(N/A) Sailor moon y cia. le perternesen a Naoko Takeuchi. La historia es mía.
Prologo
¿Cuál sería la última persona con la que estarías?
Para ella eso está más que claro: Su arrogante y egocéntrico vecino.
Pero una vez cruzada la línea que divide el amor del odio
¿Podrá volver a mantener distancia?
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Como Diamantes en el Cielo
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Capítulo I
New York, . 27 de Junio 2007
Caminaba tranquilamente de regreso a su casa, mientras el crepúsculo le regalaba una docena de colores vivos y relucientes que llenaban sus ojos de existía belleza.
Corrió su larga cabellera lacia sobre su hombro derecho, así la suave brisa refrescara su cuello. Aquel día el sol había decidido azotar a la ciudad con un calor sofocante. Afortunadamente ella había salido con un vestido negro con flores blancas de una tela sumamente ligera que acariciaba su juvenil cuerpo.
Solo le faltaba media cuadra para llegar a su casa, cuando vio aquel costoso automóvil negro estacionar en la vereda de la casa vecina.
¡Qué suerte la suya! Lo único que rogaba en todo el día era no ver a ese idiota. Pero su suerte era otra y no podía hacer nada para cambiarla. Para su desgracia rutinaria, su casa estaba al lado que la de él.
Él se quitó las gafas de sol que llevaba y sonrío al ver como aquella joven de veintitrés años caminaba sin siquiera dirigirle la mirada, observando cualquier cosas menos a él. Arrogantemente, subió a la vereda para colocarse en el medio, siendo un obstáculo. La muchacha quien miraba "distraída" los jardines de sus vecinos, volvió la mirada a su camino para encontrar aquellos obres azules altaneros y media sonrisa orgullosa. Intento ir por el lado izquierdo, pero como una sombra él se movió al mismo tiempo. Trato con el derecho y el resultado fue el mismo. Lo miro molesta mientras él mantenía la misma expresión soberbia.
- ¿No encontraste a nadie más para molestar, Darién?- consulto la joven ya harta de su jueguito.
- Esta muy iracunda hoy, pequeña- opino sin borrar su sonrisa.
Lo empujo un poco para darse paso, ocasionando que su cabello se deslizara hacia su espalda nuevamente, y seguir con su camino a casa.
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Entro a su loft del segundo piso, dejo los zapatos planos cerca de la puerta y camino descalza por el oscuro lugar hasta que llego al interruptor. Hacía tres años que vivía en Manhattan, desde que decidió dejar la tranquilidad de su vida en Newport para estudiar y trabajar.
Estudiaba artes en la prestigiosa School of Visual Arts y aunque los instrumentos eran algo caros para una muchacha de su clase social, era su vocación. Además, le quedaba poco tiempo para recibirse. En lo laboral, trabajaba en una Bar nocturno que era muy visitado por gente joven. No le pagaban una fortuna pero alcanzaba para la luz, agua, gas, y otros miles de gastos del hogar.
El apartamento se encontraba en el hermoso pero muy costoso barrio de SoHo y pertenecía a su rica madrina, quien en esos momentos residía en Lyon. Esa era la razón por la cual no pagaba alquiler y estaba ubicada en una zona de clase alta donde todo estaba a su alcance fácilmente. Pero incluía desafortunadamente al imbécil que tenia de vecino.
Se preparó un té, subió a su habitación con la intención de cambiarse para ir a trabajar. Debía entrar en una hora, así que se dispuso a prepararse. Camino hacia su ropero que abarcaba toda una pared y deslizo las puertas para observar su ropa. Saco de un cajón una pollera de jeans gris ya que hacía mucho calor para estar de pantalón, una blusa romántica blanca de cuello en "u" con un pequeño escote en el medio que se podía cerrar gracias a tres botones, unas zapatillas simples de color negro. Cepillo su largo cabello dorado para evitar cualquier nudo y se maquillo un poco. Tomo un bolso de color negro que se encontraba en una silla cercana y metió en el todo lo que creía necesario.
