar de sangrar allí también. No quería cerrar los ojos otra vez porque lo vería todo de nuevo, como en una película. El encuentro, sus voces. El momento en el que la acorralaron. Cómo la habían tocado.

Cuando pareció que se había calmado y que aceptaba lo que le acababa de pasar sin otra premisa que la de morirse en silencio, su llanto rasgó el silencio de la oscura noche. Si al menos tuviera un teléfono móvil podría llamar a la policía, al hospital, a Charlie, a Renée… a alguien.

Siguió llorando durante un periodo de tiempo indefinido hasta que sus ojos se cerraron. El silencio se volvió espeso a su alrededor mientras su mente se convertía en una maraña de pensamientos inconexos y dolorosos. No volvería a ver a su familia. Lo último que le dijo a su padre fue que era un pesado. Su vida había durado dieciocho asquerosos años. ¿Por qué Dios quería que muriera ella? ¿Acaso no podía morirse otra persona? Alguien despreciable, quizás. Alguien que fuera peor. Pero luego recordó a las chicas de su edad del instituto y pensó que ninguna de ellas se merecía algo así.

Y si le había pasado a ella, a Isabella Swan, estaba bien.

Lo último que vio antes de perder el sentido fueron unos zapatos negros. Tal vez unas bailarinas, aunque parecían muy caras para ser unas normales.

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Alice solía tener mucha paciencia. No demasiada, pero más de la que tenía Rosalie para ciertas cosas. Había pocas cosas que la morena odiara, y una de ellas era un atasco.

Era casi surrealista que existiera un atasco en una ciudad con tan pocos habitantes. En Port Angeles. No se quejaría si estuviera atrapada en las calles de Nueva York o de California, ¿pero en Forks?

Suspiró enfadada y apretó otra vez el acelerador. Avanzó un par de milímetros en la calzada y volvió a parar, soltando blasfemias contra los semáforos y los conductores que iban a paso de caracol.

-La próxima vez iré de compras con Emmett –aseguró, hablándole al volante con convicción. -Y si hubiera otro maldito atasco, lo sacaría del coche y le diría que se pusiera a repartir caña, a ver quién se atreve a negarme el paso.

Quince minutos y ocho milímetros de carretera después, Alice Cullen dio marcha atrás y se internó en una de los callejones menos frecuentados de la ciudad. Puso los ojos en blanco cuando grupos de niños que jugaban al pilla pilla y no tan niños practicando skate la miraban de hito en hito, sorprendidos por ver un coche tan caro en su zona.

Derrapó por la última calle interconectada al gran atasco y dio con una bifurcación que la dejó en una carretera por la que nunca antes había conducido.

-Oh, genial Alice. ¡Te has perdido en un pueblecito! –la guapa morena se aplaudió internamente y se juró no contárselo a Jasper y Emmett ya que se reirían de ella durante toda la eternidad.

Sabiendo que lo peor sería seguir conduciendo para darse cuenta de que lo estaba haciendo en círculos (como antes), dio un paseo por la carretera a una velocidad relativamente lenta. Port Angeles siempre le había aburrido: los mismos escaparates, los mismos restaurantes, las mismas chicas tiradas en el suelo que sangraban demasiado, las mismas calles desiertas…

La mujer pegó un frenazo y redujo sus ojos a dos finas rendijas. Dejó escapar todo el aire de golpe al ver a una niña de apenas dieciocho años tirada en el suelo y dio marcha atrás todo lo rápido que pudo. Sin pararse a apagar el motor del vehículo abrió la puerta y se acercó a Isabella.

Alice Cullen había visto de todo en el mundo, pero eso no hizo que su labio temblara mientras su mano volaba hacia el bolsillo de su chaqueta y sacaba el teléfono móvil. La ponzoña gorgojeó en su garganta y sintió como la sed de sangre le quemaba las entrañas. Miró a la niña, aún indecisa, y cerró los ojos durante un momento. Si no hacía nada se iba a morir, pero si hacía algo quizás acabara matándola ella misma.

Dio un par de pasos hacia ella, aún titubeante, y decidió que era lo suficientemente fuerte como para aguantar aquello. Cerró los ojos de nuevo y con nerviosismo intentó ver algún rastro de la sangre de esa chica en sus visiones.

Al no sacar nada en claro, Alice se arrodilló al lado de la joven y telefoneó a Carlisle mientras llevaba la otra mano al cuello de la humana e intentaba comprobar si aún tenía pulso o si, por lo contrario, estaba muerta.

-Carlisle –murmuró nerviosa. Levantó del suelo a la chica y la sostuvo a contrapeso. La inmortal podía sentir el gusto de la ponzoña en su boca pero apretó los labios firmemente y esperó a que Carlisle respondiera, sabiendo que con él al otro lado de la línea todo sería más fácil.

-Eh, Alice. Está en consulta, ¿qué ocurre? –la voz sosegada de Edward la recibió al otro lado de la línea mientras metía a Bella en el asiento trasero del coche y la colocaba todo lo bien que podía.

