Es importante tener puntos de referencia. Eso da una distancia de las cosas. De ahí que se puedan hacer apabullantes deducciones o una mente brillante se convierta en un dios aniquilador. No hay un secreto detrás de ellos sino los puntos de referencia sobre los cuales sus cerebros humanos han podido distinguir una distancia entre lo común y lo extraordinario para con ello establecerse como seres superiores a la media humana, convirtiéndose en objetos de culto por sus más cercanos seguidores con la conveniente rivalidad y las desgracias que ello acompaña.

Pero es divertido, el juego de ver quien puede más, si la ley todo poderosa dirigida por una mente depravada o si la suerte divina guiada por la pluma de una juventud deseosa de poner el mundo a sus pies. La ventaja de tal duelo de titanes es que las miserables cucarachas quedan descartadas y pisoteadas por estos gigantes ególatras megalómanos. ¿Estará correcta la definición? Bueno, nunca me han interesado aquellos detalles tan superficiales.

Más vuelvo al asunto de los puntos de referencia. Por ejemplo, el famoso detective L se pavonea de ser la justicia del mundo con asombrosos casos resueltos donde nadie tenía ya esperanzas, como un mesías policíaco que puede proteger al mundo dondequiera que esté. Y lo hace muy bien el bastardo inteligente. Claro que ello lo separa de la sociedad que tanto intenta proteger con ansia sin igual. Él mismo se discrimina y aísla para cumplir con tan honrosa labor de sabueso internacional con sabor a Interpol. Nadie refuta sus métodos por muy chocantes que éstos sean porque finalmente al terminar el día se dan las cuentas claras del porqué de su proceder mientras los culpables van camino a la prisión. La justicia se ha hecho. Oh, Watari, que bien has entrenado a tu perro.

Y ahora lo referenciamos con el autonombrado dios Kira. Mira que este chico es tan hábil que puede restregar su trasero en las narices de L y éste solo puede oler sus flatulencias asesinas sin poder levantar su pálido pulgar con el fin de señalarlo como el gran culpable que ha prometido llevar a la silla eléctrica, ¿si es la silla o la cámara de gases? Bueno, el caso es que lo matará bajo el yugo de la ley implacable y equitativa. Y tiene una libretita del país de los Shinigamis con la cual ha puesto en jaque a todo el mundo incluido el famoso detective L quien ya debe llevar más de dos canas pensando como al fin decir "Eureka, éste es Kira" sin morir en el intento.

¿Quién es más astuto de los dos? ¿El ya veterano detective L o el joven pero implacable Kira? Ni la mejor serie de televisión podría tener más alto rating de audiencia que estos dos que además están juntos como el perfecto matrimonio que son. Solo faltan los hijos para completar el hogareño cuadro de perdición. Esas son las dos referencias que tengo, y son muy buenas. El mundo se ha dividido en ellas con una asombrosa aceptación que no deja lugar a medias tintas, o eres un L o eres un Kira. De ahí en fuera estás perdido y tu lugar en el mundo se esfuma como las esperanzas humanas al momento de alcanzar un sueño. Es forzoso que tu vida esté guiada bajo alguno de los dos dioses que gobiernan el planeta Tierra porque de lo contrario eres una miserable cucaracha que será aplastada en el juego de vencer o morir.

Afortunadamente para mí, ya he muerto. Así que no cuento más en ese estúpido jueguito de ser un títere de L o de Kira como si mi vida fuera lo suficientemente patética para necesitar de una adoración ciega hacia dos bastardos que solo se ocupan de ellos mismos fingiendo que están haciéndole un bien a la historia de la humanidad con ello.

Por cierto, soy más inteligente que esos dos juntos donde ya he localizado donde se encuentran, qué hacen y quienes son… aunque llevaba cierta ventaja. Ya conocía a L. Y mientras se rasgan las vestiduras en sus dramas del gato y el ratón yo me erijo sobre ellos con algo mejor que su tonta libretita Shinigami. Porque yo soy… Beyond Birthday.