Mientras estaba aburrida en mi habitación viendo como las agujas del reloj se iban moviendo, se me ocurrió la temática principal de esta historia. Antes de que lo leáis, os aclaro que se supone que esta historia se desarrolla al mismo tiempo que el sexto libro de la saga de Harry Potter, es decir, que dos de las chicas tienen dieciséis años, y las otras dos tienen quince.

Disclaimer: Muchos de los personajes y lugares pertenecen a J.K. Rowling (existen excepciones).

Capítulo 1:

Era una tarde calurosa de primeros de septiembre. Cuatro amigas recorrían los terrenos de Hogwarts charlando animadamente.

- ¿Visteis cómo acabó? – iba diciendo una de las chicas mientras reía –. Ha sido genial. Eres increíble, Ginny.

La pelirroja que iba delante se volvió.

- No podía quedarme quieta.

- No hace falta que lo digas, lo hemos comprobado – dijo otra de las chicas.

- No sé a vosotras, pero a mí el chico me ha dado un poco de pena – confesó una rubia.

Las otras tres chicas miraron a la rubia con incredulidad.

- ¿Pena? – repitió una castaña y miró a una de sus amigas –. Hermione, ¿has oído lo mismo que yo?

- Pero, Luna, si ha sido él quien se lo ha buscado por meterse con Ron – le dijo Hermione a la rubia.

- Pero él no sabía que Ron es hermano de Ginny. Si lo hubiera sabido, estoy segura de que no hubiera dicho todo eso.

- Tienes que reconocer que Luna tiene razón en eso, Hermione – dijo la castaña, sonriendo –. Si lo hubiera sabido se habría callado, aunque solamente fuera para que Ginny no le echara una maldición de mocomurciélagos.

- Lo supiera o no, había insultado a mi hermano delante de mí.

- Sé que te lo llevo diciendo todo el camino, pero eres increíble, Ginny – repitió la castaña, riendo –. Por cierto, ¿no nos vas a decir qué hechizo era ése?

- Ya lo sabéis. Ha sido una maldición de mocomurciélagos – dijo Ginny.

La castaña abrió mucho los ojos.

- ¡No puede ser! La maldición de mocomurciélagos no tiene ese efecto.

Ginny se encogió de hombros.

- Yo he pensado lo mismo, pero le he echado los mocomurciélagos.

- Es imposible que no te haya salido bien la maldición. Los mocomurciélagos son tu especialidad – dijo la castaña, pensativa.

- Esto… chicas, si no nos damos prisa para encontrar las flores de Hagrid, no llegaremos para la cena – dijo Hermione rápidamente y echó a andar.

La castaña miró a Hermione varios segundos y entornó los ojos con una sospecha. Fue corriendo hacia ella y se puso delante de su amiga para detenerla.

- Hermione…

- ¿Qué pasa, Laura? – dijo Hermione, sin mirarla a los ojos.

Laura se cruzó de brazos.

- ¿Hay algo que no me hayas contado?

- ¿Por qué lo dices? – le preguntó Hermione, aún sin mirar a los ojos a su amiga.

- Lo que le ha pasado al chico parecía el efecto que produce la mezcla de dos hechizos.

- Ajá, ¿y?

- ¿Ocurre algo? – preguntó Ginny cuando las hubo alcanzado junto con Luna.

Laura descruzó los brazos.

- Bah, tonterías mías.

Hermione le dirigió a Laura una mirada de agradecimiento.

- Entonces será mejor que sigamos – dijo Ginny.

Las cuatro chicas siguieron caminando hacia el bosque. Un rato antes, Hagrid les había pedido que le trajeran unas flores pequeñas, moradas y con espinas para alimentar a otra de sus criaturas. A las chicas no les hacía mucha gracia entrar en el bosque sin la compañía de un adulto, y si habían aceptado era por la amistad que le tenían al semigigante.

En cuanto entraron en el bosque, todo se quedó en silencio. Ya no se oía el canto de los pájaros ni el ruido del agua del lago. Las chicas siguieron un estrecho sendero mirando lo más lejos que podían para intentar encontrar la planta que Hagrid les había descrito.

Después de un tiempo, Laura distinguió unas pequeñas flores moradas que habían crecido pegadas a las raíces de un árbol. Se salió del sendero y fue hacia las flores. Sonrió con alivio cuando vio que ésas eran las flores que quería Hagrid.

- Chicas, ya las he…

No llegó a terminar la frase. Un rayo negro le cegó durante unos segundos. Laura sacudió la cabeza y cuando volvió a ver, miró lo más lejos que pudo, intentando encontrar el origen de ese rayo, y pronto encontró lo que buscaba. Detrás de unos arbustos, alcanzó a distinguir algo negro que emitía destellos.

- ¡Qué bien! ¡Ya las encontramos! – dijo Ginny, que acababa de llegar al lado de Laura -. ¿Tienes la navaja, Laura?

Sin siquiera mirar a Ginny, Laura empezó a andar hacia los destellos que desprendía la negrura.

- ¿Adónde vas? – le preguntó Luna.

Laura se volvió hacia sus amigas.

- Hay algo ahí – dijo, señalando los arbustos hacia los que iba.

- Vuelve aquí, Laura – le dijo Hermione –. Tenemos que volver al castillo.

- Pero ahí hay algo, Hermione.

- Precisamente por eso lo digo. El bosque está lleno de peligros. Será mejor que volvamos ya.

Sin hacer caso a su amiga, Laura siguió acercándose a los arbustos y los apartó al llegar. Abrió mucho los ojos por la sorpresa; no sabía qué había esperado, pero con seguridad no era lo que había. Podría haberse definido como un claro del bosque si no fuera porque en vez de hierba se extendía un suelo de piedra. Más concretamente, era un enorme círculo de piedra. En el centro del círculo había una escalera también de piedra que llevaba hasta un viejo arco con un velo blanco.