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Abrió la puerta del local para ver cómo había poca gente dentro de él. Saludo a su mejor amiga y compañera Lita con una perlada sonrisa y fue directo hacia una puerta que estaba detrás de la barra de tragos. Saludo amablemente a los cocineros y fue hacia el baño de mujeres para guardar en su casillero su cartera. Una vez que regreso a la parte delantera, comenzó a atender las mesas que se ocupaban.
Darién se encontraba en su loft, feliz de haber culminado un nuevo día de trabajo. Su padre recargaba todo sobre su espalda ya que era hijo único, y por lo tanto, heredero absoluto de tu vasto imperio. Cuando había comenzado a trabajar a su lado, su madre le había dicho que solo sería así al principio, pero después de seis años descubrió que solo era una mentira piadosa.
Fue al refrigerador y saco una lata de cerveza rubia. Sin molestarse en servir en un vaso, tomo de la misma mientras caminaba desganado hacia la sala de estar para ver un poco de televisión.
Reflexionó su día. El viejo Shields le había estado mandando indirectas desde hacía una semana, pero ese mismo día le había confesado que deseaba que sentara cabeza de una vez por todas ya que tenía veintisiete años, y sabía cuál era su elegida. Rei. La audaz abogada de su padre era apenas dos años menor que él, pero parecía una fiera indómita cuando se trataba de ganar. Realmente eran muy parecidos en carácter y físico, al punto que podrían confundirlos por hermanos. El cabello tan ébano como él, atractivos obres azules, rostro aristocrático, piel de un suave tono dorado, cuerpo que cualquier mujer envidiaría y provenía de una de las mejores familias, amiga de la suya. En simples palabras, perfecta.
No le molestaba demasiado aquel atrevimiento ya que en su vida personal no había ninguna mujer en serio, solo una seguidilla de mujeres para calentar su alcoba cada noche que el deseara compañía. Algo en los ojos desafiantes de Rei le decía que sería espectacular en la cama.
Una vez que termino de atender a todas sus mesas, se reunió con Lita quien aguardaba en la barra. Desde ese lugar podrían conversar y estar atentas de los clientes.
- ¿Cómo estuvo tu día, Serena?- consulto mientras daba un trago a su fresca limonada.
- Tranquilo- le sonrío encogiéndose de hombros mientras recibía su vaso del cantinero- Gracias Andrew.
El joven de cabellera rubia y ojos de brillante verde le sonrió para continuar con la elaboración de otros tragos que tenía aún pendiente. Las jóvenes conversaron por unos minutos hasta que debieron volver a sus puestos.
Una vez que se cumplió la hora de cerrar, acomodaron el lugar y esperaron a que Andrew fuera por sus cosas, los demás empleados ya se habían retirado cinco minutos antes.
Se reunieron en la puerta, ambas le preguntaron por su notable cansancio y Andrew les respondió que dos días tendría el examen final de una de las materias de su carrera, arquitectura. Lita le recomendó que tomara más té verde, que era un poderoso antioxidante. Serena rió ya que su amiga tenía ese tipo de remedios caseros ya que su familia tenía una importante botánica y ella había aprendido el uso de hierbas e infusiones por su madre. De alguna manera, también le servía para su carrera de cheff.
Cuando llegaron al apartamento de Serena que era la primera en abandonarlos en el circuito, se despidieron y la rubia no perdió tiempo en entrar a su hogar velozmente. Como aquel era día de semana, trabajaban únicamente hasta la una de la mañana. Sin embargo durante los viernes, sábados y domingos solía hacerlo hasta las seis.
Camino por su cocina y se preparó un sándwich liviano para partir a su habitación cansada. Prendió las luces pero no pudo evitar tirar una silla y provocar un fuerte ruido.