-Edward. Oh Edward, necesito que Carlisle vaya a casa, ha pasado algo. Tú también. Eh, mira, no te olvides de esto, es muy importante, quiero que saques a Jasper de la mansión cuando llegues y que le digas a Carlisle que se lleve todo su material a casa.

-¿Pero qué ha pasado? –una risa irónica coreó el tono seco de su hermano. –No me digas que te has herido.

-Acabo de encontrarme a una chica en la calle, date prisa por favor. Más prisa de la normal, quiero decir. No sé si aguantaré mucho.

Con las manos temblando cerró el teléfono y subió al asiento de conductor de su coche. Decidida a no respirar, se abrochó el cinturón de seguridad y cambió la marcha del coche.

Aquella noche el Mercedes de Carlisle Cullen infringió las normativas de circulación referentes a la velocidad por primera vez en varios años.

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Jasper contrajo el rostro en un rictus descontrolado y se levantó del sofá. Sus piernas se flexionaron y su mirada, ahora negra como el carbón, se clavó en el cuerpo de Alice, quien estaba sentada con las rodillas abrazadas en un rincón de la sala, seguramente intentando ver si eran un peligro para la humana que había traído a su casa.

El primer rugido que Jasper soltó nació de sus entrañas, abrasadas por la ponzoña que le estaba quemando la garganta. Las aletas de su nariz se dilataron y dio un paso hacia delante, descontrolado. Rosalie, sentada cerca de él, apretó la mano de Emmett en un gesto de tensión. El moreno le miró durante una fracción de segundo, lo bastante largo para ellos dos que hizo que él se levantara y pusiera su mano encima del hombro de Jasper.

Este hizo un rápido movimiento con el que se deshizo de ella y se acuclilló en el suelo, reprimiendo la intensa sed de sangre. Pero no contó con la fuerza de Emmett, que cogiéndole del brazo derecho hizo que retrocediera sin mucho esfuerzo.

Ambos se miraron y Jasper curvó la comisura de sus labios en una mueca terrorífica, enseñando los dientes e intentando deshacerse de Emmett. Sus cuerpos volvieron a chocar y el ruido fue tan ensordecedor que Esme dio un brinco involuntario y los miró a los dos, entre disgustada y preocupada por Jasper.

Rosalie se levantó, dispuesta a ayudar a su marido, y su brazo se aferró al izquierdo de Jasper, que seguía revolviéndose contra su hermano clamando la sangre de la humana que descansaba en el piso superior con Carlisle.

Cuando los tres llegaron a la puerta de casa se cruzaron con Edward. Éste bajó la mirada ante la actitud de Jasper, murmurando algo que los demás no llegaron a escuchar mientras entraba en la mansión con el maletín de Carlisle y subía las escaleras hacia la habitación de invitados, que era donde estaba la chica.

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-¿Tiene otras opciones?

-Aún no lo sé.

Edward no era una mala persona. Ni siquiera era un mal hijo y nunca le había dado a Carlisle un motivo para arrepentirse de haberlo convertido. Hubo una época en la que Edward se fue de casa y Carlisle pensó que le había perdido. A veces pensaba en cómo habría sido todo si su hijo no hubiera vuelto a casa, con él y con Esme.

-Has limpiado su sangre –dijo el más joven mientras su mirada caía en el bote de cristal que había en una esquina de la habitación, lleno de vendas y algodones empapados en toda la sangre que Isabella había perdido.

"No lo mires"

El pensamiento de Carlisle no hizo más que ayudarle a no poder apartar la vista del objeto. Sintió la ponzoña recorriendo cada milímetro de su garganta, burbujeando para soltarla. Sus ojos llamearon como nunca antes lo habían hecho y apretó levemente la mandíbula, tragando con dificultad. El veneno le quemó el estómago y sintió como si acabara de recibir un poderoso golpe en la cara.

La esencia de la joven chocó contra su nariz y le perforó los sentidos, aturdiéndolo. Se clavó en el suelo, decidido a no dar ni una muestra de sed delante de su padre a pesar de que sus ojos habían pasado de un moderado color miel a un negro carbonizado.

Isabella Swan acababa de intoxicarle con su mera presencia.

-Aún se respira su esencia, contra eso no puedo luchar –contestó Carlisle, como adivinando sus pensamientos y volvió a tomar el pulso a la humana, preocupado. -¿Cómo está Jasper? Antes le oí peleando.

"Pobre muchacha, ojalá no sea demasiado tarde"

-Fuera, con Rosalie y Emmett –Edward apretó tanto las manos conteniéndose que sus nudillos parecieron rocas labradas en mármol. –Su esencia es…

-Deberías salir. "Porque sabes que no puedes aguantar"

-Puedo aguantar –aseguró Edward a la par que cambiaba de posición, cruzando firmemente los brazos sobre su pecho y apretando la mandíbula. En sus ojos llameó la clara atracción que sentía por la sangre de la muchacha.

-Sal, Edward –la voz de Carlisle fue clara y su petición concisa.