- Laura, tenemos que volver al…

Ginny acababa de llegar al lado de su amiga y se quedó con la boca abierta mirando el espectáculo; el velo blanco ondeaba como movido por el viento, a pesar de que no había ni una ligera brisa. Cada vez que se movía, dejaba escapar rayos negros en todas direcciones. Cuanto más tiempo llevaba contemplándolo, más lejos se sentía Laura de dónde realmente estaban. Era como si el viejo arco le atrajera. A sus oídos llegaban leves susurros que iban aumentando de volumen a medida que pasaba el tiempo.

- ¡Volved al bosque!

Laura sacudió la cabeza. El grito de Luna le había sacado del efecto al que había estado sometida. Por la confusión que tenían Ginny y Hermione, ellas habían sentido más o menos lo mismo que ella. Sin embargo, parecía que a Luna no le había afectado.

- ¿No has sentido nada raro, Luna?

Luna sonrió y señaló uno de los collares que llevaba.

- Además de servir como alimento, la piel de los plimpys de agua dulce posee cierta magia que te protege de los pensamientos que estén inducidos por un objeto.

- Será mejor que nos vayamos de aquí – dijo Hermione, sin ocultar su nerviosismo.

Laura volvió a mirar el arco sin poder evitar sentir cierta curiosidad. Ese arco le recordaba…

- Iros vosotras, pero yo me quedo.

- ¡Ni hablar! Laura, tú también vuelves con nosotras – dijo Hermione rápidamente.

- ¡No lo entiendes, Hermione! He visto ese arco antes.

Hermione suspiró.

- Es igual al arco del Departamento de Misterios, el arco que se llevó a…

- No, Hermione.

Hermione la miró con extrañeza.

- Te digo que es igual al…

- Puede que sea igual, pero sé que no es por eso por lo que me parece familiar. No me preguntes cómo lo sé, el caso es que lo sé.

Laura se metió dentro del círculo de piedra yendo hacia el arco. En cuanto puso los pies en el círculo de piedra, sintió una sensación extraña. Era como si sus pensamientos conscientes se fueran evaporando, como si flotara. Subió lentamente la escalera sin poder dejar de mirar el velo blanco.

Cuando llegó a la parte superior, sintió como alguien le agarraba el brazo. Se giró con el corazón acelerado, pero se relajó al ver a Luna. Hermione y Ginny estaban detrás de ella. Al parecer, habían entrado a buscarla, pero las dos últimas parecía que no podían articular ni una sola palabra. Hasta Luna parecía estar empezando a ceder a las sensaciones que daba el arco.

- No creo que sea buena idea que estemos aquí.

Laura soltó todo el aire que había retenido. La frase de Luna parecía haber roto un poco el encantamiento del lugar. Al menos ahora sentía que podía hablar.

- Ya os he dicho que os vayáis, pero yo me quedo.

- Todas nos iremos – dijo Hermione, que parecía que también había recuperado el habla.

- ¿Por qué te atrae tanto el arco, Laura?

Laura miró a Luna a los ojos. No podía explicarlo, pero cuando miraba el arco, sentía que tenía que acercarse, tocarlo y dejar que ocurriera lo que tuviera que ocurrir.

- No sé por qué, pero sé que tengo que acercarme, y eso es lo que voy a hacer.

No dejó de mirar a Luna a los ojos, y Luna le sostuvo la mirada. Debió de ver la determinación que tenía Laura a no irse de allí, porque le cogió de la mano.

- En ese caso, yo también me quedo.

- ¿Estáis locas?

Hermione parecía al borde de la histeria.

- Si vosotras os quedáis, yo también – dijo Ginny, después de un silencio de varios segundos.

- ¿Qué? - Hermione se giró hacia Ginny con los ojos desorbitados –. Nadie se va a quedar aquí.

- Entonces yo soy nadie - dijo Laura, volviendo a mirar el arco.

- Luna y yo también somos nadie en ese caso – dijo Ginny, terminando de subir la escalera y poniéndose al lado de Laura.

Hermione rodó los ojos.

- Está bien, yo también me quedo.

Laura se volvió de nuevo hacia el arco y dio los últimos pasos hasta quedar a solo unos centímetros de éste. Podía sentir algo invisible que no era viento que le rozaba la cara, algo caliente que se le extendía desde la cara hacia el resto del cuerpo.

Dio el último paso llegando a rozar el velo blanco. Al principio, creía que no iba a pasar nada; seguía en el mismo sitio y seguía notando la mano de Luna. Pero de pronto sintió como sus pies ya no tocaban el suelo de piedra. Una niebla negra, caliente y espesa la cubrió. Sentía como si la absorbiera un remolino.

Instintivamente, le apretó un poco la mano a Luna, y se relajó un poco al notar como Luna le devolvía el apretón.

Finalmente, los pies de Laura se posaron encima de césped. Por lo inesperado que había sido, sus rodillas se doblaron y cayó al suelo. Luna cayó también a su lado y le soltó la mano.

Laura se puso rápidamente de pie y miró a su alrededor. Hermione y Ginny también habían caído al césped. Al elevar la mirada, Laura se relajó al ver el enorme castillo de Hogwarts, tan imponente como siempre.

Laura suspiró.

- Os juro que hubo un momento en que pensé que el arco nos transportaría a otro lugar, pero parece que seguimos en Hogwarts. Nada ha cambiado.

Aunque según podían comprobar seguían en Hogwarts, Laura no sabía lo equivocada que estaba en cuanto a sus últimas tres palabras.


¿Qué os pareció?

Besos

Laura