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Se encontraba apreciando la ciudad desde la escalera de emergencia, cuando escucho un ruido extraño que provenía del piso de arriba. Sin pensarlo, comenzó a subir por la escalera hasta llegar al piso superior. Enfoco la vista en la silueta de la joven que se quitaba la blusa mangas cortas dejándola caer al suelo sin importarle que se ensuciara. Luego se quitó la pollera para caminar despreocupadamente de un lado a otro en ropa interior.
Sonrío ante el hermoso cuerpo que desfilaba solo para sus ojos. No hacía falta observarle en ropa interior para saber que tenía un cuerpo de lo más deseable, pero de esta manera podía apreciar a la perfección aquellos pechos medianos siendo encerrados en aquel sostén blanco o su redondo trasero perfecto seguido de sus largas y torneadas piernas.
Recordaba que cuando había llegado al barrio, le había encantado ese hermoso rostro femenino y juvenil. Aquel día, la había admirado desde la ventana de su hogar. No pudo apartar su vista de sus piernas gracias a que llevaba una pollera con una camisa blanca que llevaba tres botones desprendidos mientras guiaba a los de la mudanza que llevaban pocas cosas en el camión. Todo el mundo hablaba de su amabilidad y dulzura. Pero el disfrutaba ver como sus obres celestes contenían las ganas de soltar mil maldiciones contra él. Además, sabía que no le caía bien.
De repente, la joven se dio vuelta y descubrió su mirada fija en ella. Se quedó paralizada por unos segundos para luego dirigirse hacia un costado para esconderse de su escrutinio. Riéndose por lo bajo, Darién decidió retirarse hacia su loft donde lo esperaba su cama para continuar durmiendo.
Serena se encontraba apoyada entra la pared, al lado de la ventana, respiraba agitadamente mientras sus mejillas estaban furiosamente sonrojadas. La mirada de ese hombre había sido demasiado intensa, haciéndola sentir fuego en su cuerpo. Cuando por fin encontró el camisón de color negro, se lo coloco y cerró las cortinas sin ni siquiera mirar si aún estaba. ¿Qué mierda hacia allí Darién?
28 Junio 2007
Se cercioro de no olvidarse nada, tomo su gran bolso donde llevaba sus pinceles, lápices y otros materiales transportables. Tomo sus llaves, dio un último vistazo y se fue.
Bajo unas pequeñas escaleras de la entrada del apartamento, muy parecido al de Carrie en Sex and the city, y comenzó a caminar para ver que Darién se encontraba al lado de su automóvil vestido con su característico traje impecable para ir a su empresa. En cuanto cruzaron miradas, ella se sonrojo recordando lo de la noche anterior.
- Hola pequeña- la saludo con esa expresión entre arrogante y galante cotidiana- Me hiciste asustar anoche. Creí que alguien había entrado a robar con el ruido que venía de tu loft. ¿No quieres que te acerque a tu universidad?
- No, gracias- respondió sin mirarlo hasta que, como el día anterior, le tapara el camino.
Esa mañana sentía que no era igual que las anteriores. Él lo único que buscaba siempre era tratar de sacarla de sus casillas, cosa que nunca había logrado de manera verbal. Pero ese día la miraba de la misma manera que la noche anterior, sus obres eran más penetrantes de lo normal. Aquello la ponía nerviosa y lo único que tenia deseos era de huir.
- Debo irme, Darién- informo soltando un suspiro, apartando la mirada de él.
- Muy bien- respondió con su rostro tan serio como de costumbre.
Para su asombro, le dejo el camino libre para que partiera tranquila a sus compromisos. Lo miro sorprendida por la poca pelea que había mantenido aquella mañana y pasado por su lado siguió con su camino.
El solamente la miro marcharse, antes de subir a su coche. No le caía agradable a esa muchacha y no se extrañaba en lo más mínimo debido a las veces que habían peleado en el pasado.
