Nacieron el mismo día, a la misma hora y al mismo tiempo.

Un niño, destinado a convertirse en un gran guerrero, con unas habilidades a que corto tiempo se abrirían a temprana edad, excepcional y extraordinario, todas esas facultades y habilidades destinadas a un solo fin, protegerla.

Una niña, hermosa desde el nacimiento, un pequeño bebé frágil, cálido y sonrosado, extrañamente con unos hermosos y grandes ojos como el desierto, abiertos desde el primer momento, destinada a ser una belleza sublime, la cual despertaría guerras, muerte y desolación por obtener no solo su belleza, sino el poder que venía oculto en ella.

Capitulo 1: Akane Tendo.

''El hogar es donde tu corazón es de piedra, es donde vas cuando estás solo, es en donde van a descansar tus huesos…''

Antes que los dioses bajaran a la tierra a corregir el corrupto camino en el cual la raza humana se había encaminado, guerras, innumerables muertes, desigualdad, la falta de humanidad, crueldad, por eso como último recurso depositaron en el vientre de determinadas jóvenes un pequeño ángel, conocidos prontamente como anjanas, por sus características físicas y ese misterioso poder que se murmuraba entre los pueblos.

Las habían moldeado cual imaginación tenían, tan preciosas, tan hermosas que la vista dolía de solo verlas, pero al mismo tiempo tan amables, tan dulces e inocentes como decididas, fuertes y con un agudo sentido de la justicia. Cada una de aquellas muchachas tendría un don especial que serviría para traer nuevamente la paz y la armonía al mundo pero que sin embargo solo podría activarse cuando se enamoraran de un hombre, un hombre humano, pues ello significaría que, aún en un mundo corrupto, era posible tener fe…esperanza. Ya que si seres tan idílicos podían amar a un ser humano, entregarse a un ser humano manchado, aún era posible encontrar la paz.

Sin embargo los dioses vieron con suma tristeza como aquellas jovencitas que habían creado con el anhelo de generar un cambio y consciencia, eran peleadas, vendidas y hasta repudiadas por su belleza. Vieron como eran explotadas hasta la muerte para despertar el poder oculto que tenían, sin éxito. Las vieron marchitarse como una flor…los dioses temieron, tuvieron miedo por ellas, y aún más vieron con horror como cada una de ellas iba murieron joven y sin amor, nunca pudieron amar a un hombre, como una mujer ama a un hombre, sus esperanzas fueron cayendo…y con un ultimo aliento de fe en la humanidad, bajaron del cielo, buscando mujeres de corazón noble y puro…hasta que las encontraron en Japón.

Okinawa, Osaka y Nerima. Tres pequeños pueblos separados entre sí, cada uno tenía un señor feudal, joven, recién casados, cada uno con una hermosa mujer, cada una distinta pero preciosa, con un noble corazón, características que podrían ayudar a su fin.

Cuando cada mujer se fue a dormir, los dioses se repartieron y entraron en el sueño de cada una de ellas…Donde le susurrarán como un pequeño poema cual era su destino, su misión…

''Dentro de tu vientre un pequeño tesoro vamos a dejar, la última existencia que dará luz al juicio final…escóndela, protégela, y amala, mantenla alejada de la mano de la crueldad hasta que a los diecisiete sus alas abrirá…son tres, tres, tres, las últimas en nacer''

Y así fue que los dioses depositaron en el vientre de aquellas tres mujeres, su última esperanza.

Las nobles mujeres despertaron aquella noche después de la intromisión sudando, con el corazón en la boca y unas inmensas ganas de llorar, no solo por ellas y por la humanidad, sino por el que sabían sería un dificultoso camino a su pequeño bebe creciendo en su interior.

Con un amor inmenso y una paciencia que solo la sabiduría puede traer, cuidaron su vientre por largos nueve meses, convenciendo a su respectivo marido sobre las circunstancias especiales en las que nacería su primera hija, su primogénita…con un orgullo y valor que solo se puede apreciar en hombres con honor, se prometieron a su esposa, cuidar y proteger de la pequeña criatura que venía en camino, lo ocultarían de la sociedad, hasta que la profecía se hiciera la realidad.

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El tiempo paso, y el momento de dar a luz por fin llego. En una noche tormentosa, negra como ninguna otra. Lluviosa como si el cielo llorará por el bienestar de las pequeñas que ya se encontraban en proceso de parto.

Con cada grito de aquellas mamás, un trueno se hacia escuchar a través del oscuro cielo, con cada contracción la lluvia caía con más fuerza, el sudor bañaba el cuerpo de aquellas mujeres, sujetando con fuerza la mano de su respectivo marido. Pujaban, una y otra vez.

Hasta que el primer grito, fuerte y sonoro anunciando el comienzo de una nueva vida, se escucho, y atravesó el manto negro que cubría aquella noche y con su grito cesaron los truenos.

Había nacido una pequeña con achinados ojos como su madre, una respetada y honrada mujer proveniente de la tribu amazona, y de un extraño color rosado oscuro e imposiblemente hermosa para ser una recién nacida.

Xian-pu, la primera. Nacida en Okinawa.

El segundo grito, más calmado y suave, acuno la incesante lluvia que parecía no tener fin, de un momento a otro, ninguna otra gota volvió a caer. Una pequeña de unos preciosos ojos azules como el mar, de un buen peso, fuerte y encantadora.

Ukyo, la segunda. Nacida en Osaka.

Nació la última, disipando las nubes que escondían una maravillosa luna llena, la cual llenaba con su tenue luz todos los rincones oscuros que antes estaban sumidos en la oscuridad por la terrible tormenta.

Fue cuando uno de sus rayos alcanzo a iluminar la habitación donde se había dado luz a la última de las tres, sin embargo a diferencias de la ultimas dos, esta pequeña no lloro, en cambio salió silenciosa y sumisa del vientre de su madre, y a penas pudo abrió sus sub- realistas ojos como el desierto, de una extraña mezcla de la miel y el chocolate juntos, tan grandes y expresivos que era imposible que fueran humanos.

Akane, la tercera. Nacida en Nerimia

La agotada madre pero con una tenue sonrisa imborrable de su rostro, acuno a su pequeña bebé en su pecho, abrazándola con amor, le susurró:

''Bienvenida Akane, yo soy tu mamá''

Y lo que se escucho fue una hermosa y melódica risa, que erizo la piel de todos, incluso de los dioses, embelesados con aquella hermosa criatura, tan frágil y sonrosada, con unos ojos demasiado expresivos para una recién nacida, tan bondadosos e inocente y tan inteligentes.

Hipnotizados y esperanzados miraban a las tres criaturas que habían creado, tenían todo para cumplir la misión que se les había dado en este mundo. Una familia acomodada, padres con un objetivo claro; protegerlas y los dones que ellos mismos les habían otorgado, no obstante todo, no se sentían seguros…era primordial tenerlas a salvo, mantenerlas protegidas, no podían dejar de existir, si una de ellas moría antes de completar su misión, entonces el mundo se iría al mismo infierno, tendrían que castigar a la humanidad, por que aquello significa que no tenían salvación.