Molesto porque su propio padre no confiara en su autocontrol, el vampiro se levantó de la silla y cruzó la habitación hasta llegar al umbral de la puerta, pero antes de cruzarla, la voz de Carlisle hizo que se girara de nuevo:

-Eres mucho más fuerte de lo que tú crees.

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-Muchas gracias. De verdad –la voz estrangulada de Charlie Swan se coló por la puerta entreabierta de una de las salas del hospital. Bella giró la cabeza con lentitud mientras abría los ojos y se quedó mirando las sombras que desprendían los cuerpos de Charlie y el doctor Cullen.

-Intentamos traerla lo más rápido que pudimos al hospital. Necesitará quedarse un par de días más hasta que veamos señales de mejora –el contraste de la voz áspera de Charlie con la melodiosa de Carlisle era más que evidente.

-¿Puedo hablar con su hija Alice? Me gustaría… agradecerle… -carraspeó nervioso. –La madre de Bella llegará pronto, ¿podremos quedarnos con ella aquí? Sé que…

-Claro, hablaré con las enfermeras.

Sentados en unas butacas al final de aquel pasillo, Edward y Alice Cullen miraban a su padre hablar con el jefe de policía Swan. La morena se había empeñado en ir a hacerle una visita a Isabella y al no querer llevar con ella a Jasper arrastró a Edward consigo, a pesar de que el vampiro debía de realizar un esfuerzo enorme para no correr y saltar desde la ventana que daba a la calle, para huir de la esencia cálida y apetitosa de la chica.

-Si aprietas más el reposabrazos lo romperás –murmuró Alice y sonrió levemente. "Jasper dice que te pasa algo"

-Un respeto a tus mayores –dijo él, cerrando los ojos y llevándose una mano al rostro para luego masajearse el puente de la nariz. Recta, perfecta.

El olor a muerte y a vejez inundaba el pasillo. A su vez, un fuerte aroma a pastillas y jarabes hacía que ambos hermanos no pudieran evitar arrugar la nariz de vez en cuando"

-He estado hablando con Rosalie. Dice que deberíamos buscar a esos tipos. "Para que esto no se vuelva a repetir"

-¿Y masacrarlos?

-Cuestión de principios –masculló, expectante. –Vamos, Edward. Será divertido. "Tuviste tu época de justiciero hermanito, y esto valdrá la pena"

-¿Matar a más gente? ¿Meternos en más líos? Ya nos miran mal aparentando ser normales, Alice.

-Vale. "Tampoco eres imprescindible"

Se quedaron en silencio de nuevo. Metros más allá un celador usó desinfectante para eliminar las manchas de sangre que había cerca de quirófano y eso molestó increíblemente a Alice, y que frunció el ceño, molesta porque en vez de mitigar el olor lo que hacía era aumentar la llamada de la sangre.

Hicieran lo que hicieran siempre estarían encadenados a un círculo vicioso.

Carlisle se separó de Charlie Swan y se acercó a ellos dos pero un estrépito hizo que se parara a medio camino para girarse. Una mujer alta, de pelo castaño oscuro cruzó el pasillo y Charlie perdió la compostura. Su rostro se contrajo y la mujer lo abrazó fuerte, escondiendo la cabeza en el hueco de su pecho que parecía hecho a medida para ella. Reneé hipó descontroladamente y preguntó por su niña, haciendo que Charlie abriera con cuidado la puerta de la habitación en la que se encontraba.

Alice cerró los ojos mientras escuchaban en silencio, ella y Edward, los llantos de la mujer que maldecía a los que le habían hecho eso a su hija.

-Les destrozaremos, Edward –susurró, levantándose. –Sólo será cuestión de tiempo encontrarlos. "No hace falta beber la sangre de nadie, ¿sabes? Sólo romperles el cuello"

Carlisle la miró marcharse y dirigió una mirada inquisitoria a su hijo. Edward se levantó también. Si aún fuera humano diría que se encontraba embotado, mareado por la esencia de Bella Swan. Una esencia intoxicante, abrumadora, se extendía por todo el hospital y que anulaba el olor de todas las sangres que se concentraban en aquel pequeño centro, consiguiendo hacer prevalecer la suya.

Tenía que marcharse de allí si no quería cometer una locura.

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Mmm. ¿Hola? Hola, sí xD. Llego días preparando este capítulo y Merlín sabe lo que me ha costado publicarlo. Gracias a mis dos betas por leerlo y decirme las correcciones oportunas, a pesar de eso creo que sigo teniendo mal muchas cosas xD.

No sé cuándo podré actualizar, lo aviso ahora. Ahora empiezo exámenes de febrero en el instituto y no sé, quiero tener una buena media. De todas formas, los que me conocéis sabéis que no me paso años sin actualizar, sólo lo bastante para tener un buen capítulo que subir.

Y poco más. Espero que os haya gustado y RR. Críticas, tomatazos, lo de siempre.

El otro día leí un fic en el que la autora prometía besos de Edward y los demás Cullen si le dejaban RR. Yo… bueno xD, no prometo eso, pero vamos… me dejó wtf totalmente.

¡Sólo dadle al GO!

.wirhaven.