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La música en la casa del joven Shields sonaba a máxima potencia debido a la fiesta que realizaba por su concurrido cumpleaños. Tocaron a la puerta y uno de los muchachos que estaba más cerca de esta la abrió.
Una pequeña joven entro en la casa con la única misión de encontrar al dueño del lugar para declararle su molestia pero no había podido evitar llamar la atención de los hombres del lugar ya que estaba vestida con un Jumper escocés celeste dos dedos por debajo de su precioso trasero, sin mencionar que la remera tenía un escote redondo demasiado llamativo.
Sin percatarse de que su ropa de entre casa, que solo usaba en el confort del hogar estaba causando estragos, camino decidida hacia donde estaba Darién junto a cinco mujeres descomunales que trataban constantemente de llamar su atención. Cuando encontró su mirada con la de él, este se apartó de su trivial charla ya que le llamaba la atención que estuviese allí y más vestida de esa manera.
- Pequeña- la miro- ¿Viniste a mi fiesta?
- No, vine a pedirte que bajes el volumen- dijo con una notoria molestia- Mañana tengo un examen importante y no puedo estudiar con tanto jaleo.
- No puedo hacer nada al respeto- se encogió de hombros- La gente se molestara.
Luego descubriría que aquella era la ocasión en la que Serena más se estaba aguantando el deseo de vociferar que pensaba de él. Lo supo por la expresión de su rostro.
- Te odio- fue lo único que dijo para darse la vuelta y salir del lugar aunque algunos hombres intentaron retenerla para que se quedara con ellos.
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Pero le interesaba poco lo que opinara de él su vecina. Solo le gustaba exasperarla como diversión. Nada más.
Una vez en la empresa, tomo el elevador hasta su piso y camino destilando arrogancia como siempre. Su secretaria le informo que Rei lo esperaba para hablar con él. Al entrar a su despacho la encontró mirando por la ventana. Aquel día llevaba un traje de color carmesí, su cabello negro atado en una cola alta. Lo observo con su típico rostro serio y ambos se saludaron cordialmente.
5 de Julio 2007
Serena regresaba agotada de un nuevo día, pero este había sido especial ya que una antigua compañera había llevado a la universidad a su hijo de apenas cuatro meses. Aquel bebé se había reído tan angelicalmente por las morisquetas que ella misma le hizo, que en el fondo de su corazón su sueño más profundo apareció nuevamente en su mente con intensidad. Quería una familia, deseaba tener hijos. Suspiro nostálgica al pensar en sus añoranzas. Faltaba demasiado para ello, ya que ni siquiera tenía una pareja.
Salió de sus pensamientos cuando estaba por cruzar la calle. Aguardo a que la señal le permitiera avanzar y continuó su camino en silencio.
Ambos tomaban un café en una confitería cercana a la empresa. Rei hizo una media sonrisa por el comentario que decía el hijo de su jefe. Aquella mañana se habían dirigido a hacer unas negociaciones en otra empresa apenas inferior que la suya.
- Me ha asombrado tu agresividad al negociar- admitió ella revolviendo su café gentilmente- Es la primera vez que tu padre te envía conmigo y me has dejado sin palabras.
- ¿Tan difícil de creer es que puedo ser tan hábil como el viejo?- consulto en tono de burla.
- Eso no fue lo que me llamo la atención, ya que lo sabía- respondió mostrando una inusual sonrisa- Sin embargo, nunca te había visto empeñado al punto del capricho, en el buen sentido.
Rei le estaba diciendo demasiadas cosas buenas en un solo día para que lo pasara por desapercibido. La reina de hielo no solía ser tan comunicativa en su cotidianidad ni mucho menos amable.
Sus ojos se encontraron intensamente, advirtiéndole que ella estaba cediéndole espacio en su terreno para avanzar. Para su suerte, Darién no era un hombre que pudiera dejar pasar una oportunidad tan segura.