Entonces una pequeña idea fugaz cruzo como un cometa la mente de uno de ellos, iluminándola.

El hombre del cual se enamorarán iba ser el destinado a protegerlas pero mientras aquello no sucediera deberían velar por su seguridad. Así que cada uno busco una cría de animal recién nacida, otorgándoles poderes y consciencia sobre su deber y obligación, proteger a su ama asignada hasta que se enamoraran y pudieran unirse al verdadero protector, volviéndose uno con él.

Mientras, el esperado hombre no apareciera, crecerían protegidas por los espíritus de antiguos yokais, los cuales tendrían que dar su vida antes de permitir que algo les pasara a ellas.

A Xian-pu, a los pies de su cuna, le dejaron un pequeño gato color crema al cual contenía en su interior el poder y el espíritu del antiguo Bakeneko, calculador y frío, con habilidades sobrenaturales tales de cambiar de identidad e incluso de forma, con la extraordinaria habilidad de resucitar a los muertos enlazado con la habilidades y destino que en especifico le habían encomendado a la pequeña.

A Ukyo al lado de su almohada, donde descansaba dormida su diminuta cabeza, depositaron un pequeño perro negro con los poderes y espíritu del antiguo Inugami el cual por naturaleza era invocado para llevar a cabo venganza o ser un guardián protector, con una fuerza desmedida y agilidades que salvarían a Ukyo en el peligroso camino que le esperaba.

Por último a la pequeña Akane, encima de su diminuto pecho posaron a la cría de zorro introduciendo en su interior el espíritu y poder de un Kitsune de nueve colas, sabio, manipulador, persuasivo y con la capacidad de ser lo que sea necesario, el perfecto compañero para la mas importante de las tres.

Así con la esperanza entre las manos y la ilusión de que el mundo que habían creado no tuviera que llegar a su juicio final, ascendieron al cielo; esperando, observando, soñando con que la maldad de una guerra insana, llena de ambiciones y deseos egoísta llegará a su fin.

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Esa misma noche, en una cabaña vieja, abandonada y sucia, una mujer pujaba con todas sus fuerzas, bañada en sudor y con una expresión de dolor en su rostro, de sus labios salían una y otra vez súbitos gritos de esfuerzo mientras era atendida con escasos recursos por otra mujer que hacia todo lo posible junto al futuro padre de atender a la frágil mujer.

Hasta que por fin, reino en la noche, al mismo tiempo que las nubes se disiparon, la luz de la luna llena alumbrando el rostro del pequeño varón que se anunciaba al mundo con un gran y potente grito.

Robusto, grande y lleno de vida.

''Ranma…'' – susurró Nodoka viendo con ojos llorosos de felicidad el rostro de su primogénito, el descendiente que seguiría la práctica y enseñanza de la escuela de combate ''estilo libre''.

''Es un muchacho…es mi muchacho, bienvenido a la vida Ranma''-envolviendo en brazos a la criatura lo acerco al su madre para que pudiera verlo mejor.- ''Es nuestro muchacho''

''Gemma, Nodoka esta perdiendo mucha sangre, tenemos que detener el sangrado''- fue como si el tiempo se hubiera detenido para el, miro horrorizado la expresión de cansancio de su esposa y como luchaba por esta por acompasar su respiración.

Las manos del gran hombre temblaron de pavor de solo imaginar lo que podía sucederle a su queridísima mujer, la única que había amado en toda su vida. Iba a dejar a su primogénito en la improvisada cuna que había arreglado cuando sintió la mano de su mujer sobre su brazo demandando su atención, giro su rostro para poder mirarla aun con el niño en brazos.

''Gemma…no…- le dijo, mientras que con su mirada le transmitía que ya no era posible, sus momentos con vida estaban contados en unos escasos minutos, mientras la sangre no dejaba de fluir en ella.- Ranma…- Entonces el lo entendió y con lágrimas silenciosas cayendo por sus ojos, coloco con suavidad al pequeño bebé sobre su pecho- prométeme Gemma, prométeme que harás de Ranma el mejor guerrero, un hombre hecho y derecho, un hombre entre hombres, con honor…y…y….- de repente los ojos de la dulce mujer parecieron ver algo más allá del rostro de su marido y como si estuviera viendo el futuro lejano de su hijo, susurró.- que la encuentre.

Extrañado, Gemma miro a su mujer sin comprender, sin embargo esa confusión duro un lapso de segundo al ver como los ojos se le iba la vida, como sus ojos se apagaban y como su respiración cesaba.

Nodoka Saotome había muerto.

Solo quedaba el triste y desamparado rostro del artista marcial sujetando a su único y último hijo con fuerza.

-''te lo prometo mi amor, haré de Ranma el mejor artista marcial del mundo con las mejores habilidades que tus ojos hubieran podido ver, es una promesa''- murmuro solemne con silenciosas lágrimas cayendo por su rostro.

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17 AÑOS DESPUÉS

Se esparció el rumor durante 17 años que tres mujeres habían engendrada a las últimas de la raza de las anjanas, desesperados los grandes señores feudales por ganar la guerra ordenaron buscarlas por cielo, mar y tierra hasta encontrarlas, querían usar su poder para poder ponerle fin a la terrible batalla que durante años se venía desarrollando, estaban desesperados, cada vez tenían menos hombres, menos armamento, menos comida, además, el invierno se acercaba y prometía ser uno de los más crudo, de repente para los grandes señores tener el poder de las últimas tres anjanas era primordial.

Sin embargo como si de solo una leyenda se tratará no habían podido nunca dar con ellas, tan bien escondidas y guardadas del mundo, de las manos humanas, que el murmullo de su existencia se fue desvaneciendo lentamente hasta convertirse en un sueño del cual aquellos hombres ambiciosos y malos no querían despertar.

El más ambicioso y peligroso era uno de los mayores señores feudales, Kuno Tatewaki, era conocido por su crueldad y maldad, el no se detenía ante nadie ni nada, y junto con su mano derecha, el también conocido y temido ninja Sasuke, el que llevaba a cabo lo más temibles y horripilantes planes de su señor.

Kuno nunca se dio por vencido y envió a Sasuke a buscar por los confines de Japón a las 3 ultimas anjanas de las que tanto se rumoreaba, hasta que por fin después de 17 años, sasuke encontró pistas sospechosas sobre el asentamiento de estas 3 chicas, las últimas de su raza.

Sasuke le informo a su señor que en tres pueblos alejados de la capital, Tokio, existía el rumor que 3 muchachitas, hijas de tres distintos señores feudales, jamás habían sido vistas por el pueblo, se habían educado en casa, y solo pocas personas de extraordinaria confianza conocían el rostro de aquellas muchachas, las cuales se decía tenían una belleza de infarto.

Kuno, interesado por la información, mando a su fiel sirviente a inspeccionar aquellos lugares y traerlas delante de el. Una por una, hasta tenerlas en su poder. Le facilito un grupo considerable de ninjas de alto rendimiento como el, y al despedirse les dijo ''las quiero vivas''.

