Esta historia participa en el reto de Julio del foro "Comunidad del Cazador" en honor al cumpleaños de Killua 3
Y esta serie no me pertenece, es de nuestro querido amigo Yoshihiro Togashi.
N/A: Por si queda alguna duda, esta pequeña historia está ambientada en los Ovas del Genei Ryodan, específicamente, el segundo capítulo.
El albino sentía cómo su corazón se apretaba más a cada paso que daba. En ese preciso momento, estaba enfadado con Leorio por haberle hecho alejarse de la conversación, con Kurapika por haber aceptado la ayuda de Gon y con este último por su increíble irresponsabilidad y buena voluntad. Pero si había alguien que realmente odiaba, era a sí mismo por haber permitido que las cosas llegaran a ese punto. Mientras él caminaba junto a Leorio, Kurapika estaba revelándole a Gon sus secretos más íntimos acerca de sus poderes para luego clavarle la Espada de Nen, haciéndole correr un riesgo increíblemente alto. Tan solo con el hecho de pensar en la posibilidad de perder a su mejor amigo sentía un fuerte nudo en el estómago. ¿Por qué tenía que ser tan terco? Maldijo por lo bajo mientras observaba su reflejo en la ventana.
Gon se había vuelto una persona increíblemente importante en su vida. No se dio notó el momento en el que ocurrió, pero cuando se dio cuenta, se sentía irremediablemente atraído hacia él. El moreno era capaz de sacar a flote todas sus emociones, incluso aquellas que pensó que no volvería a sentir. A su lado fue probablemente la primera vez que pensó en que su vida podría ser mucho más que la de un asesino profesional, que podría tener amigos, divertirse.
Cerró los ojos con fuerza mientras apretaba los puños. ¿De verdad lo dejaría correr ese riesgo? ¿Podía permitirse dejar abierta la posibilidad de perderlo?
De pronto, las palabras de Irumi resonaron en su cabeza como una grabadora y todo lo que vivió en la última prueba del cazador regresó de golpe. Ya había demostrado su debilidad una vez dejando a Gon y regresando a la mansión Zoldyck, pero aquello no volvería a pasar. No iba a abandonar a un amigo.
Con una nueva y renovada energía se giró para encarar a Leorio, quien se veía casi tan perturbado como él hace unos segundos.
-Oye, viejo…- Comenzó pensando en cómo exactamente plantear su determinación, pero supo que no sería necesario en cuanto el de gafas le regresó la mirada con una sonrisa y asintió con la cabeza, dándole a entender que había llegado a la misma conclusión que él.
Sin poder evitar que sus labios se curvaran ligeramente, se metió las manos en los bolsillos y caminó a paso seguro hacia donde se encontraban Gon y Kurapika.
-En cuanto a esa espada, ¿Puedes hacer que sean tres?- Dijo una vez que se encontró apoyado en el sillón donde estaba sentado Kurapika, causando una gran sorpresa en Gon.
Aquello iba totalmente en contra de todo lo que le habían enseñado durante su infancia, pero en ese momento no le importaba. Y fue en ese momento en el que se dio cuenta de que seguiría a Gon a cada una de las misiones suicidas a en las que se le ocurriera participar, incluso si eso llegaba a costarle su propia vida. Era una decisión que ya estaba tomada.