Ella se encontraba tomado un jugo de naranja para reponerse cuando Lita regreso exhausta para recoger sus pedidos. Andrew le entrego los cinco vasos largos de diversos colores para que ella los acomodara en su bandeja.
Serena se percató que en una mesa la llamaban a su amiga y antes de que entrara en crisis por lo estresada que se encontraba, le informo que ella se encargaría del asunto.
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Los tres muchachos de traje aguardaban a que los atendieran. Habían tenido una jornada agotadora gracias a la presencia del hijo del Señor Shields quien era un hombre serio, imponente y arrogante.
- Debo decir que me sorprendiste al hacerle frente, amigo- le aseguro Yaten peinando hacia atrás su cabellera rubia oscura.
- Ese engreído piensa que es el dueño del mundo- aseguro el joven a quien le había hablado- Nunca dejaría que perjudicara los negocios de mi padre.
- Al final logramos que fuera un acuerdo bastante parejo- optimizo Taiki como era de costumbre.
Serena llego hacia la mesa cuando vio que Yaten levanta la mano en señal de que aún no habían sido atendidos. Los miro expectante de lo que iban a ordenar mientras sostenía una libreta para no olvidar nada.
- A mi tráeme una cerveza- dijo Yaten finalmente tras revistar la carta.
- Quiero un daiquiri multifrutal- sonrío gentilmente Taiki mientras ella anotaba veloz- me dijeron que los que hacen aquí son sensacionales.
- ¿Tu qué quieres, Seiya?- interrogo pero el solo observaba a la joven que los atendía.
Aquel día Serena llevaba una remera de color marrón, un pantalón capri de jeans desgastado y unas sandalias planas de un marrón un poco más oscuro. Su cabello estaba atado en dos trenzas que le daba un aspecto más inocente.
- Una cerveza- respondió saliendo de su transe.
Sin decir más, Serena les sonrío amablemente como era su costumbre y se fue para entregarle el pedido a Andrew. Seiya la siguió con la mirada, haciendo que sus amigos se percataran de ello.
- ¿Te gusto, verdad?- Yaten le sonreía malvadamente.
- Es muy bonita- acepto sabiendo que era mejor aceptarlo rápido ya que en ese sentido Yaten solía ser muy molesto.
Taiki secundo que era muy linda pero en su voz se notaba que no le interesaba demasiado. Yaten le ánimo para que tratara de hablar con ella, pero Seiya le respondió que no tenía cabeza esa noche para nada, y menos cortejo. Asombrosamente, ambos coincidieron que aquel día había sido infernal.
- Pero otro día… quien sabe- sonrío aun mirándola.
Se despidió de sus amigos y le deseo a Lita que se mejorara de su jaqueca. Se detuvo en la parte del hall donde se estaban los buzones de los cuatro pisos. Abrió con su llave el que decía "2" y encontró casi todos los sobres con las cuentas a pagar, ya que no había tenido tiempo antes de revisar su correspondencia. En tanto, sintió como la puerta se abría dando paso a Darién quien jugaba con las llaves de su automóvil. Lo ignoro completamente mientras terminaba de tomar la última carta que siempre tedia a atacarse en el interior del buzón.
Darién sonrío al verla esforzarse por sacar la carta atascada y se acercó hasta ella.
- ¿Demasiado para ti?- consulto una vez que estuvo a su lado.
Ella no se molestó en responderle para por fin logara su cometido. Aliso la arrugada carta un poco entre sus manos y miro a su arrogante vecino.
- ¿Tan tarde vuelves?- interrogo Serena en un tono que distaba el interés mientras llamaba al ascensor.
- Me quede entretenido en un asunto- respondió simplemente.
Metió sus cartas en su bolso de cuero marrón y busco la llaves de su hogar, distraída de lo que el hiciera.
- Las trenzas te hacen parecer de quince años- aseguro él- En lo particular, me gusta más como te queda el pelo suelto.