Kuno no lo decía, pero aparte de aprovecharse del poder de aquellas mujeres que casi eran leyendas, irreales, también quería aprovecharse de sus cuerpos, si eran tan hermosas como decían, Kuno las quería para su propio provecho personal en todos los sentidos de la palabra.

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El señor Sound Tendo, junto a su querida señora, era respetado y honrado en todo el pueblo de Nerimia. Un hombre justo y con un honor intachable, el cual se había ganado el cariño de la gente tras asumir el poder hace 17 años atrás a causa de la muerte de su padre.

Sin embargo, el señor feudal, tenía un pequeño secreto que se rumoreaba entre los campesinos del pueblo. Su primogénita nunca había sido vista por ninguna persona del pueblo, en contraste con sus otras hijas, Kasumi y Nabiki, que paseaban e interactuaban con las personas con una gracia y elegancia propia de una princesa. Se decía en la localidad que el señor feudal no había dejado mostrar a su hija ante el publico por la única y espantosa razón de que era una de las ultimas tres, de la profecía de las anjanas que traerían destrucción y caos en el mundo.

Los campesinos rumoreaban y se asustaban cada vez más, no entendían como era posible que el Señor les guardará un secreto así, hasta que por fin, después de 17 años, el hablo.

Ese día se empezaba a notar los primeros saludos de lo que se decía sería uno de los más crudos inviernos. La gente era supersticiosa y asustadiza y como tal, le temían a todo aquello que les era desconocido.

Por eso, aquel día en que Sound Tendo anuncio que recibiría a cada uno de los hombres del pueblo que fueran jóvenes combatientes o se desenvolvieran en cualquier área de combate, la emoción y la curiosidad no se hizo esperar en el pueblo, sobre todo cuando expresó que después de una ardua muestra de habilidades y combates, aquel joven sería escogido para ser el guardián personal de su primera hija, la desconocida y famosa Akane Tendo.

El día esperado sería la fecha de cumpleaños de su querida hija, es decir, el festejo de sus 17 años. Secretamente sus padres querían obsequiarles algo que no podían darle hasta ahora, un protector, un amigo, un compañero, un hombre...ellos conocían la deslumbrante belleza de su hija, sabían que a penas la viera caería rendido y enamorado de sus encantos hasta que su pecho doliera, pero cualquier hombre se enamoraría de su hija, por eso, ellos no buscaban a cualquier hombre, buscaban AL HOMBRE para su pequeño milagro, aquel destinado a ella, aquel que la protegería con su ultimo aliento y con el cual ella pudiera encontrar el amor, y así poder cumplir con su sagrada misión porque a pesar de todos sus intentos, Akane tenía un problema, ella detestaba a los hombres.

Desde que nació, sus padres se procuraron de buscar aquel chico, y a pesar de presentarles a un sin fin de muchachos jóvenes, guapos y de buena familia, en un encuentro secreto e íntimo donde solo ellos dos y la fiel mascota de su hija estaban presentes. Akane siempre terminaba asqueada, molesta o con Kazuto (su gran e imponente kitsune o zorro de nueve colas) a punto de arrancarles la garganta.

Por esas razones la preocupación reinaba día y noche en el corazón de los padre de la joven, sabían del terrible peso que cargaba en sus hombros su hija, y aún ni siquiera habían sido capaces de localizar a las otras dos chicas anjanes, las de su propia raza para que se sintiera feliz y a gusto compartiendo con ellas.

Con estas razones, tuvieron la idea de impartir este torneo, tal vez al hombre que buscaban se encontraba más allá de finos y elegantes señores o hijos de señores, tal vez aquel hombre era un joven humilde y pobre. No podían estar seguros hasta intentarlo.

Como era de esperarse la noticia hizo eco y se extendió un poco más allá del pequeño y humilde pueblo de Nerimia, llegando incluso a pueblos cercanos.

Justo por esos días acampaban en el bosque a las a fueras del pueblo, un padre y un hijo, el cual el ultimo se sometía al final de su entrenamiento.

Era un joven excepcional, ágil, fuerte, tenaz, rápido y habilidoso, casi rozando el limite de lo que un humano podía llegar a ser. Con un cuerpo que demostraba los duros años de entrenamiento que había tenido que soportar para lograr convertirse en lo que era ahora. Alto, con un pecho duro y moldeado a través de los músculos que tenía su abdomen, una ancha y fuerte espalda y unos brazos y manos capaces de romper y destruir lo que se metiera en su camino. Sus fuertes y musculosas piernas no se quedaban atrás, ellas lo impulsaban a través del bosque o de los pueblos, saltando de rama en rama, de tejado en tejado y por ultimo su rostro. Que guapo era, incluso, fuera de lo común, con rasgos definidos y rudos, pero al mismo tiempo atractivos, con su pelo amarrado en una firme y sensual trenza y dos lagunas azules tan profundas y misteriosas como el mismo mar.

Con todo su trabajado cuerpo cubierto en sudor y su respiración agitada, había concluido, por fin. Su último entrenamiento llegaba a su fin.

-Por fin viejo, estoy listo.- Le dijo Ranma aun con su respiración agitada pero una sonrisa de triunfo y orgullo en rostro.

-Así es hijo, tu entrenamiento por fin ha terminado.- Respondió su padre con sabiduría sentándose en el suelo del pequeño campamento que habían improvisado.- mañana iremos a Nerimia.- anuncio de pronto.

Extrañado, su hijo lo miro.

- Y eso, ¿por qué?-

-Habrá un torneo dentro de dos días en la casa del Señor feudal, por lo que escuche asistirán muchos jóvenes a probar sus habilidades, y el que gane se convertirá en el protector de su primera hija-

-¡Bah!, no estoy interesado en algo así, mucho menos convertirme en el ''protector'' de una niña malcriada y caprichosa- respondió su hijo con molesto sentándose junto a su padre para empezar a comer.

-Dicen que es preciosa, mucho más allá de una belleza humana- comento Gemma mirando un punto indefinido dentro de la fogata que tenía frente de el.

-¿y eso que?, no estoy interesado en las mujeres por ahora, mi único deber es convertirme en el mejor- dijo con arrogancia Ranma

Sin embargo Gemma se quedo en silencio, durante 17 años se preocupo de convertir a su hijo en el mejor, de hacerlo el hombre más fuerte del mundo, de convertirlo en alguien invencible y estaba seguro que lo había logrado, había cumplido y honrado la memoria de su difunta esposa, no obstante nunca había podido sacar de su cabeza las ultimas tres palabras pronunciadas por ella ''que la encuentre'', no sabía porque pero sentía que aquellas palabras tenían un significado más profundo, mientras estuvo viva su esposa siempre se caracterizo por tener un sexto sentido agudo, y también había oído los rumores que rodeaban a la misteriosa hija del Señor Tendo, por eso pensó que tal vez era necesario que su hijo pudiera conocer a aquella chiquilla especial, el sabía, aun que no entendiera en totalidad la voluntad de su amada Nodoka, que no podía morir antes de ver a su hijo cumplimiento los deseos de su esposa.

-Iremos Ranma, es una buena oportunidad para probar tus habilidades y si llegas a ganar, el dinero no nos vendría mal, así que iremos, y es mi última palabra.- Le ordeno Gemma, autoritario y serio antes de darle la espalda y disponerse a dormir.

Ranma no pudo decir nada, si bien no estaba de acuerdo, nunca había podido contradecir a su padre cuando utilizaba ese tono. Su padre había sido la única persona que siempre había estado con el, entrenándolo, ayudándolo, apoyándolo, enseñándole y dándole algo que jamás iba a perder, su orgullo y su honor. Resignado y cansado, suspiro, solo le quedaba obedecer.

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Cientos de jóvenes acudieron al castillo del Señor Tendo, cientos y cientos de fuertes, jóvenes y reconocidos por sus sobresalientes habilidades en algún tipo de combate, ya sea con armas o cuerpo a cuerpo.

A todos los reunieron en un gran y gigantesco Dojo, que se encontraba en el amplio patio trasero del castillo Tendo, era amplio y espacioso, hecho de madera firme y lustrada, tenía un aspecto pulcro y al final del Dojo se podía observar una especie de escenario de madera, en los cuales descansaban tres imponentes tronos.

En el lado derecho sentada, elegante y hermosa, se encontraba la señora Tendo, más conocida con cariño por los campesinos como Naoko, en el centro imponente, serio y solemne, se encontraba el Señor Feudal, Sound Tendo y a donde las todas las miradas se dirigían en el lado izquierdo, aún sin relevar su rostro, se encontraba sentada la primogénita, la desconocida y famosa Akane Tendo, quien estaba envuelta en un precioso Kimono largo color azul marino con flores amarillas y rosadas, y cubriendo con un velo larguísimo su rostro y cabello, ocultándola, tenía en su regazo a un pequeño zorro color plateado, quien según los rumores era un poderoso yokai que tenía los poderes y espíritu de un verdadero kitsune en su interior, hasta ahora guardián de la chica. Todos rodeados de guardias los cuales tenían todo tipo de armas, desde lanzan y arcos con fechas hasta espaldas afiladas, concentrándose mayormente alrededor de la hija de Sound.

Sound se levanto de su asiento y se dirigió al principio del escenario seguido de cerca por dos guardias que cuidaban su espalda con lanzas. Hizo una reverencia a modo de saludo y respeto, y hablo.

-Les doy la bienvenida jóvenes guerreros, debo decir que admiro su valor y coraje por estar aquí el día de hoy.- hizo una leve pausa, miro con deteniendo y sabiduría a todos los jóvenes presente y prosiguió.- como bien se hizo saber, hoy es el cumpleaños numero 17 de mi hija mayor que hasta hoy su identidad ha sido oculta. Este torneo tiene un propósito encontrar un guardián, un joven excepcional, sobresaliente, profesional que pueda cuidar a mi querida Akane, porque hoy, he de relevar el rostro de mi primogénita, porque hoy, ustedes conocerán a mi querida y bellísima Akane.- volvió a hacer una pausa y dirigió su mirada a su hija, ella lo miro tranquila, aun a través del velo. Ella era muy consciente de quien era, de cual era su destino y sabía que según la profecía debía partir pronto, y aunque creció odiando la idea de tener que depender de un hombre, no le quedaba más que aceptarlo, porque ella era noble, justa y bondadosa, y el bien estar de todos era mas importante que sus propios deseos.- Mi hija siempre ha sido especial y necesita alguien que la defienda, por eso el ganador de este torneo será designado protector oficial de Akane y claramente tendrá una gran recompensa por eso. Las peleas serán d por eso, los dividiremos en grupos, duraran solo 7 minutos y el único ganador del grupo pasará al siguiente duelo de 5 y así sucesivamente hasta tener un solo ganador. Peleen con honor y valentía, mucha suerte jóvenes.

Termino solemne Sound sentándose. Todo fue muy deprisa, con la ayuda de los sirvientes del castillo dividieron los grupos haciendo un total de 50 grupos de 5 personas. Pasarían a enfrentarse simultáneamente los primeros 25 grupos y Ranma había quedado dentro de los primeros 25 grupos.

Sentado aún junto a su padre esperando que diera inicio el combate, observaba desde su puesto a la extraña jovencita oculta detrás de aquellas telas, se preguntaba que tan importante o que tan bella podría ser aquella jovencita para montar tremendo espectáculo, en realidad a el nunca le habían interesado las mujeres, claro que había tenido una que otra aventura de una noche pero nada que fuera realmente importante o que pasará de eso mismo, de la noche. Para el, ser el mejor era lo más importante, convertirse en el mejor artista marcial de combate de la escuela ''estilo libre'', ese era su sueño, su destino y su estilo de vida y no pensaba cambiarlo por nada mucho menos por una mujer si bien era cierto que las mujeres eran bonitas y seres que el en verdad no llegaba a comprender, nunca había visto una mujer tan hermosa para sentir que perdía la cabeza, estaba seguro que aquellos hombres estaban exagerando. Generalmente las mujeres que había conocido se obsesionan con el al punto de seguirlo, acosarlo y otras estupideces mas que no lograba comprender. Había escuchado la conversación de muchos jóvenes que venían a enfrentarse aquí para obtener el puesto de cuidador de dicha jovencita, estaban totalmente emocionados de ganar y prometían pelear con todo, pues según habían dicho ella era una de esasanjanas, escucho alguna vez en su vida la tal leyenda y el rumor que recorría Japón que las últimas tres estaban vivas y ocultas, pero realmente no pensaba que aquello era verdad, más creía que eran cuentos que habían inventado las mujeres para hacer dormir a sus hijos por las noches. Sin embargo la jovencita le causaba un poco de curiosidad, tal vez era terriblemente fea y por eso tanto esconderla por aquí y por allá, no obstante como fuera, lo había decidido, ganaría, no solo para demostrar que era el mejor, sino para demostrarse a si mismo que ninguna mujer ni siquiera esta tan famosa Akane era tan sublime, como había escuchado de muchos, para hacerlo sentir eso que dicen, pasión por una mujer, totalmente desconocido para el.

El llamado a prepararse en la duela lo hizo salir de sus pensamientos, con una mirada hacia su padre de confianza y arrogancia, camino tranquilamente hacia su posición. Miro a sus primeros cinco contrincantes, 3 tenían armas en sus manos, el primero una lanza, el segundo cuchillos y el tercero una espada, el restante parecía saber luchar cuerpo a cuerpo, le daba igual, lo que usarán no serían problema para el, habían querido matarlo con armas mas peligrosas que esas, se puso en posición, espero respirando profundamente, observando a su oponentes, analizando y buscando debilidades hasta que el silbato del duelo empezó y se lanzo hacia ellos dispuesto a ganar su primera pelea.