Su rostro mostró una mezcla de confusión y desinterés. No entendía aquel comentario, a ella no le interesaba su opinión de cómo llevar su cabello o en su imagen en general.
- Aja- dijo, mientras subía al elevador y presionaba el botón correspondiente a su piso- Si me disculpas, quiero comer algo y dormir ya que mañana debo levantarme temprano. Un consejo, dile a tu entretenido asunto que no te deje rouge en la mejilla cuando te bese- le recomendó- No querrás que tus otros asuntos se molesten.
Las puertas del elevador se cerraron mientras sentía la profunda carcajada de su vecino.
13 de Agosto 2007
Aquella mañana no había tenido clases, pero se había despertado temprano para limpiar su piso, ya que nunca tenía suficiente tiempo. Una vez que termino, cocinó un suculento almuerzo como hacía días no probaba.
Luego de almorzar y dejar la cocina limpia, se dirigió al baño donde preparo un baño con burbujas. Antes de entrar, coloco la música que había en su celular y se relajó con la dulce voz de Celine Dion.
Aprovecho para mimarse. Se colocó cremas en el cutis y baños de crema para el cabello. Cuando salió del baño, cubrió el cuerpo con su crema con olor a rosas, busco en el armario ropa linda, seco su cabello y se maquillo suavemente. No sabía porque se había arreglado tanto, pero en su mente la respuesta era que deseaba sentirse un poco más atractiva. Recordó que debía ir esa tarde al supermercado ya que su despensa estaba casi vacía. Tomo su bolso azul zafiro y se dispuso a partir.
Pero no llego muy lejos ya que Darién llegaba de su trabajo y la freno en cuanto la vio. El pelinegro se sorprendió al verla tan hermosa esa tarde. Llevaba una remera ceñida al cuerpo con unos personajes de la serie Charlie Brown, unos shorts de jeans claro que dejaban ver sus piernas esbeltas, una zapatillas converse de color azul y el cabello suelto dejando que el vaivén de su camina moviera.
- Pequeña, ¿Piensas llamar la atención de alguien esta tarde?- consulto con ambas manos en sus bolsillos- Porque si es así, tengo mucho tiempo disponible hoy.
Serena no se molestó en contestarle e intento continuar su camino pero él se lo impidió obstruyéndole el camino y tomando uno de sus brazos gentilmente. Molesta lo miro conteniendo las ganas de gritarle.
- ¿Qué quieres, Darién? ¿Acaso se te está haciendo una costumbre molestarme más de lo ordinario?- cuestiono irónicamente.
- Tú como siempre tan dulce conmigo- le sonrío aún más.
Ella si era dulce con todo el mundo, excepto con él. Sabía que se lo tenía totalmente merecido pero una vez le gustaría ver una sonrisa autentica de la joven hacia él. Aquella sonrisa que veía que les regalaba sin esfuerzo a todas las personas del barrio. No sabía ciertamente de donde nacía ese pequeño deseo, pero allí estaba en su interior. Palpitando lentamente.
- ¿Podrías dejarme ir de una vez?- suspiro cansada- Debo hacer muchas más cosas antes de ir a trabajar, a diferencia tuya.
Extrañamente, Darién sonrió más por lo dicho. Para su desgracia nunca lograba molestarlo de la misma manera que él a ella. Parecía inmune a sus ataques, en cambios los de él siempre tenían una certera puntería.
- Discúlpame entonces, pequeña- respondió sin el más mínimo tono de arrepentimiento- No sabía que tu vida era tan acelerada.
La dejo ir, dirigiéndose a su casa sin prestarle más atención como si súbitamente ella fuera lo más aburrido del mundo. Lo miro entrar al apartamento para recién reaccionar y continuar con lo que tenía planeado. No sabía que era lo que buscaba al molestándola pero estaba segura que Darién prefería primero muero antes de decírselo.
Continuara...