Más rápido, más rápido, pensaba Ranma mientras le daba una fuerte patada de costado a su contrincante de enfrente mientras que con su manos sostenía la lanza de aquel que había querido atravesarlo, con fuerza empujo hacia delante haciendo caer al segundo, rompiendo la lanza y usando la mitad de esta como un cuchillo lanzándola precisamente y de golpe al hombro del tercer tipo estampándolo contra la pared, todavía quedaban dos más, que se acercaban con violenta velocidad hacia su persona, salto hacia atrás colocando sus manos en la cabeza del tipo con su cuerpo completamente estirado hacia arriba y luego haciendo uso de su fuerza empujo la cabeza de este hacia atrás, haciendo que su cuello se extendiera con demasiada rapidez, y a menos de un centímetro de romperle el cuello, hacia el suelo, cayendo de espalda y quedando inconsciente, y por fin, solo le quedaba uno, el que tenía cuchillas, el lo ataco lanzado sin piedad una tras una tratando de acertarle un golpe, no obstante Ranma era más rápido y esquivo cada una con facilidad y gracia, hasta que por fin en un leve descuido de fuerza Ranma pudo agarrar una y haciendo uso de su maravillosa puntería lanzo una en dirección a la rodilla del chico, hiriéndolo para luego de un solo salto caer detrás de el y rodearle el cuello con los brazos apretándolo hasta dejarlo inconsciente, y así Ranma Saotome había ganado su primer duelo sin mucho esfuerzo.

Y tras 49 encuentro más, demostrando fuerza, habilidad, agilidad, rapidez y fluidez jamás vista por nadie, Ranma le había ganado a los 249 participantes del torneo, y aun así parecía no estar cansado, no respiraba agitadamente y se paraba encima de la duela de combate lleno de energía aún con una sonrisa arrogante y triunfadora que Akane le pareció de lo más molesta, y aun así, por primera vez en su vida sintió deseos de pelear y pelear de verdad contra un hombre. Había mostrado tal destreza y talento, combinado con lo que estaba segura eran años y años de duro entrenamiento que se sintió emocionada, por fin podría demostrar todas sus habilidades, por fin podría demostrarse a si misma que era capaz de cuidarse con o sin guardián, por fin podía sentirse emocionada de probar sus años de entrenamiento con alguien realmente bueno, quería pelear contra Ranma Saotome.

Ranma miraba directamente hacia el improvisado escenario, había ganado, era el vencedor, confiado y arrogante como era, sonrió aun más a la chica que aún se mantenía oculta tras aquel velo que tapaba casi toda su existencia. Akane al ver su sonrisa, aun tras su estúpido y molesto velo, sintió deseos de borrarle esa sonrisa arrogante que le causo un escalofrío y un inesperado calor que no logro entender ''idiota arrogante'' pensó, sin embargo ella sabía si lograba inmovilizar a Kazuto podría pelear con el. Se sentía ansiosa.

Soun Tendo aplaudió desde su posición al artista marcial. Era magnifico. Cada vez aumentaba la esperanza dentro de su pecho que aquel muchacho fuera lo suficientemente bueno para proteger a su hija. Lo necesitaban urgente. Había llegado el momento de la profecía y Akane debía partir pronto.

-He de felicitarte joven. Sin embargo tu victoria aún no esta completada. Hay una prueba más que debes superar.- Le habló Soun desde su posición serio.- Tu ultimo obstáculo es enfrentarse a Kazuto, el guardián de mi hija.- El señor apunto con su dedo índice hacia el pequeño zorro que se encontraba junto a su hija. El pequeño zorro movió sus orejas prestando atención y se desperezo despacio.

Ranma observo como el pequeño zorro descendía del regazo de su dueña, y caminaba con graciosos y tiernos pasitos hasta el final del escenario. Debía ser una broma pensaba el, como era posible que iba a pelear con esa insignificante criatura, era obvio que no tendría ni que moverse para vencerlo incluso lo encontraba una crueldad. No obstante a lo que el creía el pequeño zorro se detuvo al frente del escenario y podría jurar que casi lo miro con un gesto burlesco riéndose de el, de repente un escalofrío le recorrió la espina dorsal y sintió por primera vez el peligro.

Miro con asombro como el pequeño zorro saltaba del escenario y en el transcurso de tiempo en que tocaba la duela de combate se convertía en un gigantesco e impetuoso Kitsune de nueve colas que lo miraba amenazante desde su posición agazapado y mostrándole los filosos dientes.

Ranma sintió la emocióncorrer por su cuerpo. Este torneo se convertía cada vez en algo mas interesante.

-Joven si logras inmovilizar completamente a la mascota de mi hija, habrás ganado la pelea.- le hablo Sound.

-¿Mascota?...debe estar loca, ¿quién tiene de mascota a un peligroso yokai?- susurró para si mismo Ranma, mientras se preparaba en su lugar, esta pelea iba a ser divertida.

El sonido del silbato dando inicio al combate se escucho por todo el Dojo que se encontraba en silencio, expectante esperando ver la tan ansiada pelea.

Ambos corriendo hacia el otro a toda velocidad, Kazuto mostrando sus afilados dientes y Ranma con el puño hacia arriba para acertarle un golpe, salto cuando estuvo lo suficientemente cerca y dirigió su puño hacia el rostro del temible kitsune, sin embargo no lo vio venir, como si el zorro hubiera leído su mente de un momento a otro se encontraba detrás de el dirigiendo sus poderosas patas delanteras a la espalda del chico estampándolo con fuerza contra el suelo. Ranma se quejo de dolor al sentir las garras de la bestia clavándose en su espalda. Haciendo uso de su agilidad doblo sus piernas con fuerza hacia atrás acertándole duras patadas en el estomago del zorro librándose de su agarre, no obstante el siguiente ataque no se hizo esperar, con una fiereza propia de una bestia, el kitsune haciendo uso de sus poderes se triplico rodeando a Ranma junto a sus replicas, desconcertado y adolorido el chico veía a sus cuatro enemigos rodeándolo, se lanzaron contra el al mismo tiempo y esquivando como pudo a cada uno le fue imposible poder esquivar al verdadero que hinco sus dientes con rabia sobre el hombro derecho de Ranma, haciendo que la sangre empezará a correr lentamente por su brazo y luego aun sin soltarlo lo arrogo con fuerza contra la pared.

''No, no puedo perder, no puedo perder, estando tan cerca de ganar, piensa Ranma, piensa''

Buscando por todas partes algo que lo ayudará a detener al peligro zorro que amenazaba con volver atacarlo mostrando sus afilados dientes cubiertos ahora por su sangre. Definitivamente era un oponente peligroso e inteligente, hasta que visualizo no demasiado lejos de el una tela roja esparcida al final de la duela de combate, lo que necesitaba. Esperó a que Kazuto se lanzará contra el y cuando estuvo a centímetros de volver a morderlo se movió con su extraordinaria rapidez y corriendo como si la vida se le fuera en ello agarro la tela que se extendía al final de la duela, era todo lo que necesitaba, solo debía inmovilizarlo aunque fuera unos segundos.

Estirando sus manos sobre la tela con fuerza se lanzo contra la bestia que corría hacia el con la misma fiereza del principio. Tenía su objetivo claro. Tendría que hacerle un improvisado collar de ''mascota'' a la bestia. No fue fácil. Kazuto era rápido, inteligente y poderoso, no por nada era un yokai y adivinando sus intenciones mordió con sus poderosos dientes el trozo de tela que quedaba colgando y empujo hacia a el a Ranma desde el otro extremo. Kazuto era mucho más fuerte que el y no pudo hacer nada para evitar ser arrastrado por el kitsune.

Sin embargo mientras estaba en el aire, sonrió. Su fuerte siempre había sido el combate aéreo, no existía nadie en este mundo que pudiera hacerle frente. Justo cuando estuvo sobrevolando cerca del lomo del animal, Ranma realizo una serie de golpes que a los simples ojos humanos pareció ser un solo golpe, un solo movimiento. Eran los suficientemente fuertes y rápidos para causarle un dolor agresivo al animal, destruyendo su defensa lo suficiente para amarrarle la tela alrededor del cuello en un nudo que casi lo estaba ahorcando.

Tomo como impulso la cabeza del animal y salto hacia la baranda de madera del techo, que formaba parte de la estructura que sostenía el techo mismo del Dojo y amarro el otro extremo suelto de la tela en la baranda. Salto nuevamente en una perfecta acrobacia y sus pies tocaron el suelo con ligereza.

Había logrado inmovilizar a la bestia.

La sonrisa de Ranma era deslumbrante, lo había conseguido, lo había logrado, le había costado un par de mordidas, heridas y sangrado, pero había logrado inmovilizar al majestuoso Kitsune, incluso más de lo que las reglas impuestas por el Señor Sound dictada, incluso ahora, aquella bestia acompañante de la extraña joven desconocida seguía sin poder moverse, y lo miraba gruñendo amenazante hacia su dirección.

Sound y su señora se levantaron de sus cómodos asientos y sorprendiendo a las personas del alrededor, empezaron a aplaudir haciendo que el movimiento de sus manos resonara por todo el lugar, estaban maravillados, aquella muestra de habilidad, destreza, fuerza y honor los había dejado impactados, cada vez estaban más seguros y se sonreían, podía ser el, al chico que estaban buscando.

Ranma hinchaba su pecho con orgullo, lo había logrado, había vencido contra todo pronostico, y ahora recibía los aplausos del señora feudal y su señora e incluso los aplausos de los espectadores y jóvenes luchadores que había vencido que se habían quedado a observar. Sin embargo mirando con su pecho hinchado de orgullo no podía evitar mirar a la hija de los señores que seguía sentada en su puesto, sin moverse, y ni siquiera podía saber si lo estaba mirando ya que aquel velo cubría por completo su cara, ''estúpida niña caprichosa'', pensó, después que en parte, se había esforzado tanto para lograr ser su ''guardián'' en parte por su propio beneficio y en parte por curiosidad.

Al momento en que los aplausos se desvanecieron, Sound camino solemne hasta el final del escenario y hablo dirigiéndose a Ranma.

-Muchacho, mis felicitaciones a tu grandioso desempeño y sobre todo a tu valor, no encuentro las palabras correctas para poder expresar lo maravillado que me siento ante tal muestra de talento, y por aquel talento tan extraordinario he declararte el ganador.- miro expectante al muchacho.- muchacho, ¿podrías decirme cual es tu nombre?- pregunto Sound un tanto avergonzado, pues realmente no pensó que fuera necesario hasta ese momento saber el nombre del chico.

-Ranma Saotome.- Respondió Ranma tan varonil como altivo.

Sound sonrió amablemente, el chico tenía carácter, tal vez podría congeniar con el difícil carácter de su hija mayor.- Entonces Ranma Saotome te nombro oficialmente el gua…-Sin embargo Sound fue interrumpido por una voz que nadie había escuchado hasta ese momento.

La enigmática chica había hablado desde su posición.

-Un momento padre.- interrumpió la hija mayor de Sound Tendo poniéndose de pie, hablo de manera majestuosa, digna de una reina y su voz melodiosa resonó por todo el lugar.- Tengo derecho a decidir si quiero que este hombre sea el que cuide de mi, tengo derecho a elegir por mi misma.

Sound miro desconcertado a su hija y Ranma abrió los ojos a más no poder. Había peleado con 249 contrincantes supuestamente expertos en diferentes tipos de combates, enfrento a su peligrosa ''mascota'', si es que a esa cosa se le podía llamar así y aún así ella no estaba satisfecha, no, ella tenía derecho a elegir, ''niña caprichosa, mimada y mal agradecida, seguramente te lo han dado todo en la vida y por eso eres así de idiota'', pensaba Ranma en su mente, mirando con mala cara a la chica que más encima aún no relevada su identidad.

''Debe ser una chica horrible por eso te tapa tanto…nunca pero nunca entenderé a las mujeres'', fue lo último que pensó Ranma para luego fijar su atención y ojos a la hasta ahora insoportable muchacha.

La chica camino decidida hasta posicionarse junto a su padre, lo miro a través del velo, pidiendo en silencio que comprendiera su petición, el padre miro a su hija y luego a su señora, ella cerro los ojos y movió la cabeza en señal de aprobación. Su hija pronto debería partir y era necesario que pudiera tomar sus propias decisiones. Nuevamente volvió el rostro a su hija mayor y le sonrió, lo cual le dio el valor a Akane para seguir, volviendo su rostro a la multitud, hablo.

-Desde mi nacimiento me han mantenido oculta entre las paredes del castillo porque soy aquello que se rumorea por Japón, porque aún soy buscada para ser abusada, usada y asesinada- la joven hizo una pausa, suspirando, dándose valor para lo que haría luego, sin ser consciente que aquel discurso estaba captando la atención del chico que se sorprendió de lo increíblemente melodiosa que era su voz, como una campana de viento, suave y melódica, una voz que nunca había escuchado.- fui educada dentro de mi hogar, pero también fui entrenada para defenderme. Sí, las anjanas aún existimos.- dijo con nostalgia, casi en un susurro, pero firme.- Por ellas y por mi, yo decidiré en quien confiar.- apuntó con su delgado y blanquecino dedo índice al chico.- ¡Por eso Ranma Saotome, te reto!, si me derrotas, te aceptaré como mi protector.

Ranma la miraba con los brazos cruzados y con el ceño fruncido desde el centro de la duela de combate, no podía parar de pensar que solo estaba dando un espectáculo de niña mimada, no se creía ese cuento y mucho menos que fuera eso que decía que eran, supuestamente aquellas chicas poseían una belleza indescriptible, ¿por qué se mantiene oculta si supuestamente es tan bella? Sin embargo su mente dejo de procesar pensamientos de fastidio hacia la muchachita cuando esta saltando hacia donde el se encontraba, se desprendía del velo y de su bonito Kimono.

Todo sucedió en cámara lenta.

Lo primerio que visualizo fue su exótica cabellera azul marino larga, lisa y sedosa deslizándose en el aire hasta caer suave y lentamente sobre el cuerpo de su dueña, cayendo en su espalda, tapando sus brazos, cubriendo su cuerpo que caía con gracia hacia el suelo, primero posando sus pies, inclinando sus piernas hasta posar una rodilla en el suelo y la otra rodilla flexionada hacia arriba a la altura de su rostro que se mantenía aun oculto por su flequillo abundante que tapaba sus ojos y con su cabeza mirando hacia el suelo.

Silencio.

La chica se paro y al fin su rostro mostro.

Un suspiro ahogado por todos los presente sonó como una pequeña nota de música dentro del Dojo.

Ranma, por fin entendió porque la habían escondido toda su vida.

Su corazón dio un brinco en su pecho.

Y aguanto el aliento.

Era hermosa…tanto que verdaderamente le dolió verla.

Era baja, con suerte tal vez llegaba al metro cincuenta, en contraste con el, que era alto. Su piel, era excesivamente blanca, como la nieve, de un blanco inmaculado, sin ningún tipo de desperfecto, incluso con la luz de las antorchas su piel parecía brillar levemente. Era menuda y delgada, no obstante a través de su apretado y corto vestido chino azul, se podía apreciar la peligrosamente sensual figura, sus piernas eran largas, redondeadas y firmes, podía notarlo aun a la distancia. Armónicamente, sus piernas se perdían y abrían paso a unas anchas y redondeadas caderas que encontraban su fin en una finísima y estrecha cintura la cual subía hasta encontrar su punto culmine en unos pechos perfectos, ni tan grandes, ni tan chicos, elegantes y demasiados llamativos, subiendo sobre ellos estaban sus delicados hombros, demasiado frágiles a la vista que aun no creía que ella le estuviera retando a un duelo. Luego hacia arriba su cuello de cisne provocadoramente un tono más claro que en el resto de su piel, como tentándolo, y por fin, su rostro. Su rostro era una cruel contrariada burla, en contraste a su cuerpo de ensueño, su rostro era en extremo angelical, era la viva imagen de la pura inocencia. En forma de corazón compuesto por una boca pequeña pero infinitamente carnosa y extrañamente teñida de un rojo pálido, subía hasta sus mejillas pintadas levemente de un rosa tenue y en el centro una nariz respingona y de un gesto gracioso, y por último sus ojos, le recordaron a las arenas de los desiertos áridos por los que una vez tuvo que entrenar. Grandes, transparentes, limpios, puros, cubiertos por unas negras y largas pestañas que completaban el rostro de la joven, y su pelo, lo primero que vio de ella, aquel exótico color encajaba hasta lo imposible de bien en ella, cayendo en cascada sobre su espalda, largo, tal vez demasiado.

Parecía de mentira, era tan hermosa, que aún no podía creer que fuera real la mujer que estaba mirando en frente de el.

La chica lo miro directamente a los ojos con el ceño fruncido y una determinación que no había visto en nadie más que en el mismo. Estaba latiendo desembocado, su corazón corría dentro de su pecho.

Le devolvió la mirada, estupefacto, conteniendo el aliento, aún no podía salir de su impresión.

-¿Aceptes el reto Ranma Saotome?- su voz como campanas de viento lo exalto, saliendo de su estado de shock, recomponiendo la compostura la miro, burlón y arrogante protegiendo sus pensamientos.

''Este no es momento para dejarte llevar por tus hormonas'', pensó el chico. No podía desconcentrarse, no estando a punto de ganar, aun que no le dejaba de parecer insólito el hecho de que ella quisiera enfrentarlo, su apariencia, como si fuera un llamado a protegerla, se veía tan frágil, pero admiraba, que a pesar de aquello, ella tuviera valor. ''veamos que puedes hacer''

-Acepto, pero te advierto yo no golpeo mujeres.- contesto soberbio.

Aquello pareció molestarla, encontró gracioso ese gesto de contrariedad en su rostro, parecía que se ofendía con facilidad, y eso por alguna razón causo en Ranma una pequeña sonrisa burlona y divertida.

-Eso lo veremos- contestó orgullosa poniéndose en posición de ataque.- odio que los hombres subestiman a las mujeres.- y corrió hacia a el.

Ranma se puso en posición, y pudo percibir durante un pequeño momento un destello de desprecio hacia lo que intuyo era dirigido al sexo masculino, ¿cuántas veces abran intentado abusar de ella?, y con ese último pensamiento detuvo el puño que se dirigía directo a su rostro, con su mano derecha.

Sin embargo no se espero aquel impacto que casi le fractura la mano.

''Rayos'', pensó Ranma, era fuerte, demasiado para ser una mujer.

La vio como liberaba su puño de su mano y con la otra mano trataba de acertarle un golpe a las costillas, de nuevo la esquivo, saltando justo antes del impacto detrás de ella, se sorprendió cuando ella se dio vuelta con rapidez tratando de barrerle los pies en una perfecta patada baja que esquivo en un perfecto mortal apoyando sus manos hacia atrás y doblando su espalda. Ella corrió hacia el y desato una avalancha de puños que trataban de golpear el chico, los esquivo y detuvo todos.

Ella se separo de el saltando hacia atrás, mostrando todo el enfado y fastidio que estaba sintiendo. Era muy transparente.

-¡¿qué haces, por que no te defiendes?!- le cuestiono fastidiada

-Por que no quiero hacerte daño- respondió sincero, sorprendiéndose a sí mismo de su respuesta.

Ella abrió los ojos desconcertada con una expresión tan sorprendida en su rostro, como si estuviera acostumbrada a que las personas quisieran lastimarla. ''claro que si, imbécil, es una anjana, las leyendas, sus poderes…abusaban de ellas'', aquel pensamiento inundo la cabeza de Ranma al ver como ella bajaba su guardia durante un momento y sus ojos durante un segundo se volvieron cristalinos y profundamente tristes.

Entonces el lo entendió. Toda su vida habían querido lastimarla y eso lo molesto, y estaba seguro que en mas de una ocasión lo habrían logrado. Sintió dentro de su pecho un sentimiento totalmente desconocido para el, o más bien algo que había sentido solo consigo mismo. El deseo de proteger a alguien, de protegerla…a ella.

Para lograrlo, solo tenía que vencerla.

Corrió hacia ella aprovechando que sus defensas habían bajado durante aquel momento, ella reacciono sobresaltada y trato de zafarse de el cuando agarro su muñeca midiendo su fuerza para no lastimarla de verdad, mientras que con la otra mano detenía los golpes de la chica, los cuales daba con su mano libre. Luchaba por ganar, era toda una fiera, y eso le gustó.

Sin embargo, el era más fuerte, más ágil, más duro…Akane no lo vio venir, la manera en que detuvo su ultimo golpe con su mano, logrando inmovilizarla, salto sobre ella sosteniendo aún sus manos estando en el aire, posicionándose detrás de ella y logrando doblar ambos brazos causándole una leve molestia. Barrio los pies de la chica con una pierna haciendo que perdiera el equilibrio, cayendo al suelo.

La chica lo miro desde el suelo sorprendida, fue excesivamente rápido. Ni siquiera le dio tiempo para darse cuenta que era lo que había pasado. Sus pensamientos se vieron detenidos cuando vio venir el puño de Ranma hacia su rostro. Cerró sus ojos esperando el impacto, pero este nunca llegó. Lo único que sintió fue un leve toque en su frente.

Abrió los ojos un poco asustada, luego sorprendida, aquel chico solo estaba tocando su frente levente con su dedo índice, sonriéndole de manera divertida.

Vio como se agachaba quedando en frente de ella y aún con su dedo apuntando y tocando su frente, le hablo.

-Te gane.- dijo Ranma contento y divertido.

La chica estaba helada. Realmente pensó que la golpearía, pero no, no lo hizo, y de nuevo aquellas palabras sonaron en su cabeza ''no quiero hacerte daño''. Toda su vida, durante toda su vida, las personas habían intentado lastimarla, exceptuando su familia. Aún no salía de su impresión. Claramente era sumamente superior a ella, y aún así se dio cuenta que durante todo el combate trato de no lastimarla realmente, de no causarle daño. Una calidez recorrió su pecho, suavizando su mirada, y por primera vez en mucho tiempo sonrió de verdad.

Fue como exactamente igual a ver una flor floreciendo en plena primavera con el sol en su máximo esplendor en el cielo azul. La sonrisa divertida de Ranma desapareció de su rostro, y solo la impresión invadió sus facciones. ¿había pensado que era hermosa? Ahora no tenía palabras para describirla. No existía palabra en su vocabulario que le hiciera honor a la encantadora criatura que tenía en frente, simplemente lo dejaba sin aliento, y esa impresionante sonrisa que le mostró, le había golpeado más duro de lo que lo habían golpeado toda su vida. El corazón en su pecho nuevamente comenzó a correr desesperadamente, casi dando saltos dentro de el, y sintió por primera vez como se ruborizaba de la timidez que aquella chica le causo.

Sin pensarlo demasiado le devolvió una sonrisa sincera. Ella pareció a gusto con la reacción, y entonces Ranma le ofreció su mano para ayudarla a levantarse. Acepto su mano, agarrándola entre sus dedos aún con la sonrisa en su rostro. Ahora frente a frente, ella hablo.

-Soy Akane Tendo.- dijo como una melodía a los oídos de Ranma.- es un honor para mi tenerte como mi guardián Ranma Saotome.- entonces el azabache vio con sorpresa como esta inclinaba su cabeza en señal de respeto y pronunciaba.- por favor, cuida de mi.

Sus palabras atravesaron su corazón como una daga clavándose filosamente en el. De repente cayó en cuenta que había ganado, que había derrotado a todos y cada uno, incluyéndola a ella y a su terrible ''mascota'', pero sin embargo jamás pensó en que realmente se estaba metiendo.

-E- el honor es todo mío.- respondió Ranma igualmente que ella, inclinando su cabeza en señal de respeto y lealtad.

Ella levanto su rostro para mirarlo nuevamente con una sutil sonrisa en su rostro fijando sus ojos directamente en los suyos, no pudo más que devolverle la mirada. Sus ojos eran en extremo atrayentes y de un color tan bonito, su mirada era transparente y se sentía letalmente curioso de poder mirar el tiempo que pudiera en ellos. Hasta que ella miro a su alrededor un poco angustiada y ansiosa, podía ver que se sentía preocupa pero no entendía por que, así que imitando sus movimientos observo a su alrededor.

Las facciones del muchacho se endurecieron y comprendió la angustia que se desprendía levemente de las facciones de Akane. La mirada de las personas que habían venido a ver el desarrollo del torneo, mujeres, hombres e incluso los mismo participantes, era oscura. Había demasiado de todo. Envidia, avaricia, lujuria y para su sorpresa maldad. Todas y cada una enfocadas en ella.

Actuó guiado por sus instintos. Tomo el brazo de la joven sorpresivamente y la coloco detrás de el, tapándola de aquellas miradas llenas de oscuridad. Enfoco su mirada ante la multitud que tenía enfrente de el, que trataban de volver a enfocar con su vista a la jovencita que escondía receloso detrás de el. Hizo tronar sus los nudillos de sus manos, si tenía que pelear nuevamente, no tendría ningún problema en hacerlo.

-Quédate detrás de mi Akane.- le susurro amable y gentil Ranma mirando aún hacia el frente.

Ella estaba impresionada y no pudo evitar sonrojarse al escuchar aquellas palabras. Había podido notar desde mucho antes esos miles de ojos a sus espalda, observándola, criticándola y deseándola, trato de ignorarlos lo más que pudo durante el combate pero ya le había sido imposible, pero el…ese joven, la había mirado si, pero distinto.

''Diferente'', se sintió por primera vez mirada como una persona más, como una persona normal. La limpia sonrisa que le había dedicado aquel chico, la hizo sentir de cierta manera especial. No, aún no quería que el se sometiera al escrutinio social cuando no era necesario.

Posando suavemente su mano en hombro del chico, llamando su atención, se dirigo a el.

-No te preocupes, todo estará bien.- le susurro.- ¡Kazuto!- Llamo en voz alta la joven.

Entonces, el poderoso kitsune de nueva colas haciendo uso de su magia, se desprendió de las terribles ataduras en las cuales Ranma lo había sometido y corrió con rapidez a su dueña que lo llamaba con aquel imperceptible tono de miedo que solo su mascota conocía.

Llego hasta a ella en lo que dura un abrir y cerrar de ojos. Se inclino sumiso ofreciendo su lomo a la bella muchacha. Akane, se acerco a el y acaricio con dulzura el suave pelaje de su cabeza y acto seguido subió como toda una experta a el, montándolo. Luego dirigió nuevamente su mirada a Ranma.

-No es necesario que peles Ranma, no aún. Tengo que salir de aquí y prepararme, anda donde mis padres, ellos te explicaran todo y me reunieran contigo después de eso.- Le dijo la bella muchacha seria.

Con una determinación que solo un jinete puede tener, vio a la chica alejarse montada en su kitsune gigante de nueve colas y como su largo pelo azul marino se movía ondulado sobre el viento.

Sin duda alguna era la mujer más interesante que había conocido en su vida, y ahora el era su guardián.

Nunca en su vida había defendido a nadie que no fuera a si mismo. Su vida se había basado en estrictos y dolorosos entrenamientos desde que, aún siendo un bebé, su padre le había impuesto. Desde que aprendió a caminar no había parado nunca. Pero nunca pensó que todas esas habilidades que tenía iba a terminar utilizándolas para proteger a alguien más.

Miro nuevamente a su alrededor. Las personas del salón seguían teniendo su mirada fija en donde se había perdido Akane. Aún podía notar y sentir la sensación de maldad que lo recorrió al darse cuenta de cuanto deseaban poner las manos encima de ella. Sorprendió a sí mismo al verse molesto, más de lo que quisiera admitir, del hecho que quisieran hacerle daño a ella.

Sintió que nadie más en este mundo lo necesitaba a el, tanto como ella lo necesitaba. Ella necesitaba un protector, alguien que la protegiera de verdad. La bonita sonrisa que le había dedicado Akane volvió a sus recuerdos.

No había vuelta atrás, la protegería del mundo.

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